viernes, 28 de diciembre de 2012

ESQUELA POR LOS NIÑOS ABORTADOS.

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BIENAVENTURADOS LOS QUE TRABAJAN POR LA PAZ.



Mensaje del Papa Benedicto XVI para la 46 Jornada Mundial de la Paz

«La paz no es un sueño, no es una utopía. La paz es posible», pero no de espaldas a Dios, o a la ley natural, escribe Benedicto XVI en el mensaje que leerá en la mañana del 1 de enero, Jornada Mundial de la Paz. El Papa denuncia, como amenazas contra la paz, el terrorismo, las desigualdades, o «la ideología del liberalismo radical», pero advierte también frente a «la dictadura del relativismo moral», o la negación del derecho a la vida de los más débiles, por medio del aborto o la eutanasia. Tampoco es ajena a la causa de la paz la defensa de la familia, pilar básico de la sociedad. «La estructura del matrimonio debe ser reconocida y promovida como la unión de un hombre y una mujer», afirma Benedicto XVI
La bienaventuranza consiste en el cumplimiento
de una promesa dirigida a todos los que se dejan
guiar por las exigencias de la verdad, la justicia y el amor
Cada nuevo año trae consigo la esperanza de un mundo mejor. En esta perspectiva, pido a Dios, Padre de la Humanidad, que nos conceda la concordia y la paz, para que se puedan cumplir las aspiraciones de una vida próspera y feliz para todos.
Trascurridos 50 años del Concilio Vaticano II, que ha contribuido a fortalecer la misión de la Iglesia en el mundo, es alentador constatar que los cristianos, como pueblo de Dios en comunión con Él y caminando con los hombres, se comprometen en la Historia compartiendo las alegrías y esperanzas, las tristezas y angustias, anunciando la salvación de Cristo y promoviendo la paz para todos.
En efecto, este tiempo nuestro, caracterizado por la globalización, con sus aspectos positivos y negativos, así como por sangrientos conflictos aún en curso, y por amenazas de guerra, reclama un compromiso renovado y concertado en la búsqueda del bien común, del desarrollo de todos los hombres y de todo el hombre.
Causan alarma los focos de tensión y contraposición provocados por la creciente desigualdad entre ricos y pobres, por el predominio de una mentalidad egoísta e individualista, que se expresa también en un capitalismo financiero no regulado. Aparte de las diversas formas de terrorismo y delincuencia internacional, representan un peligro para la paz los fundamentalismos y fanatismos que distorsionan la verdadera naturaleza de la religión, llamada a favorecer la comunión y la reconciliación entre los hombres.
Y, sin embargo, las numerosas iniciativas de paz que enriquecen el mundo atestiguan la vocación innata de la Humanidad hacia la paz. El deseo de paz es una aspiración esencial de cada hombre, y coincide en cierto modo con el deseo de una vida humana plena, feliz y lograda. En otras palabras, el deseo de paz se corresponde con un principio moral fundamental, a saber, con el derecho y el deber a un desarrollo integral, social, comunitario, que forma parte del diseño de Dios sobre el hombre. El hombre está hecho para la paz, que es un don de Dios.
Todo esto me ha llevado a inspirarme para este mensaje en las palabras de Jesucristo: «Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios» (Mt 5, 9).
La bienaventuranza evangélica
2. Las Bienaventuranzas proclamadas por Jesús (cf. Mt 5, 3-12; Lc 6, 20-23) son promesas. En la tradición bíblica, en efecto, la bienaventuranza pertenece a un género literario que comporta siempre una buena noticia, es decir, un evangelio que culmina con una promesa. Por tanto, las Bienaventuranzas no son meras recomendaciones morales, cuya observancia prevé que, a su debido tiempo -un tiempo situado normalmente en la otra vida-, se obtenga una recompensa, es decir, una situación de felicidad futura. La bienaventuranza consiste más bien en el cumplimiento de una promesa dirigida a todos los que se dejan guiar por las exigencias de la verdad, la justicia y el amor. Quienes se encomiendan a Dios y a sus promesas son considerados frecuentemente por el mundo como ingenuos o alejados de la realidad. Sin embargo, Jesús les declara que, no sólo en la otra vida, sino ya en ésta, descubrirán que son hijos de Dios, y que, desde siempre y para siempre, Dios es totalmente solidario con ellos. Comprenderán que no están solos, porque Él está a favor de los que se comprometen con la verdad, la justicia y el amor. Jesús, revelación del amor del Padre, no duda en ofrecerse con el sacrificio de sí mismo. Cuando se acoge a Jesucristo, Hombre y Dios, se vive la experiencia gozosa de un don inmenso: compartir la vida misma de Dios, es decir, la vida de la gracia, prenda de una existencia plenamente bienaventurada. En particular, Jesucristo nos da la verdadera paz que nace del encuentro confiado del hombre con Dios.
La bienaventuranza de Jesús dice que la paz es, al mismo tiempo, un don mesiánico y una obra humana. En efecto, la paz presupone un humanismo abierto a la trascendencia. Es fruto del don recíproco, de un enriquecimiento mutuo, gracias al don que brota de Dios, y que permite vivir con los demás y para los demás. La ética de la paz es ética de la comunión y de la participación. Es indispensable, pues, que las diferentes culturas actuales superen antropologías y éticas basadas en presupuestos teórico-prácticos puramente subjetivistas y pragmáticos, en virtud de los cuales las relaciones de convivencia se inspiran en criterios de poder o de beneficio, los medios se convierten en fines y viceversa, la cultura y la educación se centran únicamente en los instrumentos, en la tecnología y la eficiencia. Una condición previa para la paz es el desmantelamiento de la dictadura del relativismo moral y del presupuesto de una moral totalmente autónoma, que cierra las puertas al reconocimiento de la imprescindible ley moral natural inscrita por Dios en la conciencia de cada hombre. La paz es la construcción de la convivencia en términos racionales y morales, apoyándose sobre un fundamento cuya medida no la crea el hombre, sino Dios: «El Señor da fuerza a su pueblo, el Señor bendice a su pueblo con la paz», dice el Salmo 29 (v. 11).
La paz, don de Dios y obra del hombre
La paz es un orden vivificado e integrado por el amor
