lunes, 22 de febrero de 2021

*DETRITUS HASÉL

 


Escribo de este personajillo y de los que le apoyan y rodean, que tienen la misma consideración que este lerdo,  es por tres razones fundamentales:

1ª. Porque me alegra enormemente el ingreso en prisión del tal Hasél.

2º. Porque es también mi contestación a los miserables que lo apoyan.

3º. Porque por medio de este artículo muestro mi apoyo al Cuerpo Nacional de Policía, Guardia Civil, resto de Cuerpos y Fuerzas de Seguridad de Estado, Fuerzas Armadas y todos los que han sido injuriados por este indeseable durante tantos y tantos años.

Y al que no le guste ya sabe: ¡Ajo y agua!

Jesús Rodríguez Arias 


DETRITUS HASÉL

A mí que un tipejo como Pablo Hasél entre en prisión me satisface enormemente. A mí que este “rapero” que adolece de la imprescindible creatividad para ser considerado un artista haya sido condenado por los tribunales de justicia a vivir un determinado tiempo en el hotel “reja” me hace inmensamente feliz pues ingresa en presidio por méritos propios después de enaltecer el terrorismo, ataques contra la monarquía, que  no olvidemos ostenta la Jefatura del Estado según dice la Constitución votada por los españoles el 6 de diciembre de 1978, que se alegró vomitivamente de la muerte del torero Víctor Barrio escribiendo atrocidades en las redes sociales, inquirió que se matara literalmente a miembros de la Guardia Civil, dirigió su inquina hacia Patxi López, al que deseó que le explotara el coche así como que a José Bono se le clavara un piolet en la cabeza, se alegraba de los tiros en la nuca a los “peperos” amén de otros vómitos cantados, es un decir, o escritos por esta sanguijuela me hace recordar el refranero que dice eso de que “a todo cerdo le llega su San Martín” y a este le ha llegado…

¿Quién me iba a decir que estaría escribiendo de un tipo con el que tuve una agria conversación cuando escupió sandeces alegrándose de la muerta del torero Víctor Barrio? ¿Te acuerdas Cheri?

Lo que en verdad me asombra es que a este lerdo lo apoyen gente que se dice pertenecer a la “cultura” aunque en verdad la mayoría son unos paniaguados que viven de la mamandurria pública y que cuando viene la sequía de subvenciones cogen la pancarta para encabezar las protestas que hagan falta. Voy a omitir nombres porque no quiero ensuciar esta tribuna aunque os digo que los firmantes que apoyan a Pablo Rivadulla, nombre real del “angelito”, tienen para mí la misma categoría que este rapero hijo de papá.

La detención de este mamarracho ha obtenido respuesta al grado del odio que ha transmitido y las cruentas revueltas con ataques a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado no se han hecho esperar generando caos y miedo en varias ciudades de España. Manifestaciones apoyadas incluso por algún diputado que tendría que mirar más por el bien del país al que dice representar y zaherir menos al sistema democrático gracias al cual está bien sentado en la poltrona cobrando generosos estipendios por no hacer nada.

Estas revueltas y ataques a la Policía de las hordas del tal Hansé han sido contestada por la inmensa mayoría de los partidos que conforman el arco parlamentario siendo muy curioso el silencio de los lobos que lucen piel de corderos…

Nada sorprendente ha sido el apoyo que ha obtenido el vociferante “poeta rapero” por parte del Sr. Delgado Ramos, asesor de Interior con un nivel 30 y exdiputado de UP por la Provincia de Cádiz, agente de la Guardia Civil en excedencia, en el que por medio de un tweet manifiesta que como demócrata y español siente profunda vergüenza por la detención del hijo “cantante” del empresario catalán Ignacio Rivadulla que fuera presidente del Lérida de 2007 al 2010.

D. Juan Antonio, ¿cómo puede apoyar a un “señor” que en un concierto dijo literalmente “matad a un puto Guardia Civil esta noche”? Su actitud, muy lejana del honor que tiene como divisa el Cuerpo al que pertenece, no me llega a soliviantar, más bien lo contrario me entristece enormemente. Me da usted mucha pena Sr. Delgado…

Qué España está enferma es bien sabido pero lo que me entristece sobremanera es que entre unos y otros la estén emputeciendo porque no es normal que un señor, por muy rapero que se proclame, que lanza letras llenas de odio y hedor hacia todos los que no piensen como él, tenga gente que se manifieste contra su ingreso en prisión tras ser condenado por los tribunales de justicia por delinquir, por transgredir la ley, el orden y las normas más básicas de convivencia en una sociedad democrática.

