Amanecía y la mañana del Viernes Santo aparecía
con algunas nubes, siendo los pronósticos muy alejados de lo que se habían
previsto, y a eso de las nueve bajamos a la Iglesia porque a esa hora estaba
acordada la hora de salida de Nuestro Padre Jesús Nazareno y Nuestra Señora de
los Dolores.
Aunque el sol aparecía y desaparecía, la lluvia de
la noche anterior no dejaba muy conformes a los fieles y devotos de estas
imágenes sagradas.
Estábamos en la puerta del Casino charlando con
Juande, Rubi, Fernando, Alex cuando nos avisaron que ya iba a salir. Sólo lo
haría Nuestro Padre Jesús ante el temor de que la lluvia sorprendiera y mojara
a la Preciosísima Virgen de los Dolores.
El Nazareno iba en un paso estilo parihuela
cargado por seis buenos hijos del pueblo. De capataz: Antonio Benítez, Policía
Municipal, le precedían una fila de devotos que antecedían la procesión a los
que se le fueron incorporando más según el cortejo discurría por las calles.
Tremendo el esfuerzo que hacían los costaleros
pues la talla pesa bastante y las calles son complicadas. Los cánticos y los
rezos se sucedían. En un momento determinado, como yo iba rezando el Rosario en
silencio, me pidieron que lo rezara en voz alta y lo hice encantado de poder
contribuir, junto a mis vecinos, de esta forma en la procesión de una imagen
que despierta tantas devociones, que es muy querida e intocable para todos los
habitantes de Villaluenga del Rosario.
Ante el temor de lluvia así como del estado de la
calzada que lleva hasta la Ermita del Calvario, se decidió sobre la marcha, el
darnos la vuelta y encaminarnos para la Iglesia. A esas horas ya un gentío
acompañaban al Señor en medio de una verdadera y pura devoción.
La maniobras para la recogida así como la misma
puedo calificarlas de impresionantes.
Una vez en la Iglesia y después de rezar delante
de Jesús Nazareno un sentido aplauso a los sufridos costaleros que con tanto
amor y devoción llevaron sobre sus hombros a la imagen de Cristo camino del
Calvario. Como el Monumento seguía expuesto estuvimos una rato rezando delante
del Señor Sacramentado para después irnos a desayunar al Casino.
Terminados de reponer fuerzas nos fuimos caminando
hacia el “Puerto de las Viñas” porque queríamos ir a la finca de Mateo para ver
a “Carboncita”. La subida tan empinada cuesta subirla y cuando llegas una
bocanada de aire fresco y puro te traspasa. El terreno donde está el ganado
totalmente enfangado de las incesantes lluvias caídas durante días enteros.
Mateo se encontraba ordeñando a las cabras
acompañado de su fiel perra “Gitana”. Interesante y esclarecedora de todas las
explicaciones que nos proporcionaba sobre lo que es su día a día. Nos enseñó
dos chivitos recién nacidos así como un ternerito que ellos estaban criando
tras la muerte de su madre.
Al fin pudimos ver a “Carboncita” que está cada
día más grande y nos embelesamos con cada instante que allí estábamos. En medio
de ese impresionante paraje natural había mucha vida, muchos sonidos, mucha
pureza del trabajo bien hecho.
Al rato decidimos el irnos, poco a poco, para el
pueblo. El tiempo, ya sí, amenazaba agua. Mientras caminábamos descendiendo la
cuesta nos empezó a llover. Menos mal que, en ese justo momento, el Jeep de
Mateo y su padre pasaban por nuestro lado y nos recogieron. Pararon y nos enseñaron,
amablemente como son ellos, su caballo de pura raza española.
No queríamos molestar más y cuando nos empapamos
de todo cuanto nos contaban nos fuimos directos a casa, no antes de pasar a
saludar a nuestro perrito favorito: Snoopy.
Llegamos cansados a casa aunque muy a gusto por el
rato echado con Mateo, su padre, las cabritas, chivitos y, por supuesto, con
nuestra “Carboncita”.
El tiempo de sentarnos y relajarnos un poco
leyendo. Almorzar, dormir algo de siesta y empezar, nuevamente, a arreglarnos
para asistir al segundo día de los Oficios, programados a las cinco de la
tarde, y la posterior procesión del Santo Entierro.
