martes, 1 de enero de 2019

CUIDAR EL ALMA, ¿PROPÓSITO PARA 2019? 4 HABILIDADES FÍSICAS ADAPTADAS PARA EJERCITAR LA VIRTUD




Ejercicio, descanso y dieta sana son las claves para mantenerse en buena forma física y espiritual
Con el inicio del año son muchos los que hacen propósitos para realizar durante los 365 días de 2019 que están por delante. Muchos de ellos tienen que ver con hacer deporte para cuidar el cuerpo, aunque también se puede aplicar para la vida espiritual y la mejora de las virtudes. 
¿Sabías que hacer deporte y llevar una vida sana proporciona una gran oportunidad para mejorar nuestras virtudes? La capacidad de esfuerzo, la constancia y las habilidades que se ejercitan haciendo deporte pueden ser igualmente muy validas llevándolas a la vida espiritual.

Dios da una gran oportunidad de vivir los virtudes a través del cuerpo día a día. Entrenar las cuatro habilidades elementales (fuerza, velocidad, resistencia y flexibilidad), no solo ayuda al bienestar físico, también al espiritual. Estos ejercicios tienen su equivalente en la fe.

La mortificación y la disciplina se pueden vivir de muchas formas, como ayunando, con duchas frías o con oración, por dar algunos ejemplos. Pero la mortificación y la disciplina también pueden afectar al bienestar físico y mental, tomando un papel importante en el cuidado del cuerpo, el "templo del Espíritu Santo", explica OurSundayVisitor en un interesante reportaje.

Miedo al compromiso y al sufrimiento
Entonces, ¿por qué la gente no hace más deporte? ¿Por qué no se mueve más? Lo que ocurre es que teme comprometerse a hacer algo que seguramente sea duro, conlleve mucho tiempo y sufrimiento, y además no parezca tener un final próximo.


Durante este tiempo de Cuaresma, por ejemplo, muchos se plantean sus sacrificios como si fueran propósitos de Año Nuevo. Es verdad que si el chocolate o los cigarrillos te tienen atrapado, ¡hay que deshacerse de ellos! Pero durante la cuaresma (y todo el tiempo) no se puede desaprovechar la oportunidad de integrar el cuerpo y el alma que Dios ha regalado a la humanidad.

Las dos caras de la misma moneda
Cuerpo y alma no deben competir.  Hay católicos que relativizan, por ejemplo, que cenar tarta y helado es bueno porque “lo físico es menos importante que lo espiritual”. Huyen del esfuerzo físico diciendo: “A Dios no le importa mi aspecto”.

Por otro lado, puede haber gente gente que no parece tener tiempo para ir a misa los domingos, pero si que encuentra una hora cada día para hacer ejercicio. Hacen sus tablas de entrenamiento sin saltarse ninguna actividad, pero con todo ello están “demasiado ocupados” para Dios.

La realidad es que ambos grupos hacen lo que los humanos saben hacer mejor: servirse a ellos mismos. En la vida, Dios permite el sufrimiento para purificar el alma, y hay que aceptar el sufrimiento, no huir de él.


Hay cuatro habilidades principales a entrenar, y cada uno de esos entrenamientos da una oportunidad para mortificar el cuerpo y fortalecer el alma. Con un buen entrenamiento, pueden convertirse en superpoderes.

1. Fuerza
Desde el principio, el libro del Génesis cuenta que Dios creó al hombre a su imagen y semejanza, para compartir el acto de creación, para dominar la tierra y subyugarla. Dios no ha dado esa capacidad para no utilizarla. Llevar el cuerpo más allá a base de ejercicio puede incrementar la fuerza y disminuir las lesiones.

Los músculos están activos cada minuto de cada día. Si se hacen más fuertes, la vida “física” será más fácil, más relajada y más entretenida. Cuanto más se desarrollen los músculos, habrá menos posibilidades de sufrir una lesión. Lo mismo ocurre con el alma; cuanto más ejercitamos el carácter, más fácil es no caer en tentaciones. Aunque sigan llegando, no nos controlan.

2. Velocidad
Entrenar la velocidad desarrolla la habilidad para hacer una actividad física intensa en un corto periodo de tiempo. Físicamente, ejercita los pulmones, el corazón y las fibras musculares como ningún otro tipo de entrenamiento.