Pienso que los españoles no nos merecemos lo que tenemos, no merecemos esos políticos que manifiestan su apoyo a Pablo Hansél y miran hacia otro lado no condenando las revueltas.

Una cosa buena tiene todo esto: El mundo de la canción y del rap están de enhorabuena por perder de vista a este personaje…

Jesús Rodríguez Arias

 

lunes, 15 de febrero de 2021

*EL MUNI

 


 

Pasan los días, pasa la vida...

Y de esto va mi tribuna de todos los lunes en Andalucía Información pues va dedicada a un hombre que se ha pasado toda una vida sirviendo a su Pueblo, a sus vecinos, a España, a la Ley y el Orden de forma mesurada, conciliadora y que ha dejado un recuerdo imborrable de buen hacer.

Este artículo tiene especial dedicatoria...

Está escrito cuando la noche se hace madrugada en el escritorio de La Atalaya y la inspiración surge con aromas de brandy y puro.

Jesús Rodríguez Arias




EL MUNI

Foto E.M.

Reconozco que soy muy de Machín porque mi madre también lo era. Ella se sabía todas sus canciones que tatareaba mientras trajinaba en casa. Tenía varias favoritas como “Madrecita”, “Angelitos negros” y “Toda una vida”.

Pues toda la vida es lo que ha estado mi querido y admirado Antonio Benítez Román ejerciendo de Policía Municipal en el pueblo que me ha acogido en la madurez de la vida y en el que soy inmensamente feliz: Villaluenga del Rosario.

Sí, porque Antonio empezó a trabajar hace cuarenta años en el Ayuntamiento, tres en labores administrativas y los últimos treinta y siete como Policía Municipal. Ejercer esta autoridad en un pueblo tan pequeño donde la mayoría de sus vecinos son familia debe ser muy complicado porque aquí no vale tanto el “ordeno y mando” sino ejercer la autoridad con mucha mano izquierda y diplomacia amén de un talante tranquilo y conciliador. Y eso es lo que ha hecho este querido amigo durante cerca de cuatro décadas que lleva revistiéndose con ese uniforme que ya cuelga del armario.

Antonio Benítez Román puede escribir varios libros contando solamente lo anecdótico pues ser el único Policía en su pueblo seguro que más de un día tendría verdaderos quebraderos de cabeza y otros serían muy satisfactorios.

Se puede decir que de casta le viene al galgo pues ese espíritu conciliador, de hombre de paz, de persona tranquila y mesurada, conforma el carácter de su querido padre Gabriel Benítez que hace muchos años fue Juez de Paz del lugar y que trabajó toda su vida en el campo, con el ganado siendo pastor y cabrero.

Antonio es un hombre que atesora el cariño y el respeto de toda Villaluenga, cosa que es ciertamente difícil de conseguir y más desarrollando las funciones que le ha tocado llevar a cabo. Ha ostentado la máxima confianza de las personas que han ejercido el cargo de alcalde o alcaldesa de las distintas corporaciones municipales porque desde siempre ha servido al Pueblo con la máxima entrega profesional y personal. Respeto que ha sobrepasado fronteras territoriales porque por su normal bonhomía es admirado por sus compañeros de la Policía Local de la Sierra y Provincia de Cádiz, del Cuerpo Nacional de Policía, Guardia Civil, Bomberos, Fuerzas Armadas… Ha sido distinguido y condecorado en más de una ocasión.

El Muni es el sobrenombre por el que es en verdad conocido y que es una verdadera demostración de qué por una vez, sin que sirva de precedente, una persona puede ser profeta en su tierra.