Nubes amenazadoras de agua y una niebla pertinaz
nos saludaron nada más alcanzar la puerta de la Iglesia. Esta vez había muchos más
fieles en la Iglesia en los Oficios y cuando terminaron un grupo de hombres
jóvenes y menos jóvenes se hicieron cargo de los pasos del Santo Entierro y de
la Virgen de los Dolores.
Salieron a la calle en medio del fervor popular,
de la devoción más pura, de un sentido de religiosidad que, desgraciadamente,
solo se ve en los pueblos que se convierten en maestros de esa sabiduría de fe
y devoción pura.
Al ver a las Sagradas Imágenes tan resguardadas
por tanto respeto y tanto amor por parte de mis paisanos payoyos no se echa de
menos los grandes bordados, las riquisimas andas y la ingente cantidad de
nazarenos. ¡Esto es otra cosa! Ni mejor ni peor, sino otra cosa bien distinta
donde se demuestra de otro modo la pasión y devoción en estado puro y sencillo como
los corazones de los habitantes de este mi bello pueblo.
Al llegar a la plaza Fernando Portillo, ya llovía
incesantemente, la Virgen se volvió al Templo aunque la Urna del Señor Yacente
siguió su camino hacia el Calvario donde es depositado hasta la próxima Semana
Santa.
Fue una procesión espectacular, de la que pone los
vellos de punta y la carne de gallina porque todos los costaleros, entre ellos
mis amigos Fernando, Juande, Rubi, Diego y Gabriel Franco así como otros buenos
amigos de mi pueblo, a las órdenes de Antonio subían a paso rápido por el
tortuoso, empinado y resbaladizo empedrado que llega hasta la Ermita. Una lluvia fina que calaba hasta los huesos y
una niebla muy espesa hacían que la procesión de Jesús Muerto en el Santo
Entierro alcanzara otra dimensión. Estábamos viviendo unos momentos únicos de
lo que se puede considerar una auténtico Viernes Santo.
Tras entrar en la Ermita y situarlo en el lugar
que permanecerá durante un año me encargué de secar la Urna de cristal que
contenía el Cuerpo de Cristo Yacente.
Una vez terminado todo nos fuimos caminando para
el pueblo. Llovía, la niebla nos rodeaba, pero un sentimiento de gozo por haber
podido cumplir con la Misión de llevar a Jesús hasta Su Casa nos embargaba a
todos.
Para mi recuerdo más personal: Una foto que me
hice junto a mis queridos amigos Juan de Dios, Fernando y Rubi en el camino del
Calvario hacia el pueblo.
La Procesión de la tarde había culminado, Jesús
que había muerto crucificado en la Cruz,
descansaba en Su Sepulcro que en Villaluenga del Rosario es una bella y
coqueta Ermita. Ante este día gris y triste nos encaminamos hacia el Casino
para calentarnos algo.
En la barra nos tomamos unas cuantas copas. En una
primera parte se quedó Hetepheres aunque después prefirió irse para casa pues
estaba algo cansada. Yo, en cambio, me quedé largo rato junto a mis queridos
amigos manteniendo una de nuestras tertulias de las que tanto me gustan y tanto
aprendo con ellos.
Entre copa y copa, palabra y palabra, buena y
sincera amistad se me pasaron las horas volando. Cuando me quise dar cuenta ya
eran las nueve y cuarto de la noche y a las diez se tenía previsto que saliera
en procesión por las calles del pueblo la Virgen de los Dolores en Su Soledad.
Llegar a casa, sentarme un cuarto de hora y volver
a ponerme el chaquetón para volver a la Iglesia. Un visto y no visto.
Mi mujer estaba hablando con su madre y me dijo
que se encontraba muy cansada. Me fui solo. La Iglesia estaba en penumbra y los
jóvenes del pueblo se conformaban con las malas previsiones que había de salir
en procesión por la fuerte lluvia que ya hacía acto de presencia.
En las paredes del Templo nos cobijamos junto a la
Madre Dolorosa, la Señora de la Soledad, un grupo de fieles a rezar y hacer
compañía a la Virgen Madre de Dios. Allí rezamos un profundo y meditado Rosario
que duró cerca de una hora. Mientras afuera llovía a cántaros dentro llovían
nuestros corazones de puro gozo ante el consuelo que sentíamos al estar con la
Madre de Nuestro Señor en los máximos momentos de Amargura.