3. La paz concierne a la persona humana en su integridad e implica la participación de todo el hombre. Se trata de paz con Dios viviendo según su voluntad. Paz interior con uno mismo, y paz exterior con el prójimo y con toda la creación. Comporta principalmente, como escribió el Beato Juan XXIII en la encíclicaPacem in terris, de la que dentro de pocos meses se cumplirá el 50 aniversario, la construcción de una convivencia basada en la verdad, la libertad, el amor y la justicia. La negación de lo que constituye la verdadera naturaleza del ser humano en sus dimensiones constitutivas, en su capacidad intrínseca de conocer la verdad y el bien y, en última instancia, a Dios mismo, pone en peligro la construcción de la paz. Sin la verdad sobre el hombre, inscrita en su corazón por el Creador, se menoscaba la libertad y el amor, la justicia pierde el fundamento de su ejercicio.
Para llegar a ser un auténtico trabajador por la paz, es indispensable cuidar la dimensión trascendente y el diálogo constante con Dios, Padre misericordioso, mediante el cual se implora la redención que su Hijo Unigénito nos ha conquistado. Así podrá el hombre vencer ese germen de oscuridad y de negación de la paz que es el pecado en todas sus formas: el egoísmo y la violencia, la codicia y el deseo de poder y dominación, la intolerancia, el odio y las estructuras injustas.
La realización de la paz depende en gran medida del reconocimiento de que, en Dios, somos una sola familia humana. Como enseña la encíclica Pacem in terris, se estructura mediante relaciones interpersonales e instituciones apoyadas y animadas por un nosotros comunitario, que implica un orden moral interno y externo, en el que se reconocen sinceramente, de acuerdo con la verdad y la justicia, los derechos recíprocos y los deberes mutuos. La paz es un orden vivificado e integrado por el amor, capaz de hacer sentir como propias las necesidades y las exigencias del prójimo, de hacer partícipes a los demás de los propios bienes, y de tender a que sea cada vez más difundida en el mundo la comunión de los valores espirituales. Es un orden llevado a cabo en la libertad, es decir, en el modo que corresponde a la dignidad de las personas, que por su propia naturaleza racional asumen la responsabilidad de sus propias obras.
La paz no es un sueño, no es una utopía: la paz es posible. Nuestros ojos deben ver con mayor profundidad, bajo la superficie de las apariencias y las manifestaciones, para descubrir una realidad positiva que existe en nuestros corazones, porque todo hombre ha sido creado a imagen de Dios y llamado a crecer, contribuyendo a la construcción de un mundo nuevo. En efecto, Dios mismo, mediante la encarnación del Hijo, y la redención que Él llevó a cabo, ha entrado en la Historia, haciendo surgir una nueva creación y una alianza nueva entre Dios y el hombre (cf. Jr 31, 31-34), y dándonos la posibilidad de tener un corazón nuevo y un espíritu nuevo (cf. Ez 36, 26).
Precisamente por eso, la Iglesia está convencida de la urgencia de un nuevo anuncio de Jesucristo, el primer y principal factor del desarrollo integral de los pueblos, y también de la paz. En efecto, Jesús es nuestra paz, nuestra justicia, nuestra reconciliación (cf. Ef 2, 14; 2Co 5, 18). El que trabaja por la paz, según la bienaventuranza de Jesús, es aquel que busca el bien del otro, el bien total del alma y el cuerpo, hoy y mañana.
A partir de esta enseñanza, se puede deducir que toda persona y toda comunidad -religiosa, civil, educativa y cultural- está llamada a trabajar por la paz. La paz es principalmente la realización del bien común de las diversas sociedades, primarias e intermedias, nacionales, internacionales y de alcance mundial. Precisamente por esta razón se puede afirmar que las vías para construir el bien común son también las vías a seguir para obtener la paz.
Los que trabajan por la paz son quienes aman, defienden y promueven la vida en su integridad
4. El camino para la realización del bien común y de la paz pasa, ante todo, por el respeto de la vida humana, considerada en sus múltiples aspectos, desde su concepción, en su desarrollo y hasta su fin natural. Auténticos trabajadores por la paz son, entonces, los que aman, defienden y promueven la vida humana en todas sus dimensiones: personal, comunitaria y transcendente. La vida en plenitud es el culmen de la paz. Quien quiere la paz no puede tolerar atentados y delitos contra la vida.
Quienes no aprecian suficientemente el valor de la vida humana y, en consecuencia, sostienen por ejemplo la liberación del aborto, tal vez no se dan cuenta de que, de este modo, proponen la búsqueda de una paz ilusoria. La huida de las responsabilidades, que envilece a la persona humana, y mucho más la muerte de un ser inerme e inocente, nunca podrán traer felicidad o paz. En efecto, ¿cómo es posible pretender conseguir la paz, el desarrollo integral de los pueblos o la misma salvaguardia del ambiente, sin que sea tutelado el derecho a la vida de los más débiles, empezando por los que aún no han nacido? Cada agresión a la vida, especialmente en su origen, provoca inevitablemente daños irreparables al desarrollo, a la paz, al ambiente. Tampoco es justo codificar de manera subrepticia falsos derechos o libertades, que, basados en una visión reductiva y relativista del ser humano, y mediante el uso hábil de expresiones ambiguas encaminadas a favorecer un pretendido derecho al aborto y a la eutanasia, amenazan el derecho fundamental a la vida.
También la estructura natural del matrimonio debe ser reconocida y promovida como la unión de un hombre y una mujer, frente a los intentos de equipararla desde un punto de vista jurídico con formas radicalmente distintas de unión que, en realidad, dañan y contribuyen a su desestabilización, oscureciendo su carácter particular y su papel insustituible en la sociedad.
Estos principios no son verdades de fe, ni una mera derivación del derecho a la libertad religiosa. Están inscritos en la misma naturaleza humana, se pueden conocer por la razón, y por tanto son comunes a toda la Humanidad. La acción de la Iglesia al promoverlos no tiene un carácter confesional, sino que se dirige a todas las personas, prescindiendo de su afiliación religiosa. Esta acción se hace tanto más necesaria cuanto más se niegan o no se comprenden estos principios, lo que es una ofensa a la verdad de la persona humana, una herida grave inflingida a la justicia y a la paz.