Ahora nuestro querido Antonio tendrá más tiempo para dedicarse a las cosas que en verdad le gustan como es pintar en el “soberao” que algún día bauticé como la “buhardilla del arte” donde se pueden ver infinidad de cuadros, pinceles, lienzos en blancos o con algunos trazos de inspiradora creación, libros y una colección de música nada desdeñable mientras de fondo escuchas el compás de una guitarra y la inconfundible voz de Camarón de La Isla o de José Luis, Selu, Figuereo Franco conocido como “El Barrio”. También puede escribir ese libro que siempre tiene pendiente de empezar como el palabrerío de Villaluenga u otro que tenga que ver con este mágico lugar. Puede dedicarse a las cosas del arte, puede inmortalizar un instante por medio de la fotografía, puede irse al campo con su padre, puede, cuando la situación lo permita, quedar con ese amigo para charlar de lo que brote del alma mientras toman una copa de ese delicioso vino que él bautiza como de la “sacristía” y que cuida con veneración o estar con su familia, casi siempre la eterna olvidada y más cuando se ejerce una profesión en la cual no tienes ni día ni hora. Personalmente admiro mucho a Catina porque para ser mujer de un policía tiene que estar hecha de una pasta especial y lo digo con conocimiento de causa…

Disfruta de la jubilación que te has ganado a pulso porque ya no tendrás que levantarte a las tantas para ir, junto a los servicios de emergencias, a buscar a ese senderista que se ha perdido, ya no tendrás que volver a casa cuando en muchas ocasiones la noche se ha hecho madrugada…

Tiene mi admiración y respeto así doy gracias a Padre Jesús de tener el honor de contar con su amistad.

Jesús Rodríguez Arias



lunes, 8 de febrero de 2021

*SURSUM CORDA

 



 

Sin lugar a dudas unos de los artículos más difíciles de los que me he tenido que enfrentar porque escribir sobre la figura pública y también personal de una persona con la que he estado compartiendo tantas cosas más de 35 años no os creáis que es fácil. Conociéndolo de una manera íntima, colaborando en muchos proyectos, disintiendo con él, que todo hay que decirlo, para después volver a retomar el camino porque en verdad sus pensamientos eran en gran medida también los míos.

Su fallecimiento me ha cogido lejos, con una tercera ola de la pandemia totalmente desbocada que me ha hecho imposible el poder despedirme de la manera que me hubiera gustado aunque espiritualmente si lo he hecho pues lo he encomendado en el lugar que él disfrutaba tanto: El Sagrario.

Hoy La Isla, Afligidos, el apostolado cofrade, su familia y amigos lloran su pérdida. A todos nos diría con voz medida eso de Sursum Corda, arriba los corazones.

Pues eso...

Jesús Rodríguez Arias


SURSUM CORDA


Fotografía Antonio Atienza

Pues aquí estoy dándole vueltas al magín porque quiero dedicar mi artículo a un querido amigo, un verdadero hermano en la Fe, que nos dejó el miércoles 27 de enero para ir al encuentro de Jesús de los Afligidos y María Santísima de la Amargura a quienes sirvió toda su vida dedicándole hasta el último hálito de su luenga existencia. Sí, Pepe, a ti que no te gustan estas cosas van dirigidas estas palabras sacadas a pellizcos del corazón de este “malmasete”.

Del extenso currículo como cofrade de José Macías Martín no voy a escribir porque ya lo han hecho insignes escritores y periodistas. De su servicio a la ciudad que lo vio nacer tampoco porque a él no le gustaría ya que siempre se dedicó a trabajar incansablemente como tramoyistas de muchos proyectos que han ennoblecido a La Isla. De su vocación intelectual que hacía que fuera un hombre inquieto que le gustaba abarcar todos los campos de la cultura en el sentido más amplio del término tampoco lo haré porque es bien conocido de todos. Yo permitidme que le dedique un artículo más intimista y personal.

La primera vez que vi y conversé con Pepe Macias fue el día que ingresé como hermano de nuestra siempre querida Hermandad de los Afligidos, corría el año 1985. Me acerqué al viejo almacén de la calle San Ignacio y allí me recibieron abriéndome literalmente los brazos de esta cofradía del Lunes Santo isleño mis queridos y admirados Manolo Muñoz Jordán, Juan Macías Martín, Paco Según, Arturo Ortega y por supuesto José Macías Martín. Estaban ordenando un poco todo y todos hacían algo. Me impactó ver a Pepe pulcro con chaqueta y corbata entrar y salir del paso, guardar alguna túnica, abrir el arcón que allí estaba o apuntar algo en la mesa con su ininteligible letra que todavía me cuesta comprender.

Pepe Macías, sin desmerecer a nadie, era Afligidos pues había contribuido personalmente, dedicándose en cuerpo y alma, a que la hermandad tuviera su particular sello de identidad que hoy todos conocemos y también admiramos. Hombre dotado con un don organizativo extraordinario que sugería más que mandaba y que le gustaba que todo saliera según la perfección en la que vivía.

José Macías Martín fue hombre discutido y admirado por igual porque su forma de entender el apostolado cofrade, su sentido como ciudadano, su fidelidad a Dios y a la Madre Iglesia por encima de cualquier cosa, hacía que algunos incluso llegaran a disentir con Pepe aunque con los años se hayan dado cuenta que tenía razón porque es bien sabido que más sabe el diablo por viejo que por diablo…

Pepe Macías era la prudencia y la constancia personificada, esa clase de constancia que horadaba la piedra. Su orden vital fue durante gran parte de su existencia la hermandad, su trabajo como secretario particular de sucesivos presidentes de los Astilleros de Matagorda en Puerto Real y su familia. Este último hecho le remordía mucho e intentó compensarlo dedicándose en cuerpo y alma a Cari, su mujer, hijos y nietos en esa última etapa en la que paulatinamente se iba despojando de obligaciones y responsabilidades. Desde luego fue un hombre singular del que aprendimos todos los que estuvimos a su vera, todos pienso que llevamos la esencia de Pepe Macías incrustada en nuestro propio ser. No he conocido a nadie con ese nivel de exigencia, compromiso y entrega.

Cuando conocí la noticia de su fallecimiento se me hizo un hueco en el corazón y los recuerdos quedaron congelados en el tiempo. Se había ido una parte de mi vida y sobre todo había dejado huérfana a la Hermandad de Afligidos donde lo fue todo pero sobre todo fue su alma, su esencia…Sin lugar a dudas nuestra cofradía tendrá que vivir una necesaria transición emocional porque poco a poco se van yendo los grandes hermanos que hicieron de su vida la Hermandad, que han dejado su particular sello a base de servirla de manera incansable hasta el fin de sus días.

Pepe, bien sabes que yo de siempre he sido un poco cartón del dos pero quería decirte en público lo que mantenía en el silencio de mi corazón. Te echaré de menos pero también me digo: Sursum Corda, arriba los corazones.

Descansa en Paz hermano.

Mi pesar a Cari, su viuda, hijos, Familia.

Jesús Rodríguez Arias

lunes, 1 de febrero de 2021

*DON JUAN

 


Cuando me informaron que Monseñor D. Juan del Río estaba confinado porque estaba contagiado por Covid nunca me pude imaginar que le sucedería su ingreso en el hospital Gómez Ulla y su fatal desenlace...

Desde el día de su fallecimiento han sido muchos los testimonios, algunos de personas muy conocidas y otras totalmente anónimas, las que lo han recordado como uno de los grandes obispos de España. Sembró mucho en vida y ahora recoge la cosecha aquí en la tierra cuando ya se encuentra junto a Dios que ha sido el Amor de sus amores.

Hoy mi semanal tribuna de todos los lunes se la dedico a Don Juan y está escrito desde un prisma muy personal dado el cariño y la amistad que nos profesábamos.

En las próximas semanas tendré que escribir de nuestros añorados Pepe Macías y Luis Zaragoza. 

Jesús Rodríguez Arias


DON JUAN


Foto Cadena COPE


Mi tribuna va dedicada a un querido amigo que siempre nos regaló su cariño desde que lo conociéramos cuando ejercía sus labores apostólicas en la diócesis de Asidonia-Jerez. Me estoy refiriendo a Monseñor D. Juan del Río Martín, Arzobispo Castrense de España, que fallecía el pasado jueves 28 de enero, día de Santo Tomás de Aquino, en el Hospital Central de la Defensa “Gómez Ulla” de Madrid víctima del Coronavirus.

Se ha escrito mucho, se seguirá haciendo, de él aunque me vais a permitir que yo lo haga desde un aspecto más personal, más de tú a tú.

Tuvimos ocasión de conocerlo tanto Hetepheres como yo por medio de un carisma al que pertenecíamos. Los encuentros formales fueron cimentando la base de una cariñosa amistad donde conversábamos de mil temas sin luz ni taquígrafos. Don Juan nos ayudó en nuestro camino de Fe, nos mostró, desde la experiencia personal, a no tener miedo a nada ni nadie por vivir según los dictados de Dios.

Era obispo en las formas y en el fondo, un sacerdote que amaba a Dios y al prójimo, un servidor auténtico en el sentido más augusto del término, un patriota de los de verdad que lo demostraba cada día en el ejercicio de su ministerio como Arzobispo Castrense de España. Un hombre lleno de humanidad con profundos valores que estuvo siempre al lado de los demás. Una persona que encarnaba el Bien tal y como me lo refirió un día mi admirado amigo D. Jesús Narciso Núñez Calvo, Coronel Jefe de la Comandancia de la Guardia Civil de Cádiz.

