martes, 9 de abril de 2013

UN TESTIMONIO DE AFECTO.

Diario de Cádiz



Nueve obispos y un centenar de sacerdotes concelebraron con monseñor Antonio Ceballos por los 25 años de su ordenación episcopal
EMILIO LÓPEZ CÁDIZ | ACTUALIZADO 09.04.2013 - 08:26
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Rafael Zornoza (a la izquierda) y Antonio Ceballos, en un momento de la ceremonia.
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Algunos de los sacerdotes que acompañaron al anterior obispo de Cádiz en la Catedral.
Con la Catedral con todos los bancos cubiertos de personas, nueve obispos y un centenar de sacerdotes participaron ayer en la celebración de los 25 años de la ordenación episcopal del prelado emérito de Cádiz y Ceuta, monseñor Antonio Ceballos, "cuando la Iglesia me hizo obispo, pero muy indigno y pobre". 

Monseñor Ceballos ocupó el sillón central del altar mayor, situándose a su derecha el actual obispo diocesano, Rafael Zornoza, y a su izquierda el arzobispo emérito de Sevilla, Carlos Amigo, y el actual arzobispo hispalense, 

Juan José Asenjo. 

También se situaron en el altar mayor el obispo de Jerez, José Mazuelos; el de Gibraltar, Ralph Heskett; los eméritos de Huelva y Málaga, Ignacio Noguer y Antonio Dorado, y el auxiliar de Sevilla, Santiago Gómez, así como el cabildo Catedral, encabezado por el deán, Guillermo Domínguez, ocupando los demás sacerdotes las primeras filas de bancos. 

Tras el canto de entrada monseñor Zornoza manifestó a su antecesor que volvía a su Catedral "y a esta diócesis que te quiere y donde has estado muchos de esos 25 años de obispo". Recordó igualmente que fue ordenado en Ciudad Rodrigo coincidiendo con la solemnidad de la Anunciación, y resaltó que había sido un fiel seguidor de Cristo, " y damos gracias a Dios por tu ministerio". 

Las dos lecturas y la proclamación del Evangelio de San Lucas sobre la fiesta del día, monseñor Ceballos pronunció la homilía, que inició calificando la celebración como "un signo del amor de Dios, como hizo María en la Anunciación, respondiendo con generosidad al Padre para decirle que hiciera en Ella su voluntad". 

Después recordó que hacía 25 años que dio su sí al "al Señor, a la Iglesia y al pueblo de Dios", añadiendo luego que en 1988 llegó a Ciudad Rodrigo para sustituir a Demetrio Mansilla, y en 1993 a Cádiz, por Antonio Dorado, sustituyéndolo Rafael Zornoza, al que agradeció la celebración en la capital gaditana de sus bodas de plata episcopales. 

Luego aludió a que a 25 años de distancia, "¡cuanta gracia ordinaria y extraordinaria recibida!, he tratado de mantenerme en una actitud de amor y de humildad, hace 25 años que la Iglesia me hizo obispo, pero muy indigno y pobre", añadiendo que "he dado prueba de debilidades, de nuevos impulsos, de una voluntad tenaz y recuerdo mis culpas y mis flaquezas, pero el Buen Pastor me ha sostenido". 

No olvidó que también había tenido "espinas", citando a los inmigrantes fallecidos en aguas del Estrecho y a los parados, para terminar agradeciendo a Benedicto XVI su felicitación antes de dejar a Cátedra de San Pedro, y reiterar su agradecimiento a monseñor Zornoza por la celebración en Cádiz, así como a todos los presentes en el primer templo de la capital y a los que no habían podido acudir: "Cada día rezaré por todos vosotros". 

Terminada la celebración el clero ofreció en el Seminario un almuerzo de homenaje a monseñor Ceballos, recibiendo como recuerdo de la efemérides un icono de la Virgen. 

También Manuel Cerezo y Antonio Llaves le hicieron entrega como recuerdo de una fotografía del día que recibieron el nombramiento como Caballeros de la Pontificia Orden de San Gregorio Magno, la más alta distinción que la Iglesia concede a los laicos, y que solicitó para ellos monseñor Ceballos, si bien les fue entregada en la Catedral el pasado 22 de enero por el actual prelado, en presencia de los dos anteriores obispos de la diócesis de Cádiz y Ceuta.

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