Khalid también ha conocido la historia de la migración española en Alemania, pues durante mucho tiempo su amigo Luis trabajó en Hannover en una fábrica y vivió en un albergue donde convivían españoles y argelinos, y por eso sabe algunas palabras en árabe como inshallah. Luis le dijo un día que desde pequeño le enseñaron a no fiarse de los moros, pero que en Hannover se dio cuenta de que los moros eran como él, trabajadores extranjeros en un país que solo los quería como mano de obra y que no entendía sus costumbres, como cuando le insultaban por cocinar con aceite de oliva o juntarse a cantar flamenco.
Hace unos días a Khalid se le cayó la cartera y el abuelo vio la foto de su novia española. Khalid se decidió a contarle algo más de su vida. El miedo a ser alistado a la fuerza hizo que su familia le animara a llegar a Europa hace seis años. Hace cinco llegó a Marruecos y tras ocho meses en los montes de Nador, en su segundo intento de salto a la valla de Melilla, pisó suelo español. A su novia la conoció en la asociación donde aprendió español e hizo el curso de jardinería. Se enamoró de ella en las visitas que le hizo al Centro de Internamiento de Extranjeros (CIE) donde estuvo detenido. Luis nunca había oído hablar de los CIE, pero sí recordaba con dolor sus visitas a la cárcel de Carabanchel en la dictadura a ver a un primo.
Ese día, cuando terminaron la conversación Luis le dijo a Khalid: «Tú no eres un jardinero, tú lo que eres es un luchador, un valiente». Khalid, con una sonrisa tímida, asintió.
Pepa Torres
Red Interlavapiés
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