martes, 20 de noviembre de 2018

CARTA A JESÚS


Cuando te confiesas, sientes que Dios te toma de la mano y te lleva a degustar pedacitos de cielo.


Por: Claudio De Castro | Fuente: Catholic.net 



Querido Jesús:

He llegado contento al trabajo.

Recordé las palabras del padre Hurtado. Cuando le preguntaban cómo estaba, a pesar de su enfermedad, respondía ilusionado: “contento, Señor, contento”.

Y es que reconozco que la alegría viene de ti, como la serenidad y la Paz interior.

Todo lo bueno, viene de ti.

Me siento feliz, de ser tu hermano, en alguna medida. Y de poder llevarte en el alma y el corazón.

Ah... no te he contado el motivo de mi alegría, pero seguro ya lo conoces: Vengo de confesarme.

Entré a la Iglesia un poco apesadumbrado, porque deseaba mirarte a los ojos y decirte que te amaba. Pero no podía hacerlo con claridad. No me atrevía. Me confesé y todo cambió.

Te contaré lo que sentí:
Una inmensa alegría.
Una gran felicidad.
La gracia te inunda a torrentes.
Sales del confesionario y todo es alegría.
Hasta el mundo parece nuevo y es que lo ves
con nuevos ojos.
He dejado en tus manos Jesús mis pecados, el peso de mis pecados, y he salido con la convicción de tu perdón; con la libertad y la emoción del hijo pródigo.

Cuando te confiesas, sientes que Dios te toma de la mano y te lleva a degustar pedacitos de cielo.

Si esto es una visión temporal del Paraiso, cómo será de maravillosa la eternidad.

Cuánta gracia y cuánto amor de tu parte Señor.

Si las personas conocieran estas maravillas, correrían al confesionario, inundarían
las Iglesias, y recibirían tu cuerpo y tu sangre con fervor y emoción. Pasarían todos los días a visitarte en el Sagrario. Tendrían la necesidad, la urgencia, de pasar largos ratos a solas contigo. No podrían vivir sin la oración y tu presencia cotidiana. Disfrutarían esas conversaciones en las que tú escuchas y nos respondes.

Qué grande es tu amor para con nosotros.

Me encanta que seas mi hermano y mi amigo.

Gracias por todo lo que haces y has hecho.

Claudio

1 comentario:

  1. Zaqueo era un hombre normalito. Habia ido a ver a Jesús, pero, nada le unía a Jesús. Se sabía despreciado y pecador. No se relacionaba con los seguidores de Jesús.Aquel día, es Jesús El que le mira a los ojos y se auto invita a cenar en su casa. Todo cambia...Zaqueo experimenta la alegría inmensa de ser importante para Alguien. Es un ser humano como los demás; no está maldito y ahora se siente feliz porque se siente
    alguien amado. La conversión llega de la mano de Dios en cualquier momento y, con Jesús , la alegría y la Paz.

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