lunes, 6 de julio de 2026

LA CALOR

 




En esta época del año se eleva siempre la misma pregunta: ¿Qué gusta más el frío o el calor? Desde La Atalaya donde observo el discurrir de la vida pienso que las opciones variarán dependiendo si estamos en verano o en invierno.

El ser humano es inconformista por lo tanto nada le va a gustar al cien por cien. Si hace un gélido frío nuestra mente se dirige indefectiblemente hacia la playa, el mar azul plata, disfrutando del calor y el color del verano. El ánimo tiende a la alegría y a disfrutar en la medida de las posibilidades de cada cual.

En cambio, si estamos soportando unas tórridas temperaturas y la calor nos hace irrespirable hasta la propia existencia pues nuestro pensamiento se dirige al siempre melancólico invierno, con sus cielos grises, con la lluvia limpiando el ambiente, el blancor de la nieve, el calorcito de la estufa o de la chimenea.

La cuestión es quejarse por todo y no estar a gusto con nada. Si os tengo que ser sincero a mí me gustan todas las estaciones del año. Soy más de primavera, a pesar de la alergia, así como del siempre poético invierno. Me gusta el invierno, también el verano, aunque reconozco que más lo segundo que lo primero por el simple hecho de que la época estival tiene vivos colores, la gente tiende a salir, tomar algo en un bar, charlar por la noche en el patio y terrazas. Es la estación en la que languidecemos los que tenemos la tensión baja, pero nos gusta el color de vida que tiene.

Dicen, y con bastante razón, que el verano son para los ricos, para los que tienen un buen colchón por medio de ahorros. Estos, en los tiempos que corren, son los privilegiados que pueden permitirse el lujo de viajar e incluso veranear en el norte de España que siempre es más plácido que los que vivimos en el sur.

Tenemos un amigo, abogado del Estado, que cuando cogió en agosto vacaciones en vez de irse, como era su costumbre, a Asturias con su mujer e hijo, decidieron cambiar de planes y venirse al sur, más concretamente a un chalé en Vistahermosa (El Puerto de Santa María). Habían alquilado una quincena y nunca habían estado por estos lares en época estival. Quedamos en vernos un día, comer juntos, y ponernos al día.

Ese año hizo mucho calor y a la semana lo llamamos y nos comentaron que cómo podíamos soportar este calor, qué ellos no podían ni ir a la playa porque se asaban vivos, que lo que hacían era salir de noche y sentarse en una terraza para cenar mientras veían anochecer. Que habían llegado a un acuerdo con el propietario para marchar antes de tiempo hacia el Principado de Asturias.

Y es que la calor de nuestra tierra no la soporta todo el mundo.

Me despido hasta el lunes 20 de julio. Os deseo a todos una buena Feria del Carmen y de la Sal.

Jesús Rodríguez Arias

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