lunes, 2 de diciembre de 2019

INSPIRADOS EN EL LIBRO "CAMINO"

INSPIRADOS EN EL LIBRO "CAMINO"

INSPIRADOS EN EL LIBRO "CAMINO"

AL MENOS 14 MUERTOS EN UN ATAQUE TERRORISTA CONTRA UNA IGLESIA EN BURKINA FASO



Un grupo de atacantes todavía sin identificar atentó contra una celebración protestante en la región de Est. Ayuda a la Iglesia Necesitada y otras instituciones cristianas han denunciado una estrategia de grupos terroristas yihadistas para expulsar a los cristianos de sus aldeas en el norte del país
Al menos 14 personas han muerto este domingo en un ataque contra una ceremonia religiosa cristiana en el este de Burkina Faso, según ha informado una fuente del aparato de seguridad del país africano en declaraciones a Reuters bajo condición de anonimato.
Por el momento se desconoce la identidad de los atacantes que han asaltado la iglesia protestante de Futuri en el momento del servicio religioso, pero en el país operan grupos yihadistas, particularmente en el norte de Burkina Faso.
Futuri se encuentra en la región de Est, una zona con presencia de bandidaje y con ataques frecuentes de grupos yihadistas afines a Al Qaeda y Estado Islámico. El pasado 6 de noviembre murieron 39 personas en un ataque de individuos armados contra un convoy de autobuses con mineros.
El momento elegido para el ataque, durante la celebración del domingo, es similar al de otros incidentes ocurridos este año en Burkina Faso, un país que hasta hace poco presumía de su tolerancia religiosa.
Nuevo objetivo del islamismo
En los últimos años la situación ha dado un vuelco, con el asesinato de dos salesianos y los atentados que en mayo acabaron con la vida de 15 personas.
La situación ha sido denunciada por distintas entidades cristianas. En agosto, el presidente de la Conferencia Episcopal compartida por este país y Níger, monseñor Laurent Birfuoré Dabiré, obispo de Dori, denunció que «la inseguridad continua creciendo y nos a obligado a reducir nuestra actividad pastoral».
En octubre, la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN por sus siglas en inglés) afirmó que, según fuentes del país, la población del norte de Burkina Faso estaba siendo expulsada de sus aldeas por extremistas musulmanes bajo amenaza de muerte. «Los yihadistas están sembrando el terror deliberadamente, asesinado a miembros de las comunidades cristianas y forzando a los cristianos restantes a huir después de notificarles que volverán en tres días y que no quieren encontrar en las aldeas cristianos ni catecúmenos», afirmaban dichas fuentes, que afirmaban también que algunas aldeas habían tenido que acoger hasta a 7.000 desplazados.
Oleada de secuestros
Los últimos en dar la voz de alarma ha sido el Consejo Mundial de las Iglesias y la entidad protestante Act Alliance. En un comunicado conjunto publicado en noviembre, afirmaban que los radicales «al principio ponían en el punto de mira al Ejército y las instituciones estatales, pero después han asumido un carácter cada vez más religioso y sectario». En estos atentados «han provocado la muerte de cientos de personas, una oleada de secuestros y el cierre de numerosas iglesias y escuelas».
En Burkina Faso operan Ansarul Islam, un grupo terrorista autóctono, así como el Grupo de Apoyo al Islam y los Musulmanes (JNIM), filial de Al Qaeda en Malí, y en menor medida Estado Islámico en el Gran Sáhara (ISGS).
Además, se ha intensificado la violencia intercomunitaria, que enfrenta principalmente a pastores con agricultores y que ha provocado el desplazamiento de miles de personas.
Agencias/Alfa y Omega

