Finalmente, hemos rezado cada uno por un país del mundo al que nos «hemos ofrecido como niños misioneros». Nos hemos comprometido a rezar y vivir nuestro día a día en amor por todos los hermanos del mundo, pero en especial por ese país. Mun Si Eon se ofreció a rezar por Corea del Norte y dijo que si fuera misionera le gustaría ir allí de mayor. Yo, muy sorprendida con la respuesta, le pregunté por qué, y ella me dijo que en Corea del Norte no hay libertad religiosa y, entonces, es una pena que los niños no pueden conocer a Jesús.
Los abuelos de Mun Si Eon son de Japón, por lo que su respuesta aún me sorprendió más. Tanto los coreanos del sur como los japoneses ven en Corea del Norte solo a un enemigo, un país gobernado por un dictador y un problema muy grave frente a la paz y la estabilidad económica en la región (en la foto deposita sobre el mapa su país elegido). Mun Si Eon me enseñó que hay que hacerse como niños para tener la mirada misionera sobre cada realidad. El corazón misionero de esta niña no se dejó llevar por las primeras capas y supo descubrir la compasión de Dios por nuestros hermanos del norte y más aún se dejó llevar de la urgencia de Dios de llevar a Jesús a aquellos que no tienen ni siquiera la oportunidad de escuchar hablar de Él. Gracias Si Eon, espero que un día, no muy lejano, podamos ir juntas a Corea del Norte a hablar a los niños del amor de Jesús.
Ester Palma González
Misionera en Corea del Sur. Servidores del Evangelio de la Misericordia
Misionera en Corea del Sur. Servidores del Evangelio de la Misericordia
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