domingo, 31 de diciembre de 2017

LISTA DE ESPERA PARA SER EREMITA


Los monjes camaldulenses de Herrera (Burgos) viven como ermitaños en la única clausura de este tipo que hay en España
Llegar hasta Herrera, en el término municipal de Miranda de Ebro (Burgos), no es fácil. Una pista forestal, en invierno impracticable, permite su acceso desde la provincia de Burgos o La Rioja. Son cuatro kilómetros que, bien desde Ircio o bien desde Villalba de Rioja, se adentran en los Montes Obarenes, a cuyo abrigo se levanta un monasterio escondido tras un muro que rodea todo el recinto. En la entrada, presidida por una pintura con la imagen de Cristo, un alambre que finaliza en un pequeño aro invita a llamar. Suena la campanilla y nos recibe uno de los once frailes eremitas que actualmente forman esta comunidad camaldulense, la única que existe en España.
Su hábito de felpa de color claro, su amplia capa con la que se resguarda del frío –«aunque no me la suelo poner», asegura–, y su larga y poblada barba blanca, confieren al padre Pablo un aspecto más propio de la célebre obra de Umberto Eco. Pero no, lejos de lo que pudiera parecer, su vida eremita, donde la oración y el silencio soportan toda la jornada, se ha convertido en un atractivo para muchos jóvenes, hasta el punto de que actualmente hay cuatro postulantes «en lista de espera».
Uno de ellos, con tan sólo 21 años y después de haber convivido durante pequeñas temporadas en el monasterio, puede ser la próxima incorporación. Este repunte vocacional, que el fraile achaca a «la mano de Dios», ha obligado, incluso, a que la comunidad lanzase hace unos meses una petición pública para que, a través de donativos, se pudiese acometer la ampliación de las instalaciones.
El objetivo es poder incorporar, al menos, a un monje más y, ya de paso, acondicionar una pequeña habitación para las madres o hermanas cuando acuden a visitarles. Las mujeres tienen prohibido el acceso a las dependencias y están obligadas a permanecer en una fría sala de quince metros cuadrados que hay a la entrada. La llamada fue efectiva porque ya disponen de los 90.000 euros necesarios para que en breve puedan comenzar las obras.
«Silencio y retiro»
Pero, a pesar del interés que parece despertar ahora la vida eremita —curiosamente esta comunidad estuvo a punto de desaparecer varias veces en los años 80 y 90 al quedarse sin monjes—, el padre Pablo explica que no pueden ser más de doce o trece para, precisamente, «no complicar la vida de silencio y retiro». Tres de ellos proceden de Colombia, Italia y Corea; el resto son españoles.
Una vez cruzada la puerta que da acceso al recinto monacal, los restos del que fuera monasterio cirterciense, hoy en ruinas, se levantan imponentes. Junto a él, la capilla, en la que se reúnen los hermanos para sus celebraciones, que no son tantas como pudiera parecer, porque la mayor parte de la jornada la pasan en sus celdas, que constituyen un segundo espacio de intimidad, de aislamiento. Es la verdadera clausura. Nadie las visita, ni el peregrino ocasional ni los periodistas.
Desde fuera, parecen casitas de colonos, o modestas viviendas de antiguos asentamientos periféricos. Por dentro, austeras hasta el límite pero, eso sí, sin la sensación de agobio que podría imaginarse. ¿Por qué? El padre Pablo lo explica: siglos atrás, era el lugar reservado a los sacerdotes o, por defecto, a las personas que pasaban más horas en el habitáculo. Ello invitaba a, al menos, conferir al espacio alguna tibia comodidad, que se traduce en lo que en el lenguaje del interiorismo moderno se llamaría «cuatro ambientes»; a saber, la alcoba para dormir, una salita para leer y escribir, la estancia principal y un cuarto de baño, hoy ya dotado con agua caliente.
Todo ello templado, a duras penas, con la estufa de leña, similar al modelo que preside con insistencia las dependencias del cenobio. Nada de calefacción. En el exterior, un pequeño huerto, su parcela, que cada residente mima, aunque sólo dé modestas hortalizas y verduras: puerros, coles de Bruselas… ese tipo de manjares para una dieta casi vegetariana exenta de carne. En un pequeño estanque, crían truchas que luego consumen, pero ahora está a la espera de ser repoblado. Y junto a las plantaciones, un sendero que divide en dos la hilera de casitas, similar a un Belén, en plenos montes Obarenes, que comunica las viviendas con el edificio más próximo, la capilla, que recorren en la oscuridad de la madrugada y, lo que es más duro, con el frío del «romper del día».
Rondando la cuarentena
Porque, para estos once monjes eremitas, cuya media de edad ronda los 40 años (el mayor tiene 61), la jornada arranca a las 4.20 de la mañana, con oraciones y lecturas hasta las siete, hora a la que desayunan, aunque todas las comidas las hacen en la soledad de sus celdas. «Hemos optado por la vida solitaria, en un marco de pobreza y austeridad para vivir el Evangelio con radicalidad», explica el padre Pablo. Después, llegan tres horas de tareas: mantenimiento, huerta, limpieza, cocina, las colmenas… A las doce vuelven a la oración para, después de comer, pasar toda la tarde en la soledad de su habitáculo hasta las siete y media de la tarde, que cenan y, a las ocho, una pequeña reunión en comunidad que les lleva hasta las nueve, hora a la que se acuestan.
Viven de lo que producen, de los estipendios de los monjes sacerdotes y de unas pequeñas parcelas arrendadas a los agricultores de la zona, pero, sobre todo, de las ayudas del exterior, incluso del Banco de Alimentos.
Ni televisión, ni radio, ni aparatos electrónicos, ni conexión a internet. Sólo un teléfono móvil mantiene a los camaldulenses en contacto con el mundo, lo cual no es óbice para que no estén al tanto de lo más importante. «Nos enteramos por las revistas religiosas que nos llegan —vía apartado de correos— y porque, si es grave, nos informa el padre prior», detalla el monje, quien reconoce que «la comunicación con el exterior es muy limitada», aunque no lo suficiente como para no tener claro que «lo que pasa en Cataluña no tiene sentido».
«Nosotros consideramos que aportamos a la sociedad, a través de la oración, y nuestra función es buscar la unión con Dios, así que no tiene mucho sentido estar enterados de lo que pasa fuera», concluye el padre Pablo, quien reconoce que la conversación le ha resultado escasa.