Por tanto, constituye también una importante cooperación a la paz el reconocimiento del derecho al uso del principio de la objeción de conciencia con respecto a leyes y medidas gubernativas que atentan contra la dignidad humana, como el aborto y la eutanasia, por parte de los ordenamientos jurídicos y la administración de la justicia.
Entre los derechos humanos fundamentales, también para la vida pacífica de los pueblos, está el de la libertad religiosa de las personas y las comunidades. En este momento histórico, es cada vez más importante que este derecho sea promovido no sólo desde un punto de vista negativo, como libertad frente -por ejemplo, frente a obligaciones o constricciones de la libertad de elegir la propia religión-, sino también desde un punto de vista positivo, en sus varias articulaciones, como libertad de, por ejemplo, testimoniar la propia religión, anunciar y comunicar su enseñanza, organizar actividades educativas, benéficas o asistenciales que permitan aplicar los preceptos religiosos, ser y actuar como organismos sociales, estructurados según los principios doctrinales y los fines institucionales que les son propios. Lamentablemente, incluso en países con una antigua tradición cristiana, se están multiplicando los episodios de intolerancia religiosa, especialmente en contra del cristianismo, o de quienes simplemente llevan signos de identidad de su religión.
El que trabaja por la paz debe tener presente que, en sectores cada vez mayores de la opinión pública, la ideología del liberalismo radical y de la tecnocracia insinúan la convicción de que el crecimiento económico se ha de conseguir incluso a costa de erosionar la función social del Estado y de las redes de solidaridad de la sociedad civil, así como de los derechos y deberes sociales. Estos derechos y deberes han de ser considerados fundamentales para la plena realización de otros, empezando por los civiles y políticos.
Uno de los derechos y deberes sociales más amenazados actualmente es el derecho al trabajo. Esto se debe a que, cada vez más, el trabajo y el justo reconocimiento del estatuto jurídico de los trabajadores no están adecuadamente valorizados, porque el desarrollo económico se hace depender sobre todo de la absoluta libertad de los mercados. El trabajo es considerado una mera variable dependiente de los mecanismos económicos y financieros. A este propósito, reitero que la dignidad del hombre, así como las razones económicas, sociales y políticas, exigen que «se siga buscando como prioridad el objetivo del acceso al trabajo por parte de todos, o lo mantengan» (encíclica Caritas in veritate, 32). La condición previa para la realización de este ambicioso proyecto es una renovada consideración del trabajo, basada en los principios éticos y valores espirituales, que robustezca la concepción del mismo como bien fundamental para la persona, la familia y la sociedad. A este bien corresponde un deber y un derecho que exigen nuevas y valientes políticas de trabajo para todos.
Construir el bien de la paz mediante un nuevo modelo de desarrollo y de economía
Es una importante cooperación
a la paz el reconocimiento
del derecho a la objeción
de conciencia con respecto
a leyes en contra de la dignidad
humana, como el aborto
5. Actualmente, son muchos los que reconocen que es necesario un nuevo modelo de desarrollo, así como una nueva visión de la economía. Tanto el desarrollo integral, solidario y sostenible, como el bien común, exigen una correcta escala de valores y bienes, que se pueden estructurar teniendo a Dios como referencia última. No basta con disposiciones de muchos medios y una amplia gama de opciones, aunque sean de apreciar. Tanto los múltiples bienes necesarios para el desarrollo, como las opciones posibles, deben ser usados según la perspectiva de una vida buena, de una conducta recta que reconozca el primado de la dimensión espiritual y la llamada a la consecución del bien común. De otro modo, pierden su justa valencia, acabando por ensalzar nuevos ídolos.
Para salir de la actual crisis financiera y económica -que tiene como efecto un aumento de las desigualdades- se necesitan personas, grupos e instituciones que promuevan la vida, favoreciendo la creatividad humana para aprovechar incluso la crisis como una ocasión de discernimiento y un nuevo modelo económico. El que ha prevalecido en los últimos decenios postulaba la maximización del provecho y del consumo, en una óptica individualista y egoísta, dirigida a valorar a las personas sólo por su capacidad de responder a las exigencias de la competitividad. Desde otra perspectiva, sin embargo, el éxito auténtico y duradero se obtiene con el don de uno mismo, de las propias capacidades intelectuales, de la propia iniciativa, puesto que un desarrollo económico sostenible, es decir, auténticamente humano, necesita del principio de gratuidad como manifestación de fraternidad y de la lógica del don. En concreto, dentro de la actividad económica, el que trabaja por la paz se configura como aquel que instaura con sus colaboradores y compañeros, con los clientes y los usuarios, relaciones de lealtad y de reciprocidad. Realiza la actividad económica por el bien común, vive su esfuerzo como algo que va más allá de su propio interés, para beneficio de las generaciones presentes y futuras. Se encuentra así trabajando no sólo para sí mismo, sino también para dar a los demás un futuro y un trabajo digno.
En el ámbito económico, se necesitan, especialmente por parte de los Estados, políticas de desarrollo industrial y agrícola que se preocupen del progreso social y la universalización de un Estado de Derecho y democrático. Es fundamental e imprescindible, además, la estructuración ética de los mercados monetarios, financieros y comerciales; éstos han de ser estabilizados y mejor coordinados y controlados, de modo que no se cause daño a los más pobres. La solicitud de los muchos que trabajan por la paz se debe dirigir, además -con una mayor resolución respecto a lo que se ha hecho hasta ahora-, a atender la crisis alimentaria, mucho más grave que la financiera. La seguridad de los aprovisionamientos de alimentos ha vuelto a ser un tema central en la agenda política internacional, a causa de crisis relacionadas, entre otras cosas, con las oscilaciones repentinas de los precios de las materias primas agrícolas, los comportamientos irresponsables por parte de algunos agentes económicos y con un insuficiente control por parte de los Gobiernos y la comunidad internacional. Para hacer frente a esta crisis, los que trabajan por la paz están llamados a actuar juntos con espíritu de solidaridad, desde el ámbito local al internacional, con el objetivo de poner a los agricultores, en particular en las pequeñas realidades rurales, en condiciones de poder desarrollar su actividad de modo digno y sostenible desde un punto de vista social, ambiental y económico.
