...Y llegó, de nuevo, otro sábado, otro fin de
semana el cual anhelamos desde la misma noche del domingo porque, para
nosotros, estos días lo identificamos con el descanso, la desconexión, la vida
tranquila y la parsimonia que es el estar y vivir, aunque sean por unas horas,
en Villaluenga del Rosario.
El sábado nos confabulamos para salir antes de
Jerez, todo lo que nos permite el tener que hacer las cosas que tenemos que
realizar antes de poner kilómetros por medio.
Nos levantamos temprano, como todos los sábados, y
mientras me hacía el buen café, de Australia, y me tomaba dos galletitas para
después ponerme a actualizar el blog con artículos que suelen ser fijos así
como un post que me vino a la mente en medio de la noche. Dicen que la
inspiración viene en el momento que menos se espera.
Mientras Hetepheres llevaba a Conchi a Misa así
como hacía algunas compras que se necesitaban. A las diez cuando llegaron
estaba acabando de escribir el post y de colgarlo en internet y en facebook.
Terminado este proceso me dispuse a preparar las
cuatro cosas que llevamos, me vestí con mi ropa de la sierra, polares,
nórdicos, camisetas especiales para el frío..., después bajé y a eso de las
once menos cuartos estábamos saliendo de casa. Lo primero que me encontré cuando
salí fue un sopetón de aire frío que me hacía prever que en mi querido pueblo
las temperaturas estarían algo bajas. Me levanté con faringitis aunque el aire
puro, en vez de ponerme peor, me recupera mucho la voz y las molestias se
disipan.
Una hora y cuarto después hacíamos entrada por el
pueblo. Un radiante sol iluminaba todo, la sierra del Caíllo nos saludaba y
parecía que nos decía que se alegraba de vernos otra vez por las calles de este
bendito lugar.
Dejamos las cosas en casa y mientras Hetepheres
aparcaba yo me puse en lo que es una liturgia semanal: Ordenar las cosas que
hemos traído, subir las persianas, limpiar la chimenea y tirar las cenizas al
contenedor.
Cuando llegó Hetepheres estaba hablando con
nuestra comadre, Ana Súnico y así estuvieron largo rato. Ya casi se había
acabado la leña y mientras yo estaba llamando a Mateo para que, cuando él
pudiera, nos suministrara sacos de este natural elemento que tan beneficioso es
para la salud en sitios donde el frío es una cuestión importante.
Así llegó la hora de irnos para almorzar al
Casino. Allí estaba Fernando que estaba más serio de lo normal, preocupaciones
varias rondaban su cabeza, y Alex así como los hijos del primero: Israel y
Fernando.
Nos subimos a la primera planta y dispusimos para almorzar:
Dos buenas sopas de Villaluenga, una tapa de ensaladilla, extraordinaria como
siempre, así como un guiso de carrillada. Antes habíamos estado en casas de
Elena y Lázaro charlando un poco con ellos.
Cuando terminamos esta opípara comida nos fuimos a
dar una caminata por un sendero que casi nadie conoce, y que por mí tampoco lo
van a conocer, eso hace que los animales: Cabras payoyas, ovejas, vacas,
marranos..., estén a sus anchas en lo que es su hábitat natural. Si este camino
fuera invadido por los “senderitas-domingueros” que tanto abundan de unos años
a esta parte ya no sería lo mismo.
Estábamos subiendo la dura cuesta que lleva al
aparcamiento de los Llanos del Republicano cuando vimos que Mateo estaba en su
finca. Ni corta ni perezosa Hetepheres pidió permiso para entrar y allí estaba
él, con su padre y su mujer Nazaret. Había muchas cabras recién paridas y
muchos chivitos muy pequeñajos que todavía no podían ni ponerse de pie y que
estaban intentando que mamara de su madre. Los pudimos tocar y esa imagen
desvalida arañaba el corazón.
Después nos indicó un grupo de chivos que habían
nacido el sábado y que estaban dentro de un cercado. Entramos y pudimos coger
en brazos a dos de ellos, al principio se asustaron aunque después estuvieron
muy tranquilos y cariñosos. Fueron bautizados como “carboncito y nubecita”.
