viernes, 24 de abril de 2020
jueves, 23 de abril de 2020
VIRUS Y MENTIRAS CHINA; POR RAFAEL SÁNCHEZ SAUS
Una amiga polaca, asombrada de la credulidad de los españoles frente a las artimañas y trapisondas del Gobierno, me decía que en su país los niños aprendían de sus padres que nunca, bajo ningún concepto, debían creer a un comunista "ni cuando decía la hora".
La incompatibilidad radical del comunismo con la verdad no procede sólo de la característica falta de escrúpulos y del maquiavelismo que ha dominado sus políticas sin excepción. Es algo más hondo que anida en su delirante antropología, en la idea que se hace del hombre y de las relaciones que éste establece con sus semejantes, con la sociedad, con el pasado, con sus propias creencias y valores. Esa antropología falsa, que es su esencia y de la que no puede desprenderse sin dejar de ser comunismo, sólo genera error tras error al aplicarse a cualquier acontecimiento histórico, a cualquier aspecto de la vida económica, social o personal. Por eso, la respuesta del socialismo real a cualquier situación sólo puede ser la mentira y la búsqueda desesperada de culpables externos. En eso se les van las energías y la vida mientras los problemas crecen y crecen... hasta el colapso final.
No es en absoluto casualidad que la pandemia que ha puesto de rodillas al mundo proceda del último gran régimen comunista, pragmático en lo económico, férreo en lo político. Lo que se va conociendo de la gestión china de la enfermedad, especialmente en sus primeros momentos, más aún en su origen, muestra que el ocultamiento, la mentira y la falta de transparencia fueron la respuesta aplicada desde principio a final por el Partido Comunista, sin importar los efectos que todo ello pudiera tener sobre su población y sobre los países a los que rápidamente China exportó la enfermedad. El embeleco, sostenido sobre unas cifras de víctimas que siempre despertaron sospecha, se desmorona a pesar de los grandes apoyos que la potencia política y económica china suscita y del seguidismo de la OMS. Pero si llega a poder demostrarse ese comportamiento desleal y criminoso, como es tan probable, la crisis daría un giro hacia la controversia legal de enorme importancia e ineludibles consecuencias. China, es decir, su Partido Comunista, nunca admitirá la menor responsabilidad, pero el resto del mundo tendrá mucho que decir y, no les quepa duda, algunos de los más poderosos lo dirán. De hecho han empezado a decirlo ya, y el Gobierno Sánchez debiera prestar oídos y tomar nota si es que se lo permite la cadena comunista.
miércoles, 22 de abril de 2020
SACRAMENTOS EN EL HOSPITAL: LA ALEGRÍA
SACERDOTES, "HÉROES ANÓNIMOS", RECONOCIDOS EN PLENA PANDEMIA: "LA IGLESIA LLEVA HACIÉNDOLO SIGLOS"
J. Lozano
Son ya unos 80 los sacerdotes y religiosos los que han fallecido estas semanas en España debido al coronavirus y muchos más han enfermado jugándose la vida para atender espiritualmente a tantos enfermos víctimas de esta pandemia. Desde obispos a seminaristas y religiosas, son muchos los que han caído contagiados.
Con el paso de las semanas se está conociendo y poniendo en valor el papel que está jugando la Iglesia, tanto en el aspecto espiritual como asistencial. Y especialmente el de los sacerdotes, reconocidos en hospitales tanto por los propios enfermos como por los profesionales sanitarios por su entrega y dedicación.
El reconocimiento a los sacerdotes en esta pandemia
De este modo, publicaciones generalistas están cada vez dedicando más espacio a la labor que están desarrollando los sacerdotes en esta crisis.La revista de moda Telva, por ejemplo, los encuadra entre los “héroes anónimos” y relata el testimonio del padre Ignacio Javier Ortiz, conocido como Nacho, párroco en Coslada, y desde hace unas semanas uno de los siete capellanes del megahospital creado en IFEMA para acoger al aluvión de enfermos de coronavirus que han saturado los hospitales.