La educación a una cultura de la paz: el papel de la familia y de las instituciones
6. Deseo reiterar con fuerza que todos los que trabajan por la paz están llamados a cultivar la pasión por el bien común de la familia y la justicia social, así como el compromiso por una educación social idónea.
Ninguno puede ignorar o minimizar el papel decisivo de la familia, célula base de la sociedad desde el punto de vista demográfico, ético, pedagógico, económico y político. Ésta tiene como vocación natural promover la vida: acompaña a las personas en su crecimiento y las anima a potenciarse mutuamente mediante el cuidado recíproco. En concreto, la familia cristiana lleva consigo el germen del proyecto de educación de las personas según la medida del amor divino. La familia es uno de los sujetos sociales indispensables en la realización de una cultura de la paz. Es necesario tutelar el derecho de los padres y su papel primario en la educación de los hijos, en primer lugar en el ámbito moral y religioso. En la familia nacen y crecen los que trabajan por la paz, los futuros promotores de una cultura de la vida y del amor.
En esta inmensa tarea de educación a la paz están implicadas, en particular, las comunidades religiosas. La Iglesia se siente partícipe en esta gran responsabilidad a través de la nueva evangelización, que tiene como pilares la conversión a la verdad y al amor de Cristo y, consecuentemente, un nuevo nacimiento espiritual y moral de las personas y las sociedades. El encuentro con Jesucristo plasma a los que trabajan por la paz, comprometiéndolos en la comunión y la superación de la injusticia.
Las instituciones culturales, escolares y universitarias desempeñan una misión especial en relación con la paz. A ellas se les pide una contribución significativa no sólo en la formación de nuevas generaciones de líderes, sino también en la renovación de las instituciones públicas, nacionales e internacionales. También pueden contribuir a una reflexión científica que asiente las actividades económicas y financieras en un sólido fundamento antropológico y ético. El mundo actual, particularmente el político, necesita del soporte de un pensamiento nuevo, de una nueva síntesis cultural, para superar tecnicismos y armonizar las múltiples tendencias políticas con vistas al bien común. Éste, considerado como un conjunto de relaciones interpersonales e institucionales positivas al servicio del crecimiento integral de los individuos y los grupos, es la base de cualquier educación a la auténtica paz.
Una pedagogía del que trabaja por la paz
La solicitud de los que trabajan por la paz se debe
dirigir a atender la crisis alimentaria, mucho más
grave que la financiera
7. Como conclusión, aparece la necesidad de proponer y promover una pedagogía de la paz. Ésta pide una rica vida interior, claros y válidos referentes morales, actitudes y estilos de vida apropiados. En efecto, las iniciativas por la paz contribuyen al bien común y crean interés por la paz y educan para ella. Pensamientos, palabras y gestos de paz crean una mentalidad y una cultura de la paz, una atmósfera de respeto, honestidad y cordialidad. Es necesario enseñar a los hombres a amarse y educarse a la paz, y a vivir con benevolencia, más que con simple tolerancia. Es fundamental que se cree el convencimiento de que «hay que decir no a la venganza, hay que reconocer las propias culpas, aceptar las disculpas sin exigirlas y, en fin, perdonar» (Discurso en El Líbano, 15-IX-2012),de modo que los errores y las ofensas puedan ser en verdad reconocidos para avanzar juntos hacia la reconciliación. Esto supone la difusión de una pedagogía del perdón. El mal, en efecto, se vence con el bien, y la justicia se busca imitando a Dios Padre que ama a todos sus hijos (cf. Mt 5, 21-48). Es un trabajo lento, porque supone una evolución espiritual, una educación a los más altos valores, una visión nueva de la historia humana. Es necesario renunciar a la falsa paz que prometen los ídolos de este mundo y a los peligros que la acompañan; a esta falsa paz que hace las conciencias cada vez más insensibles, que lleva a encerrarse en uno mismo, a una existencia atrofiada, vivida en la indiferencia. Por el contrario, la pedagogía de la paz implica acción, compasión, solidaridad, valentía y perseverancia.
Jesús encarna el conjunto de estas actitudes en su existencia, hasta el don total de sí mismo, hasta perder la vida(cf. Mt 10, 39; Lc 17, 33; Jn 12, 35). Promete a sus discípulos que, antes o después, harán el extraordinario descubrimiento del que hemos hablado al inicio, es decir, que en el mundo está Dios, el Dios de Jesús, completamente solidario con los hombres. En este contexto, quisiera recordar la oración con la que se pide a Dios que nos haga instrumentos de su paz, para llevar su amor donde hubiese odio, su perdón donde hubiese ofensa, la verdadera fe donde hubiese duda. Por nuestra parte, junto al Beato Juan XXIII, pidamos a Dios que ilumine también con su luz la mente de los que gobiernan las naciones, para que, al mismo tiempo que se esfuerzan por el justo bienestar de sus ciudadanos, aseguren y defiendan el don hermosísimo de la paz; que encienda las voluntades de todos los hombres para echar por tierra las barreras que dividen a los unos de los otros, para estrechar los vínculos de la mutua caridad, para fomentar la recíproca comprensión, para perdonar, en fin, a cuantos nos hayan injuriado. De esta manera, bajo su auspicio y amparo, todos los pueblos se abracen como hermanos y florezca y reine siempre entre ellos la tan anhelada paz.
Con esta invocación, pido que todos sean verdaderos trabajadores y constructores de paz, de modo que la ciudad del hombre crezca en fraterna concordia, en prosperidad y paz.
Vaticano, 8 de diciembre de 2012
Benedicto, PP. XVI

