miércoles, 6 de febrero de 2013

"DESDE VILLALUENGA".




...Y llegó, de nuevo, otro sábado, otro fin de semana el cual anhelamos desde la misma noche del domingo porque, para nosotros, estos días lo identificamos con el descanso, la desconexión, la vida tranquila y la parsimonia que es el estar y vivir, aunque sean por unas horas, en Villaluenga del Rosario.

El sábado nos confabulamos para salir antes de Jerez, todo lo que nos permite el tener que hacer las cosas que tenemos que realizar antes de poner kilómetros por medio.

Nos levantamos temprano, como todos los sábados, y mientras me hacía el buen café, de Australia, y me tomaba dos galletitas para después ponerme a actualizar el blog con artículos que suelen ser fijos así como un post que me vino a la mente en medio de la noche. Dicen que la inspiración viene en el momento que menos se espera.

Mientras Hetepheres llevaba a Conchi a Misa así como hacía algunas compras que se necesitaban. A las diez cuando llegaron estaba acabando de escribir el post y de colgarlo en internet y en facebook.

Terminado este proceso me dispuse a preparar las cuatro cosas que llevamos, me vestí con mi ropa de la sierra, polares, nórdicos, camisetas especiales para el frío..., después bajé y a eso de las once menos cuartos estábamos saliendo de casa. Lo primero que me encontré cuando salí fue un sopetón de aire frío que me hacía prever que en mi querido pueblo las temperaturas estarían algo bajas. Me levanté con faringitis aunque el aire puro, en vez de ponerme peor, me recupera mucho la voz y las molestias se disipan.

Una hora y cuarto después hacíamos entrada por el pueblo. Un radiante sol iluminaba todo, la sierra del Caíllo nos saludaba y parecía que nos decía que se alegraba de vernos otra vez por las calles de este bendito lugar.

Dejamos las cosas en casa y mientras Hetepheres aparcaba yo me puse en lo que es una liturgia semanal: Ordenar las cosas que hemos traído, subir las persianas, limpiar la chimenea y tirar las cenizas al contenedor.

Cuando llegó Hetepheres estaba hablando con nuestra comadre, Ana Súnico y así estuvieron largo rato. Ya casi se había acabado la leña y mientras yo estaba llamando a Mateo para que, cuando él pudiera, nos suministrara sacos de este natural elemento que tan beneficioso es para la salud en sitios donde el frío es una cuestión importante.

Así llegó la hora de irnos para almorzar al Casino. Allí estaba Fernando que estaba más serio de lo normal, preocupaciones varias rondaban su cabeza, y Alex así como los hijos del primero: Israel y Fernando.

Nos subimos a la primera planta y dispusimos para almorzar: Dos buenas sopas de Villaluenga, una tapa de ensaladilla, extraordinaria como siempre, así como un guiso de carrillada. Antes habíamos estado en casas de Elena y Lázaro charlando un poco con ellos.

Cuando terminamos esta opípara comida nos fuimos a dar una caminata por un sendero que casi nadie conoce, y que por mí tampoco lo van a conocer, eso hace que los animales: Cabras payoyas, ovejas, vacas, marranos..., estén a sus anchas en lo que es su hábitat natural. Si este camino fuera invadido por los “senderitas-domingueros” que tanto abundan de unos años a esta parte ya no sería lo mismo.

Estábamos subiendo la dura cuesta que lleva al aparcamiento de los Llanos del Republicano cuando vimos que Mateo estaba en su finca. Ni corta ni perezosa Hetepheres pidió permiso para entrar y allí estaba él, con su padre y su mujer Nazaret. Había muchas cabras recién paridas y muchos chivitos muy pequeñajos que todavía no podían ni ponerse de pie y que estaban intentando que mamara de su madre. Los pudimos tocar y esa imagen desvalida arañaba el corazón.

Después nos indicó un grupo de chivos que habían nacido el sábado y que estaban dentro de un cercado. Entramos y pudimos coger en brazos a dos de ellos, al principio se asustaron aunque después estuvieron muy tranquilos y cariñosos. Fueron bautizados como “carboncito y nubecita”. Mateo estuvo cordial, simpático y atento con nosotros, como siempre, y cuando nos íbamos aprovechamos para encargarle los sacos de leña que nos traería sobre las siete y media de la tarde cuando terminara toda su labor con el ganado.

