Sección - Marinero en tierra
La
instrumentalización de la calle
Uno de los térmometros del descontento social y la
desafección es el incremento de actos de intimidación a parlamentarios y
representantes políticos. Quienes piensen que se trata de hechos aislados y sin
valor político están equivocados. Son iniciativas de movilización y agitación
pública para mantener un estado de manifestación permanente, instrumentalizar
el descontento, deslegitimar la democracia y promover la fractura institucional.
Como la intimidación se ha dirigido a representantes del PP,
el resto de grupos se ha mostrado tibio en la condena de los hechos. Ya sucedió
el pasado año en el asedio al parlamento catalán, sucedió en el acoso a las
Cortes generales y se está repitiendo en el acoso a las viviendas de ministros,
diputados y representates populares. Mientras los representes políticos que
dicen representar a la izquierda no alzen claramente la voz y condenen estos
hechos, los ciudadanos tendremos serias dudas de que se toman en serio la
cultura democrática. Aunque el acoso y la intimidación sean simples faltas
administrativas y no puedan ser castigadas como delitos por ningún juez, hay
cuestiones moralmente intolerables, estén tipificadas o no en los códigos de
derecho civil. La cultura democrática no respira únicamente con el pulmón del
imperio de la ley o la separación de poderes, necesita respirar con el pulmón
de las formas. Quienes no respeten ambos pulmones estarán promoviendo una
democracia que no es la nuestra.
Aunque los datos de la ciencia política avalan que la calle
es más de la izquierda que de la derecha, es importante recordar que es de
todos. Las protestas callejeras pueden ser legítimas, incluso el derecho de
reunión pacífica es fundamental en la vida democrática. Ahora bien, cuando la
reunión se produce en la puerta de la vivienda de un representante político con
la finalidad no sólo de protestar sino de acosar, increpar, empujar, escupir o
insultar aprovechando la cobardía de la acción del grupo, entonces no estamos
ante un ejercicio de vida democrática sino ante algo verdaderamente intolerable
que merecería ser castigado como delito.
Esta instrumentalización de la calle no es nueva. El propio
Ortega y Gasset lamentó el uso de la acción directa de la intimidación o
violencia callejera, que sustituye a la acción indirecta de la palabra y los
argumentos. Hessel y Sharp, como lúcidos teóricos de la indignación y los
antisistema, lo llaman estrategias de golpe blando.
Agustín DOMINGO MORATALLA
Para el viernes 5 de Abril de 2013, en LAS PROVINCIAS. GR UPO
VOCENTO
No hay comentarios:
Publicar un comentario