jueves, 3 de noviembre de 2011

PARA MEDITAR


No es difícil ser valiente, sentirse valiente, cuando todo va saliendo bien; y aun tampoco es difícil sentirse valiente mientras se está en la lucha. 
Es que la lucha templa los aceros del espíritu. 
Pero sentirse valiente en la derrota, eso ya no es tan fácil. 
Sentirse con ánimos de seguir adelante cuando todo se derrumbó, cuando todo salió mal, eso es propio solamente de los verdaderos valientes. 
Sentirse con fuerzas y ánimos aun en la propia derrota, está reservado a los hombres auténticos, que han puesto su confianza en Dios, que de la derrota más humillante son capaces de hacer surgir la más espléndida victoria. 
No te olvides de que las grandes victorias pueden estar cercanas a las grandes derrotas; en está en ti y en Dios el que la derrota se convierta en victoria. 

miércoles, 2 de noviembre de 2011

HABLA EL CORAZÓN.

Hoy, miércoles 2 de Noviembre, ha sido un día prolijo en publicaciones: La Belleza de la Iglesia de cuyo autor es mi buen amigo Pedro A. Mejías y la concesión del X Premio Drago de Oro que otorga el Ateneo Literario, Artístico y Científico de Cádiz a mi admirado y gran amigo; José Ramón Pérez Díaz-Alersi.

¡Qué alegría! Todas buenas noticias y todas compartidas con vosotros.

Ahora quiero dejar hablar al corazón y dedicar unas letras a una persona extraordinaria en todos los sentidos y que seguro ni que este artículo, ni las torpes letras en él escrita hacen justicia a la verdadera dimensión de la misma.

La conocí hace cinco años. ¡Parece que fue ayer! Enseguida que la vi y la escuché me cautivó, dicen que los "flechazos" no existen, pero os puedo decir que SI. La conocí en una conferencia, estaba interviniendo en el coloquio entre el público y el ponente, era parte del primer grupo, e hizo unas preguntas certeras, llenas de sentido común que se llevó a la parroquia, es decir, a los asistentes de calle.

Después coincidí con ella en un Curso de Verano, yo iba con un buen querido amigo, y nada más vernos se sentó a nuestro lado y empezó hablar de todos los temas. En estas primeras conversaciones pude comprobar que estaba ante una persona íntegra, arrolladoramente leal, coherente, fiel a sus principios, ilusionada con todo lo que hace, con una vocación de servir a los demás de forma inaudita.

Cuando terminó este Curso de Verano quedamos en volver a vernos para seguir hablando y eso sucedió días más tarde. Una conversación que dura como el primer día que nos vimos.

Les estoy hablando de mi mujer, Hetepheres Benítez Collantes, una mujer que por entregada, que por buena persona, que por el gran corazón que pone en todo lo que hace, que por su entrega desmedida a todos y a todo en lo que cree ha sido, en muchas ocasiones, injustamente tratada y cuando lo ha sido su corazón se ha entristecido porque cree, en su total dimensión en la condición humana, y valora la justicia, la lealtad, su fe en Dios, en María, en San Judas Tadeo, su fe en la buena gente y no puede comprender que una persona que ella le ha depositado su amistad pueda traicionarla o traicionarme porque, puedo asegurar, que le duele más el daño que a mi puedan hacer que el que le han hecho a ella.

Esta mujer que es todo corazón, todo optimismo, todo AMOR, todo cariño, toda entrega es la mujer de mi vida. Me imagino que para todos los maridos y novios sus mujeres son excepcionales, pero yo hablo de la mía a la que quiero con toda mi alma, de la que estoy más enamorado cada día que pasa y de la que estoy más orgulloso por cada segundo de nuestra vida.

Nuestro noviazgo no fue fácil para ninguno de los dos por la oposición que encontré en parte de mi familia, pero la dificultad hace que,  cuando existe verdadero amor, sirva como el pegamento más fuerte que existe. Los malos momentos de la vida nos han hecho más fuerte como pareja porque siempre nos hemos tenido el uno para el otro.

Dicen "que un matrimonio feliz es una larga conversación que siempre parece corta".