10 CONSEJOS PARA QUE LOS COROS CANTEN BIEN EN MISA





Foto referencial Pixabay (dominio público)
El director del coro de la Diócesis de Roma, Mons. Marco Frisina, ofreció diez consejos para que los coros cumplan bien su misión y no cometan errores en Misa.
El sacerdote y autor libro “Mio canto é il Signore” (Mi canto es el Señor) hizo estas recomendaciones en diálogo con el diario Avvenire de los obispos italianos, en el marco del tercer encuentro internacional de coros, realizado del 23 al 25 de noviembre de 2018 en Roma.
1. El coro acompaña, no es protagonista
El presbítero recuerda que si bien el coro es una realidad muy presente en las parroquias, “puede caer en algunas tentaciones que ofuscan su eficacia”, ya que su principal misión es “acompañar”.
“El coro no es un elemento extraño a la asamblea sino que hace parte del pueblo de Dios que vive la celebración. Su tarea es acompañar a la comunidad en la alabanza a Dios a través del canto”.
Teniendo esto en cuenta, dijo Mons. Frisina, el coro debe “de estar acompañado por la misma comunidad porque está a su servicio y no puede ser autorreferencial”.
2. La Misa no es un concierto
El canto litúrgico “no es una exhibición”, precisa el sacerdote. Por ello, en la Misa “debe evitarse el ‘efecto concierto’ porque la liturgia no es un espectáculo sino verdad”.
“Si el coro está llamado a dar lo mejor de sí, todo debe suceder de acuerdo a un espíritu de servicio”, precisó.
3. Escoger bien los cantos
Los cantos, explicó, deben escogerse de manera adecuada para que estén en relación al tiempo litúrgico: “Un canto de Cuaresma es distinto a uno pascual y los de Adviento no son equiparables a los de Navidad”, dijo.
“El Misal y la Liturgia de las Horas indican qué contenido debe haber en los cantos o qué cosas deben inspirar. El asunto de la elección adecuada es esencial porque el canto debe mover a la oración dentro de la Misa”, resaltó.
4. Cantos que no sean complicados y que tengan referencias espirituales
Mons. Frisina alienta a preferir “melodías no muy complejas ni complicadas sino fáciles de aprender para la asamblea”.
De preferencia que “sean cantos con un texto de calidad, posiblemente nutrido de la Biblia o con referencias a los escritos de los padres de la Iglesia o las oraciones de los santos”, agregó.
5. Que los cantos gregorianos tengan su espacio
El sacerdote también señaló que se puede recurrir al patrimonio musical de la historia de la Iglesia, en particular al canto gregoriano que “puede ser indudablemente utilizado cuando la comunidad aliente su uso ya que no es siempre fácil”.
Ciertamente, precisó el director del coro de la Diócesis de Roma, el canto gregoriano “es el modelo que nos muestra cómo debe ser un canto litúrgico a parte de la relación con la Palabra”.
6. ¿Con o sin guitarra?
Para el presbítero, la guitarra es “un instrumento ligero y delicado que difícilmente logra insertarse en una celebración numerosa donde está un presente un coro grande. En estos casos se necesita un sostén armónico más sólido, es decir, el órgano”.
Sin embargo, “en una pequeña comunidad donde no hay órgano, la guitarra puede ser un sucedáneo pero por la necesidad”. Si se usa, “no debe tocarse como se hace en la música pop”, precisó.
7. No a las grabaciones o pistas
El sacerdote también refirió que, cuando en una iglesia no haya coro o cuando la asamblea sea difícil cantar, es mejor permanecer en silencio que poner alguna pista o grabación.
“El canto grabado es falso porque proviene del plástico como las flores artificiales. El canto litúrgico es expresión de un pueblo verdadero y por lo tanto no puede ser construido”, dijo el presbítero.
8. No usar cantos que no sean litúrgicos, especialmente en matrimonios
Mons. Frisina indicó también que no se debe usar cantos que no sean litúrgicos como aquellos de películas conocidas, especialmente en los matrimonios.
Cuando eso sucede, lamentó, “es fruto de la ignorancia y de la superficialidad de los esposos que no tienen claro el sentido litúrgico del sacramento que celebran”.
9. Prepararse bien
Toda celebración, exige del coro “siempre una adecuada preparación incluso si los cantos son conocidos y ya se han entonado en ocasiones anteriores”.
10. Enseñar a cantar
“La música sacra abre al misterio, toca el corazón, acerca a los alejados, no necesita traducciones. Une y eleve, de allí su poder extraordinario. Por eso tenemos que aprender y enseñar a cantar porque hoy se canta poco en nuestras iglesias y las asambleas no están acostumbradas a expresarse con el canto”, concluyó el sacerdote.

