Dicen y es verdad que no nos damos cuenta de que hemos perdido algo hasta que nos falta pues se produce una oquedad en el corazón que ennegrece los sentimientos con la mezcolanza de la agria tristeza.
No echamos en falta a los seres queridos hasta que nos faltan, no echamos en falta a los amigos hasta que nos faltan, no echamos de menos hasta un miembro del cuerpo hasta que nos falta, aunque sea de forma transitoria, no echamos de menos un móvil, un libro o cualquiera de las cosas más sencillas hasta que nos faltan, no echamos en falta la paz hasta que nos falta, no echamos en falta el Amor hasta que nos falta...
Y a la Fe, ¿La echamos de menos si nos llega a faltar?
Muchos amigos que son increyentes, no digo ateos ni agnósticos, me suelen confesar cuando algo les supera. ¡Cuánto desearía tener la fe que tú tienes!
No, hoy no quiero escribir de los fundamentos teológicos de la fe sino que quiero haceros llegar mis pensamientos, mis profundos sentimientos de lo que experimento a diario a vivir en y desde la fe.
La Fe no se puede ver, es intangible, no tiene cantidad, no pesa, simplemente es ese “algo” invisible que nos envuelve y nos hace sentir en permanente contacto con Dios.
La Fe es lo que me motiva todos los días a levantarme, a poner los pies en el suelo, caminar y poner mi vida en las manos del Señor. Fe es pedirle e implorarle que en tu vida se haga lo que Dios disponga que a lo mejor no entenderemos ni siquiera llegaremos a comprender las circunstancias que lo motivaron alguna vez aunque en nuestro fuero interior sabemos que es lo mejor que nos podía haber pasado.
La Fe es sentir un fuego en el corazón que me hace servir al prójimo con los talentos que el Buen Padre me dio. Es intentar no hacer daño por hacerlo, es comprender sin entender, es respetar aunque no te respeten, es perdonar y también rezar por esos que continuamente nos persiguen y asesinan por medio de palabra, obra u omisión.
Fe es ver el rostro de Jesús en todos los demás e incluso en los que no me quieren y tanto daño me hacen.
Fe es ofrecer Amor ante el odio, Perdón ante la impiedad, Servicio ante el egoísmo, Entrega ante la insolidaridad, Humildad ante la soberbia, Paciencia ante el orgullo, Caridad ante el abandono. La Fe, en definitiva, es Amor siempre Amor.
La Fe es dejarte tocar el corazón por María, nuestra Madre, y fijarnos en nuestros mayores, los enfermos, los desprotegidos, los marginados, los pobres, los que siempre están ahí aunque nadie los vea o, lo que es peor, no quieran ver...
Fe es saber que Dios está en mí y nosotros en Él.
Con Fe, la verdadera, se mueven montañas, se camina por mares incontrolados, se curan enfermos de cuerpo y alma.
Desde la Fe se vive con plena coherencia el ser cristiano, el ser discípulo de Cristo, aunque por eso mismo te marginen, te anulen, te destrocen, te aniquilen, te pisoteen, te lleven al ostracismo, te den la espalda y te dejen en ese lugar donde van los condenados por la manada porque no piensas ni opinas como ellos quieren que pienses.
Fe también es Libertad pues Dios, nunca lo olvidemos nos hizo libres en la Verdad.
Fe es vivir, sentir, amar a la Santa Madre Iglesia como tu casa y defenderla siempre, protegerla siempre, dar la cara por ella siempre aún a pesar de los que dicen sentirla y abominan de ella.
Fe también es amar, perdonar y llegar a comprender a tantos Judas como hay en nuestro pequeño-gran mundo.
Fe es coger la cruz y hacerla tuya como el más valioso salvoconducto que nos lleva a la salvación. La cruz, la nuestra particular, no es grande ni es pequeña, no es pesada ni liviana, no es sangrante ni es limpia, no es dura ni blanda, es nuestra cruz y a ella debemos aferrarnos con todas las fuerzas que ni siquiera sabes de donde salen porque la flaqueza y la debilidad de nuestras propias debilidades nos hacen creer más frágiles de lo que en verdad somos.
En la pasada Semana Santa cuando la imagen de Nuestro Padre Jesús recorrió las calles de mi bendito pueblo de Villaluenga del Rosario en una mañana fresca y a la vez agradable pude realizar una de esas “extrañas” fotos donde se condensa tanto la Fe que incluso crees que puedes tocar, palpar, sentir...
Es verdad, antes he escrito que esta no se puede ver, tocar, medir aunque cuando mis ojos se embelesan en imágenes como las que protagoniza esta particular reflexión o cuando siento arder entre mis manos el Rosario mientras lo rezo pienso para mis adentros que Dios te da la capacidad de ver, sentir e incluso sentir lo que es el peso de la Fe.
En definitiva la Fe es ese hilo conductor que nos lleva a Cristo el cual sabemos que ronda y penetra por cada poro de nuestra piel sin verlo, tocarlo con nuestros mortales ojos, manos aunque sí con las del alma, del corazón que nos dice porque incluso palpita más rápido cuando lleno de emoción que está con nosotros protegiéndonos, cuidándonos, queriéndonos ya que intentamos ser siervos leales y fieles que trabajamos, cada uno a su modo y manera, en la inabarcable mies del Señor.
Porque la Fe es Dios Amor o lo que es lo mismo: ¡El Amor de Dios!
Recibe, mi querido hermano, un fraternal abrazo y que Dios nos siga bendiciendo,
Jesús Rodríguez Arias


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