Doy gracias a Dios por haber puesto en mi camino, en mi vida a Hetepheres. Una mujer valiente donde las haya, una mujer única y excepcional.

A JOSÉ RAMÓN PÉREZ DÍAZ-ALERSI.


Hoy ha llegado a mi conocimiento otra buena y gran noticia: El Jurado del Premio "DRAGO DE ORO" que cada año concede el Ateneo Literario, Artístico y Científico de Cádiz ha acordado por unanimidad concedérselo a nuestro querido José Ramón Pérez Díaz-Alersi, Moncho para los amigos, por su trayectoria y compromiso político en los albores de nuestra Democracia, su valor insigne de la tolerancia como elemento catalizador de las relaciones humanas en todos sus ámbitos, su predisposición al Debate Constructivo como única meta para conseguir una convivencia más armónica y solidaria, su espíritu deportivo que lo hacen poseedor de un carácter luchador y lleno de ánimo y alegría siempre.

La entrega del Premio tendrá lugar el próximo once de noviembre a las veinte horas, en Sesión Extraordinaria; en el Salón Regio de la Diputación Provincial de Cádiz.

Últimamente están llegando a mis manos, a mi conocimiento, muchas y buenas noticias,  en contraposición de todo lo malo que nos rodea y que nos lo venden a todas horas como si en el mundo no tuvieran cabida las buenas nuevas, la buena gente.

Nuestro querido amigo y propagandista es un ejemplo de persona y es valedor, como nadie, de este prestigioso Premio. Aunque el mayor PREMIO es tenerlo como amigo, tenerlo cerca porque sabemos que siempre estará ahí. ¡Felicidades Moncho! ¡Te lo mereces querido amigo!

NOTA DE PRENSA X PREMIO DRAGO DE ORO




NOTA PRENSA
X PREMIO DRAGO DE ORO




En Cádiz a veintiséis de octubre de dos mil once, en su sede de la calle ancha, se ha reunido el Jurado del Premio “DRAGAO DE ORO”, que cada año concede el Ateneo Literario, Artístico y Científico de Cádiz.

Este año el Jurado ha estado presidido por Ignacio Moreno Aparicio y han participado Pedro Payán Sotomayor, Carolina Camacho Esteban, Vicente Mira Gutiérrez, Hans Josef Artz y José Maria Esteban González, actuando como Secretario Antonio Ares Camerino.

Por unanimidad y después de debatir la semblanza y la trayectoria profesional y humana de los diferentes candidatos/as, se acuerda conceder este X PREMIO DRAGO DE ORO a D. JOSÉ RAMÓN PÉREZ DIAZ ALERSI.

El Jurado ha tenido a bien valorar su trayectoria y compromiso político en los albores de nuestra Democracia. Su valor insigne de la tolerancia como elemento catalizador de las relaciones humanas en todos sus ámbitos. Su predisposición al Debate Constructivo como única meta para conseguir una convivencia más armónica y solidaria. Su espíritu competitivo, que como buen deportista que fue y que lo es, lo hacen poseedor de un carácter luchador, a sabiendas de que la victoria no siempre está al alcance de la mano.

La entrega del Premio tendrá lugar el próximo once de noviembre a las veinte horas, en Sesión Extraordinaria; en el salón Regio de la Diputación Provincial de Cádiz.

