Foto Andrés Cañada Salguero
La
del pasado domingo en Jerez de la Frontera fue una jornada diferente a la que
estamos acostumbrados a vivir cada año por estas fechas, en algunas ocasiones
ya metidos de lleno en pleno verano y en otras, como en este año 2015, en los
albores de un estío que mantiene su pugna con una primavera que, por momentos,
nos recuerda al despertar del otoño allá a finales del mes de septiembre.
No
fue un domingo de sol y calor, con un cielo azul y una agradable brisa mañanera
que refrescara a todos los que, año tras año, acudimos desde muy temprano al
templo parroquial de San Miguel a celebrar la procesión eucarística de la
parroquia, organizada por la Hermandad Sacramental del Santo Crucifijo de la
Salud y María Santísima de la Encarnación.
Fue
un domingo desapacible, encapotado y lluvioso a primeras horas de la mañana, lo
que provocó la suspensión de la procesión eucarística y el no poder disfrutar
por las calles del barrio de la real presencia de Dios, cobijado en el viril que
porta la majestuosa custodia labrada por Juan Laureano de Pina en el siglo XVII
y, a su vez, guarecida en el precioso templete de plata del siglo XVIII de la
Archicofradía del Rosario de los Montañeses.
Tampoco
se pudo contemplar por las calles la belleza de la imagen de la Virgen de los
Reyes, que año tras año precede al paso del Santísimo en esta preciosa
procesión eucarística llamada de Minerva y que, según los expertos, adquiere
este nombre por las procesiones eucarísticas que comenzaron a celebrarse en
este domingo en la Basílica Romana de Santa María Sopra Minerva.
Además,
la lluvia provocó el deslucimiento de las calles cercanas al templo, que habían
sido engalanadas con alfombras de virutas, destrozando el agua el trabajo de muchas
horas que los hermanos del Santo Crucifijo habían realizado la tarde-noche
anterior, tanto en la calle Pollo con en la calle San Miguel. Y es que, los
antiguos del lugar comentan que no recuerdan una suspensión por inclemencias
meteorológicas del Corpus de San Miguel.
Pero
a pesar de todo, se vivió una jornada maravillosa en el interior de este templo
catedralicio con la Solemne Misa que comenzó a las nueve de la mañana, oficiada
por el veterano cura párroco D. Ángel Romero Castellano, y que contó con las
maravillosas voces de la Coral Catedralicia de Jerez, dirigida magistralmente
por el maestro Ángel Hortas.
Fue
una ceremonia multitudinaria, deliciosa, que culminó con la procesión claustral
del Santísimo Sacramento por las naves del templo, bajo palio y portado en una
magnífica custodia de plata por D. Ángel Romero, tras un cortejo formado por
hermanos de la cofradía y por representaciones de las distintas hermandades que
anualmente participan de tan gloriosa solemnidad, portando todos ellos cera
roja.
No
hizo falta más. La lluvia no impidió disfrutar de la real presencia de Jesús
Sacramentado, de contemplarlo en todo su esplendor o de poder rezar y adorar
tan augusta Majestad.
Seguro
que Dios, con este signo, quiso mandar un claro pero, a la vez, sencillo
mensaje.
Y
es que, aunque las hermandades se esfuercen por dignificar la presencia de Dios
en las calles, también se tienen que volcar en formar a sus hermanos sobre su
real presencia en el sagrario durante todos los días del año. Esa famosa frase
que solemos oir de ‘... mucha chaqueta y mucha medalla pero los sagrarios
vacíos...’ es un claro ejemplo de lo que Dios nos quiso transmitir.
No
vale con lucir las mejores galas el día de la procesión del Corpus y después,
el resto del año, no pisar un sagrario.
No
es de recibo ser costalero de lo más grande que se puede portar sobre tus
hombros, como es Dios vivo, y marcharte para tu casa cuando se decide la
suspensión de la procesión minutos antes del inicio de la Solemne Eucaristía.
Es
incomprensible ver como cofrades de otras hermandades invitaban, vía
telefónica, a sus hermanos a no asistir corporativamente a esta celebración ya
que la procesión se había suspendido, careciendo de interés para ellos la
solemne Misa y la posterior procesión claustral.
Esta
es, por desgracia, la cultura eucarística de la que presumimos. Una formación donde
prima, para unos pocos, un paso en la calle o una banda de música en lugar de
disfrutar de Dios en toda su majestuosidad.
Ya
lo dijo D. Ángel al finalizar la celebración eucarística del pasado domingo: El
hombre propone pero Dios dispone, y ese hecho se vio claramente reflejado en la
collación de San Miguel.
Dios
quiso, a través de esa lluvia, resaltar el valor inmaterial de lo que allí se
celebraba, y a buen seguro que lo consiguió ya que todos presentes pudieron
disfrutar, un año más, de una gloriosa jornada de Domingo de Minerva en
presencia divina del Altísimo.
Desde
estas líneas, mi más sincera enhorabuena a la Hermandad Sacramental del Santo
Crucifijo de la Salud y a la Parroquia de San Miguel por dignificar esta jornada,
marcada con letras de oro en el calendario eucarístico de Jerez.
Alabado
sea Jesús Sacramentado.
Beltrán Castell López.
Nota: A pesar de la lluvia, Jerez vivió el pasado domingo dos
procesiones eucarísticas por sus calles.
Por
un lado, la que organiza anualmente la Agrupación de la Misión Redentora en la
Parroquia del Corpus del Christi, sita en el barrio de Picadueñas, por la
mañana.
Por
otro lado, la que se lleva a cabo en la céntrica Parroquia de los Cuatro
Evangelistas, en la collación de San Marcos, organizada por la Hermandad
Sacramental de la Sagrada Cena, por la tarde-noche.

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