¡FELIZ FIESTA DE LA SAGRADA FAMILIA!


¡Feliz fiesta de la Sagrada Familia!REDACCIÓN CENTRAL, 31 Dic. 17 / 12:02 am (ACI).- Hoy se celebra la fiesta de la Sagrada Familia y la Iglesia nos invita a mirar a José, María y al Niño Jesús, quienes desde un principio tuvieron que enfrentar peligros y el exilio a Egipto, pero demostrando que siempre el amor puede más que la muerte. Ellos son reflejo de la Trinidad y modelo de toda familia.

La fiesta de la Sagrada Familia, que se celebra dentro de la Octava de Navidad, es una celebración que motiva a profundizar en el amor familiar, examinar la propia situación del hogar y buscar soluciones que ayuden al papá, la mamá y los hijos a ser cada vez más como la Familia de Nazaret.

La vida familiar no puede reducirse a los problemas de pareja, dejando de lado los valores trascendentes, ya que la familia es signo del diálogo Dios – hombre. Padres e hijos deben estar abiertos a la Palabra y a la escucha, sin olvidar la importancia de la oración familiar que une con fuerza a los integrantes de la familia.

San Juan Pablo II recomendaba mucho el rezo del Santo Rosario dentro de las familias y tenía muy presente aquella frase que dice: “la familia que reza unida, permanece unida”.

* HA MUERTO JUAN PIÑA: DESCANSE EN PAZ.


Me acaban de comunicar el fallecimiento del Padre D. Juan Piña tras atravesar una dura enfermedad.

Yo personalmente lo conocí de mi etapa como miembro de la Junta de Gobierno de Afligidos cuando el Padre Juan Piña era Párroco de la del Santo Cristo de San Fernando y mis recuerdos con el sacerdote que hoy ha fallecido no pueden ser gratos tal y como bien podréis entender los que vivisteis esos años.

Ya cuando fue destinado a Cádiz a la Parroquia de Santo Tomás le perdí la pista aunque sabía de su labor al frente de las obras de ayudas al tercer mundo. Siempre generó personas muy afines a su forma de evangelizar y su predicamento.

En este día que nos ha dejado víctima de una dura enfermedad solo pido a Dios por su alma, que interceda, perdone sus pecados y le de el descanso eterno.

Y también rezo por las personas que lo quisieron y lo acompañaron en la singladura de su ministerio así como a los que no, entre los que me encuentro, para que el Señor nos ayude a tener cada vez más un corazón compasivo y misericordioso.

Descanse en Paz el Padre Juan Piña.

Jesús Rodríguez Arias 

SACAR LA BASURA; POR ENRIQUE GARCÍA-MÁIQUEZ



Juan Bonilla narraba en un poema que contaba sus historias de amor por el número de bolsas de basura bajadas de cada casa compartida. Es una imagen ácida. Me gusta, aunque mi imagen con las bolsas de basura es dulce o, mejor dicho, agridulce, que es mi sabor.

