viernes, 5 de abril de 2013

LA INSTRUMENTALIZACIÓN DE LA CALLE; POR AGUSTÍN DOMINGO MORATALLA.


Sección - Marinero en tierra

La instrumentalización de la calle       

Uno de los térmometros del descontento social y la desafección es el incremento de actos de intimidación a parlamentarios y representantes políticos. Quienes piensen que se trata de hechos aislados y sin valor político están equivocados. Son iniciativas de movilización y agitación pública para mantener un estado de manifestación permanente, instrumentalizar el descontento, deslegitimar la democracia y promover la fractura institucional.

Como la intimidación se ha dirigido a representantes del PP, el resto de grupos se ha mostrado tibio en la condena de los hechos. Ya sucedió el pasado año en el asedio al parlamento catalán, sucedió en el acoso a las Cortes generales y se está repitiendo en el acoso a las viviendas de ministros, diputados y representates populares. Mientras los representes políticos que dicen representar a la izquierda no alzen claramente la voz y condenen estos hechos, los ciudadanos tendremos serias dudas de que se toman en serio la cultura democrática. Aunque el acoso y la intimidación sean simples faltas administrativas y no puedan ser castigadas como delitos por ningún juez, hay cuestiones moralmente intolerables, estén tipificadas o no en los códigos de derecho civil. La cultura democrática no respira únicamente con el pulmón del imperio de la ley o la separación de poderes, necesita respirar con el pulmón de las formas. Quienes no respeten ambos pulmones estarán promoviendo una democracia que no es la nuestra.

Aunque los datos de la ciencia política avalan que la calle es más de la izquierda que de la derecha, es importante recordar que es de todos. Las protestas callejeras pueden ser legítimas, incluso el derecho de reunión pacífica es fundamental en la vida democrática. Ahora bien, cuando la reunión se produce en la puerta de la vivienda de un representante político con la finalidad no sólo de protestar sino de acosar, increpar, empujar, escupir o insultar aprovechando la cobardía de la acción del grupo, entonces no estamos ante un ejercicio de vida democrática sino ante algo verdaderamente intolerable que merecería ser castigado como delito.

Esta instrumentalización de la calle no es nueva. El propio Ortega y Gasset lamentó el uso de la acción directa de la intimidación o violencia callejera, que sustituye a la acción indirecta de la palabra y los argumentos. Hessel y Sharp, como lúcidos teóricos de la indignación y los antisistema, lo llaman estrategias de golpe blando.


Agustín DOMINGO MORATALLA
Para el viernes 5 de Abril de 2013, en LAS PROVINCIAS. GR UPO VOCENTO

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