Así es como muchos definen en
España a León XIV tras su extraordinaria visita apostólica a nuestra nación que
ha durado desde el sábado 6 hasta este pasado viernes 12 de junio.
Hay que reconocer que los
católicos españoles esperábamos con los brazos abiertos la visita de Su
Santidad tras una sequía de quince años. El último Papa en tocar nuestro suelo
fue Benedicto XVI.
Se han vivido momentos únicos
tanto en Madrid, Barcelona, Gran Canarias y Tenerife donde todos recuerdan la
sonrisa amable del Pontífice, sus palabras quedaran en nuestra memoria hasta el
fin de nuestros días. Desde “Dios bendiga a España”, en el primer discurso en
el Palacio Real. “Aquí la alegría y el dolor de cada uno son la alegría y el
dolor de todos”, en “Cedia 24 horas” de Cáritas. “Vosotros podéis cambiar la
historia! ¡Hacedlo con amor” a los jóvenes! “La Iglesia anhela el diálogo con
el mundo contemporáneo”, en el encuentro “Tejer Redes”. “La grandeza moral de
una nación se manifiesta en su capacidad de acompañar, proteger y amar a los
más frágiles”, en su histórica visita al Congreso de los Diputados. “Hoy la Iglesia de Madrid ha hecho un golazo
para siempre”, en el Santiago Bernabeu.
En Barcelona ha tenido una
destacada agenda donde en su primera homilía alternó el castellano junto al
catalán donde ha pedido ser constructores de la unidad. “No se puede creer en
Jesús y hacer la guerra o abandonar a quién huye, en la Iglesia de la Sagrada
Familia.
En el Estadio de Gran Canarias
ha pedido rezar por “los hermanos y hermanas que han perdido la vida en el
mar”. En su discurso en Santa Ana, ha dado las gracias por ayudar a los
“crucificados por la vida”. León XIV clamó, desde Tenerife contra “quien
especula con la desesperación de los inmigrantes”.
Los Reyes de España han sido
sus perfectos anfitriones y han estado atendiendo al Santo Padre en lo que ha
durado la visita apostólica.
El Papa de la Concordia que ha
sabido unir a todos en nombre de Dios, Uno y Trino, de la Santísima Virgen
María en sus distintas advocaciones. Ha tocado todos los temas, algunos incluso
espinosos, y lo ha hecho desde la Caridad, desde el Amor y el acompañamiento.
Los frutos de este viaje
apostólico se irán viendo con el pasar de los años, aunque pienso que algunos
hemos podido observar con alegría. Por ejemplo, la inmensa cantidad de personas
que han ido acompañando al Santo Padre en todos los actos que se han celebrado
en las ciudades de Madrid, Barcelona, Gran Canarias y Tenerife. Normalizar el
sano orgullo de ser católicos y demostrarlo públicamente y hasta los políticos
han dejado de ser portadas, que también es de agradecer.
Hay que dar gracias a Dios por
regalarnos un Papa como León XIV porque su sola presencia ofrece tranquilidad,
sosiego y concordia.
Jesús Rodríguez Arias






