miércoles, 10 de junio de 2015

EL ALBA SE ASOMA A MI ORACIÓN; POR JOSÉ ANTONIO SIGLER

EL ALBA SE ASOMA A MI ORACIÓN. «No he venido a abolir (la ley) sino a dar plenitud.» (Evangelio del día). Ser cristiano a veces se nos antoja como una persona que tiene que "cumplir" una serie de preceptos, normas, ritos y liturgias. Visto así, nos quedaríamos en la ley judáica, restringidos por sus disposiciones, seríamos nada más que buenos judíos. Cristo da el salto, no retira la Ley Judía, sino que le da sentido a las normas y preceptos. Ya no se trata de una ley restrictiva sino una ley que permite desarrollar toda la capacidad orante y amante hacia Dios y hacia el hombre. En Cristo culmina una época y comienza otra, con las mismas normas pero regidas por el mandamiento del amor y regida por la presencia misericordiosa de Dios. Cumplir la ley ya no es un peso, sino una oportunidad de acercarnos a Dios. San Pablo, en la primera lectura, nos dice: «Esta confianza con Dios la tenemos por Cristo». Por eso los preceptos, normas, ritos y liturgias ya no son "exigentes y aburridos" sino una participación en la plenitud y en la liturgia de Cristo. Y un gozo poder celebrarlo. Ya deseas vivir la Eucaristía diaria, la confesión periódica, la oración asidua. Y comienzas a tener mayor conciencia de tus faltas y pecados. Todo esto puede ser un baremo para medir nuestro "nivel de fe" y no basar nuestra vida de fe en el cumplimiento, aunque nos cueste poco trabajo hacerlo, de unos preceptos. La liturgia ya no es tediosa ni anodina, sino participante y celebrativa. Santa María, Maestra y ejemplo, ruega por nosotros.

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