"DONDE NO HAY FE, SE DESTRUYE LA FAMILIA".


El cardenal arzobispo de Madrid presenta la Fiesta de la Sagrada Familia 2012

«En el Día de la Familia, hay un testimonio claro de toda la Iglesia; esto tiene un fuerte impacto evangelizador, y por lo tanto público», y «por eso es bueno que se mantenga así». Son palabras del cardenal arzobispo de Madrid, en vísperas de la Fiesta de la Sagrada Familia, que llega a su sexta edición. En un momento en que se cuestionan «aspectos fundamentales de la verdad de la familia y del matrimonio», el cardenal Rouco Varela ve especialmente oportuna esta iniciativa. La Iglesia es consciente de que, sin familia cristiana, no hay transmisión de la fe. Desde esa perspectiva, la Fiesta de la Sagrada Familia es también una ocasión para que las familias cristianas se sientan apoyadas en la comunión de la Iglesia «y vivan un momento de renovación de sus energías humanas y espirituales»
El cardenal Antonio María Rouco, arzobispo de Madrid,
en el Día de la Sagrada Familia del pasado año 2011
¿Cómo afronta la celebración de esta sexta Fiesta de las Familias?
Estamos preparando la Misa de la Sagrada Familia con mucho cariño, con un entusiasmo que a veces evoca los preparativos de la JMJ. Hay un número importante de personas volcadas en la preparación, con un gran entusiasmo apostólico. También están involucradas diversas realidades de Iglesia.
Este año también, quizá, una novedad grande es el compromiso de las parroquias, a través del programa de la Misión Madrid. LaFiesta de las Familias de este año se concibe como un momento importante de la Misión Madrid y también de la programación de la Conferencia Episcopal Española para el Año de la fe, y como respuesta a la llamada del Papa a la nueva evangelización. Desde ese punto de vista, la Fiesta de las Familias quiere ser un instrumento para la propagación de la fe y, en concreto, de lo que significan, en la visión de la fe, el hombre y la familia.
Como otra importante novedad, con el buen recuerdo de la experiencia de la JMJ, hemos previsto dos días de preparación inmediata, en el mismo lugar donde se va a celebrar la Misa de la Sagrada Familia. La cúpula geodésica en los Jardines del Descubrimiento [en la Plaza de Colón] se va a convertir en un lugar de oración, de adoración, de confesiones... El Santísimo va a estar expuesto día y noche, y se van a hacer turnos de oración durante 40 horas.
¿Qué tiene que ver la familia con el Año de la fe?
La familia, en primer lugar, tiene la responsabilidad de transmitir la fe. Si no hay familia cristiana, es muy difícil trasmitir la fe a las nuevas generaciones; en realidad, podríamos decir que es imposible hacerlo, de una forma que impregne el tejido social. Ese papel misionero de la familia, como transmisora de la fe, vamos a resaltarlo mucho este año. Lo hizo Benedicto XVI en el Encuentro Mundial de las Familias, de Valencia, y tenemos que recuperar todo lo que el Papa nos dijo en aquel Encuentro Mundial, que además estuvo centrado en la relación entre familia y fe.
Hay que volver a ver a la familia desde la verdad natural que ella encierra, pero también en la plenitud de significado que se descubre desde la visión de la fe, que al final es necesaria para vivir esa plenitud de la familia. El No a la fe incluye el No a la familia. De hecho, ése es uno de los campos donde la crisis de fe se ha hecho hoy más patente. Por un lado, las familias rotas y destruidas es casi imposible que puedan transmitir la fe. Y por otro, en ambientes descreídos, la familia ha quedado en una situación de destrucción, casi de demolición. En el reciente Sínodo de los Obispos, se hizo patente una conciencia muy extendida, entre los obispos de todo el mundo, de que la crisis del secularismo tiene, como uno de sus aspectos principales, la crisis de la familia.
En la madrileña plaza de Colón, se escucha
el mensaje del Papa, desde el Vaticano,
en una anterior Fiesta de la Sagrada Familia
¿Está en crisis la familia, o es la única institución que no está en crisis, en una sociedad en crisis?
Hay muchas familias que no están en crisis. Normalmente, cuando se vive cristianamente la vida, el matrimonio y la familia, habrá dificultades y problemas, pero no de naturaleza moral, antropológica o espiritual. Por eso, la familia cristiana no está en crisis. Es verdad que hay muchos cristianos que sí están en crisis, a la hora de concebir el matrimonio y la familia; y que la institución familiar está crisis desde el punto de vista de la cultura corriente y desde el punto de vista del ordenamiento jurídico. Se la discute, se la cuestiona, en la teoría, en la legislación y en la cultura, y eso tiene consecuencias en la vida de las personas y en las familias, por ejemplo, en la epidemia de rupturas matrimoniales.
Por otro lado, si no hubiera familia, la crisis estallaría por todas partes...
Eso se ve claramente ahora. En España hay muchas familias que funcionan, y son las que acogen al miembro de la familia que está en situación de pérdida de trabajo, u otros tipos de problemas. Sin ellas, esto estallaría por todas partes.