Nuestra amistad se consolidó con los años a pesar de la distancia. Recuerdo una vez que me lo encontré en el tren que nos llevaba a Madrid. Eran esos tiempos en los que uno viajaba, impartía alguna que otra ponencia o asistía a congresos y también aprovechaba para realizarse las temibles pruebas digestivas. Nos saludamos con un abrazo, conversamos, le dije a lo que iba, se ofreció para alojarme en las dependencias del arzobispado porque no quería que estuviera en un hotel con unas pruebas diagnósticas tan agresivas. Me hizo saber que me tenía muy presente y que siempre leía mi artículo en Información San Fernando. Ese cariño que nos profesábamos se visualizó una vez más en la presentación del libro historia de la Iglesia Vaticana y Castrense de San Francisco en su 250 aniversario cuyo autor es mi admirado Fernando Mósig. D. Juan estaba junto al Padre Gonzalo saludando a todos mientras yo conversaba en una esquina con mi querido Daniel González Novella. De pronto levanta la cabeza y dice en voz alta: ¿Y tú, ni siquiera me vas a saludar? Nos miramos con sonrisa cómplice y cuando iba a realizar el protocolario gesto reverencial me espetó: “¡Déjate de anillos!” mientras nos dábamos un hondo y sentido abrazo. De todo cuanto escribo puede dar cuenta mi hermano D. Manuel Bouza Montilla, mi querido Cheri, el cual también tuvo una relación muy cercana con él.

Tuvo unan gran influencia espiritual con el Padre Sergio Moreno, Párroco de Villaluenga del Rosario, también buen amigo. Don Juan quiso mucho a este pequeño gran Pueblo y aquí su muerte ha sido muy sentida.

Don Juan visitaba con asiduidad a las ancianas de la Residencia de las Hermanitas de los Pobres en Jerez. Hay una anécdota que siempre me la refiere Hetepheres: Ella junto a su madre Conchita eran allí voluntarias. Un día que estaban en sus cometidos una de ellas, que tenía alzheimer, se fue deslizando hacia el suelo hasta quedar sentada en el mismo. Hetepheres no tenía fuerzas para levantarla por sí sola y entonces sintió la presencia de un hombre detrás suya y le pidió que por favor la ayudara a levantarla. Vio dos manos y un traje talar. Era Don Juan del Río el que estaba levantando a la abuelita y a la que dio de comer mientras mi mujer se ocupaba de asistir a otras.

Monseñor D. Juan del Río fue pieza clave en la cesión por parte del Ayuntamiento del azulejo del Sagrado Corazón que luce impresionante en la fachada lateral de la Iglesia Vaticana y Castrense de San Francisco de Asís.

Sí, se nos ha ido a la Casa del Padre un magnífico Prelado pero sobre todo un querido amigo que recordaremos siempre.

Jesús Rodríguez Arias


lunes, 25 de enero de 2021

*NOS ESTAMOS ACOSTUMBRANDO

 



 

¿Qué está pasando? ¿Qué nos está pasando?

En mi tribuna de todos los lunes intento hacer un reflexivo análisis sobre nuestro comportamiento ante las sucesivas "olas" de esta maldita pandemia del Coronavirus.

Jesús Rodríguez Arias





NOS ESTAMOS ACOSTUMBRANDO

Que el ser humano es un animal de costumbres es tan cierto como que ahora mismo estás leyendo esta tribuna. Si no observa el comportamiento de los demás e incluso el tuyo cuando por ejemplo viajas en el tren e intentas sentarte en el asiento de tus preferencias ya sea en el pasillo o en la ventanilla. Esto también ocurre en el autobús. Recuerdo los años que cogía todos los días el tren de Jerez a San Fernando, para ir al trabajo, y viceversa que los viajeros fijos ocupábamos siempre el mismo lugar y cuando este estaba ocupado todos poníamos un gesto de contrariedad. Dos ejemplos pero hay más pues en cada día de nuestras vidas se suceden los gestos y hechos a los que estamos acostumbrados.

Nos acostumbramos a lo bueno y a lo malo aunque nos cueste un poco más. Esto, desgraciadamente, está sucediendo con la pandemia del Coronavirus y las sucesivas olas que nos van invadiendo.

De marzo a finales de mayo, en pleno confinamiento, nos imponía todo cuanto tuviera que ver con el virus. Sufríamos ante la ingente cantidad de personas que se contagiaban, muchos sanitarios, miembros de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, FF.AA., sacerdotes…Se nos encogía el corazón con la cantidad de personas que fallecían a diario. Teníamos miedo a ese mal desconocido, sus consecuencias generales y también en los más cercanos, teníamos respeto, éramos agradecidos con los que luchaban en primera línea de batalla y un día sí y otro también nos conjurábamos que cuando pudiéramos salir seríamos más respetuosos y solidarios con el fin de erradicar este dichoso mal que tanto dolor, muerte, enfermedad y desesperación estaba causando.

Pero el ser humano, que es un animal de costumbres, también tiene la memoria muy frágil y claro en cuanto nos abrieron las puertas y salimos se nos olvidó toda esa retahíla de buenas intenciones que un día sí y otro también manifestábamos tanto en público como en privado.

Llegó el verano, el calor, la playita, el campo, la sierra, y la marea humana se iba expandiendo sin respetar ni las normas ni la salud del resto. De ahí que hubiera playas atestadas y cerradas a primera hora de la tarde, pueblos y campos invadidos para el particular disfrute de cada cual como si no hubiera un mañana. Después llegó la segunda ola con más contagiados, más muertos, más familias destrozadas, más paro y empobrecimiento aunque eso no fuera óbice para que en el puente del Pilar se vieran vergonzosas escenas de senderos colapsados por turistas y pueblos en los que no se podía ni siquiera caminar un palmo sin tropezarse con un semejante.

Llegaron de nuevo las restricciones, cierres perimetrales, sanciones mientras se escuchaban voces discordantes enarbolando la bandera de la libertad secuestrada por la autoridad pertinente sin pensar para nada en el grado de culpabilidad que teníamos los ciudadanos.

Vino la Navidad con una flexibilización de las medidas restrictivas y hubo muchos que de nuevo hicieron caso omiso a las indicaciones. De ahí las vergonzosas imágenes, que han salido hasta en los informativos nacionales y regionales, de una gran cantidad de personas arremolinadas en la calle, sin guardar la oportuna distancia y muchas de ellas con la mascarilla bajada, mientras tomaban algo en los establecimientos de hostelería que en muchos casos se vieron desbordados. Resultado: La programada tercera ola, en la que estamos inmersos, y que está siendo más beligerante que las anteriores. Miles de personas contagiadas, cientos de muertos al día en toda España, familias destrozadas y la ruina del país en todos los ámbitos y sectores.

Vuelven las duras restricciones, que acogemos con mala cara, aunque sepamos que los hospitales ya casi no tienen capacidad para atender a tantos enfermos del Covid ya sean en las habitaciones o en las ucis. Los sanitarios pidiendo medidas a los respectivos gobiernos y exigiendo a la ciudadanía que sea prudente y en la medida de sus posibilidades se quede en casa…

¿Por qué pasa esto? ¿Por qué actuamos así? Pues porque muchos se han acostumbrados a todo cuanto rodea al virus o porque sufrimos agotamiento por fatiga pandémica que hace nos relajemos más de la cuenta ante las normas establecidas para luchar contra el maldito Coronavirus.

Jesús Rodríguez Arias


lunes, 18 de enero de 2021

* LAS BABUCHAS DE MI MADRE

 


Todo lo que nos rodea nos envuelve en las malas noticias de la propagación del Covid, de la ruina económica y empobrecimiento de los españoles, de las continuas medidas y restricciones, de la desvergüenza de tantos...

Por eso he detenido el paso, he cerrado los ojos, y me he acordado de "las babuchas de mi madre" y me he puesto a escribir de esa infancia tan lejana en años y tan cercanas por los recuerdos...

También aprovecho para hacer una puntualización sobre mi anterior artículo en el que hablaba de esas palabras de nuevo cuño que intoxican, se mire por donde se mire, el lenguaje.

De todo eso va mi tribuna de todos los lunes en Andalucía Información que  no es poco...