LA BELLEZA DE LA IGLESIA


Llegamos ya a la última
parte de esta bellísima
súplica, de este gemido
que el Espíritu clama en
nosotros. Y lo hacemos
en la víspera de Todos los
Santos y de los difuntos
en el mes de noviembre,
que la Iglesia dedica a
rezar por ellos y a contemplar
las realidades
escatológicas, lo que se
ha llamado los novísimos:
muerte, juicio, infierno y
gloria. Qué diferencia con
esa caricatura de Halloween
que nos invade...
Hoy día no se habla mucho, ni se predica
siquiera, sobre estas verdades de fe, que
forman parte fundamental de nuestro credo.
Se prefiere hablar sobre realidades
más humanas o sociales. Y se
olvida lo esencial: aquí estamos
de paso. En cualquier momento
se descubre el velo, se abre el
telón y…¡empieza la verdadera
vida! “Esta es la única vida verdadera,
la única vida feliz: contemplar
eternamente la belleza
del Señor, en la inmortalidad e
incorruptibilidad del cuerpo y del
espíritu (San Agustín)”. ¡La belleza
del Señor! No habrá palabras...
A la hora de mi muerte, llámame. Toda la
oración veo que está dirigida hacia este verso,
porque sin la gracia santificante, sin la
amistad de Jesús que le hemos pedido anteriormente
en ella, no sabremos reconocer la
voz de Aquél que nos llamará a la hora de
nuestra muerte, pronunciando nuestro nombre
escrito en el Libro de
la Vida desde el bautismo,
como la amada conoce
la voz del amado, en
un susurro inconfundible:
¡Te amo!
Y mándame ir a Ti. Será
una orden imperiosa y a la
vez llena de misericordia
¡ven conmigo! Y solo esa
voz tendrá verdadero poder
para levantarnos e introducirnos
en Su Reino.
Para que con tus santos te
alabe por los siglos de los
siglos. Alabarle sin fin,
continuamente. La felicidad de aquí solo es
una sombra de lo que nos espera en una realidad
de Amor sin límites…¡qué pobres son mis
palabras!
Mientras tanto, los cristianos
rezamos por nuestros difuntos,
honramos su cuerpo, templo del
Espíritu Santo; no acostumbramos
a incinerarlos, aunque la
Iglesia lo tolere en determinadas
circunstancias (nunca lo recomienda);
los velamos toda la
noche rezando y cantando himnos,
como hemos hecho ya en la
parroquia este año en la muerte de algunos
hermanos; los adornamos con flores, cantamos
en el entierro, la Iglesia siempre ha cantado;
los acompañamos al cementerio...en fin, la
Fiesta de la Vida, no de la muerte, que celebramos
gracias a Quien nos ha abierto el cielo
para siempre. Amén.
Petrus quînta
LA BELLEZA DE LA IGLESIA (XXIII)
“Iba ella resplandeciente, en el apogeo de su belleza, con rostro alegre como de una enamorada” Est,5,1
LA ORACIÓN “ANIMA CHRISTI” (3ª parte: los Novísimos)
Alma de Cristo, santifícame.
Cuerpo de Cristo, sálvame.
Sangre de Cristo, embriágame.
Agua del costado de Cristo, lávame.
Pasión de Cristo, confórtame.
¡Oh, buen Jesús!, óyeme.
Dentro de tus llagas, escóndeme.
No permitas que me aparte de Ti.
Del maligno enemigo, defiéndeme.
En la hora de mi muerte, llámame.
Y mándame ir a Ti.
Para que con tus santos te alabe.
Por los siglos de los siglos. Amén

