Ten siempre el máximo respeto hacia tu interlocutor. Nada -ni tus palabras, ni tus gestos, ni tus silencios ni tu mirada, ni tu volumen ni tu tono de voz- debe descalificarlo. Aunque sepas a ciencia cierta que está equivocado, no le fuerces a aceptar tu punto de vista, no lo avasalles ni le niegues su derecho a percibir la realidad como la percibe.
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