Despertar en Villaluenga es hacerlo con el sonido del silencio, de la paz que inunda y envuelve todo. Esta noche, también, dormimos de un tirón hasta cerca de las nueve de la mañana. Cerca de diez horas de descanso absoluto, que en los tiempos que corren, se dice pronto.
Una buena ducha calentita, arreglarse rápidamente porque en nuestro pueblo no hace falta mucho más e irnos a desayunar. Como el Casino estaba cerrado porque era el día de descanso lo hicimos en Pensión Ana Mari que nos sirvió un buen café y una buena tostada con zurrapa de lomo en manteca casera. Tengo que decir que prefiero el café que me hacen en el Casino, la zurrapa estaba para matarse.
Después Hetepheres se fue a realizar unas compras y yo me fui a dar un largo, muy largo paseo, primero por el camino que rodea a la montaña para adentrarme en los bellos campos y empinadas cuestas que daban a decenas de parcelas. Me adentré en una de ellas y entre abundante hierbajos pude descubrir un pequeño puente donde discurría, mansamente, un riachuelo.
Estuve largo rato admirando el paisaje que se abría a mi vista y lo hacía en medio de mis meditaciones, oraciones y rezos. Son muchas las intenciones que tengo que ofrecer al Señor para que ponga Su Bendita Mano sobre ellas.
Después fui bajando, paulatinamente, me entretuve con todo cuanto veía y me apresuré a cruzar la carretera para coger el camino del principio. Me encontré con un rebaño de buenas ovejas payoyas y estuve intercambiando un cálido saludo con el pastor que las guardaba. Después, al llegar al pueblo, fui por el camino que rodea al mismo y que baja hasta la Avenida de "Los Arbolitos". Me fui caminando, tranquilamente, por todo el pueblo hasta llegar a casa dos horas después de haber comenzado tan rico y enriquecedor paseo que me abrió el alma y el ánimo a lo más sublime de la Creación
Cuando llegué a casa me recibió, como siempre, Hetepheres con una gran sonrisa y me comentó todo lo que había hecho en la mañana y las mil llamadas que había recibido. Tengo que decir que desde hace tiempo no recibo tantas llamadas como antaño y aunque así fuera solo atendería a la familia y a los verdaderos amigos con lo que tendría pocas llamadas que atender.
La chimenea estaba creando un ambiente cálido y acogedor y nos dispusimos a leer un poco con un refresco de cola y un oloroso así como una tapita de aceitunas, que servían como aperitivo, para después almorzar en el calor de nuestro hogar.
En la sobremesa, calentita la casa con la lumbre que despedía nuestra chimenea, pusimos la televisión, Canal Sur porque son pocas las cadena que se ven, y me quedé dormido en un sueño enmarcado en una reparadora siesta. Cuando desperté vimos la tele y después nos dispusimos a salir para dar una vuelta por el pueblo así como asistir a Misa, ya que el jueves a las seis y media de la tarde, se celebra la Eucaristía en Villaluenga. Tras saludar al Párroco y a varios vecinos nos encaminamos por las encantadoras calles de nuestro pueblo hasta llegar a casa. Cenar, ver la tele y acostarnos fue todo uno.
Y amaneció el viernes, nuestras últimas horas en Villaluenga del Rosario. Fuimos a desayunar a Villaluenga. Charlamos con Alex que nos preparó un café para quitar el sentido acompañañdo de una buena rebanada de pan. Estuvimos charlando un poco y nos despedimos hasta el sábado próximo.Nos acercamos a la Panadería para hacer varias compras y después no dirigimos a casa para recoger los últimos bártulos y encaminarnos para casa después de haber disfrutado, al máximo, de cuatro días que quedan para nuestros recuerdos.
Quiero dar las gracias a Bernabé Barea, a Alex, a Pedro y a tantas buenas personas, vecinos de nuestro querido pueblo, por hacernos sentir en casa porque Villaluenga del Rosario es nuestra casa.
Con mi cariño hacia todos los habitantes de mi querido pueblo, hoy termino estos artículos que he dedicado a los días vividos en la semana pasada, en medio de la naturaleza, en el pueblo más alto de la Provincia de Cádiz: Villaluenga del Rosario.
GALERÍA FOTOGRÁFICA:
Café doble en vaso de tubo que me hacen en el Casino de Villaluenga.
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