Pedro A. Mejías Rodríguez

LA BELLEZA DE LA IGLESIA: SOBRE LA ORACIÓN ANIMA CHRISTI


La Iglesia posee un tesoro
enorme de textos,
plegarias antiguas, himnos,
cartas, etc, de los
Padres, que componen lo
que llamamos La Tradición
de la Iglesia, como
muy bien conocerán los
tres o cuatro feligreses
que aún me leen. Una de
estas oraciones, preciosa,
es el Anima Christi.
Muchos creen que la
escribió San Ignacio de
Loyola, puesto que la
incluye en su libro de los
Ejercicios Espirituales,
pero lo cierto es que data
de mucho antes, quizás de la primera mitad
del siglo XIV.
Es una oración de tipo devocional, de intimidad
con el Señor, muy propia para saborearla
en ese silencio después de la comunión, como
tengo yo la costumbre de hacerlo desde hace
tiempo, en una visita al Santísimo, por la noche
antes de dormir, etc.
Toda ella es un diálogo íntimo con Jesús Crucificado,
del que brota toda Gracia.
En la primera parte que hoy meditamos,
hay una serie de
peticiones breves, decididas,
al Señor, invocando en Él la
materia que lo hace presente
a nosotros: su alma, cuerpo,
sangre, el agua y la pasión.
Alma de Cristo, santifícame.
Es como si dijésemos: hazme
santo, semejante a Ti. Dame de tu
Espíritu, tu “ruah”, tu alma,
tu mismo ser, para yo asemejarme
siempre a Ti.
Cuerpo de Cristo, sálvame.
Le decimos al Señor: dame
tu Redención. Por tu Cuerpo
triturado me salvas. Por el
pan blanco y purísimo me
llevas a Ti, me sumerjo en
Ti.
Sangre de Cristo, embriágame.
Lléname por entero. Que el
vino, tu Sangre, me haga
sentir lleno de Ti. Rebosante.
Como los Apóstoles en
Pentecostés, que parecían
borrachos. Gozados en Ti. Llenos de Ti.
Agua del Costado de Cristo, purifícame.
Lávame de todo pecado, como niño recién
bautizado. Que yo viva de ese bautismo, que
lo descubra día a día. En esta petición le decimos
al Señor que nos lleve, por la cruz, a ir
purificando toda inmundicia del corazón. Que
pueda morir de verdad al pecado.
Pasión de Cristo, confórtame.
En fin decimos, Señor, que yo pueda descansar
de tantos agobios de la vida cotidiana,
en tu yugo que es suave.
Que pueda recostarme en tu
Corazón llagado y saciarme de
tu amor. Confortarme en tantas
adversidades del mundo.
Que yo pueda encontrar en mi
cruz, que es tu Pasión, la verdadera
Paz.
Petrus quînta
Alma de Cristo, santifícame.
Cuerpo de Cristo, sálvame.
Sangre de Cristo, embriágame.
Agua del costado de Cristo, lávame.
Pasión de Cristo, confórtame.
¡Oh, buen Jesús!, óyeme.
Dentro de tus llagas, escóndeme.
No permitas que me aparte de Ti.
Del maligno enemigo, defiéndeme.
En la hora de mi muerte, llámame.
Y mándame ir a Ti.
Para que con tus santos te alabe.
Por los siglos de los siglos. Amén
LA BELLEZA DE LA IGLESIA (XXI)
“Iba ella resplandeciente, en el apogeo de su belleza, con rostro alegre como de una enamorada” Est,5,1
LA ORACIÓN “ ANIMA CHRISTI ” (1ª parte)
Continuamos contemplando la
belleza de la oración cristiana en
esta antigua súplica de la Iglesia
que es el Anima Christi. En esta
segunda parte en que me ha parecido
que se podía dividir, los
tres o cuatro feligreses que aún
me leen me perdonarán por este
pequeño arbitrio, vemos como se
acentúa la súplica a Jesús en la
Cruz. Se grita al Señor, como
tantos hombres a lo largo de la
historia, como el ciego de Jericó,
como tantos que están bajo el peso de los
pecados, de los sufrimientos, como tú y yo le
podemos gritar hoy a Jesús Crucificado:
¡Oh, Buen Jesús, óyeme! Escucha mi súplica,
atiende mis gemidos, no hagas oídos sordos
a mi desesperación. Estoy postrado ante
Ti. No desoigas mis lamentos. “Yahveh, Dios
de mi salvación, ante ti estoy clamando
día y noche; llegue hasta ti
mi súplica, presta oído a
mi clamor. Porque mi
alma de males está ahíta,
y mi vida está al borde del
seol.”(Sal.88,2-4)
Dentro de tus llagas,
escóndeme. ¡Qué atrevimiento,
Señor! Pedirte que
me escondas en tus Cinco
Llagas, abiertas por amor
a mi. No solo contemplarlas,
sino ¡pedirte que me
alojes dentro de ellas!
¡Vivir dentro de tu Pasión!
¿Para qué? Para que mis
sufrimientos se confundan
con los tuyos, que tu Sacrificio
sea el mío, y seamos Uno
en el amor. ¡Qué atrevimiento!
No permitas que me aparte de Ti.
Clavado contigo en la Cruz, no
podré escaparme. Tú sabes lo dispuesto
que estoy siempre a salir
corriendo, a refugiarme en fantasías,
a escaparme de mi historia,
llevando yo solo las riendas de mi
