Algo se muere en el alma cuando un amigo se va...
Esto lo hemos pensado muchos tras los recientes fallecimientos de Enrique Santiago García López y María de los Ángeles Mariscal, Peque, que no solo han dejado huérfanos a tantos como los querían sino también a una ciudad entera como es San Fernando pues los dos eran personas muy significativas, cada en su ámbito de actuación, en esta bendita Isla de León.
Os puedo decir que he escrito este artículo publicado en mi semanal tribuna de Información San Fernando a corazón abierto porque así lo quería, lo sentía, lo siento...
Jesús Rodríguez Arias
ALGO
SE MUERE EN EL ALMA…
El sábado 10 de noviembre
impregnó de tristeza a toda La Isla pues ese aciago día morían dos buenos
cofrades, dos grandes personas, que serán recordadas siempre como María de los
Ángeles Mariscal y Enrique Santiago García López. Y es que la bondad, la vida
como mejor testimonio, el servir de forma permanente abre las puertas del
cariño y la gratitud de quienes los conocieron y los trataron de cerca que en
verdad son multitud.
María de los Ángeles Mariscal,
conocida como “Peque” por las personas más cercanas, fue una devota hermana de
Columna y Medinaceli donde era muy querida y también muy admirada por su gran
corazón. No tuve la oportunidad de conocerla de forma personal pero si vi en
ella lo que es la “grandeza de la pequeñez”. Enrique Santiago García López
fallecía en la noche de aquél sábado y esta luctuosa noticia hizo que la
oscuridad nos envolviera a todos los que tuvimos la oportunidad de conocerlo de
forma personal.
Reconozco que conocí, colaboré
y compartí bastante con Quique hace ya muchos años y os puedo decir que siempre
estaba dispuesto a servir a los demás, desde el lugar que ocupara, siempre con
la mayor de las sonrisas, siempre con esa especial forma de mirarte por encima
de sus sempiternas gafas, siempre con esa elegancia natural que tenía, esa
caballerosidad que desprendía en cada gesto, en cada palabra, en cada silencio.
Cofrade del Santo Entierro
aunque lo fuera de otras, cofrade del Viernes Santo isleño, cofrade de Cristo
Muerto y de una Madre que llora en el Mayor Dolor de su Soledad, cofrade de
antigua Iglesia y Convento donde cada día de los días habita la Santísima
Virgen del Carmen que es Patrona de La Isla y Reina de los cañaíllas, cofrade
de solemne cortejo que cuando sale a la calle se corta hasta la respiración por
el profundo respeto, cofrade de túnicas negras de ruan y fajines de esparto o
de hábitos carmelitanos muy cofradieros.
Quique, como los cofrades de
siempre, ha podido ser hermano de varias hermandades pero la suya, la de siempre,
en la que estuvo toda su vida, y la que lo acompañó en la hora de su muerte ha
sido la Real, Antigua y Carmelitana Hermandad del Santo Entierro.
Enrique siempre sirvió a la
Iglesia en el modo y en la forma que ella quiere ser servida y lo demostró cuando
ejerció de secretario del Consejo de Hermandades y Cofradías de San Fernando
entre 1995-1999 donde destacó por su laboriosidad, su gestión de gestiones, por
ser esa necesaria hormiguita que ponía en marcha todo cuanto caía en sus manos.
También destacar que fue hermano fundador de la siempre querida hermandad de
Humildad y Paciencia así como escritor pues tiene editado un interesante libro
sobre la historia de la Hermandad del Santo Entierro cuando se estaba
celebrando el bicentenario de la fundación de esta corporación nazarena.
Cuando ejerció el cargo de
secretario de la asociación que aglutinaba a todos los comerciantes se ilusionó
con los objetivos marcados para mejorar las condiciones de los todos los
comercios de esta bicentenaria Ciudad de San Fernando. Sí, fue una persona muy
válida y cuyas gestiones hicieron realidad varios proyectos que liderara quienes
por entonces componían ACOSAFE.
Reconozco que llevo un tiempo
algo apartado del tejido social de San Fernando pues no soy mucho de asistir a
casi nada, los años, la distancia y las dolencias van pesando, pero si estuve
en la Misa Funeral corpore insepulto de Quique el pasado lunes 12 de noviembre
en una atestada Iglesia Conventual del Carmen y quedé profundamente emocionado
del cariño del que fue depositario por parte de su hermandad del Santo
Entierro, de sus hermanos, de tantos como lo quisieron en vida y ahora lloran
su muerte. Se nota que ha sembrado y mucho. Ahora ya alcanzó la Felicidad, ya
alcanzó la meta porque está con Dios, ya
tanto Quique como “Peque” y tantos otros Viven porque no olvidemos que la
muerte no es el final. Ellos nos demostraron que la enfermedad desde la Fe no
se asume con resignación, se afronta con Esperanza.
Mi pesar a sus familiares, a
sus amigos, a sus hermandades así como a todos los que tuvieron la dicha de
conocerlos.
Jesús Rodríguez Arias


No hay comentarios:
Publicar un comentario