Mateo estuvo cordial, simpático y atento con nosotros, como siempre, y cuando
nos íbamos aprovechamos para encargarle los sacos de leña que nos traería sobre
las siete y media de la tarde cuando terminara toda su labor con el ganado.
Empezamos a recorrer el camino que estaba
flanqueado por alcornoques, un manto verte de hierba por alfombra y entre los
árboles y las rocas, las consabidas, las cabras, vacas, marranos. A cada paso
nos encontrábamos con unas correntías de agua que bajaban de la montaña en
forma de cascada para seguir el camino tierra abajo haciendo que preciosos
riachuelos se sucedieran unos a otros. Fueron 15 kilómetros y más de tres horas
de un precioso, relajante y embriagador paseo. Del frío pasó al calor nada más
andar.
Os puedo decir que a la vuelta, el cansancio hizo
mella en nosotros aunque cuando menos fuerza sentía cogí entre mis manos el
Rosario que me acompaña a diario y empecé a rezar por una serie de ofrecimientos
que ese día tenía sobre mí y, al poco, todo cansancio había remitido y estaba
pleno de fuerzas y energía. ¡Lo que hace Dios!
Serían más de las seis y media de la tarde cuando
llegamos a casa. Tiempo de ducharse, cambiarse de ropa y de calzado y sentarnos
tomando una copa y un zumo para leer un poco, encender los dos tronquitos que
teníamos mientras estábamos esperando a Mateo, que vino al poco rato.
Sobre las ocho de la tarde bajé al Casino, tal y
como me había comprometido con Fernando, y al entrar pude observar que estaba
reunida la Junta Directiva del Casino. Pasé sin mirar para no molestar el
normal discurrir de dicha sesión. En la barra estaba mis amigos Fernando y
Juande, después se unió Alex en lo que era una buena y sana conversación en la
cual hablamos de muchos tema. Al poco llegó Rubi.
Pasó cerca de hora y media y la reunión acabó
saliendo de la misma otros queridos amigos como Pedro, Andrés, Berna así como
tuve la oportunidad de saludar a otros miembros a los cuales ya conocía de hace
tiempo. Berna me presentó a su tío que es el Presidente del Casino de
Villaluenga del Rosario y puedo decir, sin temor a exagerar lo más mínimo, que
el sábado tuve el inmenso honor de poder saludar y conversar con un auténtico
señor, con un caballero de los de antes, de los de siempre.
También me presenté a Alfonso Moscoso, Alcalde y
miembro de la Junta Directiva, el cual estuvo agradable. Poco más dio mi
presencia en el Casino. Eran las diez de la noche y tras despedirme de todos
los presentes me dirigí a casa. La tarde había sido muy completa: La
extraordinaria caminata, mi visita al Casino para hablar con mis queridos y
admirados amigos, tomar dos copas con ellos, tener el honor de conocer al
Presidente y a los miembros de la Junta del Casino y llegar temprano a casa
para, al calor de la lumbre, cenar con mi mujer, ver algo la televisión y no
habrían dado las doce menos cuarto de la noche cuando ya estábamos acostados y
plácidamente dormidos.
La noche fue agradable y reconfortante. Dormí
tanto y tan tranquilo que no me di ni cuenta que Hetepheres se levantó, a eso
de las ocho de la mañana, ya que me desperté pasadas las nueve de un domingo
luminoso y frío por igual.
Después de una ducha reparadora de agua caliente,
vestirnos con ropa de abrigo, tal y como mandan los cánones en los pueblos que
están en la sierra, nos fuimos a desayunar al Casino. Allí estaba Fernando
viendo una película. Dos rebanadas de buen pan de campo, un té con hielo para
Hetepheres y un tubo de café doble con leche fueron nuestro avituallamiento
para encarar la mañana.
Cuando salimos del Casino, que es el lugar donde
nos sentimos en familia, nos dirigimos a la panadería y allí estuvimos hablando
con Pepi y Lázaro. Después nos dirigimos a “Quesos Oliva”, que estaba cerrado
porque al marido de Charo lo habían intervenido la semana pasada, así que nos
marchamos para casa para dejar lo comprado. Mientras Hetepheres hablaba con su
madre, aproveché para irme un rato a la Iglesia, quedaban diez minutos para que
empezara la Santa Misa, y así pude hacer mi visita al Sagrario donde está
cobijado el Cuerpo Bendito de Jesús. Debo decir que mi alma, mi corazón, mi
espíritu traspasan todos los límites conocidos y se entrelazan en una
conversación directa con Dios en la cual le hablo y Me Habla. Rezar delante de
la Virgen del Rosario es un gran honor que pacifica mi ánimo y me hace estar
plenamente confiado porque estoy en las mejores manos.
