jueves, 18 de junio de 2015

EL ALBA SE ASOMA A MI ORACIÓN; POR JOSÉ ANTONIO SIGLER

EL ALBA SE ASOMA A MI ORACIÓN. «Porque si perdonáis a los demás sus culpas, también vuestro Padre del cielo os perdonará a vosotros». (Evangelio del día). Jesús enseña el Padre Nuestro y concluye con esta expresión. No se trata perdonar para que Dios te perdone –sería una compraventa–, sino perdonar de corazón, y Dios, por su bondad, te perdonara a ti también. Y, en esto del perdón, yo veo dos meditaciones. Por un lado la remisión del pecado y el "peso" que te quitas y, por otro lado, el "rastro y la mácula" que te deja. Por ello no se trata sólo de perdonar, sino, también, de restaurar el corazón dañado por el pecado. Y si esto lo vivo en mi carne propia como no voy a darle la oportunidad a otros hermanos de que me perdonen y de perdonarlos. Y, luego de "desmaculizar" las "trazas" del pecado. Además, en esto del perdonar y pedir perdón llevamos un carga de arrogancia, soberbia, orgullo y vanidad de órdago; que nos "impide" y nos "inmoviliza" para otorgar o recibir el perdón, amén de la vergüenza o del "amor propio". Porque, quitémosle todo sentido idílico y todo perjuicios: "El pecado produce daño propio y daño ajeno". Lo que le dice San Pablo a los Corintos, en la 1ª Lectura, nos viene de perilla: «Pero me temo que, igual que la serpiente sedujo a Eva con su astucia, se pervierta vuestro modo de pensar y abandone la entrega y fidelidad a Cristo». Pues tomemos nota y al "tajo", sin vergüenza y sin apuros. Santa María, Madre de la Misericordia, ruega por nosotros.

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