Jesús Rodríguez Arias 


LAS BABUCHAS DE MI MADRE

Las babuchas como las de mi madre servían para abrigar los pies así como de arma disuasoria que cuando éramos niños se usaban con especial destreza para poner fin a una desobediencia por nuestra parte o finalizar una discusión. La autoridad de la madre en cada casa era inapelable para sus vástagos y cuando los niños o niñas salían demasiados respondones y que tras recibir el pertinente babuchazo seguían en sus treces se escuchaba la temida frase: ¡Verás cuando venga tu padre y le cuente lo que me habéis hecho sufrir! Cosa que casi nunca ocurría pues la figura paterna era muy respetada ya que los padres ejercían de padres y no como el “mejor” amigo de estos actuales tiempos. Todo se solucionaba con el correspondiente y maternal castigo de no salir a jugar en varios días a la Plazoleta del Carmen o por las Callejuelas con la pandilla.

Suelo recordar con amigos de mi generación e incluso algunos más jóvenes la presteza que tenían nuestras madres a la hora de tirar la babucha pues siempre le daban al objetivo aunque corrieras delante y giraras en el pasillo ésta también lo hacía mientras notabas el golpe. La verdad es que el babuchazo físicamente no te causaba dolor alguno, lo que sufría era nuestro orgullo por haber perdido de nuevo la batalla de llevarle la contraria a nuestras madres.

Algunas veces, cuando ella salía, reconozco que las cogía para estudiarlas porque me quemaba una cuestión: ¿Por qué cuando giro en el pasillo la babucha también lo hace? En mi inocentona mentalidad pensaba que tendría algún artilugio electrónico porque no me lo podía explicar. Al final descubrí que este calzado era de paño descolorido con suela de goma gastada y el hecho de que cobrara vida propia cuando era utilizada por mi madre era por la presteza con la que la utilizaba.

Cuando pasan los años y navegas por la adolescencia te olvidas de estos detalles tan de uno y hogareños a la vez. Es en la madurez de la vida cuando los recuerdos de la siempre añorada niñez se te vienen a la mente y con estos indefectiblemente las babuchas de nuestras madres.

No conozco a ningún niño de mi generación, de las anteriores e inmediatamente posteriores que sufran traumas por la educación en valores recibida en cada hogar donde los padres eran padres y no colegas. En los años de mi infancia los amigos eran amigos y nuestros padres eran nuestros padres que estaban en un lugar de preponderancia superior a todas nuestras demás relaciones. Virtudes que se inculcaban en las casas y valores que se transmitían también en los colegios han hecho los hombres y mujeres que hoy somos.

Hace tiempo que reconozco el valor curativo de las babuchas pues cuando te las pones aparte de la comodidad te relajas porque sabes que ya estás casa.

Cuando termine de escribir este artículo me pondré las mías y me sentaré a leer un buen libro junto a la chimenea pero antes de que eso ocurra quiero hacer una referencia a mi tribuna de la semana pasada dedicada a esas palabras de nuevo cuño que azotan nuestro lenguaje.

No me podía ni siquiera imaginar la cantidad de personas que se han sentido aludidas por este artículo. Llamadas y mensajes preguntándome por qué he escrito lo que he escrito me da mucho que pensar. La verdad es que sentirse aludido por utilizar la expresión “mermelada de fresa” u “holi” a modo de salutación, asentir con un “okis”, afirmar con un “esto es aceite de oliva” algo que gusta mucho, que se van de “jajás” o hablan “sin filtros” aunque por ello den “un zas en toda la boca” me parece cuando menos curioso y que pidan “oportunas” explicaciones por lo escrito redunda más en mi opinión. Reconozco que no lo escribí pensando en alguien en concreto pues os confieso que nunca creí que nadie se diese por aludido ante esta irónica crítica de este “nuevo” lenguaje que no lo entiende ni la madre que lo parió.

Al final por intentar ser un “cabalito” te conviertes en un sinsajo aunque me es muy curioso el comprobar que ninguno de los “ofendidos” se consideren “mierder”.

Algo es algo…

Jesús Rodríguez Arias

lunes, 11 de enero de 2021

*SER "MERMELADA DE FRESA"

 



Mi primer artículo de este 2021 es un análisis de la vulgarización del lenguaje que hablan y escriben nuestros jóvenes y que también utilizan los más mayores haciendo uso de una grotesca ridiculez que los define y etiqueta.

"Mermelada de fresa" a modo de salutación hasta el "hasta nunki" a forma de enfadada despedida pasando por ser "observer" así como también un "influencer" de chichinabo que espeta eso de "holi", "okeler" dejando de "ser un cabalito" para convertirse en un "sinsajo" de esos...