Empezamos a recorrer el camino que estaba flanqueado por alcornoques, un manto verte de hierba por alfombra y entre los árboles y las rocas, las consabidas, las cabras, vacas, marranos. A cada paso nos encontrábamos con unas correntías de agua que bajaban de la montaña en forma de cascada para seguir el camino tierra abajo haciendo que preciosos riachuelos se sucedieran unos a otros. Fueron 15 kilómetros y más de tres horas de un precioso, relajante y embriagador paseo. Del frío pasó al calor nada más andar.

Os puedo decir que a la vuelta, el cansancio hizo mella en nosotros aunque cuando menos fuerza sentía cogí entre mis manos el Rosario que me acompaña a diario y empecé a rezar por una serie de ofrecimientos que ese día tenía sobre mí y, al poco, todo cansancio había remitido y estaba pleno de fuerzas y energía. ¡Lo que hace Dios!

Serían más de las seis y media de la tarde cuando llegamos a casa. Tiempo de ducharse, cambiarse de ropa y de calzado y sentarnos tomando una copa y un zumo para leer un poco, encender los dos tronquitos que teníamos mientras estábamos esperando a Mateo, que vino al poco rato.

Sobre las ocho de la tarde bajé al Casino, tal y como me había comprometido con Fernando, y al entrar pude observar que estaba reunida la Junta Directiva del Casino. Pasé sin mirar para no molestar el normal discurrir de dicha sesión. En la barra estaba mis amigos Fernando y Juande, después se unió Alex en lo que era una buena y sana conversación en la cual hablamos de muchos tema. Al poco llegó Rubi.

Pasó cerca de hora y media y la reunión acabó saliendo de la misma otros queridos amigos como Pedro, Andrés, Berna así como tuve la oportunidad de saludar a otros miembros a los cuales ya conocía de hace tiempo. Berna me presentó a su tío que es el Presidente del Casino de Villaluenga del Rosario y puedo decir, sin temor a exagerar lo más mínimo, que el sábado tuve el inmenso honor de poder saludar y conversar con un auténtico señor, con un caballero de los de antes, de los de siempre.

También me presenté a Alfonso Moscoso, Alcalde y miembro de la Junta Directiva, el cual estuvo agradable. Poco más dio mi presencia en el Casino. Eran las diez de la noche y tras despedirme de todos los presentes me dirigí a casa. La tarde había sido muy completa: La extraordinaria caminata, mi visita al Casino para hablar con mis queridos y admirados amigos, tomar dos copas con ellos, tener el honor de conocer al Presidente y a los miembros de la Junta del Casino y llegar temprano a casa para, al calor de la lumbre, cenar con mi mujer, ver algo la televisión y no habrían dado las doce menos cuarto de la noche cuando ya estábamos acostados y plácidamente dormidos.

La noche fue agradable y reconfortante. Dormí tanto y tan tranquilo que no me di ni cuenta que Hetepheres se levantó, a eso de las ocho de la mañana, ya que me desperté pasadas las nueve de un domingo luminoso y frío por igual.

Después de una ducha reparadora de agua caliente, vestirnos con ropa de abrigo, tal y como mandan los cánones en los pueblos que están en la sierra, nos fuimos a desayunar al Casino. Allí estaba Fernando viendo una película. Dos rebanadas de buen pan de campo, un té con hielo para Hetepheres y un tubo de café doble con leche fueron nuestro avituallamiento para encarar la mañana.

Cuando salimos del Casino, que es el lugar donde nos sentimos en familia, nos dirigimos a la panadería y allí estuvimos hablando con Pepi y Lázaro. Después nos dirigimos a “Quesos Oliva”, que estaba cerrado porque al marido de Charo lo habían intervenido la semana pasada, así que nos marchamos para casa para dejar lo comprado. Mientras Hetepheres hablaba con su madre, aproveché para irme un rato a la Iglesia, quedaban diez minutos para que empezara la Santa Misa, y así pude hacer mi visita al Sagrario donde está cobijado el Cuerpo Bendito de Jesús. Debo decir que mi alma, mi corazón, mi espíritu traspasan todos los límites conocidos y se entrelazan en una conversación directa con Dios en la cual le hablo y Me Habla. Rezar delante de la Virgen del Rosario es un gran honor que pacifica mi ánimo y me hace estar plenamente confiado porque estoy en las mejores manos.