Correr, por ejemplo, facilita la pérdida de peso, cambia la composición del cuerpo y mejora las funciones cardiovasculares. Aun así, casi nadie lo hace. ¿Por qué? Quizá porque es muy agotador. Se enfrenta directamente con el deseo de comodidad, mínimo esfuerzo y vida fácil. La experiencia muestra que la lucha contra las tentaciones se recrudece cuando la gracia está a la vuelta de la esquina, por lo que no se debe dejar de entrenar la velocidad para evitar caer frente a las tentaciones.

3. Resistencia
En la vida siempre habrá momentos de gran dificultad que debilitarán la fe en Dios y en la humanidad. Entrenando la resistencia muscular y cardiovascular se ejercitan también la paciencia y la voluntad.


4. Flexibilidad
El ser humano posee dos facetas: la que se adecúa a la verdad objetiva y la que se guía por el amor y la compasión. Hay gente que se guía más por la verdad pura, sin tener en cuenta los sentimientos, y otra que se guía solamente por estos. Ambas facetas pueden convivir en equilibrio gracias a la flexibilidad. Además, entrenar esta habilidad ayuda a mejorar las funciones musculares y a prevenir lesiones.

Estas cuatro habilidades (fuerza, velocidad, resistencia y flexibilidad) se ubican dentro de la“trinidad de entrenamiento”, que ayuda a profundizar más en el ámbito espiritual. Esta “trinidad” es la unión de hacer ejercicio, un descanso adecuado, y una alimentación saludable.

        -Ejercicio: que es la mortificación que purifica tanto el cuerpo como el alma.

        -El descanso: tanto alma como cuerpo necesitan descansar si quieren seguir creciendo. Algunos santos dicen que la oración es “descanso en el Señor”. Huelga decir que el descanso sana los músculos y refresca el alma.

        -Alimentación: es creer en la Eucaristía. ¡Eres lo que comes! Eso es lo que creemos los católicos. Una correcta alimentación proporciona los medios para seguir adelante y mantener el “templo del Espíritu” en pie.

Una última cosa de la que vale la pena acordarse es que la “trinidad de entrenamiento”, además de los beneficios de cada una de sus partes, proporciona también un beneficio común que se suele olvidar: cuidando del cuerpo, mostramos respeto por el Dios que nos hizo a su imagen y semejanza y que tanto nos ama.

Artículo adaptado cuyo original se publicó en ReL el 28 de marzo de 2018

EL PAPA ACEPTA LA DIMISIÓN DE SUS PORTAVOCES DE GREG BURKE Y PALOMA GARCÍA OVEJERO





El italiano Alessandro Gisotti, nombrado portavoz interino
El Papa Francisco ha aceptado el lunes la dimisión de su portavoz, el periodista norteamericano Greg Burke, y de la viceportavoz, la periodista española Paloma García Ovejero, quienes han realizado una excelente tarea de mejora de la comunicación vaticana a lo largo de dos años y medio.
En su última comunicación, Greg Burke ha anunciado en un tuit: «Paloma y yo hemos dimitido con fecha uno de enero. En este momento de transición en la comunicación del Vaticano pensamos que es mejor que el Papa sea completamente libre para organizar un nuevo equipo».
A su vez, Paloma García Ovejero ha tuiteado: «Termina una etapa. ¡Gracias, Santo Padre, por estos dos años y medio! Gracias, Greg, por tu confianza, tu paciencia y tu ejemplo».
La transición a que se refiere Burke es el nombramiento de Paolo Ruffini al frente de toda la galaxia de medios y entidades informativas del Vaticano hace unos meses y el de Andrea Tornielli como nuevo director editorial el pasado 18 de febrero. Ese mismo día se anunció también el nombramiento de Andrea Monda como nuevo director de «L’Osservatore Romano».
En su despedida a «Greg y Paloma» —como les conoce todo el mundo por su cercanía y sencillez—, el prefecto del Departamento de Comunicación, Paolo Ruffini, ha elogiado «su profesionalidad, su humanidad y su fe. Les doy las gracias por la dedicación con que han realizado su trabajo».
El máximo responsable de los medios de comunicación del Vaticano ha añadido que «su significativo esfuerzo ha contribuido al camino de reforma que hoy, según ellos mismos, requiere rápidos relevos en el espíritu de servicio a la Iglesia que todos compartimos».
El Papa ha nombrado portavoz interino al periodista italiano, Alessandro Gisotti, que ha trabajado 20 años en Radio Vaticana y coordinaba actualmente las redes sociales en el Departamento de Comunicación.
El nombramiento de Gisotti confirma la línea de incorporar a ese trabajo a periodistas laicos con experiencia, siguiendo el perfil de Burke, veterano corresponsal de la revista «Time» y del canal televisivo «Fox News» y Paloma García Ovejero, corresponsal de la COPE antes de ser llamada por el Papa como primera mujer viceportavoz.
El portavoz interino Gisotti ha comentado su «relación de aprecio y amistad con Greg Burke y Paloma García Ovejero. Me uno al prefecto en el agradecimiento por el trabajo realizado en la dirección de la Oficina de Prensa del Vaticano durante estos dos años y medio».
En medios periodísticos preocupa, en cambio, la pérdida de internacionalidad —durante el tiempo que dure la transición— que han aportado en estos años un norteamericano y una española con gran visión de lo que sucede fuera del Vaticano y de Italia.
El hueco que dejan los dos extraordinarios periodistas y comunicadores no es fácil de cubrir y se produce al comienzo de un año delicado que incluye la primera cumbre antipederastia el próximo mes de febrero y nada menos que cuatro grandes viajes del Papa en los primeros cinco meses del año.
Juan Vicente Boo. Ciudad del Vaticano (ABC)