¿Qué mensaje lanza este próximo Encuentro de las Familias a todas esas familias que se han roto?
Es toda una llamada de atención para los que tienen problemas, porque muchas personas y muchas familias que viven situaciones dramáticas, en el fondo, tienen una especie de añoranza, por no decir de nostalgia de otra cosa.
Monseñor Reig Pla (obispo de Alcalá de Henares y Presidente de la Subcomisión de Familia y Vida), al presentar la Fiesta de las Familias de este año, recordó que España tiene una de las tasas de natalidad más bajas de Europa, pero una de las mayores de familias numerosas...
Es lo que está ocurriendo en toda Europa. Salvo casos muy especiales, familias numerosas son hoy las de los católicos, los católicos practicantes.
La familia, jurídica y políticamente, no está atendida como es debido, pero, en la Iglesia, ¿está suficientemente atendida?
Yo creo que sí. La doctrina es clara. Más aún, yo creo que cada vez es mayor la conciencia de la necesidad de prestar atención pastoral a la familia, a través de la educación en la fe, de la ayuda humana y espiritual a las familias... También hay conciencia de que la parroquia tiene que constituirse como una comunidad de familias, y de la necesidad de un apostolado con respecto a las familias que están alejadas. Todo eso está muy vivo en España y en Madrid. Desde ese punto de vista, el camino hecho estos últimos años ha sido trabajoso, pero ha sido un camino positivo. La Misa de las Familias es un buen indicio de ello.
El cardenal Rouco bendice a los niños,
en una anterior Fiesta de las Familias
La Fiesta de las Familias es uno de los grandes actos contemplados en el programa de la Misión Madrid, pero también sigue siendo una referencia en España y en Europa, a pesar de la dificultad de una movilización como ésta, sostenida a lo largo de 6 años consecutivos. ¿A qué atribuye el éxito de esta iniciativa?
El Día de la Familia es un testimonio claro de toda la Iglesia, en el modo de celebrar la Eucaristía en la fiesta de la Sagrada Familia. Esto tiene un fuerte impacto evangelizador, y por lo tanto público. Por eso es bueno que se mantenga así. Si volviésemos a las fórmulas solamente diocesanas de celebrar el Día de la Sagrada Familia, la fiesta pasaría, desde el punto de vista mediático, muy desapercibida.
Hay conciencia en la Iglesia de que la familia es una pieza clave dentro del proceso de evangelización. Hoy se la cuestiona y se le ponen diversas dificultades en el ambiente social que nos rodea, en la cultura, e incluso se llega al cuestionamiento intelectual de aspectos fundamentales de la verdad de la familia y del matrimonio.
Y con respecto a Europa, el contexto es similar. Uno de los efectos, además, de este Encuentro de las Familias es que las familias católicas se encuentren, más allá de sus límites parroquiales, diocesanos. Las familias cristianas se encuentran ese día para dar gracias juntas a Dios por lo que ellas han recibido, para sentirse también apoyadas, y pueden así vivir un momento de renovación de sus energías humanas y espirituales. Por eso lo agradecen, lo agradecen mucho. No vendrá un número excesivo de familias de otros países, porque es invierno, y porque la crisis económica se nota, pero una representación importante sí la va a haber.
Alfa y Omega
El cardenal Rouco, ante la reforma educativa:
«Los padres son los primeros educadores de sus hijos»
Se celebra esta Fiesta de la Sagrada Familia en pleno debate sobre la nueva ley educativa...
Es muy importante en este Día de la Sagrada Familia recordar la responsabilidad, el deber y el derecho, primario e inalienable, y no recortable por ninguna instancia humana, de los padres, con respecto a la educación de sus hijos.
Muchos cuestionan ese derecho, y, por ejemplo, consideran la Religión en la escuela como un privilegio de la Iglesia. ¿Qué se les puede contestar?
Los padres son los primeros educadores de sus hijos. Éste es un derecho que responde a la ley natural, y que reconoce la Constitución española, en su artículo 27, y que se ha concretado a través de los Acuerdos internacionales.
Los responsables primeros de transmitir la fe son los padres. Y por supuesto tienen derecho a ofrecer al niño las primeras posibilidades de abrir su inteligencia y todo su ser a la verdad de Dios. Tienen derecho a elegirlo así libremente. Ese derecho debe respetarse en la escuela eficazmente. Si la escuela es del Estado, entonces se respetará a través de la posibilidad de elegir la clase de Religión y moral católica. Y si no es del Estado, a través de fórmulas de escuela donde, de una forma integrada y plena, esto pueda inspirar todo el proceso educativo. Debe hacerse efectivo el derecho de elegir fórmulas y modos de escuela no del Estado. El Estado no es un educador, aunque se haya arrogado esa función. ¿Por qué no puede haber escuelas que no sean del Estado sin que eso suponga ninguna discriminación del tipo que sea o inconvenientes o desventajas para quienes hacen esta elección? La Constitución española ha abierto ese camino.