NO SOY DIGNO




Si se entiende bien, ante este tipo de dificultades para responder a la vocación diría que se puede pasar por alto la incompetencia, pero no la pusilanimidad: alma encogida, insuficiencia moral, desmoralización. Me explicaré -espero- de modo que se compre


Por: Juan Manuel Roca | Fuente: Fluvium.com



Si se entiende bien, ante este tipo de dificultades para responder a la vocación diría que se puede pasar por alto la incompetencia, pero no la pusilanimidad: alma encogida, insuficiencia moral, desmoralización. Me explicaré -espero- de modo que se comprenda, trayendo a nuestra consideración un conocido pasaje del Evangelio.

San Lucas relata que Jesús se subió un día a la barca de Pedro para predicar desde allí a la multitud y, al terminar, pidió a Pedro que llevara la barca mar adentro (es el Duc in altum!, ¡mar adentro!, que nos ha repetido Juan Pablo II como consigna para el tercer Milenio cristiano) y echara las redes para pescar. Pedro le respondió que habían estado toda la noche bregando y no habían pescado nada, pero añadió: "sin embargo porque tú lo dices echaré la red". Así lo hizo y quedó atónito, impresionado, al ver que casi no podían sacar la red del agua de tantos peces como habían cogido. Entonces se echó de rodillas a los pies de Jesús, con la cabeza inclinada hasta el suelo, y le dijo: "apártate de mí, Señor, que soy un hombre pecador" (Lc 5, 1-11).

Al ver el prodigio que había hecho Jesús contando con su obediencia, Pedro se asustó, porque se consideraba indigno de servir de instrumento a tales milagros. Pero Jesús le dijo: "no temas. Desde ahora serán hombres lo que tendrás que pescar". No sólo no considera que la indignidad de Pedro sea un obstáculo, sino que se apoya en su humildad para hacerle capaz de atraer a Dios a una muchedumbre incontable de hombres y mujeres, como sucedió ya durante su vida.

Por supuesto que somos indignos de que Dios nos elija para servirse de nosotros como instrumentos: sería grotesco que no nos diéramos cuenta. Pero ya hemos dicho que Dios no nos llama por nuestros méritos (Pedro, con toda su experiencia y su dominio del oficio, había estado toda la noche faenando en vano), sino porque quiere; por eso basta que reconozcamos nuestra indignidad y le hagamos caso, fiándonos de Él, para dar con nuestra vida obediente un fruto maravilloso.

Me parece muy lúcida esta manera de explicar cómo la indignidad y la humildad de los santos hacen que Dios se luzca en los frutos: "Un santo es un avaricioso que va llenándose de Dios, a fuerza de vaciarse de sí. Un santo es un pobre que hace su fortuna desvalijando las arcas de Dios. Un santo es un débil que se amuralla en Dios y en Él construye su fortaleza. Un santo es un imbécil del mundo -stulta mundi- que se ilustra y se doctora con la sabiduría de Dios. Un santo es un rebelde que a sí mismo se amarra con las cadenas de la libertad de Dios. Un santo es un miserable que lava su inmundicia en la misericordia de Dios. Un santo es un paria de la tierra que planta en Dios su casa, su ciudad y su patria. Un santo es un cobarde que se hace gallardo y valiente, escudado en el poder de Dios. Un santo es un pusilánime que se dilata y se acrece con la magnificencia de Dios. Un santo es un ambicioso de tal envergadura que sólo se satisface poseyendo cada vez más y más ración de Dios... Un santo es un hombre que todo lo toma de Dios: un ladrón que le roba a Dios hasta el Amor con que poder amarle. Y Dios se deja saquear por sus santos. Ése es el gozo de Dios. Y ése, el secreto negocio de los santos" (P. Urbano, El hombre de Villa Tevere).