vida. No lo permitas, Señor, Tú
sabes que el demonio me trata de
engañar siempre, ofreciéndome
paraísos de papel cuché. Por eso…
Del maligno Enemigo, defiéndeme. Así
continúa la plegaria. Siendo conscientes de
la realidad de Satanás, hoy silenciada o ignorada
deliberadamente. Pero, ¡bien sabemos
que existe! (“las profundidades de Satanás”
Ap.2,24). Y su misión es tentarnos y
destruir la obra de Dios en el hombre. Defiéndeme
de él, Tú, Señor,
que lo has vencido y lo has
atado. Se mi escudo ante el
adversario en este combate,
en esta pelea que dura
toda la vida y que tú te
encargarás de coronar con
la victoria, en la hora de mi
muerte.
Pero de esto hablaremos la
semana próxima, si Dios
quiere, y si los tres o cuatro
feligreses que aún me leen
lo continúan haciendo.
Petrus quînta
LA ORACIÓN “ANIMA CHRISTI” (2ª parte)
LA BELLEZA DE LA IGLESIA (XXII)
“Iba ella resplandeciente, en el apogeo de su belleza, con rostro alegre como de una enamorada” Est,5,1
Alma de Cristo, santifícame.
Cuerpo de Cristo, sálvame.
Sangre de Cristo, embriágame.
Agua del costado de Cristo, lávame.
Pasión de Cristo, confórtame.
¡Oh, buen Jesús!, óyeme.
Dentro de tus llagas, escóndeme.
No permitas que me aparte de Ti.
Del maligno enemigo, defiéndeme.
En la hora de mi muerte, llámame.
Y mándame ir a Ti.
Para que con tus santos te alabe.
Por los siglos de los siglos. Amén
Llegamos ya a la última
parte de esta bellísima
súplica, de este gemido
que el Espíritu clama en
nosotros. Y lo hacemos
en la víspera de Todos los
Santos y de los difuntos
en el mes de noviembre,
que la Iglesia dedica a
rezar por ellos y a contemplar
las realidades
escatológicas, lo que se
ha llamado los novísimos:
muerte, juicio, infierno y
gloria. Qué diferencia con
esa caricatura de Halloween
que nos invade...
Hoy día no se habla mucho, ni se predica
siquiera, sobre estas verdades de fe, que
forman parte fundamental de nuestro credo.
Se prefiere hablar sobre realidades
más humanas o sociales. Y se
olvida lo esencial: aquí estamos
de paso. En cualquier momento
se descubre el velo, se abre el
telón y…¡empieza la verdadera
vida! “Esta es la única vida verdadera,
la única vida feliz: contemplar
eternamente la belleza
del Señor, en la inmortalidad e
incorruptibilidad del cuerpo y del
espíritu (San Agustín)”. ¡La belleza
del Señor! No habrá palabras...
A la hora de mi muerte, llámame. Toda la
oración veo que está dirigida hacia este verso,
porque sin la gracia santificante, sin la
amistad de Jesús que le hemos pedido anteriormente
en ella, no sabremos reconocer la
voz de Aquél que nos llamará a la hora de
nuestra muerte, pronunciando nuestro nombre
escrito en el Libro de
la Vida desde el bautismo,
como la amada conoce
la voz del amado, en
un susurro inconfundible:
¡Te amo!
Y mándame ir a Ti. Será
una orden imperiosa y a la
vez llena de misericordia
¡ven conmigo! Y solo esa
voz tendrá verdadero poder
para levantarnos e introducirnos
en Su Reino.
Para que con tus santos te
alabe por los siglos de los
siglos. Alabarle sin fin,
continuamente. La felicidad de aquí solo es
una sombra de lo que nos espera en una realidad
de Amor sin límites…¡qué pobres son mis
palabras!
Mientras tanto, los cristianos
rezamos por nuestros difuntos,
honramos su cuerpo, templo del
Espíritu Santo; no acostumbramos
a incinerarlos, aunque la
Iglesia lo tolere en determinadas
circunstancias (nunca lo recomienda);
los velamos toda la
noche rezando y cantando himnos,
como hemos hecho ya en la
parroquia este año en la muerte de algunos
hermanos; los adornamos con flores, cantamos
en el entierro, la Iglesia siempre ha cantado;
los acompañamos al cementerio...en fin, la
Fiesta de la Vida, no de la muerte, que celebramos
gracias a Quien nos ha abierto el cielo
para siempre. Amén.
Petrus quînta
LA BELLEZA DE LA IGLESIA (XXIII)
“Iba ella resplandeciente, en el apogeo de su belleza, con rostro alegre como de una enamorada” Est,5,1
LA ORACIÓN “ANIMA CHRISTI” (3ª parte: los Novísimos)
Alma de Cristo, santifícame.
Cuerpo de Cristo, sálvame.
Sangre de Cristo, embriágame.
Agua del costado de Cristo, lávame.
Pasión de Cristo, confórtame.
¡Oh, buen Jesús!, óyeme.
Dentro de tus llagas, escóndeme.
No permitas que me aparte de Ti.
Del maligno enemigo, defiéndeme.
En la hora de mi muerte, llámame.
Y mándame ir a Ti.
Para que con tus santos te alabe.
Por los siglos de los siglos. Amén

Pedro A. Mejíasa Rodríguez

martes, 1 de noviembre de 2011

EL VALOR DE LA HUMILDAD: A JOSÉ LUÍS SANCHO.

Lo conocí hace, tan solo, cinco meses y ya me pude percatar de que estaba ante un hombre sencillo, lleno de humildad que demostraba a cada paso que sabía, como nadie, donde se movía y presentaba su gran corazón.

Estoy hablando de José Luis Sancho, Jefe de Protocolo y Ceremonial de los Caballeros Hospitalarios. José Luis, hombre de recortada figura, para mí que mido un metro y noventa y tres centímetros todos los son, daba instrucciones sobre lo que hacer y como hacerlo en el Capítulo General donde ingresé en esta Real y Benémerita Institución, nos decía a todos los que ese día ingresábamos,  cómo actuar, qué decir, qué hacer. Cosa de agradecer cuanto estás tan emocionado que no das ni una porque los sentimientos pueden a la razón. Ese fue el primer día que lo vi, que tuve el honor y la gran suerte de poder conocerlo.

Con el paso de los días que componen estos cinco meses he podido comprobar como hace las cosas José Luis, lo hace todo desde una vocación de servicio, de una entrega fuera de todo límite, de agradar y hacer felices a todos, de solucionar problemas, de gestionar, de...

Cuando voy  a un acto que organiza la Institución de los Caballeros Hospitalarios, él está pendiente hasta del último detalle, es el único que escucha la conferencia atento a todos los detalles, a todos los movimientos, a todo lo que pueda hacer falta. ¡Eso es servir en mayúsculas! Desde el campo donde es un experto, protocolo y   ceremonial, sirve a todos y cada uno de los necesitados, desfavorecidos y marginados de la sociedad.

El pasado miércoles 26 de octubre, se celebró en El Puerto de Santa María una conferencia impartida por el Presidente del Consejo Supremo de los Caballeros Hospitalarios, mi querido y admirado Francisco Súnico, y allí estaba él, iba acompañando al Presidente y esposa en representación de la Institución y desde el mismo momento que lo vi supe que Dios me lo había puesto porque es el gran "solucionador" de problemas. Él se encargó de colocar a los máximos representantes, de situar la mesa presidencial, de estar atento para darme el detalle con el que se obsequió a D. Francisco Súnico, él estaba en todo y para todo, pero con modestia, desde la humildad y la sencillez, desde el gran amor que tiene a Dios y a todos los que saben que le necesitan.

Os puedo decir que uno de los honores en mi vida es pertenecer a la Real y Benemérita Institución de los Caballeros Hospitalarios de San Juan Bautista, por el bien que hace desde sus fines originarios que son más actuales por cada día que pasa, pero también le doy gracias a Dios Padre es por haber puesto en mi camino a personas tan extraordinarias a mi alrededor. Gracias a ellas veo que el mundo no está tan perdido como uno puede creer si estamos atentos a los "telediarios", sino que hay personas maravillosas que lo dan todo por amor y servicio a los demás. Gracias, querido hermano y amigo, José Luis, gracias por ese gran corazón, por tu sencillez, por tu humildad, por tu buen hacer diario, por ser un valiente en los tiempos que corren.