Sonaban las campanas dando las once cuando el Padre D. Francisco Párraga empezó la Misa que estuvo muy concurrida por los feligreses del pueblo. Gran y profunda homilía la pronunciada por este querido y entregado Sacerdote.

Al finalizar pudimos saludar a las buenas amigas que son asiduas a la Santa Misa así como también al presidente del Casino y esposa.

Cuando íbamos a dar un pequeño paseo por el pueblo nos encontramos con Juande, después nos acercamos hasta la Avenida de los arbolitos, saludamos a Andrés, esposa y a Teresa, la madre de Berna, a unos vecinos que tienen una coqueta casa frente al restaurante “La Velada”, vimos unos perritos muy graciosos y nos encaminamos a casa aprovechando los cálidos rayos de sol que animaba algo el cuerpo ante la gelidez ambiental en la cual nos movíamos. Fuimos a casa de Charo, “Quesos Oliva”, y nos atendió su hija Delia, compramos el encargo que nos habían hecho, preguntamos como estaba su padre después de la intervención y nos fuimos para nuestra casita que nos esperaba acogedoramente con la chimenea encendida.

Delante de ella o, más bien, junto a ella nos dimos el gustazo de pasar el resto de la mañana leyendo, tomando un refresco, una copa de palo “cortao” y una tapita de buen queso hasta que llegó la hora del almuerzo.

Fue comer, preparar las cuatro cosas que nos teníamos que llevar y coger el coche para retornar, de nuevo y como siempre, a Jerez a nuestras vidas ordinarias, a las responsabilidades, a las seriedades que da el rigor de ser “alguien” en una sociedad donde el ser alguien está muy valorado y el no ser nada de lo que quieren los otros de nosotros es lo peor. Hace tiempo que me dejó de interesar el ser “alguien” en esta sociedad llena de fariseísmos, de medias verdades, de conveniencias, llena de opacidad y lo que aspiro en la vida en vivir en la dignidad que da el enfocar mi existencia hacia el Ser del que viene toda creación y con esa visión tan lejana del mundo terrenal y vacío que nos inunda, y tan sublime como el fin perseguido que me hace por entero feliz, traslado todos esos sentimientos, todo ese donar mi vida, mi ser a los demás intentando, con la ayuda de Dios, ser un buen marido, un buen hijo, una buena persona y un buen cristiano en definitiva.

Decía en un mensaje mañanero que escribía en mi perfill de facebook que hoy era un gran día para hacer el bien, que se notara que estábamos tocados por las Benditas Manos de Dios. Mañana y el resto de nuestro peregrinar por este mundo tenemos que hacer propósitos de grandeza humana y espiritual que nos encaminen a hacer el bien en todos los momentos, hasta los más difíciles y angustiosos, de nuestra existencia.

En Villaluenga del Rosario soy capaz de unir el espíritu y la carne porque toda ella con sus gentes, sus calles, su pura y agreste naturaleza que la rodea por todos los costados, enamora e inspira a los corazones que se sienten desbordados por las “inquietudes” de este mundo hasta hacernos llevar y llegar a lo que verdaderamente significa tranquilidad, placidez, serenidad, confianza, amistad y todos los valores que hacen a los pueblos y a la Sociedad en referentes de la grandeza más absoluta.

Cuando termine de escribir y subir las fotografías que he realizado de nuestro “particular” fin de semana en nuestro pueblo ya quedará menos para que llegue otro fin de semana, otros dos días en medio de un pueblo que lleva como apellido “Rosario” y que se nota que está tocado por la más sublime de las excelencias.

Un fuerte abrazo para todos mis queridos amigos payoyos, deciros que os echo de menos.

Jesús Rodríguez Arias


GALERÍA FOTOGRÁFICA:

























La ensaladilla de Fernando (Casino) hay que probarla.

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