martes, 3 de noviembre de 2026

COMO MANDAN LOS CÁNONES

 




El Día de Todos los Santos y el de los Difuntos abren el mes de noviembre, que es casi siempre muy tristón debido a que recordamos a los que ya no están con nosotros. En este mes, nuestras hermandades y cofradías, así como diversas instituciones eclesiásticas y civiles, celebran actividades a lo largo de los treinta días.

Días de enlucir los cementerios, exornar con flores las tumbas y nichos de nuestros seres queridos que partieron en su día camino de la eternidad. ¿Cómo pensamos que es la Vida tras la muerte? Esa pregunta nos la hemos hecho todos y a lo sumo somos capaces de respondernos utilizando la imaginación.

Para los incrédulos, ateos y agnósticos, que no creen en Dios, algunos se niegan; la vida concluye cuando uno muere. ¡Qué tristeza! Porque la existencia que tiene momentos felices es en su mayoría un valle de lágrimas. Si fuera verdad que tras la muerte no hay absolutamente nada, la esperanza como tal se diluye como un azucarillo en un vaso de agua.

En mi vida tengo pocas certezas y entre ellas está que sé por experiencia propia que Dios existe y que también hay Vida tras la muerte. Algunos me llamaréis loco; os respeto porque en verdad vuestra profundidad espiritual tiene el tamaño de un pastillero de bolsillo. Otros, en cambio, querrán creer con todas sus fuerzas en lo que he escrito, y a los que no lo hagan, los dejo a su elección.

Por eso, valoro profundamente la oración sincera, el recuerdo y el respeto que se manifiestan durante los días uno, dos y sucesivos del mes de noviembre. Este año más, pues todos tenemos en el pensamiento las víctimas mortales de las tragedias ferroviarias de Urda y Adamuz.

Sinceramente, no soy de ir a cementerios; eso sí, todos los días sin excepción rezo por el alma de los difuntos, los olvidados, las benditas almas del purgatorio, los de nuestras familias, así como los de la Policía Nacional, Guardia Civil, Policía Local, Fuerzas Armadas y Bomberos. La forma en que tengo de exornar las tumbas de mis seres queridos es con flores de rezos y ofrecimientos.

Cuando hace unos años pasábamos temporadas en Cantabria, íbamos a visitar los distintos pueblos y, al lado de los templos, en su gran mayoría de estilo románico y prerrománico, estaba el cementerio, algunos más abandonados que otros, con imponentes enterramientos en el suelo con una antiquísima cruz.

Al principio me imponía, pero hice una promesa: visitar todos los camposantos de los pueblos que visitáramos y rezarles un Padrenuestro. Lo que al principio era un momento duro se convirtió en una necesidad porque pienso que hay muchas almas que necesitan que nos acordemos de ellas para así llegar a la plenitud de vivir para siempre al lado de Dios.

Ojalá que alguien, cuando cierre los ojos a este mundo y mis resquebrajados huesos, se hallen en una tumba, reciba una sencilla oración por mi alma.

 Jesús Rodríguez Arias


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