CELEBRAR LA NAVIDAD ENTRE BOMBARDEOS.




Una misionera canaria -cuyo nombre se reserva por motivos de protección- ha enviado una carta a la Delegación de Misiones de la diócesis canaria en la que cuenta cómo han vivido el día de Navidad, entre bombardeos, en los Montes Nuba, Sudán, centro de los enfrentamientos entre el ejército de Jartúm y los hombres del Ejército de Liberación del pueblo sudanés
Noticia digital (01-XII-2012)


Los enfrentamientos continuan en los montes Nuba
Este mes de diciembre los enemigos han estado muy activos. El viernes, 21 de diciembre, tuvimos el bombardeo más severo en varios meses: hasta 29 bombas fueron arrojadas. Eran las 8 de la mañana, y ya empezaron a hacer sus vueltas en el aire antes de arrojarlas. Fueron unas horas terribles. El primer avión dio cuatro vueltas, y en cada una, arrojaba bombas. Cuando ese terminó su misión, apareció otro que nos asustó más, porque lanzaba los proyectiles más cerca.
Fue la primera vez que entré a las trincheras, junto con nuestra cocinera. Estuvimos allí cerca de veinte minutos, bajo tierra, hasta que el avión terminó su misión. No hubo heridos, Dios sigue protegiendo a su gente. Pero el trauma nadie nos lo quita... es una sensación de horror el pensar que las bombas pueden caer cerca y romper nuestros cuerpos en mil pedazos. Ya hemos visto muchos casos de gente rota por las bombas.
El lunes hubo otro bombardeo por la tarde, cuando nos preparábamos para asistir a la Misa de Gallo. Pensamos que querían sabotear nuestra celebración, pero no nos dimos por vencidos, y seguimos adelante.
El 25, día de Navidad, todos teníamos miedo: los misioneros, las autoridades locales... porque la celebración de la Navidad atrae a mucha gente. Nos reunimos cerca de 4.000 personas de todas las capillas. Al inicio de la Misa, una de las autoridades locales informó a la comunidad sobre qué había que hacer en caso de bombardeo. El clima era tenso, pero seguimos adelante con la celebración.  A eso de las 14,30 horas paso el avión, pero como había ruido de tambores y cantos, no supimos donde cayeron las bombas.
Al final del día dimos gracias a Dios por dejarnos celebrar la Navidad así, en paz... pero a la medianoche, cuando ya descansábamos, los aviones aparecieron otra vez. Como tengo el sonido registrado muy claro en mi mente, pensé que estaba soñando. Pero no era un sueño: inmediatamente, empezaron a bombardear de nuevo. Me levanté y hablé a las hermanas. Eran las 12:36 horas de la noche, y como estaba oscuro, podíamos ver el resplandor del fuego que las bombas producían al caer.
Esta vez tuvimos un herido, gracias a Dios no muy grave. Pero el terror que esta situación causa es indecible. Ya no podremos ni dormir tranquilos... La gente dice que vino de noche a celebrar la Navidad, porque los últimos bombardeos fueron de día. Por favor, recen por nosotros. Yo siento tener el sonido de los aviones incrustado en la mente. A veces lo escucho en medio del viento, o en medio de los tambores. Mi oído se ha afinado tanto, que esta madrugada me desperté inmediatamente cuando empezaron a acercarse.