"LOS VICIOS DE LA POLÍTICA: UNA VERGÜENZA Y UN PELIGRO PARA LA PAZ"




La corrupción. El enriquecimiento ilegal. La tendencia a perpetuarse en el poder. La xenofobia y el racismo. El desprecio por migrantes y refugiados. Son todos vicios de la vida política. Le restan credibilidad a los sistemas democráticos, y a quienes ejercen el poder. Son «la vergüenza de la vida pública» y «ponen en peligro la paz social». Es la advertencia del Papa Francisco, en su mensaje por próxima la Jornada Mundial de la Paz, que se celebrará el próximo 1 de enero. El Vaticano acaba de anticipar su contenido, dedicado a la acción política en un mundo cada vez más polarizado, fragmentado y atemorizado
La buena política está al servicio de la paz es el título de un texto relativamente corto, de unas once páginas, que fue difundido esta semana en ocho idiomas (además del español, en italiano, francés, inglés, alemán, portugués, polaco y árabe). En resumen, se trata de una llamada a recuperar el sentido más alto de la política. Un texto realista, que denuncia las distorsiones de esa actividad, pero no la condena. Al contrario, indica que es responsabilidad de todos.
Pero, como resulta previsible, Jorge Mario Bergoglio dedica un buen espacio a las malas prácticas que socavan el ideal de una democracia auténtica. Porque son una constante tentación: como las «múltiples formas de apropiación indebida de bienes públicos o de aprovechamiento de las personas», «la negación del derecho», «el incumplimiento de las normas comunitarias», «la justificación del poder mediante la fuerza o con el pretexto arbitrario de la razón de Estado», «el rechazo al cuidado de la Tierra» y «la explotación ilimitada de los recursos naturales por un beneficio inmediato».
«Sabemos bien que la búsqueda de poder a cualquier precio lleva al abuso y a la injusticia. La política es un vehículo fundamental para edificar la ciudadanía y la actividad del hombre, pero cuando aquellos que se dedican a ella no la viven como un servicio a la comunidad humana, puede convertirse en un instrumento de opresión, marginación e incluso de destrucción», advierte, sin cortapisas.
Y agrega que, cuando el ejercicio del poder político apunta únicamente a proteger los intereses de ciertos individuos privilegiados, el futuro está en peligro y los jóvenes pueden sentirse tentados por la desconfianza, porque se ven condenados a quedar al margen de la sociedad, sin la posibilidad de participar en un proyecto para el futuro.
La buena política
Por el contrario, el Papa se dice convencido de que la buena política es aquella al servicio de la paz, aquella que respeta y promueve los derechos fundamentales de todos, creando así entre las generaciones presentes y futuras un vínculo de confianza y gratitud. Al mismo tiempo, asegura que esta actividad, llevada a cabo en el respeto fundamental de la vida, la libertad y la dignidad de las personas, puede convertirse en una «forma eminente de la caridad».
Resultan afirmaciones sugestivas, de inmediatas consecuencias prácticas. Sin explicitarlo, Francisco advierte contra una cierta política de tipo sectario, que niega la dignidad a determinados sectores sociales y utiliza el miedo como herramienta de acción cotidiana. Un fenómeno que no afecta solo al equilibrio de las comunidades, también pone en serio riesgo la paz porque propaga la desconfianza como vehículo para cosechar consensos.
De ahí que el Pontífice constate, en su mensaje, que actualmente se vive un clima generalizado de desconfianza que echa sus raíces en el miedo al otro o al extraño, en la ansiedad por perder beneficios personales y, «lamentablemente», se manifiesta también a nivel político, a través de actitudes de cerrazón o nacionalismos que ponen en duda la fraternidad que tanto necesita el mundo globalizado. «Hoy más que nunca, nuestras sociedades necesitan “artesanos de la paz” que puedan ser auténticos mensajeros y testigos de Dios padre que quiere el bien y la felicidad de la familia humana», insiste.
Artesanos que deben ser políticos con cualidades muy específicas. Para indicarlas, el Papa echa mano de las peculiares “bienaventuranzas” que el cardenal vietnamita Francois-Xavier Nguyen Van Thuan les dedicó: Bienaventurado el político que tiene una alta consideración y una profunda conciencia de su papel, aquel «cuya persona refleja credibilidad», el que «trabaja por el bien común y no por su propio interés», quien «permanece fielmente coherente», el que «está comprometido en llevar a cabo un cambio radical», el que «sabe escuchar» y «no tiene miedo».
El miedo no es el camino
Más adelante, el Obispo de Roma rechaza la amenaza y el miedo como elementos capaces de garantizar la paz. Por eso califica al incremento de la intimidación y la proliferación incontrolada de las armas como «contrarios a la moral» y a la búsqueda de una verdadera concordia.
«El terror ejercido sobre las personas más vulnerables contribuye al exilio de poblaciones enteras en busca de una tierra de paz. No son aceptables los discursos políticos que tienden a culpabilizar a los migrantes de todos los males y a privar a los pobres de la esperanza. En cambio, cabe subrayar que la paz se basa en el respeto de cada persona, independientemente de su historia, en el respeto del derecho y del bien común, de la creación que nos ha sido confiada y de la riqueza moral transmitida por las generaciones pasadas», precisa.
La paz –sostiene– es, en realidad, «fruto de un gran proyecto político» que se basa en la responsabilidad recíproca y la interdependencia de los seres humanos, un desafío diario que exige «una conversión del corazón y del alma».
Un proceso de características puntuales. Que requiere, de todos, alcanzar la paz con uno mismo, rechazando la intransigencia, la ira y la impaciencia. «La paz con el otro»: el familiar, el amigo, el extranjero, el pobre y el que sufre; atreviéndose al encuentro y escuchando el mensaje que lleva consigo. Así como «la paz con la creación», una responsabilidad que corresponde a cada uno de los habitantes del mundo, ciudadanos y artífices del futuro.
Andrés Beltramo Álvarez
Ciudad del Vaticano

PAPA FRANCISCO RECUERDA QUE LAS FAMILIAS HUMANAS SE FUNDAMENTAN EN LAS MADRES


El Papa Francisco presidió la Misa en el Vaticano. Foto: Captura de Youtube
Durante la primera Misa presidida por el Papa Francisco este año 2019, celebrada en la Basílica de San Pedro del Vaticano, el Santo Padre recordó la centralidad de las madres en la humanidad y recordó que “la familia humana se fundamenta en las madres”.
En su homilía, el Pontífice advirtió que “un mundo en el que la ternura materna ha sido relegada a un mero sentimiento podrá ser rico de cosas, pero no de futuro”.
Explicó que “un mundo que mira al futuro sin mirada materna es miope. Podrá aumentar los beneficios, pero ya no sabrá ver a los hombres como hijos. Tendrá ganancias, pero no serán para todos. Viviremos en la misma casa, pero no como hermanos”.
“Las madres toman de la mano a los hijos y los introducen en la vida con amor. Pero cuántos hijos hoy van por su propia cuenta, pierden el rumbo, se creen fuertes y se extravían, se creen libres y se vuelven esclavos. Cuántos, olvidando el afecto materno, viven enfadados e indiferentes a todo”.
El Papa insistió en que “necesitamos aprender de las madres que el heroísmo está en darse, la fortaleza en ser misericordiosos, la sabiduría en la mansedumbre”.
De ese modo, invitó a dirigirse a María, Madre de Dios y madre de la humanidad, y dejarse mirar, dejarse abrazar y dejarse tomar de la mano por ella.
En primer lugar, “dejémonos mirar. Especialmente en el momento de la necesidad, cuando nos encontramos atrapados por los nudos más intrincados de la vida, hacemos bien en mirar a la Virgen. Pero es hermoso ante todo dejarnos mirar por la Virgen”.
“Cuando ella nos mira, no ve pecadores, sino hijos”, recordó. Destacó que “esta mirada materna, que infunde confianza, ayuda a crecer en la fe. La fe es un vínculo con Dios que involucra a toda la persona, y que para ser custodiado necesita de la Madre de Dios. Su mirada materna nos ayuda a sabernos hijos amados en el pueblo creyente de Dios y a amarnos entre nosotros, más allá de los límites y de las orientaciones de cada uno”.
En segundo lugar, “dejémonos abrazar”. “Ella sabe que para consolar no son suficientes las palabras, se necesita la presencia, y ella está presente como madre. Permitámosle abrazar nuestra vida”.
“En la vida fragmentada de hoy, donde corremos el riesgo de perder el hilo, el abrazo de la Madre es esencial. Hay mucha dispersión y soledad a nuestro alrededor, el mundo está totalmente conectado, pero parece cada vez más desunido”.
Por último, “dejémonos tomar de la mano. Las madres toman de la mano a los hijos y los introducen en la vida con amor. Pero cuántos hijos hoy van por su propia cuenta, pierden el rumbo, se creen fuertes y se extravían, se creen libres y se vuelven esclavos. Cuántos, olvidando el afecto materno, viven enfadados e indiferentes a todo”.
“Cuántos, lamentablemente, reaccionan a todo y a todos, con veneno y maldad. En ocasiones, mostrarse malvados parece incluso signo de fortaleza. Pero es solo debilidad. Necesitamos aprender de las madres que el heroísmo está en darse, la fortaleza en ser misericordiosos, la sabiduría en la mansedumbre”.
El Papa finalizó su homilía con esta oración dirigida a la Virgen: “Tómanos de la mano, María. Aferrados a ti superaremos los recodos más estrechos de la historia. Llévanos de la mano para redescubrir los lazos que nos unen. Reúnenos juntos bajo tu manto, en la ternura del amor verdadero, donde se reconstituye la familia humana: ‘Bajo tu protección nos acogemos, Santa Madre de Dios’”.

¿CON QUÉ ACTITUD DEBEMOS MIRAR EL AÑO NUEVO?




Extracto del mensaje del Papa Benedicto XVI para la XLV jornada mundial de la paz (2012), hoy tan vigente como cuando se publicó


Por: S.S. Benedicto XVI | Fuente: La-oracion.com 



¿Con qué actitud debemos mirar el nuevo año? En el salmo 130 encontramos una imagen muy bella. El salmista dice que el hombre de fe aguarda al Señor «más que el centinela la aurora» (v. 6), lo aguarda con una sólida esperanza, porque sabe que traerá luz, misericordia, salvación. Esta espera nace de la experiencia del pueblo elegido, el cual reconoce que Dios lo ha educado para mirar el mundo en su verdad y a no dejarse abatir por las tribulaciones.
El hombre espera un cambio, espera una nueva luz
Es verdad que en el año que termina ha aumentado el sentimiento de frustración por la crisis que agobia a la sociedad, al mundo del trabajo y la economía; una crisis cuyas raíces son sobre todo culturales y antropológicas. Parece como si un manto de oscuridad hubiera descendido sobre nuestro tiempo y no dejara ver con claridad la luz del día.
En esta oscuridad, sin embargo, el corazón del hombre no cesa de esperar la aurora de la que habla el salmista. Se percibe de manera especialmente viva y visible en los jóvenes, y por esa razón me dirijo a ellos teniendo en cuenta la aportación que pueden y deben ofrecer a la sociedad.
(…)


Ante el difícil desafío que supone recorrer la vía de la justicia y de la paz, podemos sentirnos tentados de preguntarnos como el salmista: «Levanto mis ojos a los montes: ¿de dónde me vendrá el auxilio?» (Sal 121,1).
Deseo decir con fuerza a todos, y particularmente a los jóvenes: «No son las ideologías las que salvan el mundo, sino sólo dirigir la mirada al Dios viviente, que es nuestro creador, el garante de nuestra libertad, el garante de lo que es realmente bueno y auténtico […], mirar a Dios, que es la medida de lo que es justo y, al mismo tiempo, es el amor eterno.
Y ¿qué puede salvarnos sino el amor?». El amor se complace en la verdad, es la fuerza que nos hace capaces de comprometernos con la verdad, la justicia, la paz, porque todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta (cf. 1 Co 13,1-13).
Exhortación del Papa a los jóvenes para el año nuevo
Queridos jóvenes, vosotros sois un don precioso para la sociedad. No os dejéis vencer por el desánimo ante las dificultades y no os entreguéis a las falsas soluciones, que con frecuencia se presentan como el camino más fácil para superar los problemas. No tengáis miedo de comprometeros, de hacer frente al esfuerzo y al sacrificio, de elegir los caminos que requieren fidelidad y constancia, humildad y dedicación. Vivid con confianza vuestra juventud y esos profundos deseos de felicidad, verdad, belleza y amor verdadero que experimentáis. Vivid con intensidad esta etapa de vuestra vida tan rica y llena de entusiasmo.


Sed conscientes de que vosotros sois un ejemplo y estímulo para los adultos, y lo seréis cuanto más os esforcéis por superar las injusticias y la corrupción, cuanto más deseéis un futuro mejor y os comprometáis en construirlo. Sed conscientes de vuestras capacidades y nunca os encerréis en vosotros mismos, sino sabed trabajar por un futuro más luminoso para todos. Nunca estáis solos. La Iglesia confía en vosotros, os sigue, os anima y desea ofreceros lo que tiene de más valor: la posibilidad de levantar los ojos hacia Dios, de encontrar a Jesucristo, Aquel que es la justicia y la paz.
A todos vosotros, hombres y mujeres preocupados por la causa de la paz. La paz no es un bien ya logrado, sino una meta a la que todos debemos aspirar. Miremos con mayor esperanza al futuro, animémonos mutuamente en nuestro camino, trabajemos para dar a nuestro mundo un rostro más humano y fraterno y sintámonos unidos en la responsabilidad respecto a las jóvenes generaciones de hoy y del mañana, particularmente en educarlas a ser pacíficas y artífices de paz. Consciente de todo ello, os envío estas reflexiones y os dirijo un llamamiento: unamos nuestras fuerzas espirituales, morales y materiales para «educar a los jóvenes en la justicia y la paz».
Este artículo fue publicado por nuestros aliados y amigos:la-oracion.com

EL SÍ A DIOS




En el cielo, en el mundo de lo eterno, el amor permanece como una estrella...


Por: Fernando Pascual | Fuente: Catholic.net 



Dar un sí sin condiciones no es algo fácil ni frecuente. Dar un sí sin condiciones a Dios nos puede llenar de miedo o de sorpresas. Quizá alguno piense que Dios sea un poco despótico, y por eso muchos prefieren conservar su libertad a cualquier precio, tener entre sus manos el polvo de su historia antes que abandonarse para que Dios los conduzca hacia lo desconocido.

Pero es más fácil dar un sí incondicional a Dios si descubrimos que nos ama. La vida cristiana tiene dos momentos fundamentales. El segundo sin el primero está cojo de partida. ¿Cuál es el primer momento? Consiste en hacer una experiencia profunda, cordial, del Amor de Dios. Amor que inició con ese momento misterioso, inmenso, de nuestra concepción. Amor que continuó durante los meses de embarazo. Amor que nos ha mantenido hasta el día de hoy, a pesar de tantas enfermedades, accidentes, peligros, quizá hambres o abandonos. Seguimos en pie simplemente porque nos quiere, porque le importamos, porque somos para El hijos, aunque a veces un poco rebeldes o caprichosos.

Ese Amor de Dios creció de un modo misterioso y grande el día de nuestro bautismo. Tal vez sepamos por el catecismo que el bautismo es la puerta del cielo, que nos hace hijos de Dios, que nos permite ser parte de la Iglesia. Pero quizá no nos damos cuenta de lo que significa entrar en la familia del Dios que creó las montañas y el sol, el viento y las hormigas, las nubes y los maizales, la frescura del amor y la grandeza de la fidelidad. De ese Dios que conoce cada rincón de nuestros pulmones, cada válvula de nuestro corazón, cada cabello de nuestra cabeza, cada pensamiento de nuestra imaginación alocada. De ese Dios que escogió a Israel y que quiso llevar su amor a todos los hombres, los del sur y los del norte, los ricos y los pobres, los grandes y los pequeños, los generosos y los mezquinos...

Hay que imbuirse en el amor de Dios. Hay que mirarse al espejo para descubrir, más allá de nuestros ojos, la sonrisa de un Dios que nos ama locamente. Sólo desde esta experiencia se comprende la vida de un Francisco de Asís, un Ignacio de Loyola, un Juan Diego, una Madre Teresa de Calcuta o un Juan Pablo II.

Una vez que comprendemos lo mucho que Dios nos ama, entonces sí resulta fácil llegar al segundo momento de nuestra experiencia cristiana: dar un sí a Dios, entregar nuestros corazones a ese Cristo que nos quiere con locura. La vida cristiana empieza a ser verdaderamente cristiana cuando se imita el amor del Dios que nos perdona, que nos ama, que nos salva. Dios se nos da en Cristo, y en Cristo nos pide, simplemente, que amemos. No hay otra manera de ser católicos. No es posible ninguna entrega sin la experiencia del amor de Dios.

Por eso puede ser fácil dar un sí total a Dios. Lo saben los esposos que se aman cristianamente. Su sí es parte de su fe, su amor crece y se alimenta a partir del amor que Dios les da. Lo saben los diáconos, los sacerdotes y los obispos, que reciben con alegría la llamada de Dios para darse completamente a los demás. Lo saben los consagrados, hombres y mujeres de tantas órdenes y congregaciones religiosas, que siguen una vocación de amor en el corazón mismo de la Iglesia.

Una comunidad cristiana vive en plenitud su fe cuando en ella nacen entregas sin condiciones. Es hermoso ver cómo en una parroquia, de un pueblo o de una ciudad, surgen vocaciones, chicos y chicas que deciden dar sus vidas a Dios. Son personas normales, que saben lo que dejan, que quizá lloran por la incomprensión en la familia o entre los amigos, pero que miran con seguridad hacia adelante: si Dios llama, la única respuesta válida y alegre que podemos dar es la del sí por amor.

El tercer milenio sigue su camino. Mientras algunos se esfuerzan por construir un mundo sin Dios, los cristianos miramos a Cristo, y descubrimos en su Cruz y en su Resurrección el amor de Dios Padre. Nuestras vidas quieren ser una sinfonía de generosidad, de donación, sin límites. Querer guardar la vida es como querer atrapar vientos. Sólo vive en plenitud el que se da a Dios, como esposo o esposa, como sacerdote, como consagrado. Lo demás termina. En el cielo, en el mundo de lo eterno, el amor permanece, como una estrella que recoge su luz de la fuente inagotable del Dios que nos ama para siempre.

LECTURAS Y EVANGELIO DÍA SANTA MARÍA, MADRE DE DIOS

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Primera lectura

Lectura del libro de los Números 6, 22-27

El Señor habló a Moisés:
–«Di a Aarón y a sus hijos: Ésta es la fórmula con que bendeciréis a los israelitas:
"El Señor te bendiga y te proteja,
ilumine su rostro sobre ti
y te conceda su favor.
El Señor se fije en ti
y te conceda la paz."
Así invocarán mi nombre sobre los israelitas, y yo los bendeciré. »

Salmo

Sal 66, 2-3. 5. 6 y 8 (R.: 2a) R. El Señor tenga piedad y nos bendiga.

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación. R.

Que canten de alegría las naciones, 
porque riges el mundo con justicia, 
riges los pueblos con rectitud 
y gobiernas las naciones de la tierra. R.

Oh Dios, que te alaben los pueblos, 
que todos los pueblos te alaben. 
Que Dios nos bendiga; 
que le teman hasta los confines del orbe. R.

Segunda lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas 4, 4-7

Hermanos:
Cuando se cumplió el tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la Ley, para rescatar a los que estaban bajo la Ley, para que recibiéramos el ser hijos por adopción.
Como sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo que clama: «¡Abba! Padre.» Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si eres hijo, eres también heredero por voluntad de Dios.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 2, 16-21

En aquel tiempo, los pastores fueron corriendo a Belén y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que les habían dicho de aquel niño.
Todos los que lo oían se admiraban de lo que les decían los pastores. Y María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.
Los pastores se volvieron dando gloria y alabanza a Dios por lo que habían visto y oído; todo como les habían dicho.
Al cumplirse los ocho días, tocaba circuncidar al niño, y le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción.