viernes, 12 de junio de 2015

EL ALBA SE ASOMA A MI ORACIÓN; POR JOSÉ ANTONIO SIGLER

EL ALBA SE ASOMA A MI ORACIÓN. «Uno de los soldados, con la lanza, le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua.» (Evangelio del día). Hoy la Iglesia celebrar el Sagrado Corazón de Jesús. Y hoy la Liturgia nos invita a contemplar un episodio de la Pasión, aquel donde es traspasado su corazón. Y hoy, el Señor, me invita a ponerme en el lugar del soldado. Sería más fácil ponerse al lado de María o de las santas mujeres. Pues no, el Señor me invita a contemplar mis "lanzadas" actuales, y la primera es olvidar que vivimos inmersos en su Sagrado Corazón. Es verdad que los soldados cumplían órdenes, lo que lo exime de ciertas responsabilidad. Pero nosotros, ¿a quien obedecemos? ¿Y eso nos exime de responsabilidad? Me parece que no, porque sabemos perfectamente cuando hacemos el bien y el mal, cuando es gracia y cuando es pecado. Pero es el propio Cristo, su corazón traspasado, el que nos redime con sangre y agua, el que nos devuelve, por el bautismo y por su entrega en la Eucaristía, a la inocencia original. Y es ahí, en la cruz, donde está la inmensa gracia de Dios. San Pablo se lo dice a los Efesios: "Anunciar a los gentiles la riqueza insondable que es Cristo". Por ello hoy es un día de Gracia, un día de Misericordia, un día para la contemplación eucarística, un día para agradecer la bendición de Dios con el corazón de su Hijo. Y, mañana, el Inmaculado Corazón de María. No podría ser menos. Santa María de Caná, ruega por nosotros.

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