De pequeño, como era el mayor, mi encargo en casa, cuando nos ponían encargos, durante dos semanas después de alguna tutoría en el colegio, era sacar la basura. Era un encargo que exigía salir a la calle a horas excitantes y, encima, forzar los músculos adolescentes llevando a pulso la bolsa. Otro ejercicio de dureza era enfrentar los olores del contenedor y a los gatos que lo rondaban. Partidario desde chico del "tres en uno", vivía la noche, hacía pesas y agradaba a mis progenitores. Si no escribí un poema, fue porque entonces, pre-adolescente perdido, sólo escribía poemas de amor. 

Recién casado, mi mujer, en vista de mi inutilidad manifiesta, en el reparto de tareas volvió a asignarme, entre otros trabajos poco especializados, lo de la basura. Felizmente casado, ya escribía poemas que no eran de amor. Por tanto, una tarde-noche de verano, mientras de las casas de mis vecinos salían post-adolescentes reipeinados y se subían a sus motos rugientes entre risas, yo pergeñé este tanka: "Sobre esta hora/ solía yo salir/ con mis amigos,/ me acuerdo mientras salgo/ a tirar la basura".

Hace unos días, con los niños en ese punto de ebullición recalentada que sólo se alcanza tras una semana y media de vacaciones: gritos, carreras, peleas, risas, desorden y saltos, tras un día ajetreado de gestiones navideñas, me escabullí muy serio a cumplir mi sempiterno encargo y reincidí en el tanka: "El aire helado,/ dejar atrás el ruido,/ ver las estrellas…/ Noches en que sacar/ la basura es espléndido". Lamenté que el contenedor estuviese tan cerca.

A algunos la conciencia ecológica no les deja disfrutar del momento, pero yo saco la basura agradecido de que lo esencial se queda dentro, y de que cumplo de incógnito un rito de purificación. Son los restos de la batalla del día, y eso es una victoria (de incógnito). Hoy es el día de sacar los restos metafóricos de la batalla de todo el año, quedándonos con la victoria de haber llegado aquí y de celebrarlo. Como Enrique V sobre el campo de Agincourt, ¡quién se atreviese a repasar los despojos de su año cantando el Tedeum: "Non nobis, Dómine, non nobis/ sed nomine tuo da gloriam"!

ORACIÓN DE FIN Y PRINCIPIO DE AÑO


Señor, Dios, dueño del tiempo y de la eternidad,
tuyo es el hoy y el mañana, el pasado y el futuro.
Al terminar este año quiero darte gracias
por todo aquello que recibí de TI.

Gracias por la vida y el amor, por las flores,
el aire y el sol, por la alegría y el dolor, por cuanto
fue posible y por lo que no pudo ser.

Te ofrezco cuanto hice en este año, el trabajo que
pude realizar y las cosas que pasaron por mis manos
y lo que con ellas pude construir.

Te presento a las personas que a lo largo de estos meses amé,
las amistades nuevas y los antiguos amores,
los más cercanos a mí y los que estén más lejos,
los que me dieron su mano y aquellos a los que pude ayudar,
con los que compartí la vida, el trabajo,
el dolor y la alegría.

Pero también, Señor hoy quiero pedirte perdón,
perdón por el tiempo perdido, por el dinero mal gastado,
por la palabra inútil y el amor desperdiciado.
Perdón por las obras vacías y por el trabajo mal hecho,
y perdón por vivir sin entusiasmo.



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También por la oración que poco a poco fui aplazando
y que hasta ahora vengo a presentarte.
Por todos mis olvidos, descuidos y silencios
nuevamente te pido perdón.

En los próximos días iniciaremos un nuevo año
y detengo mi vida ante el nuevo calendario
aún sin estrenar y te presento estos días
que sólo TÚ sabes si llegaré a vivirlos.

Hoy te pido para mí y los míos la paz y la alegría,
la fuerza y la prudencia, la claridad y la sabiduría.

Quiero vivir cada día con optimismo y bondad
llevando a todas partes un corazón lleno
de comprensión y paz.

Cierra Tú mis oídos a toda falsedad y mis labios
a palabras mentirosas, egoístas, mordaces o hirientes.

Abre en cambio mi ser a todo lo que es bueno
que mi espíritu se llene sólo de bendiciones
y las derrame a mi paso.

Cólmame de bondad y de alegría para que,
cuantos conviven conmigo o se acerquen a mí
encuentren en mi vida un poquito de TI.

Danos un año feliz y enséñanos
a repartir felicidad.