Ya se ve que lo decisivo aquí es el amor impresionante de Dios por el hombre, que nos da motivos para esperarlo todo de Él. El quid de la santidad es una cuestión de fe, de confianza: lo que el hombre esté dispuesto a dejar que Dios haga en él. No es tanto el "yo hago", "yo lo haré", como el "hágase en mí" de aquella muchacha desconocida de Nazaret a la que Dios comunicó que la había elegido para ser Madre de su Hijo.

Las realidades grandes empiezan con humildad: "No te elegí porque seas grande, por el contrario eres el más pequeño de los pueblos; te he elegido porque te amo" dice el Señor al Pueblo de Israel en el Antiguo Testamento. Ciertamente, Dios no nos elige por nuestra grandeza; al contrario, la grandeza de Dios entra en nuestra vida cuando nos abrimos humildemente a sus planes amorosos, como nos enseña la Virgen María, que después de haber concebido en su seno purísimo al Hijo de Dios, canta, llena de humilde alborozo: "Mi alma glorifica al Señor, y mi espíritu se llena de gozo en Dios, mi Salvador, porque ha mirado la pequeñez de su esclava. Desde ahora me llamarán bendita todas las generaciones, porque el Todopoderoso ha hecho obras grandes en mí" (Lc 1, 46-49).

EVANGELIO DEL DÍA Y MEDITACIÓN

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Primera lectura

Lectura del libro de Isaías 2, 1-5

Visión de Isaías, hijo de Amós, acerca de Judá y de Jerusalén.
En los días futuros estará firme
el monte de la casa del Señor,
en la cumbre de las montañas,
más elevado que las colinas.
Hacia él confluirán todas las naciones,
caminarán pueblos numerosos y dirán:
«Venid, subamos al monte del Señor,
a la casa del Dios de Jacob.
Él nos instruirá en sus caminos
y marcharemos por sus sendas;
porque de Sión saldrá la ley,
la palabra del Señor de Jerusalén».
Juzgará entre las naciones,
será árbitro de pueblos numerosos.
De las espadas forjarán arados,
de las lanzas, podaderas.
No alzará la espada pueblo contra pueblo,
no se adiestrarán para la guerra.
Casa de Jacob, venid;
caminemos a la luz del Señor.

Salmo

Sal 121, 1-2.4-5.6-7.8-9 R/. Vamos alegres a la casa del Señor

¡Qué alegría cuando me dijeron:
«Vamos a la casa del Señor»!
Ya están pisando nuestros pies
tus umbrales, Jerusalén. R/.

Jerusalén está fundada
como ciudad bien compacta.
Allá suben las tribus,
las tribus del Señor. R/.

Según la costumbre de Israel,
a celebrar el nombre del Señor;
en ella están los tribunales de justicia,
en el palacio de David. R/.

Desead la paz a Jerusalén:
«Vivan seguros los que te aman,
haya paz dentro de tus muros,
seguridad en tus palacios». R/.

Por mis hermanos y compañeros,
voy a decir: «La paz contigo».
Por la casa del Señor, nuestro Dios,
te deseo todo bien. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 8, 5-11

En aquel tiempo, al entrar Jesús en Cafarnaún, un centurión se le acercó rogándole:
«Señor, tengo en casa un criado que está en cama paralítico y sufre mucho».
Le contestó:
«Voy yo a curarlo».
Pero el centurión le replicó:
«Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo. Basta que lo digas de palabra, y mi criado quedará sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes; y le digo a uno: "Ve", y va; al otro: "Ven", y viene; a mi criado: "Haz esto", y lo hace».
Al oírlo, Jesús quedó admirado y dijo a los que le seguían:
«En verdad os digo que en Israel no he encontrado en nadie tanta fe. Os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se sentarán con Abrahán, Isaac y Jacob en el reino de los cielos».

Reflexión del Evangelio de hoy

El monte de la casa del Señor está firme

Nos encontramos en los primeros compases del tiempo litúrgico del Adviento. Como nos dicen los Santos Padres, este tiempo nos prepara para la venida del Señor, la triple venida del Señor: celebrar y actualizar la venida en carne mortal de Jesús, prepararnos para la última venida, y disponernos a esas venidas intermedias que suceden cada día.
La primera lectura de hoy es un canto a la esperanza que nos invita a trascender nuestra idea de casa, para que no sea un lugar meramente físico, sino ese espacio interior que nos lleva a poner toda nuestra confianza en los designios del Señor. Y encontrar ese lugar no sólo dentro, sino también en la Iglesia.
La lectura nos invita a esperar contra toda esperanza en este momento actual en que la fe parece debilitarse y la Iglesia pierde significatividad. Subimos, pero a otros montes, buscando saciar nuestra sed, y desaprovechamos la fuente viva que apaga las ansias de venganza, de odio, “de adiestrarnos para la guerra”. Por eso nos grita: ¡Venid! Subamos a la casa del Señor. Allí todo se transformará, tanto en nuestro interior como en el exterior, en esa humanidad herida que busca ansiosamente la paz.
¿Estamos dispuestos a subir a este monte/casa del Señor? ¿Somos capaces de dejar que Él entre en nuestra casa y la transforme? No dejemos de caminar a la luz del Señor, y gritemos con el Salmista: “Señor, instrúyeme en tus caminos, haz que camine con lealtad”.

Señor no soy digno de que entres en mi casa

El adviento es considerado uno de los tiempos fuertes para prepararnos interiormente al encuentro con el Señor. Pero tenemos que ser consientes de que la iniciativa es siempre suya; Él nos encuentra en el camino, en nuestra propia historia, en esos acontecimientos diarios que nos descolocan, nos hieren, nos encierran en nosotros mismos y nos impiden ser libres para entregarnos a Él.
El simbolismo de la casa es fuerte en este Evangelio; el centurión habla de un enfermo que está en su casa paralítico, y él tiene deseo de que sea sanado, lo que nos indica que era muy importante para él. Podemos identificar este criado paralítico con el reconocimiento de sus debilidades y fragilidades, como el hombre que busca sentido a su vida. El Señor está dispuesto a entrar en esa casa, se pone de manifiesto su voluntad salvífica de ir a esa casa, entrar y transformarla por completo.
El centurión se reconoce en su realidad indigente, y a la vez hace una confesión de fe fantástica: ¡Basta que lo digas de palabra! Se fía plenamente del poder de Dios.
¡Qué lejos estamos de la fe de este hombre, esa fe humilde, que no hace vanas preguntas, que hace que la creatura tienda y busque a su Creador! No miremos nuestra vida desde la superficie, sino tengamos el valor de entrar en la casa, descubrir dónde están nuestras parálisis y ponerlas delante del Señor para que las cure.
“Señor, sana mi corazón, que tu Palabra sea la que ilumine mi casa, todos sus rincones, oscuridades y recovecos; dame el don de una fe humilde que pueda confesar que Tú eres el único capaz de sanar plenamente las heridas del mundo y de mi propia casa; una fe obediente a tu Voluntad, para que cuando digas “Haz esto”, lo haga sin vacilar”. Amén.
Monjas Dominicas Contemplativas
Monjas Dominicas Contemplativas
Monasterio Santa María de Gracia-Casa Federal, Córdoba