miércoles, 3 de abril de 2013

¿Y EL CAMBIO, POR QUÉ?; POR JOSÉ LLERENA BAIZÁN.


Como espectador y desde el filo de la acera, he visto, la mayoría de los pasos que componen nuestra Semana Santa, nuestra Semana Mayor. No tantos como los que deseara ya que el tiempo tan inestable que hemos tenido ha dado como resultado de una Semana Santa descafeinada.

Pretendo dar  una opinión algo neutral, desde mi punto de vista. Quiero describir lo que he percibido viendo los diferentes misterios acompañados por sus Vírgenes los que lo llevaban.

Desde un tiempo atrás hasta la fecha del día de hoy, se está optando para que los pasos vayan lo más estáticos posible. Que su caminar sea lento, cansino y sin  apenas movimientos, lo mismo da que se lleve un Cristo crucificado, que muerto, que  estén reflejando alguna escena de su pasión. Se tiende a llevar todos los pasos de la misma forma y estilo, Apenas se nota que el paso ande a las bandas, de esta forma yendo a las bandas es los mas parecido al caminar de una persona, de ahí que decían los que ya peinan canas “parece que viene andando”.

Lo mismo ocurre en los pasos de palio, queremos ver los varales totalmente quietos y si nuestro estilo es de banda a banda, el palio debe de ir al compás de nuestros andares. No por ello debemos hacerlo de una forma exagerada, todo va dependiendo de la soltura que lleve el varal en su tintero.

El escuchar las marchas y mandar los “quietos” ó “un pasito para atrás” ó “el medio alquitrán” ó “andar solo con el pie izquierdo” cada  vez se escucha menos debajo de un paso. Ahora solo se anda hacia delante, sin sacar los pies a las bandas y lo mismo da que se valla a tambor ó que suene una marcha, el estilo ó el compás para andar es el mismo.

No se entiende el porqué  querer imponer esta forma de llevar los pasos, cuando hemos sido, casi en exclusividad, los que hemos exportado nuestra forma de cargar. Mucho tiempo atrás los cargadores de la cuadrilla de Sr. Tinoco (suegro de Nicolás Carrillo) llevaron hasta Sevilla a una cuadrilla de cargadores para portar un paso al estilo isleño, y según cuentan algunos de ellos, fue todo un éxito. Por otra parte hemos llevado nuestras cuadrillas a diferentes puntos de geografía gaditana, como puede ser, Cádiz, Chiclana, Barbate, etc. Incluso más lejos aún si cabe tales el caso de Ceuta, Almería.

Por todo esto debemos de conservar nuestras raíces y nuestra forma de carga, ya que es UNICA, debido a su estilo marcial influenciado por nuestra zona militar  y  a su peculiar manera de amarrar la almohá al palo (y no trabajadera). De igual forma nuestro léxico de llamar a todo lo relacionado con la carga también se está olvidando, siempre nos parece lo mejor lo que venga de afuera. A consecuencia de todo esto y para colmo de los colmos hemos perdido nuestro toque de tambor tan “marinero”. ¿Qué difícil es coger el paso con el ritmo hoy impuesto por las distintas bandas locales ó de fuera?

 Y yo pregunto ¿a qué  es debido este cambio?, ¿es que, este estilo no gusta?, ¿nuestro estilo no es respetuoso con sus titulares?, ¿la seriedad de una hermandad se calibra por cambiar la forma de portar sus pasos? Sinceramente creo que no, nos gusta copiar ya que pensamos que lo de afuera es mejor que lo nuestro, tenemos poca concienciación de nuestras raíces.

            Como conclusión a lo todo anteriormente expuesto, los que componemos de una forma  o de otra, cada cuál en su faceta, bien sea como responsable del Consejo de Hermandades y Cofradías, miembros de Juntas de Gobiernos de las Cofradías, Capataces, Cargadores, Músicos, etc., debemos salvaguardar nuestras costumbres y tradiciones, ya que, lo mismo que cuidamos del patrimonio que recibimos de sus manos, de igual manera debemos de cuidar de este “patrimonio” que por desgracia no se puede materializar y se perdería a no ser de que sigamos conservando su utilización.    

José Llerena Baizán.

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