Y todo porque nos hemos vulgarizado hasta hacernos unos ordinarios de tomo y lomo...

De eso va mi primer artículo en Andalucía Información este 2021 mientras las restricciones siguen cayendo, las vacunas se eternizan y la pandemia sigue coleando con la ayuda de la necedad de la gente y la irresponsabilidad de las instituciones.

Jesús Rodríguez Arias 


SER MERMELADA DE FRESA


Es una expresión con la cual una persona halaga a otra a modo de saludo pero que no deja de ser chocante pues precisamente la mermelada es una confitura, que está muy buena untada en una rebaná de pan de pueblo, amén de un alimento empalagoso por lo cual pienso que como salutación no está muy bien escogida.

“Eres mermelada de fresa” es una frase muy extendida de un tiempo para acá y reconozco que cuando me la han dicho os confieso que no sé cómo contestar ya que seguir con esa misma retórica da la sensación de que entramos en un circunloquio que no lleva a ningún lado y al final acabamos pringados de un buenismo impostado, unos frágiles sentimientos y una falsedad más propia de políticos que de personas normales y corrientes.

Conozco más de un caso que ha pasado de “mermelada de fresa” con empalagosos aspavientos que pringan el ambiente de un inaguantable olor dulzón a ser “mermelada de naranja amarga” pues todo lo anterior ha quedado en el arcén del olvido y ahora eres poco más que un sieso manío solo por diferir en un momento determinado con los planteamientos de la persona en cuestión o institución a la cual pueda estar ligada. Es lo que podríamos denominar apretones no tanto en relaciones personales sino en la forma de expresar una salutación.

En los pandémicos tiempos que corren me imagino al sudodicho/a cambiando el gesto cuando te vea, elevando la voz a modo de que todo el mundo se entere que tú eres, para él o ella, “mermelada de fresa” mientras te codea con cierta fruición pues ya sabemos que eso de dar la mano o abrazo ha quedado para el olvido. El solo hecho de pensarlo, he de reconoceros, me da algo de grima.

Expresar los sentimientos, aunque estos entren dentro de los códigos más estrictos de la cortesía, debe estar dentro de la lógica de lo normal y corriente y no adentrarse en el siempre grotesco campo de la ridiculez. Una querida vecina me dijo una vez una frase que me llegó e hizo pensar: Mira Jesús, cuando te encuentras con fulanito comienzas a hablar como un ministro… Y es verdad porque según con quién puedes utilizar un léxico más coloquial, que no quiere decir ridículo, u otro más protocolario.

Lo que nos pasa es que hemos vulgarizado nuestra forma de vivir y también el modo de expresarnos. Ya no es simple educación ni siquiera cortesía es simplemente saber estar.

Solo admito esa forma de expresarse a personas muy queridas por mí, hermanos del alma, que me demuestran un día sí y otro también su cariño verdadero. A los demás, a los que utilizan estos resortes de forma mecánica y además con todo el mundo ya les digo que conmigo no va este “juego”.

A esta sociedad, tan avanzada en todos los sentidos, le falta más cultura y también educación y estas se consiguen en los colegios y en el hogar. Es un tándem que si se desequilibra se va al traste como estamos viendo.

Ahora es más fácil ser un “observer” y utilizar expresiones como estas pues se cree que en esta forma de hablar, de escribir ni te cuento, se manifiestan todos los cánones preestablecidos para ser todo un “influencer”. El OK de toda la vida pasa a “okey, oki, okis u okeler”. Si alguien le gusta algunos de sus semejantes lo expresa de semejante guisa: “Esto es aceite de oliva”. Se ve que este nuevo diccionario también tiene tintes gastronómicos. “Mierder”, que nos imaginamos que significa, se lleva también eso de hablar “sin filtros”, decir “holi” a modo de saludo, estar de “jajás” en vez de pasarlo bien, despedirse de forma poco amigable con un “hasta nunki” y lo que no se lleva es “ser un cabalito” pues puedes terminar con un “zas en toda la boca”. Reconozco que ante esta forma de expresarse soy un poco “meh”, la h hay que pronunciarla aspirada, pues pienso que quienes así se manifiestan son unos “sinsajo” de tomo y lomo como diría aquél…

A mí dejadme como estoy porque ni pretendo ser mermelada de fresa, mierder o un influencer del tres al cuarto.

Jesús Rodríguez Arias