LAS COMPAÑERAS DE BELÉN LANGDON LE DEDICAN EL VILLANCICO DE 2012.



Todos los años, el colegio Aldeafuente celebra un concurso de villancicos. Esta año, las alumnas de 2º BAC dedicaron y cantaron su villancico por Belén Langdon, una de las jóvenes fallecidas en la reciente tragedia del Madrid Arena
Noticia digital (01-XII-2012)
Todos los años, antes de que las alumnas se vayan de vacaciones por las fiestas navideñas, se celebran en el colegio Aldeafuente un concurso de villancicos. El acto tiene lugar en el Auditorio de Alcobendas y participan todas las alumnas del colegio, desde primero de primaria hasta segundo de bachillerato.
Este año, entre las alumnas de 2º bachillerato hubo una gran baja, Belén Langdon, que falleció a principios de noviembre a causa de las heridas sufridas en una avalancha acaecida en el Madrid Arena. Casi un mes y medio después del trágico suceso, sus compañeras de clase, el pasado 18 de diciembre, decidieron homenajear a su amiga y dedicarle el villancico del concurso de este año, titulado Viva la blanca paloma. Además quisieron adaptar la letra e introdujeron una estrofa dedicada a Belén: «Este año nos toca partir como un curso unido. Un gran ángel al cielo subió. Cuidalá Dios Mío. Nuestra amiga Belén sonrió y alumbró el camino. Y así todo Aldeafuente llegó a adorar al niño».
Fe desbordante
Las compañeras de Belén vuelven a demostrar una fe desbordante y ofrecen un nuevo testimonio conmovedor de unión, esperanza y fe. Durante todo este tiempo, el entorno de Belén -padres, hermanos, amigos, familiares, compañeras, profesoras, etc- han transmitido un gran ejemplo y han sabido afrontar el dolor con una impresionante visión sobrenatural.
José Calderero
@jcalderero

EL OBISPADO DE VIC DESAUTORIZA QUE SE EXHIBA LA BANDERA INDEPENDENTISTA EN EL MONASTERIO DE SANTA MARÍA DE RIPOLL.

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SOLO LA OFICIAL REPRESENTA A TODOS LOS CATALANES


El obispado de Vic ha desautorizado que se cuelgue la estelada al campanario del monasterio de Santa María de Ripoll, después de que la Asamblea Nacional Catalana (ANC) presentara a la institución eclesiástica 2.000 firmas en apoyo a la iniciativa. Según explica en su blog ANC del Ripollès , el vicario general del obispado de Vic, David Compte, alegó en una reunión este jueves con once miembros de Ripollès por la Independencia que «las firmas a la Iglesia no sirven para a nada»
28/12/12 2:51 PM | Imprimir | Enviar
(Ara.cat/InfoCatólica) El vicario de la diócesis aseguró que «da igual si se presentan 2.000 como 10.000 », ya que« la Iglesia no funciona así». El obispado considera que «la bandera oficial representa a todos los catalanes» y que la estelada puede excluir a algún colectivo.
Ripollès por la Independencia ya ha avanzado que, pese a la negativa del obispado, «estudiará otros caminos, dentro de la legalidad» para conseguir que la estelada ondee al campanario.

EL PAPA PIDE A LOS FIELES QUE RECEN EN ENERO POR LAS COMUNIDADES CRISTIANAS DE MEDIO ORIENTE.

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TAMBIÉN PARA QUE LOS CRISTIANOS TESTIMONIEN LA FE CON ALEGRÍA


La intención general del apostolado de la oración del Papa para el mes de enero 2013 es: «Para que en este »Año de la Fe« los cristianos puedan profundizar en el conocimiento del misterio de Cristo y testimoniar con alegría el don de la fe en Él». Su intención misionera es: «Para que las comunidades cristianas de Medio Oriente, con frecuencia discriminadas, reciban del Espíritu Santo la fuerza de la fidelidad y la perseverancia».
28/12/12 2:25 PM | Imprimir | Enviar
(InfoCatólica) En este mes de diciembre, el Papa pidió a los fieles que rezaran «para que los migrantes sean acogidos en todo el mundo con generosidad y amor auténtico,especialmente por las comunidades cristianas» y «ara que Cristo se revele a toda la humanidad con la luz que emana de Belén y se refleja en el rostro de la Iglesia».
General.  Los migrantes.
Para que los migrantes sean acogidos en todo el mundo con generosidad y amor auténtico,
especialmente por las comunidades cristianas.  
Misionera.  Cristo, luz para la humanidad.
Para que Cristo se revele a toda la humanidad con la luz que emana de Belén y se refleja en el
rostro de la Iglesia.Para que los migrantes sean acogidos en todo el mundo con generosidad y amor auténtico,