Amén


DOCE CAMPANADAS

Para el nuevo año te ofrecemos doce frases, como doce campanadas:

1. Agradece el pasado como don de Dios.

2. Vive el presente con esperanzas y creatividad.

3. Di "sí" al paso de Dios por tu vida.

4. Confía, Dios te encomienda cosas grandes.

5. Valora lo pequeño, llegarás a lo grande.

6. Mira a la vida con sencillez y amor.

7. Ten buen humor, pase lo que pase.

8. Perdona y pide perdón.

9. Haz algo por el otro y serás feliz.

10. Atento, Dios te habla cada día.

11. Dios cuenta contigo.

12. Ama la vida, ama al mundo, ama a Dios.

QUE DIOS TE BENDIGA HOY Y SIEMPRE


UNA FAMILIA FELIZ PORQUE AHÍ ESTABA DIOS


Reflexiones Adviento y Navidad

Feliz porque ahí estaba Dios. Una familia feliz porque ahí se rezaba todos los días


Por: P. Mariano de Blas LC | Fuente: Catholic.net 



Hoy se celebra la fiesta de la Sagrada Familia. Una familia formada por José, María y el Niño Jesús. Era una familia muy pobre, tenía lo elemental para vivir. Sin embargo, ha sido la familia más feliz.

Feliz porque ahí estaba Dios. Una familia feliz porque ahí se rezaba todos los días. Feliz porque ahí se trabajaba con paz y con amor. Allí se amaba la vida, allí se amaban entre ellos con un grandísimo corazón.

¡Cuánto necesitamos nosotros que esa Sagrada Familia nos ayude a recuperar muchos valores familiares que se ha llevado el viento!

¡Oh Familia de Nazareth, qué pocos elementos te bastaron para ser una familia feliz y hermosa! ¡Cómo necesitamos que vuelvas a injertar en nuestros hogares, en nuestros corazones, esa maravillosa gama de virtudes que tiene la familia!

Todos los que quieran saber cuál es la familia más maravillosa deben visitar Nazareth, y preguntar a José a Jesús y a María cómo se puede ser feliz en familia.

LECTURAS Y EVANGELIO DEL DOMINGO

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Primera lectura

Lectura del libro del Eclesiástico 3, 2-6.12-14

Dios hace al padre más respetable que a los hijos 
y afirma la autoridad de la madre sobre su prole.
El que honra a su padre expía sus pecados, 
el que respeta a su madre acumula tesoros;
el que honra a su padre se alegrará de sus hijos 
y, cuando rece, será escuchado;
el que respeta a su padre tendrá larga vida, 
al que honra a su madre el Señor lo escucha.
Hijo mío, sé constante en honrar a tu padre, 
no lo abandones mientras vivas;
aunque chochee, ten indulgencia, 
no lo abochornes mientras vivas.
La limosna del padre no se olvidará, 
será tenida en cuenta para pagar tus pecados.

Salmo

Sal 127, 1-2. 3. 4-5 R. Dichosos los que temen al Señor y siguen sus caminos.

Dichoso el que teme al Señor 
y sigue sus caminos. 
Comerás del fruto de tu trabajo, 
serás dichoso, te irá bien. R.

Tu mujer, como parra fecunda, 
en medio de tu casa; 
tus hijos, como renuevos de olivo, 
alrededor de tu mesa. R.

Ésta es la bendición del hombre
que teme al Señor. 
Que el Señor te bendiga desde Sión, 
que veas la prosperidad de Jerusalén 
todos los días de tu vida. R.

Segunda lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 3, 12-21

Hermanos:
Como elegidos de Dios, santos y amados, vestíos de la misericordia entrañable, bondad, humildad, dulzura, comprensión.
Sobrellevaos mutuamente y perdonaos, cuando alguno tenga quejas contra otro.
El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo.
Y por encima de todo esto, el amor, que es el ceñidor de la unidad consumada.
Que la paz de Cristo actúe de árbitro en vuestro corazón; a ella habéis sido convocados, en un solo cuerpo.
Y sed agradecidos. La palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza; enseñaos unos a otros con toda sabiduría; corregíos mutuamente.
Cantad a Dios, dadle gracias de corazón, con salmos, himnos y cánticos inspirados.
Y, todo lo que de palabra o de obra realicéis, sea todo en nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.
Mujeres, vivid bajo la autoridad de vuestros maridos, como conviene en el Señor. Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas.
Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, que eso le gusta al Señor. Padres, no exasperéis a vuestros hijos, no sea que pierdan los ánimos.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 2, 22-40

Cuando llegó el tiempo de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén, para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo primogénito varón será consagrado al Señor», y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones.»
Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él. Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo.
Cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo previsto por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo:
–«Ahora, Señor, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo irse en paz.
Porque mis ojos han visto a tu Salvador,
a quien has presentado ante todos los pueblos:
luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo Israel.»
Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño.
Simeón los bendijo, diciendo a María, su madre:
– «Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma.»
Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana; de jovencita había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Acercándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén.
Y cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret.
El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba.