miércoles, 5 de diciembre de 2012

A LEVANTARSE; POR ALFONSO USSÍA.

La razón




   
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A levantarse; por Alfonso Ussía
Diccionario Inteligente
4 Diciembre 12 - - Alfonso Ussía
El gran poeta malagueño Manuel Alcántara, «con quien tanto quiero» al uso de Miguel Hernández a Ramón Sijé, tiene la gracia de la ráfaga, de la luz imprevista y cegadora que sólo administran los poetas del sur, los andaluces. Manolo huye de la muerte, pero si esta llega, que llegará, convierte su huida en un abrazo inmortal, en un sueño invencible y plácido que no desea ser interrumpido. A Manolo, más que la muerte, le abruma la promesa de la resurrección, aunque si en ella se garantiza un brindis con un buen martini seco con José Luis Garci, Antonio Mingote y Jaime Campmany, le molestaría menos. «Cuando se muera la muerte/ si gritan ¡A levantarse!/ A mí, que no me despierten». Eso de levantarse por obligación siempre ha sido un algo ordinario. Hay que levantarse, pero no es acción digna de presumir. A quien escribe, le enseñaron a levantarse los militares, en mis tiempos de Camposoto. Gracias a sus enseñanzas, hoy, que nadie manda en mi trabajo, mantengo la disciplina de mi obligación y de mi desafecto a la cama, que tiene que ser un desafecto inmediato, brusco, como el que obliga el toque de diana, porque el más leve dejarse llevar desemboca en la entrega a la indolencia y la vagancia. Levantarse es una obligación, no una heroicidad, y por ello no entra en los espacios abiertos a la presunción. 
Carmen Chacón se lo ha dicho a Rubalcaba: «Tenemos que levantar el PSOE de una puñetera vez». No hay armonía lírica en la frase, ni poesía andaluza. Siento decepcionar su ímpetu. El PSOE no puede levantarse hasta que el PSOE se entere de qué va la cosa. El PSOE ha sido y es un partido disgregador. El concepto de España siempre le ha atormentado. Han militado y militan hondos patriotas en el socialismo, pero están escondidos desde muchos años atrás. El PSOE, por el hecho de gobernar y ejercer el poder legítimo –la legitimidad no garantiza la decencia ni la limpieza–, ha sido cómplice del nacionalismo separatista vasco, del nacionalismo separatista catalán y del nacionalismo separatista gallego. Carmen Chacón sabe mucho de ello. Hace una semana, los socialistas navarros de Villaba apoyaron con su acojonada abstención la moción de censura que UPN había llevado al pleno municipal para extraer de esa localidad al hacha y la serpiente de ETA. Los socialistas han sido cómplices del estalinismo gallego de Beirás. Han gobernado con el separatismo catalán en el tripartito. Han mostrado siempre una deriva antiespañola. Hoy el PSOE en Andalucía, cuyo Presidente de la Junta es el educado Griñán, está siendo permanentemente humillado y coaccionado por las gamberradas que le propone su socio comunista. El PSOE, con su poder en el Gobierno, intervino directa y políticamente para que sus magistrados complacientes abrieran las puertas al terrorismo vasco en las instituciones democráticas. He leído lamentos y justificaciones de Salas y compañía, y entiendo que esos lamentos son el principal motor de su vergüenza, de su pavor ante el espacio negro del favor político, de su obediencia al Poder Ejecutivo personalizado en Zapatero, al que el propio PSOE ha defenestrado con el peculiar cinismo de los desagradecidos. El PSOE, por mucho que quiera Carmen Chacón, no puede levantarse ni con ella ni con Rubalcaba. Menos aún con Madina y la señora Valenciano. Están todos enfermos. El socialismo en España necesita un alguien nuevo sin complejos. Que se olvide de los «Cien años de Honradez y cuarenta de vacaciones». Que se enfrente a los nacionalismos, enanos que ellos agigantaron. Una persona nueva. Ni Chacón ni Rubalcaba, están capacitados para levantar de una puñetera vez un partido político necesario que necesita la inmediata ausencia de la innecesariedad. Si no son españoles, se hundirán cada día más.
 

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