jueves, 11 de junio de 2015

¿PASTOR DE REBAÑO O CAZADOR FURTIVO?; POR BELTRÁN CASTELL LÓPEZ


 
Desde que mi buen amigo y hermano en la fe Jesús Rodríguez Arias me diera esta bellísima oportunidad de poderles transmitir cada semana, a través de su prestigioso blog católico ‘Sed Valientes’, mis humildes vivencias en torno a Jesús Sacramentado a través de unas sencillas líneas, siempre he tratado de exaltar las maravillas de Aquel que habita en el sagrario durante todos los días del año. Y es que el Santísimo, con su grandiosidad, su inmensidad y su majestuosidad, está por encima de todo y de todos.

En definitiva, la Iglesia, como doctrina de fe, como comunidad universal de creyentes en Cristo y María congregados en virtud del bautismo, es un signo inmaterial inalienable que no se puede enajenar al antojo de cualquiera.

¿Y por qué les digo todo esto?

Pues bien, durante mi vida religiosa, al igual que puede ocurrir en cualquier ámbito de nuestra existencia, como puede ser la enseñanza, la política, las relaciones laborales, la propia amistad o la fraternidad, he tenido la suerte de encontrarme en el camino con buenos pastores que han sabido conducir por el buen camino a su rebaño, no sólo mostrando el sendero adecuado, sino dejando que sus ovejas le ofrezcan ayuda en momentos difíciles en los que la piara tiende su mano para ayudar en lo que fuera necesario a tan sabio pastor.

Pero en esta vida, por desgracia también llena de ingratos y desleales, donde la palabra muere al salir de la boca y donde la falacia está a la orden del día, topamos o, mejor dicho, creemos que topamos con el mejor de los pastores, ese que nos guía por la mejor vereda, nos aconseja, nos escucha o nos demanda una ayuda incondicional siempre para mayor gloria de Dios.

Y así será. El rebaño se pondrá a la entera disposición de su pastor. Trabajará duro y desinteresadamente, moverá cielo y tierra por engrandecer esa divina encomienda solicitada y...

... Cuando la labor ya está realizada, cuando todo se ha hecho para mayor gloria del que está por encima de todo y de todos, resulta que el buen pastor se convierte en cazador furtivo al haber engañado y pisoteado a su rebaño, dejándose convencer por tres o cuatro ovejas negras que salpican la armonia de este redil.

Así es, como lo oyen. Ese divino encargo, con horas y horas de esfuerzo y tesón, rehusado por temor a los mordiscos infecciosos de esas viejas ovejas negras que el pastor, acobardado, no ha sabido o, directamente, le ha sido más cómodo no repeler.

Pero el buen rebaño, ese exento de reses podridas de alma y espíritu, aunque conviva con ellas en el mismo redil, sabe que fuera de ese corral se encuentra la inmensidad y la grandiosidad del campo, sin vallado ni coto alguno. Esa infinidad que está por encima de todo y por la que las horas y horas de constancia y tenacidad en pos de su divina majestuosidad tienen como resultado una grata recompensa espiritual. 

Por desgracia, en esta vida, en muchos de los casos, es más sencillo ser cazador furtivo de un gran rebaño, disparando la escopeta a traición, que tratar de ser un buen pastor de la muchedumbre, sabiendo domar y haciéndose respetar por esas ovejas negras, tal y como hizo Jesucristo cuando expulsó a los mercaderes que usurparon el templo que, según el Libro de Isaías, es‘... casa de oración para todas las naciones’.

Pero, a pesar de todo, el gran rebaño seguirá cuidando y trabajando por y para el campo, por supuesto sin ese vil pastor que se dedica a incrustar plomillos en las espaldas, pero con la fe y la esperanza de la pronta llegada de un nuevo ovejero que encamine el rumbo correcto de un aprisco que por siempre, por encima de pastores mezquinos e infames, luchará y bregará con un objetivo claro:

Trabajar por y para mayor gloria de Dios y de su Madre la Virgen María. En definitiva, por y para la Santa Madre Iglesia, ese ente inmaterial inabarcable que está por encima de todo y, por supuesto, de todos.



Alabado sea Jesús Sacramentado.


Beltrán Castell López.

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