jueves, 18 de junio de 2015

EL HOMBRE PROPUSO, PERO DIOS DISPUSO; POR BELTRÁN CASTELL LÓPEZ


Foto Andrés Cañada Salguero



La del pasado domingo en Jerez de la Frontera fue una jornada diferente a la que estamos acostumbrados a vivir cada año por estas fechas, en algunas ocasiones ya metidos de lleno en pleno verano y en otras, como en este año 2015, en los albores de un estío que mantiene su pugna con una primavera que, por momentos, nos recuerda al despertar del otoño allá a finales del mes de septiembre.

No fue un domingo de sol y calor, con un cielo azul y una agradable brisa mañanera que refrescara a todos los que, año tras año, acudimos desde muy temprano al templo parroquial de San Miguel a celebrar la procesión eucarística de la parroquia, organizada por la Hermandad Sacramental del Santo Crucifijo de la Salud y María Santísima de la Encarnación.

Fue un domingo desapacible, encapotado y lluvioso a primeras horas de la mañana, lo que provocó la suspensión de la procesión eucarística y el no poder disfrutar por las calles del barrio de la real presencia de Dios, cobijado en el viril que porta la majestuosa custodia labrada por Juan Laureano de Pina en el siglo XVII y, a su vez, guarecida en el precioso templete de plata del siglo XVIII de la Archicofradía del Rosario de los Montañeses.

Tampoco se pudo contemplar por las calles la belleza de la imagen de la Virgen de los Reyes, que año tras año precede al paso del Santísimo en esta preciosa procesión eucarística llamada de Minerva y que, según los expertos, adquiere este nombre por las procesiones eucarísticas que comenzaron a celebrarse en este domingo en la Basílica Romana de Santa María Sopra Minerva.

Además, la lluvia provocó el deslucimiento de las calles cercanas al templo, que habían sido engalanadas con alfombras de virutas, destrozando el agua el trabajo de muchas horas que los hermanos del Santo Crucifijo habían realizado la tarde-noche anterior, tanto en la calle Pollo con en la calle San Miguel. Y es que, los antiguos del lugar comentan que no recuerdan una suspensión por inclemencias meteorológicas del Corpus de San Miguel.

Pero a pesar de todo, se vivió una jornada maravillosa en el interior de este templo catedralicio con la Solemne Misa que comenzó a las nueve de la mañana, oficiada por el veterano cura párroco D. Ángel Romero Castellano, y que contó con las maravillosas voces de la Coral Catedralicia de Jerez, dirigida magistralmente por el maestro Ángel Hortas.   

Fue una ceremonia multitudinaria, deliciosa, que culminó con la procesión claustral del Santísimo Sacramento por las naves del templo, bajo palio y portado en una magnífica custodia de plata por D. Ángel Romero, tras un cortejo formado por hermanos de la cofradía y por representaciones de las distintas hermandades que anualmente participan de tan gloriosa solemnidad, portando todos ellos cera roja.

No hizo falta más. La lluvia no impidió disfrutar de la real presencia de Jesús Sacramentado, de contemplarlo en todo su esplendor o de poder rezar y adorar tan augusta Majestad.

Seguro que Dios, con este signo, quiso mandar un claro pero, a la vez, sencillo mensaje.
Y es que, aunque las hermandades se esfuercen por dignificar la presencia de Dios en las calles, también se tienen que volcar en formar a sus hermanos sobre su real presencia en el sagrario durante todos los días del año. Esa famosa frase que solemos oir de ‘... mucha chaqueta y mucha medalla pero los sagrarios vacíos...’ es un claro ejemplo de lo que Dios nos quiso transmitir.

No vale con lucir las mejores galas el día de la procesión del Corpus y después, el resto del año, no pisar un sagrario.

No es de recibo ser costalero de lo más grande que se puede portar sobre tus hombros, como es Dios vivo, y marcharte para tu casa cuando se decide la suspensión de la procesión minutos antes del inicio de la Solemne Eucaristía.

Es incomprensible ver como cofrades de otras hermandades invitaban, vía telefónica, a sus hermanos a no asistir corporativamente a esta celebración ya que la procesión se había suspendido, careciendo de interés para ellos la solemne Misa y la posterior procesión claustral.

Esta es, por desgracia, la cultura eucarística de la que presumimos. Una formación donde prima, para unos pocos, un paso en la calle o una banda de música en lugar de disfrutar de Dios en toda su majestuosidad.

Ya lo dijo D. Ángel al finalizar la celebración eucarística del pasado domingo: El hombre propone pero Dios dispone, y ese hecho se vio claramente reflejado en la collación de San Miguel.

Dios quiso, a través de esa lluvia, resaltar el valor inmaterial de lo que allí se celebraba, y a buen seguro que lo consiguió ya que todos presentes pudieron disfrutar, un año más, de una gloriosa jornada de Domingo de Minerva en presencia divina del Altísimo.

Desde estas líneas, mi más sincera enhorabuena a la Hermandad Sacramental del Santo Crucifijo de la Salud y a la Parroquia de San Miguel por dignificar esta jornada, marcada con letras de oro en el calendario eucarístico de Jerez.



Alabado sea Jesús Sacramentado.

Beltrán Castell López.




Nota: A pesar de la lluvia, Jerez vivió el pasado domingo dos procesiones eucarísticas por sus calles.
Por un lado, la que organiza anualmente la Agrupación de la Misión Redentora en la Parroquia del Corpus del Christi, sita en el barrio de Picadueñas, por la mañana.


Por otro lado, la que se lleva a cabo en la céntrica Parroquia de los Cuatro Evangelistas, en la collación de San Marcos, organizada por la Hermandad Sacramental de la Sagrada Cena, por la tarde-noche. 

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