Con el equipo de protección que están obligados a llevar es difícil distinguir a los sacerdotes / Getty Images
En esta entrevista, este religioso de la Congregación de la Sagrada Familia con 30 años de experiencia como sacerdote habla de sus miedos ante esta nueva misión encomendada, cómo ha visto a Dios en todo esto y cómo los pacientes reciben con alegría la atención espiritual entre tanto dolor y soledad.
El "miedo" ante una nueva misión
Este sacerdote cuenta que las “emergencias” se agolpaban en su teléfono como residencias que necesitaban atención para ancianos moribundos, personas aisladas que se sentían solas, enfermos de su parroquia… Y fue entonces cuando le llamaron desde el Arzobispado para pedirle que se trasladara temporalmente al hospital de IFEMA.
“Tuve miedo”, confiesa, y explica que “el miedo es humano, y no es malo. La adrenalina nos clarifica la mente y nos ayuda a darnos cuenta de la realidad del otro”. Y así fue como llegó a este hospital de campaña de 35.000 metros cuadrados y 1.300 camas.
Del miedo a la soledad de los enfermos
El padre Nacho asegura que “fueron días muy duros, mucho más que ahora en que vemos que la gente se cura y la situación se va estabilizando. Entonces había mucho miedo en la mirada de las personas. Ese miedo se ha ido trasladando en soledad. Hoy, lejos de sus familias y de las personas que quieren, la soledad es el sentimiento que se dibuja en el rostro de IFEMA”.

Cabe recordar que en España han muerto ya más de 20.000 personas oficialmente diagnosticadas con coronavirus, más otras 11.000 con síntomas en residencias y domicilios. Además, decenas de miles de personas han enfermado. Precisamente al hospital de IFEMA van los casos de pacientes que no son graves.
En sus días de guardia en IFEMA está 12 horas, de 9 de la mañana a 9 de la noche, y espera la llamada desde cualquiera de las 1.300 camas. Y es que son los propios pacientes o sus familias las que se ponen en contacto con el coordinador del servicio religioso. Y un dato curioso: no siempre son católicos los que piden asistencia al capellán católico.
El ministerio de la escucha
En declaraciones a Telva habla de su experiencia con estos hospitalizados: “La escucha sana. Es más fácil que tu cuerpo vaya perdiendo la tensión brutal que lo atenaza si puedes hablar de ello, de la dicotomía entre lo que quieres vivir y lo que realmente estás viviendo, de los sentimientos que todo eso te genera. Hablar es una manera de poner palabras a lo que sientes y de darle valor”.
Hablando de casos concretos, recuerda a “un señor mayor con el que había charlado en varias ocasiones y el otro día me llamó: siéntate aquí Nacho, que hoy estoy más flojo y necesito hablar contigo”.
Tal y como explica el padre Nacho, “la incertidumbre sobre lo que les espera y el dolor por lo que han dejado en casa (una madre mayor que necesita ayuda, unos hijos pequeños…) son las grandes preocupaciones de los enfermos de coronavirus”.
La acogida de Jesús
Pero además, este religioso incide en que “es cierto que hay momentos en que buscamos respuestas. Yo, como ser humano y como sacerdote, simplemente estoy ahí, al lado de esas personas. Quizá en algunas ocasiones ellos sienten a Jesús que les acoge, que les escucha, que le da una identidad, que les cura… Y quizá es en esos momentos cuando se permiten el lujo de expresar su dolor… Y también su alegría cuando me dicen: ‘ya estoy mejor, ¡me voy a casa!”.

Lo que lleva haciendo la Iglesia siglos
En este reportaje publicado en una revista femenina y de moda, el padre Nacho también habla de los recuerdos que guardará de este paso que está realizando por IFEMA. “No dejo de aprender. ¡Hay tantas historias sobrecogedoras! La de aquella mujer ingresada que explicaba a su hijo cómo enterrar a su padre y esposo, fallecido unos días antes; aquellas madres que intentaban consolar a otra madre contagiada que no podía atender a sus hijos pequeños; o aquel médico que me preguntó ¿qué tal todo Nacho? Y me dio la oportunidad de charlar un rato… Si algo he aprendido de IFEMA es de la humildad de todas esas personas que me han llamado para que compartiera con ellos su dolor, su incertidumbre y su soledad. En una sociedad donde lo tenemos todo, mostrarnos necesitado se ha convertido en algo tan difícil y como escaso. Estar al lado de esas personas es lo que lleva haciendo la Iglesia desde hace siglos. Y eso es lo que seguirá haciendo, también ahora”, confiesa.
El padre Nacho relata también su propia búsqueda que le llevó al sacerdocio y que comenzó a los 17 años. Cuenta que “tenía un gran deseo de entregarme a los demás. Y he ido recorriendo ese camino entre luces y sombras, con momentos de felicidad y con otros de dudas y oscuridad”.
Su experiencia en este hospital de campaña es una etapa más, “quizá una luz que nos iluminará a todos para seguir entregándonos a los demás. Estar aquí es una bendición. Una posibilidad única de poner rostro al dolor, al miedo y a una pandemia que está cambiando nuestras vidas”.
¿QUIERES SALIR DE CASA?
Bueno, ya sabes que la respuesta es, salvo excepciones, #QuédateenCasa. Pero si ya te estás subiendo por las paredes, o no tienes jardín ni balcón, o necesitas cambiar de aires, o tu familia vive lejos, te podemos ofrecer algunos vídeos que te lleven –virtualmente- a otros lugares. No somos National Geographic ni Lonely Planet, pero estamos en más de 60 países. ¡Recuerda activar los subtítulos!

1. ¿Quieres viajar a las Antillas? Puedes ver la serie sobre los 50 años del Opus Dei en Puerto Rico. Hay playas tropicales, vegetación exuberante, huracanes... y muchas historias personales.
2. Seguimos en América. En verano, el Prelado viajó a Estados Unidos y Canadá. Se encontró con muchas personas de la costa Este, el Midwest, Texas y California, y de Columbia Británica, Ontario y Quebec. Puedes recuperar los vídeos aquí:
∙ Mons. Ocáriz en Estados Unidos: cuatro resúmenes de las estancias en Nueva York, Chicago, Houston y Los Ángeles.
∙ El Prelado en Vancouver, en Toronto y en Montreal. ¡No os perdáis las tomas falsas!
3. Ahora nos vamos a África. Mons. Ocáriz ha visitado Nigeria (2018), Kenia y Uganda (ambos en 2019). Te entrarán ganas de bailar.
4. Y dos viajes más del Prelado, esta vez por Europa. Dos reportajes más largos, que recogen su estancia en Londres y en Dublín y la labor que han impulsado las personas del Opus Dei en Gran Bretaña e Irlanda. El primer viaje que realizó después de su elección, en 2017, fue precisamente a Irlanda.
Fáilte go hÉirinn! Welcome to Ireland Father!
Ver los otros Tweets de Opus Dei (Ireland)
Foto de portada: Golden Gate Bridge (San Francisco) Photo by zoe pappas from Pexels
CONVENTO DE SAN SALVADOR, EL CORAZÓN DE LA CUSTODIA DE TIERRA SANTA
Hablar sobre el Convento de San Salvador en Jerusalén significa hablar sobre toda la Custodia de Tierra Santa, ya que es el corazón desde el cual comienza cada actividad. Ubicado en el Barrio Cristiano de la Ciudad Vieja de Jerusalén, junto a la Puerta Nueva, el convento guarda la historia y la memoria de siglos de la presencia franciscana en Tierra Santa.
Cuando los frailes franciscanos fueron expulsados del convento en el Monte Sion, donde habían vivido desde 1333, en 1551, establecieron su cuartel general en San Salvador. Comprado en 1559 por la Custodia, el monasterio, que era mucho más pequeño de lo que es hoy, tenía solo una pequeña iglesia, para uso exclusivo de la comunidad religiosa georgiana a la que pertenecía. En 1560, los primeros frailes se mudaron a San Salvador y desde entonces, con el acuerdo del Sultán, repararon, alteraron y ampliaron el convento.
En 1561, el papa Pío IV otorgó a la pequeña iglesia de San Salvador las mismas indulgencias que se otorgaron a quienes fueron al Cenáculo , un lugar que se había perdido en 1551. La iglesia del nuevo convento de los franciscanos estaba en un piso elevado , al igual que el Cenáculo, conocido como "la habitación de arriba". La misma iglesia se convirtió en la primera parroquia católica en Jerusalén y en una referencia fundamental para los cristianos latinos.
A partir de 1723, el convento comenzó a desarrollarse: el primer claustro se construyó en 1756, el segundo en 1870 y el tercer claustro y el seminario en 1880. Fue en 1741 que San Salvador fue reconocido como el centro de la Custodia del Santo Tierra, con un documento oficial del Papa Benedicto XIV, y como residencia del Custodio de Tierra Santa que, sin embargo, todavía conserva el título de "Guardián del Monte Sión".
El convento de San Salvador era una ciudad pequeña, que tenía otros elementos, cada uno de los cuales merecería un capítulo propio: la antigua farmacia de San Salvador, la Biblioteca General de Tierra Santa y más tarde la imprenta franciscana.
Conocida desde 1353, la farmacia fue durante mucho tiempo la única referencia para el cuidado de los enfermos en Jerusalén. Los ungüentos más conocidos con múltiples propiedades beneficiosas incluyen el famoso "bálsamo de Jerusalén", inventado por el p. Antonio Menzani, el principal farmacéutico de San Salvador durante cuarenta y tres años, desde 1686 en adelante. La farmacia continuó su actividad hasta la Primera Guerra Mundial y luego se cerró, debido a la dificultad de encontrar medicamentos de Europa y la apertura de otras farmacias en Jerusalén.
La Biblioteca General de Tierra Santa , que todavía existe hoy en día, tiene un patrimonio histórico vinculado a los eventos de la Custodia de Tierra Santa. El primer núcleo de volúmenes se remonta a la época en que los frailes vivían en el convento del monte Sion. Una vez que se mudaron a San Salvador, los libros de la Custodia permanecieron allí, aunque fueron trasladados internamente. Algunas notas que atestiguan el don de obras nos han llegado y confirman que la Biblioteca fue construida con el tiempo para ser utilizada por la comunidad de frailes. Hasta la fecha, el patrimonio histórico se divide en colecciones: las colecciones modernas, la colección antigua, la colección de manuscritos, el anuncio loca sancta Itinera colección, la colección de la medicina, la colección de los 17 º y 18 ºsiglos y la colección de imprenta franciscana .
Lo que llamamos hoy la imprenta franciscana se refiere a las obras de imprenta de los franciscanos en Tierra Santa, creadas por los frailes en 1848 durante el Imperio Otomano, para imprimir sus propios libros en un momento en que era difícil hacerlo debido a la condiciones políticas Todavía hay una pequeña imprenta en el convento de San Salvador, pero las principales obras actuales se encuentran en Bethfage, en el Monte de los Olivos.
La iglesia de San Salvador, tal como la conocemos hoy, fue construida mucho más tarde que el resto del convento y solo fue consagrada el 29 de noviembre de 1882 por el Patriarca latino, Mons. Vincenzo Bracco. Los benefactores incluyeron al emperador austríaco Franz Josef, que ya en 1869 ya había hecho una generosa donación para comenzar la renovación de la iglesia.
El campanario que se eleva sobre las casas de la Ciudad Vieja de Jerusalén se remonta a 1931-32, cuando se elevó ocho metros en comparación con el anterior.
El convento de San Salvador continúa siendo el centro de las actividades de la Custodia , ya que es la sede de la Curia de Custodia, del archivo histórico que contiene documentos importantes, de la beca central y del departamento técnico que se ocupa del mantenimiento. de los santuarios. También están las oficinas de la ONG ATS Pro Terra Sancta , que lleva a cabo proyectos con la población local y el Departamento de Patrimonio Cultural, que trabaja para el Museo Terra Sancta. La sección histórica del Museo Terra Sancta.de los franciscanos, creado con la colaboración de un comité de expertos internacionales, se inaugurará en un área del convento en 2021. Dentro de los muros de San Salvador también están las aulas de la Escuela de música Terra Santa de Jerusalén, la escuela de música Magnificat , el seminario internacional de la Custodia, la enfermería donde viven los frailes ancianos, la lavandería y la sala de costura, la oficina de objetos religiosos, el departamento de informática y el hogar de las hermanas de Santa Isabel que realizan su servicio en el convento.
Beatriz Guarrera
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