
Las iglesias destruidas y la emigración de los jóvenes preocupan a Mons. Launay Saturné
AIN.- En el quinto aniversario del devastador terremoto en Haití, el temor a la violencia es grande entre los católicos. Así se lo comunicó el Obispo de la Diócesis haitiana de Jacmel, Mons. Launay Saturné, el 8 de junio a Ayuda a la Iglesia Necesitada en Königstein. Desde noviembre de 2014 hasta febrero de 2015, más de veinte congregaciones religiosas han sido víctimas de robos a mano armada. Como consecuencia, la Conferencia Episcopal Haitiana convocó una vigilia de oración de 24 horas de duración. Además, la comunidad de los religiosos haitianos propuso dedicar un día –el 9 de marzo de 2015– a la compasión y la solidaridad con las víctimas de la actual inseguridad. Ese día permanecieron cerrados todos los centros gestionados por religiosos y cientos de religiosos y religiosas marcharon en silencio por las calles de las ciudades haitianas para manifestarse por el fin de la violencia. “Las autoridades deben encargarse de garantizar el respeto a los derechos humanos, independientemente de la religión de cada uno”, ha exigido Mons. Saturné. Y las manifestaciones han surtido efecto, pues, desde entonces, se han registrado menos asaltos, según ha asegurado el Obispo.
La catástrofe natural destruyó gran parte de las estructuras pastorales del Estado caribeño. De momento, ya se han reconstruido numerosas capillas e iglesias, y Mons. Saturné les está muy agradecido a los bienhechores que lo han hecho posible. No obstante, todavía queda mucho por hacer: no pocas iglesias amenazan ruina, por lo que no se puede permanecer dentro de ellas y la gente tiene que celebrar la Misa en tiendas de campaña u otros lugares provisionales. El Obispo ha señalado: “Antes del terremoto, la situación en Haití era difícil, pero después pasó a ser catastrófica, y hasta hoy no se han subsanado ni de lejos todos los daños. Todavía hay mucho que hacer”. Muchos haitianos, sobre todo jóvenes, abandonan Haití y emigran al otro lado de la isla, al Estado vecino de la República Dominicana. Para Mons. Saturné, de 49 años de edad, esta ola migratoria es especialmente dolorosa para el país y, por tanto, también para la Iglesia Católica. “La juventud es decisiva para nuestro país”. También le preocupa el hecho de que estos refugiados no son bien acogidos en la República Dominicana, y también el Papa Francisco es consciente de ello, pues a finales de mayo les pidió a los Obispos dominicanos que se ocuparan de forma especial, pastoral y caritativamente, de estos inmigrantes.
Un gran deseo del Obispo de Jacmel es poder reconstruir su iglesia episcopal, la catedral de Jacmel, que ha sufrido graves daños. No obstante,profesionales cualificados han asegurado que es posible restaurar la catedral de San Felipe y Santiago, erigida en el siglo XIX. “Los creyentes tienen gran apego a su catedral”, ha informado Mons. Saturné. “Desde hace cinco años venimos celebrando la Santa Misa en una sala totalmente inapropiada. Necesitamos un espacio digno para la Misa, y por eso es importante reconstruir las iglesias. No obstante, y aunque los edificios de la Iglesia estén destruidos, la fe de los católicos sigue incólume”.
Pero tan importante como la reconstrucción de las iglesias son para Mons. Saturné las personas de Haití. En enero y refiriéndose a Haití, el Papa Francisco exigió con insistencia que la persona debía estar en el centro de cualquier campaña de ayuda. Literalmente, dijo: “No hay verdadera reconstrucción de un país sin reconstrucción de la persona en su plenitud”. Y Mons. Saturné, junto con sus sacerdotes, se ha propuesto dar vida a las palabras del Papa: “La labor humanitaria debe ir de la mano de la asistencia pastoral; ambas deben complementarse”.
Para él, la clave principal de la “reconstrucción de la persona” es la educación. “Necesitamos muchos más centros educativos, desde jardines de infancia y escuelas para los pequeños hasta universidades para los jóvenes adultos”, ha indicado el Obispo de Jacmel. Para él, resulta terrible que en Jacmel muchos jóvenes no puedan estudiar en la universidad por carecer de recursos.
La Iglesia Católica desempeña un importante papel en Haití. El 87% de los nueve millones de haitianos es cristiano (un 57% es católico y un 30% protestante). La Iglesia opera a través de Cáritas y está presente en los ámbitos de la salud y la educación.
En el terrible terremoto del 12 de enero de 2010 murieron unas 230.00 personas, 300.000 resultaron heridas y más de 1,2 millones se quedaron sin hogar. Entre las víctimas mortales se encontraba también el Arzobispo de Puerto Príncipe, Mons. Joseph Serge Miot; su Vicario General, otros tres sacerdotes diocesanos, 45 religiosos y 31 seminaristas. Desde el terremoto,Ayuda a la Iglesia Necesitada ha apoyado a las diócesis haitianas con 6 millones de euros. Además de a proyectos de construcción, este dinero ha ido a parar a la formación de catequistas y futuros sacerdotes. Ayuda a la Iglesia Necesitada también apoya el sustento de los sacerdotes y financia recursos que necesitan en su labor cotidiana como material de enseñanza y vehículos.
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