Sonaban las campanas dando las once cuando el
Padre D. Francisco Párraga empezó la Misa que estuvo muy concurrida por los
feligreses del pueblo. Gran y profunda homilía la pronunciada por este querido
y entregado Sacerdote.
Al finalizar pudimos saludar a las buenas amigas
que son asiduas a la Santa Misa así como también al presidente del Casino y
esposa.
Cuando íbamos a dar un pequeño paseo por el pueblo
nos encontramos con Juande, después nos acercamos hasta la Avenida de los
arbolitos, saludamos a Andrés, esposa y a Teresa, la madre de Berna, a unos
vecinos que tienen una coqueta casa frente al restaurante “La Velada”, vimos
unos perritos muy graciosos y nos encaminamos a casa aprovechando los cálidos
rayos de sol que animaba algo el cuerpo ante la gelidez ambiental en la cual
nos movíamos. Fuimos a casa de Charo, “Quesos Oliva”, y nos atendió su hija
Delia, compramos el encargo que nos habían hecho, preguntamos como estaba su
padre después de la intervención y nos fuimos para nuestra casita que nos
esperaba acogedoramente con la chimenea encendida.
Delante de ella o, más bien, junto a ella nos
dimos el gustazo de pasar el resto de la mañana leyendo, tomando un refresco,
una copa de palo “cortao” y una tapita de buen queso hasta que llegó la hora
del almuerzo.
Fue comer, preparar las cuatro cosas que nos
teníamos que llevar y coger el coche para retornar, de nuevo y como siempre, a
Jerez a nuestras vidas ordinarias, a las responsabilidades, a las seriedades
que da el rigor de ser “alguien” en una sociedad donde el ser alguien está muy
valorado y el no ser nada de lo que quieren los otros de nosotros es lo peor. Hace
tiempo que me dejó de interesar el ser “alguien” en esta sociedad llena de
fariseísmos, de medias verdades, de conveniencias, llena de opacidad y lo que
aspiro en la vida en vivir en la dignidad que da el enfocar mi existencia hacia
el Ser del que viene toda creación y con esa visión tan lejana del mundo
terrenal y vacío que nos inunda, y tan sublime como el fin perseguido que me
hace por entero feliz, traslado todos esos sentimientos, todo ese donar mi
vida, mi ser a los demás intentando, con la ayuda de Dios, ser un buen marido,
un buen hijo, una buena persona y un buen cristiano en definitiva.
Decía en un mensaje mañanero que escribía en mi
perfill de facebook que hoy era un gran día para hacer el bien, que se notara
que estábamos tocados por las Benditas Manos de Dios. Mañana y el resto de
nuestro peregrinar por este mundo tenemos que hacer propósitos de grandeza
humana y espiritual que nos encaminen a hacer el bien en todos los momentos,
hasta los más difíciles y angustiosos, de nuestra existencia.
En Villaluenga del Rosario soy capaz de unir el
espíritu y la carne porque toda ella con sus gentes, sus calles, su pura y
agreste naturaleza que la rodea por todos los costados, enamora e inspira a los
corazones que se sienten desbordados por las “inquietudes” de este mundo hasta
hacernos llevar y llegar a lo que verdaderamente significa tranquilidad,
placidez, serenidad, confianza, amistad y todos los valores que hacen a los
pueblos y a la Sociedad en referentes de la grandeza más absoluta.
Cuando termine de escribir y subir las fotografías
que he realizado de nuestro “particular” fin de semana en nuestro pueblo ya
quedará menos para que llegue otro fin de semana, otros dos días en medio de un
pueblo que lleva como apellido “Rosario” y que se nota que está tocado por la
más sublime de las excelencias.
Un fuerte abrazo para todos mis queridos amigos
payoyos, deciros que os echo de menos.
Jesús Rodríguez Arias
GALERÍA FOTOGRÁFICA:
La ensaladilla de Fernando (Casino) hay que probarla.
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