miércoles, 1 de marzo de 2017

JEREZ: HOY ES MIÉRCOLES DE CENIZA

Jerez Cofrade - Diario digital de la Semana Santa de Jerez


Llegó la Cuaresma y, en Jerez, la jornada del Miércoles de Ceniza se vive intensamente. Además de los cultos cuaresmales que celebran algunas cofradías -Sed, Estrella, Coronación, Santa Marta, Tres Caídas, Oración en el Huerto y Buena Muerte- siete ceremonias de Besamanos y Besapiés podrán visitarse en el día de hoy en nuestra ciudad:
  • Sagrada Mortaja de Nuestro Señor Jesucristo y Mª Stma. de la Caridad (Convento de Capuchinos)
  • Stmo. Cristo de las Misericordias (Parroquia de Ntra. Sra. de Fátima)
  • Santo Crucifijo de la Salud (Iglesia Parroquial de San Miguel)
  • Nuestro Padre Jesús de la Vía Crucis (Iglesia de San Francisco)
  • Stmo. Cristo de la Salud (Santuario de San Lucas)
  • Señor de los Trabajos (Iglesia de la Victoria)
Por otro lado, la Hermandad Sacramental de Santiago vuelve, un año mas, a celebrar el Vía-Crucis que, presidido por el Santísimo Cristo de las Almas, recorrerá el siguiente itinerario: Iglesia de Santiago (17:45 horas), Angostillo, Merced, plaza de Santiago, Juan de Torres, Lealas, Porvera, Puerta Nueva, Chancillería, plaza San Juan, San Juan, Palma, Justicia, plaza de los Ángeles, Oliva, plaza de Santiago, Merced, Angostillo e Iglesia de Santiago (20:00 horas).

Francis Castell

MONS. ZORNOZA PRESIDIÓ LA MISA POR EL PADRE JANDILLA

Obispado de Cádiz y Ceuta



Organizada por el Cabildo Catedral de Cádiz, asistieron a la ceremonia muchos fieles, entre los que se encontraba el propio alcalde de Vejer de la Frontera. Además del obispo diocesano, concelebraron nueve sacerdotes, cuatro de ellos canónigos de la Catedral de Cádiz, al igual que lo fue en su momento el P. Metola.

Al finalizar la misa, en el salón anexo al Santuario de La Oliva, se presentó la publicación Vida y obra del P. Jandilla. Durante esta presentación, intervino un sobrino del sacerdote, y José Antonio Hernández Guerrero, encargado de escribir el prólogo, quienes hicieron una semblanza del P. Jandilla.
Durante esa semblanza se pudo comprobar, sobre todo entre los mayores, que la memoria del P. Metola sigue viva, y se le recuerda con emoción, como un hombre profundamente apostólico, y preocupado por el desarrollo espiritual y humano de las gentes de aquellos campos, en una época tremendamente difícil
Al término del acto, se distribuyó entre los presentes ejemplares de la publicación.
Francisco González Metola
Nacido en Santo Domingo de la Calzada en el año 1905, inició sus estudios de humanidades en la preceptoría de los Padres Claretianos de Santo Domingo en 1918. Estudió Filosofía y Teología en la Universidad de San Jerónimo, en Burgos, donde, en junio de 1928, fue ordenado presbítero por el Cardenal Benlloch.
En 1938 llega a la Diócesis de Cádiz y Ceuta, a los campos gaditanos de Jandilla, creando el Patronato de Escuelas Rurales Católicas de Jerez de la Frontera, donde puso en marcha una ingente labor educativa, social y evangelizadora tanto en Jandilla como en los campos de Vejer de la Frontera, Medina Sidonia, Alcalá de los Gazules y Barbate, a través de la creación de una red de escuelas públicas y de capillas que gestionaba personalmente.
Falleció el 24 de febrero de 1967 como canónigo de la Catedral de Cádiz y rector del Seminario Diocesano, quedando enterrados sus restos en la propia seo gaditana.

ORACIÓN PARA PEDIR PERDÓN Y PARA PERDONAR



Para rezar mejor el Padre nuestro



Una breve oración para pedir perdón a Dios. 


Por: P. Evaristo Sada | Fuente: la oración 



Oración para pedir perdón y para perdonar

El perdón es la llave de la libertad y la paz interior. Para pedir perdón se requiere humildad. Para perdonar se requiere misericordia. Ni la humildad ni la misericordia son fáciles. Pedir perdón supone reconocerse pecador. Perdonar supone tener un corazón como el de Cristo.
En el Padre Nuestro, Jesucristo nos enseña a pedir: "Perdona nuestros pecados como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden", pues el perdón de los pecados y el haber perdonado son condiciones para alcanzar la paz interior y la salvación eterna.
Padre,
me declaro culpable, pido clemencia, perdón por mis pecados.
Me acerco a ti con absoluta confianza
porque sé que tú prefieres la penitencia a la muerte del pecador (cfr. Ezequiel 33,11)
A ti no te gusta ni la venganza ni el rencor, tu corazón es compasivo y misericordioso,
y sé que sólo estás esperando a que tenga la humildad de reconocer mi pecado, arrepentirme y pedir perdón
para desbordar la abundancia de tu misericordia.
"Cuando confesamos nuestros pecados, Dios, fiel y justo, nos los perdona" (1 Jn 1,9)
Miro al horizonte: veo tus brazos abiertos y un corazón de Padre
queriendo atraerme con lazos de un amor infinito.
Padre, perdóname, quiero recibir el abrazo eterno.

Tu enseñanza es muy clara: para ser perdonados y poder entrar en el Reino de los cielos debemos tener un Corazón como el tuyo.
"Perdonad y se os perdonará" (Lc 6,36)

"El que odia a su hermano es un homicida" (1 Jn 3,15)
"Con la medida que midiereis se os medirá" (Mt 7,2)
"Si no perdonáis, tampoco el Padre os perdonará" (Mc 11,23)

Nos pides que seamos buenos cristianos por la práctica de la caridad evangélica.

Que seamos benévolos con quienes nos han hecho daño, con quienes nos han ofendido, nos han traicionado y nos odian, pues de otro modo no mereceremos que lo seas Tú con nosotros.
El siervo al que se le condonó su deuda, cuando no quiso él hacer lo mismo con otro que le debía, fue encarcelado.
Perdió el perdón que había obtenido al no ser él capaz de perdonar. (Mt 18,23-25)

Padre,
envía tu Espíritu de amor y perdona mis pecados,
purifícame, sáname, restáurame, renuévame
con la Sangre Redentora de tu Hijo;
ayúdame a tener un corazón como el Suyo,
un corazón humilde y generoso capaz de perdonar,
arranca de mí el corazón de piedra y dame un corazón de carne.


CUARESMA: 40 DÍAS PARA LA RECONCILIACIÓN




Tiempo litúrgico que recuerda los cuarenta días que Jesús pasó en el desierto. Es un tiempo de reconciliación


Por: Teresa Vallés | Fuente: Catholic.net 



Origen y significado de la fiesta

La Cuaresma es el tiempo litúrgico de conversión, que marca la Iglesia para prepararnos a la gran fiesta de la Pascua.

Es tiempo para arrepentirnos de nuestros pecados y de cambiar algo de nosotros para ser mejores y poder vivir más cerca de Cristo.

La Cuaresma dura 40 días, comienza el Miércoles de Ceniza y termina el Jueves Santo.

También cabe decir que la liturgia considera el Viernes Santo, Sábado Santo y Domingo de resurrección, toda una celebridad junta llamada "Triduo Pascual".

Inicialmente, la Cuaresma iba desde el Primer Domingo de Cuaresma al Jueves Santo, pero a raíz de una reforma litúrgica, se descontaron los domingos por considerarlos pascuales y no penitenciales. Para "cuadrar", se añadió a la cuaresma los días que van del Miércoles de Ceniza hasta el Primer Domingo de Cuaresma. De esta manera salen los 40 días. Actualmente, y lo repito de nuevo, la Cuaresma va desde el Miércoles de Ceniza hasta el Jueves Santo

A lo largo de este tiempo, sobre todo en la liturgia del domingo, hacemos un esfuerzo por recuperar el ritmo y estilo de verdaderos creyentes que debemos vivir como hijos de Dios.

El color litúrgico de este tiempo es el morado que significa luto y penitencia. Es un tiempo de reflexión, de penitencia, de conversión espiritual; tiempo de preparación al misterio pascual.

En la Cuaresma, Cristo nos invita a cambiar de vida. La Iglesia nos invita a vivir la Cuaresma como un camino hacia Jesucristo, escuchando la Palabra de Dios, orando, compartiendo con el prójimo y haciendo obras buenas. Nos invita a vivir una serie de actitudes cristianas que nos ayudan a parecernos más a Jesucristo.

El pecado nos aleja de Dios, rompe nuestra relación con Él, por eso debemos luchar contra él pecado y ésto sólo se logra a través de la conversión interna de mente y corazón.

Un cambio en nuestra vida. Un cambio en nuestra conducta y comportamiento, buscando el arrepentimiento por nuestras faltas y volviendo a Dios que es la verdadera razón de nuestro existir.

La Cuaresma es el tiempo del perdón y de la reconciliación fraterna. Cada día, durante toda la vida, hemos de arrojar de nuestros corazones el odio, el rencor, la envidia, los celos que se oponen a nuestro amor a Dios y a los hermanos.

La Cuaresma es un camino hacia la Pascua, que es la fiesta más importante de la Iglesia por ser la resurrección de Cristo, el fundamento y verdad culminante de nuestra fe. Es la buena noticia que tenemos obligación de difundir.

En Cuaresma, aprendemos a conocer y apreciar la Cruz de Jesús. Con esto aprendemos también a tomar nuestra cruz con alegría para alcanzar la gloria de la resurrección.

La duración de la Cuaresma está basada en el símbolo del número cuarenta en la Biblia. En ésta, se habla de los cuarenta días del diluvio, de los cuarenta años de la marcha del pueblo judío por el desierto, de los cuarenta días de Moisés y de Elías en la montaña, de los cuarenta días que pasó Jesús en el desierto antes de comenzar su vida pública, de los 400 años que duró la estancia de los judíos en Egipto.

En la Biblia, el número cuatro simboliza el universo material, seguido de ceros significa el tiempo de nuestra vida en la tierra, seguido de pruebas y dificultades.

El ayuno y la abstinencia en la Cuaresma
 
  • El ayuno consiste en hacer una sola comida fuerte al día.
  • La abstinencia consiste en no comer carne.
  • Son días de abstinencia y ayuno el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo.
  • La abstinencia obliga a partir de los catorce años y el ayuno de los dieciocho hasta los cincuenta y nueve años de edad.
  • Con estos sacrificios, se trata de que todo nuestro ser (alma y cuerpo) participe en un acto donde reconozca la necesidad de hacer obras con las que reparemos el daño ocasionado con nuestros pecados y para el bien de la Iglesia.
  • El ayuno y la abstinencia se pueden cambiar por otro sacrificio, dependiendo de lo que dicten las Conferencias Episcopales de cada país, pues ellas son las que tienen autoridad para determinar las diversas formas de penitencia cristiana.
Cómo vivir la Cuaresma

1. Arrepintiéndome de mis pecados y confesándome.
2. Luchando por cambiar yo mismo.
3. Haciendo sacrificios.
4. Haciendo oración.

1.-Arrepintiéndome de mis pecados:

Pensar en qué he ofendido a Dios, Nuestro Señor, si me duele haberlo ofendido, si realmente estoy arrepentido. Este es un muy buen momento del año para llevar a cabo una
confesión preparada y de corazón. Revisa los mandamientos de Dios y de la Iglesia para poder hacer una buena confesión. Ayúdate de un libro para estructurar tu confesión. Busca el tiempo para llevarla a cabo.

2. Luchando por cambiar:

Analiza tu conducta para conocer en qué estás fallando. Hazte propósitos para cumplir día con día y revisa en la noche si lo lograste. Recuerda no ponerte demasiados porque te va a ser muy difícil cumplirlos todos. Hay que subir las escaleras de un escalón en un escalón, no se puede subir toda de un brinco. Conoce cuál es tu defecto dominante y haz un plan para luchar contra éste. Tu plan debe ser realista, práctico y concreto para poderlo cumplir.

3. Haciendo sacrificios:

La palabra sacrificio viene del latín sacrum-facere, que significa “hacer sagrado”. Entonces, hacer un sacrificio es hacer una cosa sagrada, es decir, ofrecerla a Dios por amor. Hacer sacrificio es ofrecer a Dios, porque lo amas, cosas que te cuestan trabajo. Por ejemplo, ser amable con el vecino que no te simpatiza o ayudar a otro en su trabajo. A cada uno de nosotros hay algo que nos cuesta trabajo hacer en la vida de todos los días. Si esto se lo ofrecemos a Dios por amor, estamos haciendo sacrificio.

4. Haciendo oración:

Aprovecha estos días para orar, para platicar con Dios, para decirle que lo quieres y que quieres estar con Él. Te puedes ayudar de un buen libro de meditación para Cuaresma. Puedes leer en la Biblia pasajes relacionados con la Cuaresma.

Sugerencias para vivir la Cuaresma:
  • Rezar la Oración de Cuaresma
  • Padre nuestro, que estás en el Cielo, durante esta época de arrepentimiento, ten misericordia de nosotros.
  • Con nuestra oración, nuestro ayuno y nuestras buenas obras, transforma nuestro egoísmo en generosidad.
    Abre nuestros corazones a tu Palabra,
    sana nuestras heridas del pecado,
    ayúdanos a hacer el bien en este mundo.
    Que transformemos la obscuridad y el dolor
    en vida y alegría.
    Concédenos estas cosas por Nuestro Señor Jesucristo.
    Amén.
  • Contar a los niños el sentido de la Cuaresma de una forma amena para que la entiendan y se motiven a cumplir con los propósitos del calendario de Cuaresma. Educarles en el sentido espiritual, sobre todo.
  • Leer en los Evangelios el relato de la Pasión de Cristo.
  • Les invito a leer el mensaje del Santo Padre para la Cuaresma de 2016
Visita también nuestro

EL COMIENZO DE LA CUARESMA




Meditaciones para toda la Cuaresma

Cuaresma. Miércoles de ceniza. Si busco a Dios, es el momento para caminar, para buscarlo, para encontrarlo y purificar mi corazón.


Por: P. Cipriano Sánchez LC | Fuente: Catholic.net 



Miércoles de Ceniza
Hoy empezamos la Cuaresma a través de la imposición de las cenizas, un símbolo que es muy conocido para todos. La ceniza no es un símbolo de muerte que indica que ya no hay vida ni posibilidad de que la haya. Nosotros la vamos a imponer sobre nuestras cabezas pero no con un sentido negativo u oscuro de la vida, pues el cristiano debe ver su vida positivamente. La ceniza se convierte para nosotros al mismo tiempo en un motivo de esperanza y superación. La Cuaresma es un camino, y las cenizas sobre nuestras cabezas son el inicio de ese camino. El momento en el cual cada uno de nosotros empieza a entrar en su corazón y comienza a caminar hacia la Pascua, el encuentro pleno con Cristo.

Jesucristo nos habla en el Evangelio de algunas actitudes que podemos tener ante la vida y ante las cosas que hacemos. Cristo nos habla de cómo, cuando oramos, hacemos limosna, hacemos el bien o ayudamos a los demás, podríamos estar buscándonos a nosotros mismos, cuando lo que tendríamos que hacer es no buscarnos a nosotros mismos ni buscar lo que los hombres digan, sino entrar en nuestro interior: “Y allá tu Padre que ve en lo secreto te recompensará.”

Es Dios en nuestro corazón quien nos va a recompensar; no son los hombres, ni sus juicios, ni sus opiniones, ni lo que puedan o dejen de pensar respecto a nosotros; es Nuestro Padre que ve en lo secreto quien nos va a recompensar. Que difícil es esto para nosotros que vivimos en una sociedad en la cual la apariencia es lo que cuenta y la fama es lo que vale.
Cristo, cuando nosotros nos imponemos la ceniza en la cabeza nos dice: “Tengan cuidado de no practicar sus obras de piedad delante de los hombres; de lo contrario no tendrán recompensa con su Padre Celestial”. ¿Qué recompensa busco yo en la vida?

La Cuaresma es una pregunta que entra en nuestro corazón para cuestionarnos precisamente esto: ¿Estoy buscando a Dios, buscando la gloria humana, estoy buscando la comprensión de los demás? ¿A quién estoy buscando?

La señal de penitencia que es la ceniza en la cabeza, se convierte para nosotros en una pregunta: ¿A quién estamos buscando? Una pregunta que tenemos que atrevernos a hacer en este camino que son los días de preparación para la Pascua; la ceniza cae sobre nuestras cabezas, pero ¿cae sobre nuestro corazón?

Esta pregunta se convierte en un impulso, en un dinamismo, en un empuje para que nuestra vida se atreva a encontrarse a sí misma y empiece a dar valor a lo que vale, dar peso a lo que tiene.

Este es el tiempo, el momento de la salvación, nos decía San Pablo. Hoy empieza un período que termina en la Pascua: La Cuaresma, el día de salvación, el día en el cual nosotros vamos a buscar dentro de nuestro corazón y a preguntarnos ¿a quién estamos buscando? Y la ceniza nos dice: quita todo y quédate con lo que vale, con lo fundamental; quédate con lo único que llena la vida de sentido. Tu Padre que ve en lo secreto, sólo Él te va a recompensar.

La Cuaresma es un camino que todo hombre y toda mujer tenemos que recorrer, no lo podemos eludir y de una forma u otra lo tenemos que caminar. Tenemos que aprender a entrar en nuestro corazón, purificarlo y cuestionarnos sobre a quién estamos buscando.

Este es le sentido de la ceniza en la cabeza; no es un rito mágico, una costumbre o una tradición. ¿De qué nos serviría manchar nuestra frente de negro si nuestro corazón no se preguntara si realmente a quien estamos buscando es a Dios? Si busco a Dios, esta Cuaresma es el momento para caminar, para buscarlo, para encontrarlo y purificar nuestro corazón.

El camino de Cuaresma va a ser purificar el corazón, quitar de él todo lo que nos aparta de Dios, todo aquello que nos hace más incomprensivos con los demás, quitar todos nuestros miedos y todas las raíces que nos impiden apegarnos a Dios y que nos hacen apegarnos a nosotros mismos. ¿Estamos dispuestos a purificar y cuestionar nuestro corazón? ¿Estamos dispuestos a encontrarnos con Nuestro Padre en nuestro interior?

Este es el significado del rito que vamos hacer dentro de unos momentos: purificar el corazón, dar valor a lo que vale y entrar dentro de nosotros mismos. Si así lo hacemos, entonces la Cuaresma que empezaremos hoy de una forma solemne, tan solemne como es el hecho de que hoy guardamos ayuno y abstinencia (para que el hambre física nos recuerde la importancia del hambre de Dios), se convertirá verdaderamente en un camino hacia Dios.

Este ha de ser el dinamismo que nos haga caminar durante la Cuaresma: hacer de las mortificaciones propias de la Cuaresma como son lo ayunos, las vigilias y demás sacrificios que podamos hacer, un recuerdo de lo que tiene que tener la persona humana, no es simplemente un hambre física sino el hambre de Dios en nuestros corazones, la sed de la vida de Dios que tiene que haber en nuestra alma, la búsqueda de Dios que tiene haber en cada instante de nuestra alma.

Que éste sea el fin de nuestro camino: tener hambre de Dios, buscarlo en lo profundo de nosotros mismos con gran sencillez. Y que al mismo tiempo, esa búsqueda y esa interiorización, se conviertan en una purificación de nuestra vida, de nuestro criterio y de nuestros comportamientos así como en un sano cuestionamiento de nuestra existencia. Permitamos que la Cuaresma entre en nuestra vida, que la ceniza llegue a nuestro corazón y que la penitencia transforme nuestras almas en almas auténticamente dispuestas a encontrarse con el Señor.

LA CUARESMA Y EL CARNAVAL; POR JOSÉ MARÍA VIEYTES BEIRA



           
Términos evidentemente antagónicos. Uno, representa la diversión, las licencias y cierto desorden que durante unos días  -los de carnaval-  las gentes en general y según su condición se permiten hacer, lo que en el tiempo normal y ordinario no se les ocurren.

Y el otro, todo lo contario, tiempo de recogimiento, de reconversión, de sacrificio, de penitencia, de las buenas obras, de la oración y sobre todo de la reconciliación con nuestros semejantes.

Dicho de otro modo y desde la antigüedad. Uno; representa el mundo, la carne, el demonio y el pecado. Y el otro;  los signos de la austeridad, el silencio, la abstención, el ayuno, la vigilia y la confesión. Pero uno y otro -coexisten perfectamente- y así viene sucediendo a través de los siglos como costumbre y tradición.

No obstante, tanto el carnaval como la cuaresma en la actualidad, nada tienen que ver con los  vividos en  épocas pasadas. Basta observar de manera objetiva, si lo visionamos hoy fuera de sus contextos, hacia donde han derivado sus contenidos, especialmente los del carnaval. 

Y sus celebraciones son contempladas como paganas unas y religiosas otras. Las cuales, se reparten y se repiten prácticamente en el mundo entero, aunque existen bastantes más evidencias de los carnavales, que de la cuaresma. Pues mientras los carnavales emplean un tiempo relativamente corto en sus recreaciones. El de la cuaresma ocupa 40 días; que son los comprendidos desde el Miércoles de Ceniza hasta el domingo de Ramos, comienzo de la Semana Santa. Con la salvedad actual que -el carnaval ahora- se prolonga en algunos lugares hasta después de dicho miércoles, como ocurre en nuestro caso.

Entre los más famosos carnavales del mundo cabe destacar el de Brasil y  el de Venecia. Éste se remonta al siglo, XI, es decir hace mil años, Y cada uno difiere en sus estilos marcadamente diferenciados,  en sus formas, maneras y procedimientos.

No sucede lo mismo con la Semana Santa, que en cualquier lugar que se celebre, siempre mantiene las mismas connotaciones: la pasión de Cristo que no admite cambio. Y si la fama del carnaval la posee el país y las ciudades citadas anteriormente entre otras, sería obvio no decir que la fama de la Semana Santa, la ostenta España.

Y dentro de España, creo que se distingue Sevilla, sin omitir Málaga, Murcia o Zamora por citar a otras entre las múltiples y variadas de ellas que existen por toda nuestra geografía. No sólo en capitales, sino en tantos otros pueblos y ciudades. Ciudades -como la nuestra- o Jerez, Cartagena, Orihuela, así como en las del resto de las Comunidades. Y si no, ¡véase como ejemplo entre otros, el movimiento cofrade que se despertó aquí para visitar Sevilla a pesar del carnaval y presenciar el Vía Crucis extraordinario y magno dedicado al año de la fe! 

Curiosamente y como anécdota, se puede constatar que la figura del Gran Poder y de la Macarena de Sevilla, tienen réplicas y reproducciones por el mundo, especialmente en la América Latina,  en donde sus procesiones aunque tengan matices distintos en cuanto a exorno y  vestuarios, sí mantienen las mismas esencias de espiritualidad, quizás con mayor devoción que las nuestras.

Y no deja de ser otra curiosidad, que la cuna del catolicismo, la Ciudad Eterna -Roma- no tenga una representación como la nuestra de la Semana Santa. Sin embargo sí tiene, la mayor procesión que compendia a todas las demás; el doloroso Vía Crucis que se celebra el Viernes Santo en el Coliseo Romano presidido por el Santo Padre. Lugar tan significativo para los cristianos que forman el Pueblo de Dios.  

Y como otra anécdota final, hablando de carnaval y salvando las distancias, hay que citar el de Cádiz; fiel ejemplo de -la coexistencia- a la que se hace referencia, porque -en él- podemos observar cómo con la misma devoción, un chirigotero actuando en el carnaval, después lo vemos de pertiguero o cargando un Paso en la Semana Santa gaditana. ¡Cosas de Cádiz!. ¡Ojo, que también suceden en la Isla!

José María Vieytes Beira. San Fernando. 27.02.17.


LECTURAS Y EVANGELIO MIÉRCOLES DE CENIZA

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Primera lectura

Lectura de la profecía de Joel 2,12-18:

«Ahora, oráculo del Señor, convertíos a mí de todo corazón con ayuno, con llanto, con luto. Rasgad los corazones y no las vestiduras; convertíos al Señor, Dios vuestro, porque es compasivo y misericordioso, lento a la cólera, rico en piedad; y se arrepiente de las amenazas.» Quizá se arrepienta y nos deje todavía su bendición, la ofrenda, la libación para el Señor, vuestro Dios. Tocad la trompeta en Sión, proclamad el ayuno, convocad la reunión. Congregad al pueblo, santificad la asamblea, reunid a los ancianos. Congregad a muchachos y niños de pecho. Salga el esposo de la alcoba, la esposa del tálamo. Entre el atrio y el altar lloren los sacerdotes, ministros del Señor, y digan: «Perdona, Señor, a tu pueblo; no entregues tu heredad al oprobio, no la dominen los gentiles; no se diga entre las naciones: ¿Dónde está su Dios? El Señor tenga celos por su tierra, y perdone a su pueblo.»

Salmo

Sal 50,3-4.5-6a.12-13.14.17 R/. Misericordia, Señor: hemos pecado

Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito, limpia mi pecado. R/.

Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado:
contra ti, contra ti sólo pequé,
cometí la maldad que aborreces. R/.

Oh Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu. R/.

Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso. Señor,
me abrirás los labios,
y mi boca proclamará tu alabanza. R/.

Segunda lectura

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 5,20–6,2

Nosotros actuamos como enviados de Cristo, y es como si Dios mismo os exhortara por nuestro medio. En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios. Al que no había pecado Dios lo hizo expiación por nuestro pecado, para que nosotros, unidos a él, recibamos la justificación de Dios. Secundando su obra, os exhortamos a no echar en saco roto la gracia de Dios, porque él dice: «En tiempo favorable te escuché, en día de salvación vine en tu ayuda»; pues mirad, ahora es tiempo favorable, ahora es día de salvación.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 6,1-6.16-18

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario, no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no vayas tocando la trompeta por delante, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo pagará. Cuando recéis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta rezar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vea la gente. Os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, cuando vayas a rezar, entra en tu aposento, cierra la puerta y reza a tu Padre, que está en lo escondido, y tu Padre, que ve en lo escondido, te lo pagará. Cuando ayunéis, no andéis cabizbajos, como los hipócritas que desfiguran su cara para hacer ver a la gente que ayunan. Os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no la gente, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensara.»

Compartimos la Palabra

Rasgad los corazones, no las vestiduras

Un momento histórico nada propicio para los israelitas les provoca un tremendo miedo al futuro; por eso el profeta Joel hace oír su voz para que vuelvan al Señor por la vía de la conversión y de la penitencia, y, además, con lo mejor de sus energías, con todo el corazón. El Dios viviente del Éxodo se deja encontrar por todo aquel que lo busca desde la transparencia de sus actitudes y compromisos. La conversión que demanda el profeta arraigará en el pueblo como modo de ser si brota del corazón y no se conforma nunca con los gestos externos de penitencia. La pedagogía del profeta es sencilla: todo esto es posible porque el Dios de la alianza es un derrochador de misericordia y compasión. Cierto que la conversión no es un mecanismo automático por medio del cual se puede disponer de Dios, pero sí es la mejor forma de remover nuestra tierra personal para que Dios sea el mejor habitante de nuestras palabras y acciones.

Reconciliaos con Dios

Parece que Pablo estuviera viviendo el dolor del alejamiento con sus muy queridos corintios y deja en este texto una llamada imperiosa al acercamiento; la distancia entre Pablo y los de Corinto debe pasar antes por acortar la existente entre éstos y Dios. Necesitamos vivir en paz unos con otros, pero se antoja casi imposible si antes no disfrutamos de la paz con Dios. No tenemos derecho alguno a hacer fracasar la gracia que se nos ofrece a todos por medio del evangelio; acogida la presencia de Dios Padre en nuestra vida, se produce el tiempo favorable, tiempo para disfrutar y agradecer en el nombre del Señor.

Tu Padre, que ve en lo escondido, te pagará

La práctica de la justicia en no pocas páginas de la Escritura se cifra en las tres formas que indica hoy el texto evangélico de Mateo: la limosna, la oración y el ayuno. Pero lejos de su natural propósito estas prácticas se tornan en una manifestación espuria de religiosidad, al degenerar en maneras de hacerse notar de los demás y ser tenidos por buenos. Tal derivación invalida su inicial calidad y propósito. Y tanto en lo referente a la limosna, como a la oración y al ayuno, Jesús propone una práctica religiosa siempre centrada en Dios, el que ve en lo secreto, y en la gratuidad que su relación demanda. La recompensa es la conexión filial que se produce con el Padre, vía caridad con el prójimo. Porque lo decisivo de la práctica del ayuno, la oración y la limosna es la relación de fe y amor que se establece con el Padre del cielo, porque la religión debe estar en función de manifestar el creyente cuánto cree en Dios, y no los rótulos de bondad que por, practicar la religión, pudieran adornar su exterior.
 El Miércoles de Ceniza abre un fecundo camino que recorremos los bautizados con la vista puesta en la noche bautismal por excelencia; centrar el dial de nuestra vida en el mucho amor que Dios Padre-Madre será el equipaje evangélico de estos días.
¿Leemos con sensibilidad actual el criterio que Joel nos ofrece para purificar nuestras prácticas cuaresmales?


Fr. Jesús Duque O.P.
Convento de Santo Domingo de Scala-Coeli (Córdoba)