lunes, 31 de marzo de 2025

PREGONERO

 




Tuya y solo tuya es la palabra…

Cuando los últimos sones de la marcha Amargura se escuchen ante el abarrotado Teatro de las Cortes de San Fernando sentirás esa clase de emoción que solo son capaces de percibir los que tienen tan importante encomienda. Cuando tú presentador pronuncie sus últimas palabras, notarás como los poros de la piel se abrirán por la tensión y respeto porque ha llegado tu hora, el momento que abras el bello portafolio expresamente realizado para ti por encargo del Consejo. Entonces y solo entonces, ante el público, entre ellos tu querida familia de sangre y cofrade, las palabras irán fluyendo de tu seca garganta comenzando ese momento histórico que es en sí el Pregón de la Semana Santa de San Fernando.

Y se hará el silencio en el patio de butacas, platea, principal y anfiteatro de la antigua Casa de Comedias y sede de las Cortes Constituyentes de 1810. Silencio y expectación que si esta última se pudiera escuchar sonaría atronadora ante el mensaje que seguro nos transmite un cristiano cofrade de los de verdad, que conoce nuestro apostolado desde antes de nacer, que comprende sus singularidades, que disfruta y vive porque forma de su propio ADN.

Declamarás a viva voz lo escrito en el papel. ¿Cuántas veces borrado? ¿Cuántas veces reescrito? Eso nos pasa a todos los que tenemos la dicha, también desdicha, de enfrentarnos cada día a la temida hoja en blanco. Al final todo lo pensado empieza a encajar y aunque cuesta la misma vida poner punto final lo tienes que hacer. Soy de los que piensan que toda obra literaria, pictórica, musical será siempre incompleta para su autor porque en su mente revolotea cada día un distinto e idílico final.

Lo harás en verso y también en prosa, con palabras escogidas, así como propias de lo que es nuestra Ciudad y su Semana Santa. En el transcurso de tu disertación se escuchará algún que otro carraspeo, que es la forma de expresar la emoción los que bien te conocen y quieren. Ojos impregnados en lágrimas cuando compartas con todos recuerdos, vivencias, momentos…

Porque tú, querido pregonero, lo eres de la Semana Santa, de las Hermandades y Cofradías que realizan su salida penitencial o estación de penitencia por las calles de nuestra ciudad, de los cofrades que presencian su discurrir en aquella esquina, en esa calle tan cofradiera, sentados en la extraordinaria carrera oficial o viéndola en la televisión porque por achaques de los años o de la enfermedad no pueden salir de casa.


Tú pregón, como cristiano, católico, cofrade y trinitario comprometido, seguro que llega a todos a los que nos une la misma Fe ofreciéndonos un necesario mensaje de Esperanza y Caridad. Que dais cuando visitáis a un preso, dais de comer al hambriento, ofrecéis el calor del cariño al que nada tiene, os ponéis al lado del oprimido, ofrecéis cobijo al peregrino y cuidados al enfermo.

Sí, Eduardo, hermano mío, también tus palabras de Esperanza en la Fe y en la Caridad, a los marginados de nuestra sociedad que en verdad son bienaventurados por el mismo Jesús Cautivo y por siempre Rescatado.

Comienza la semana que vivirás con muchas emociones y un sempiterno nudo en el estómago porque visualizarás cada día con sus noches ese instante en el que ya en el atril abras la cubierta de tu Pregón, mires a lo que solo tú ves, en un impasse donde reina el silencio, hasta que las palabras salgan de tu garganta para abrir de par en par una nueva Semana Santa en La Isla.

Qué Jesús de Medinaceli y María Santísima de la Trinidad te guíen en tan importante encomienda.

Jesús Rodríguez Arias


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