jueves, 11 de junio de 2015
EL ALBA SE ASOMA A MI ORACIÓN; POR JOSÉ ANTONIO SIGLER
EL ALBA SE ASOMA A MI ORACIÓN. «Porque no nos predicamos a nosotros, predicamos que Cristo es Señor, y nosotros siervos vuestros por Jesús.» (1ª Lectura). En el Evangelio, Jesús nos habla de la reconciliación de los hermanos y marca unas pautas para conseguirla. Es verdad que entre los hombres, grupos, comunidades y hermanos siempre hay motivos de roces, y a veces no de poca importancia. Pero ¿cómo resolver esto? En primer lugar con el perdón porque, a veces, querer "aclarar" algo no es tarea fácil porque nos solemos enrocar en "nuestra razón" y no damos lugar a la misericordia. Y lo que hay que conseguir no es un perdón "negociado", sino evangélico. Un perdón que deja atrás todo lastre y que cure toda herida y no porque, con esto, uno "saque ventaja", sino porque "predicamos que Cristo es Señor y nosotros siervos vuestros por Jesús". Para todo esto hace falta muchas dosis de humildad y despejarnos la soberbia. En segundo lugar tiene que haber "cercanía". Y, no sólo físicamente, sino en intenciones y en sinceridad y, desde luego, despejar todo resentimiento. No se trata de poner las "cartas boca arriba" para ver "qué hay que pagar", sino tener intenciones de reconciliación. Todos somos débiles, limitados y sujeto a errores pero ¿no vale más el avenimiento que tener razón? La lectura de Laudes es muy significativa: «Cristo murió por nuestros pecados». Oremos para que, en el valor de esa muerte, lleguemos a crear una verdadera fraternidad. Y lo dicho para los hermanos, también es válido para los grupos y comunidades, ¿no son hermanos al fin y al cabo? Santa María, Madre de todos, ruega por nosotros. Corazón de Jesús, en ti confío.
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