A las once de la noche del Viernes Santo se dio
por terminado este importante día en Villaluenga del Rosario donde pude
disfrutar de las Procesiones, de la devoción, de la oración sentida, del
carácter cristiano de un pueblo antiguo e histórico. Tengo que decir que
durante toda la jornada del Viernes Santo eché de menos al Alcalde de
Villaluenga. Soy cofrade y he presenciado muchas
procesiones y en los días grandes de la Semana Mayor siempre ha estado presente
los respectivos alcaldes, sea de la tendencia que sea, porque son los máximos
representantes institucionales y en ese sentido, mi querido pueblo, estaba
huérfano de esta presencia. Estar con la gente de su pueblo en todos los
momentos que le son importantes, y la Semana Santa lo es porque hablamos de la
fe y la devoción ímplicita, no es un acto protocolario o electoral es ejercer
la representación tan digna que ostenta gracias, justamente, a los vecinos. En fin, me imagino que estaría haciendo otras cosas más importantes que requerían su presencia.
Llegué a casa y cenamos de forma muy ligera como
corresponde al Viernes Santo, que es de ayuno y abstinencia, y nos fuimos a
dormir porque el cansancio nos superaba. Afuera llovía fuertemente y el sonido
del agua que caía del tejado sobre las empinadas calles hacía que la relajación
aumentara.
Pude dormir plácidamente, aunque por la noche me
desperté una vez y afuera seguía lloviendo de forma torrencial.
El sábado amaneció con más sol que sombras aunque
hacía un poco más de frío que el día anterior. Bajamos al Casino para desayunar
y allí en plena conversación con los buenos amigos que estaban desayunando así
como un grupo de Scauts que estaban desayunando bastante bien.
Queríamos darnos un paseo, pero todo el terreno
estaba encharcado con lo que decidimos hacerlo por la glorieta hasta el final.
Allí nos sentamos en un banco, y respirando un fresco aire puro, admiramos el
paisaje que endulza y regala el alma.
Departimos con Toni así como con un vecino que amablemente nos comentó
cosas del pueblo.
A la hora y pico, antes de llegar a casa, fuimos a
dar de comer a los perritos que están a la entrada del pueblo. Cogimos por el
camino que lleva al cementerio. En eso nos para el coche de Alex y nos dice si
queremos ver su cabra granadina y su chivito. Cómo os podéis imaginar lo
hicimos encantado. Hetepheres disfrutó mucho de esta visita y de la amabilidad
y buenos sentimientos de este buen amigo nuestro. Después saludamos a una
señora, que toda ella va vestida de negro, y que tiene una liturgia diaria. Se
para a las puertas del cementerio a rezar y después camina hacia el Calvario.
Es mayor, enjuta y amable.
Nos fuimos para culminar la misión de dar de comer
a estos perritos y los gatitos que también están por allí cuando vemos que uno
de los primeros estaba malito. Enseguida, ni corta ni perezosa, Hetepheres se
fue a avisar al dueño y lo hizo por medio de la hermana de Berna. Mi mujer se
fue con los animalitos y yo, que me encontraba muy cansado, me fui para casa
donde me senté y me puse a leer mientras esperaba que llegara Hetepheres de su
labor de socorro al perrito enfermo.
Cuando llegó me dijo que los dueños habían ido y
ya se habían hecho cargo de la situación.
Almorzamos, esta vez, en el Casino en el salón de
arriba. Estaba lleno el de abajo y arriba solo quedaban, gracias a Dios, dos
mesas. Nos dio mucha alegría el ver a unos amigos nuestros de Alcalá de
Guadaira que habían vuelto a Villaluenga expresamente para almorzar en el
Casino y saludar a Fernando y a nosotros. Eso tiene mi pueblo: ¡Qué engancha!
Una buena tapa de ensaladilla de Fernando, un
plato combinado para Hetepheres y para mí un revuelto de papatas con chorizo,
regado todo por agua y dos copas de oloroso y un flan casero de chocolate de
postre hizo las delicias de nuestros estómagos.
Al finalizar una copita de pacharán mientras
charlábamos con Fernando y una conocida de Jerez que había pasado junto a su
familia estos días de Semana Santa.
Nos fuimos para casa, no antes comprobamos que el
perrito ya estaba bien del todo, y allí al calor de la chimenea y con el
cansancio acumulado de estas jornadas donde hemos experimentado tantas
emociones me dormí una apacible siesta. Hora y media, es decir hasta las seis y
media, plácidamente entre sueños. Cuando me desperté, que me costó la propia
vida, me dispuse a coger mi tema de
investigación tomando una copa, la única que he probado en los días que he
disfrutado de Villaluenga, de buen brandy. Tenía que calentarme porque me tenía
que poner, de nuevo, el traje de chaqueta y en la Iglesia hace un frío de
pelar.
Sobre las ocho menos diez de la tarde, faltaban
diez minutos para que comenzara la Vigilia Pascual, llegamos a la Iglesia.
Antes de entrar fui a la Caseta Municipal y estuve hablando con Antonio de su
exposición y de sus obras. Un día de estos publicaré un post dedicado en
exclusiva a este pintor autodidacta tan querido en el pueblo.
La Iglesia estaba en penumbra, Cristo está Muerto,
una pequeña candela mantiene el fuego con el que se encederá más tarde el Cirio
Pascual. Los congregados allí sobresalen las mujeres ante los hombres. Una
veintena de mujeres y solo tres hombres. La mayoría vecinos así como otros
venidos de otros lugares. Una Vigilia Pascual ágil que se culminó en poco más
de una hora. Vivida al máximo y disfrutada en el gozo de la Resurrección de
Nuestro Señor Jesucristo.
Al salir, Hetepheres y yo, nos dimos un paseo
hasta el final del pueblo. Nuestra intención era ver como estaba el perrito.
¡Mejor imposible! Para terminar y celebrar la Pascua nos tomamos una tapita de
buen queso con una copita de vino de Jerez en el restaurante “La Velada”.
Ya no podíamos más, nuestros cuerpos buscaban la
casa para descansar, cenar, ver un poco la tele y acostarnos. Eso hicimos.
Será por el cambio de hora, por las emociones
vividas y disfrutadas por los paseos dado, por vivir con la máxima intensidad
cada momento que hemos pasado en nuestro querido pueblo, que nos quedamos
profundamente dormidos hasta cerca de las diez de la mañana. Mientras nos
duchamos, arreglamos y nos fuimos a desayunar eran cerca de las doce menos
cuarto del mediodía.
Llovía con bastante intensidad, la niebla había
aparecido para ocultar todo por lo que decidimos que tras desayunar, en vez de
quedarnos hasta después de almorzar, cogiéramos las cosas y nos fuéramos para
Jerez para llegar a la hora de almorzar. Eso hicimos después de pasar cinco
días inolvidables donde he disfrutado con mi pueblo y en mi pueblo: Villaluenga
del Rosario.
Este de semana se celebra la Feria del
Queso, otro auténtico acontecimiento en el pueblo donde me imagino que irán, a
esto si, todas las autoridades habidas y por haber. Desgraciadamente no
podremos estar con nuestra gente del pueblo pues estamos invitados a una boda
de unos amigos nuestros en Sanlucar el próximo sábado y el domingo estamos,
gratamente, comprometidos en la Concentración por la Vida que se celebra a las
doce del mediodía en la Plaza del Rey de San Fernando donde nos han conferido
el alto honor, a Hetepheres y a mi, de leer el Manifiesto. Espero que mi pueblo
luzca como siempre, que los visitantes dejen parte de su corazón allí y que
todos los establecimientos hosteleros, comercios y asociaciones vivan sus días
grandes. Os lo deseo de corazón, de paisano a paisano, de payoyo a payoyo.
No estaremos de forma física con mis paisanos
payoyos aunque de corazón sí porque ese se queda permanentemente en nuestro
querido y amado pueblo.
Recibid mi querida buena gente de Villaluenga del
Rosario un fuerte abrazo. ¡Gracias por darme tanto todos los días! ¡Ya os estoy
echando de menos!
Jesús Rodríguez Arias
Nota: En este fin de semana publicaré una amplia
galería fotográfica que recoja las imágenes de las procesiones fervorosas de mi
querido pueblo el pasado Viernes Santo.
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