martes, 1 de diciembre de 2015

MADRE OLÍMPICA: DEPORTE Y MATERNIDAD



Salamanca RTV al día - 25/11/2015
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La maternidad no es nunca un obstáculo en la vida profesional. Son otras las circunstancias que impiden el progreso laboral de la mujer: conciliación, excesivas responsabilidades en el hogar, tiempo… pero, según unas recientes investigaciones, el principal freno es el marido.
Hace unos días la prensa nacional recogió en sus páginas una investigación de la socióloga americana Pamela Stone. En ella se aseguraba, algo que por otra parte todos ya intuíamos, que los hijos no impiden el progreso laboral de las mujeres, son los maridos los que más pueden obstaculizar su éxito profesional.
La investigación tiene un tufillo a ideología de género por los cuatro costados. Si bien, resulta que uno de los motivos que aducen los “padres/madres de la perspectiva de género” para legitimar el “derecho al aborto” es el freno que conlleva un bebé a la carrera profesional de la mujer. Muchos somos conscientes de que los principios que inspiran a estos ideólogos contradicen el sentido común, la evidencia científica de la biología y neurología y la antropología del ser humano.Pero volvamos al tema. El País, fuente de la que extraigo la información sobre de la Dra. Stone [1], ofrece al mismo tiempo el ejemplo de varias madres que han triunfado:
“La nadadora paralímpica Teresa Perales, la regatista Marina Alabau, la atleta Natalia Rodríguez y las piragüistas Teresa Portela y Maialen Chourraut, por ejemplo, han mantenido su nivel o incluso mejorado sus resultados después del parto.”[2].
Teresa Portela es el vivo ejemplo de la lucha por la maternidad y su aportación al deporte olímpico español. A los pocos meses de ser madre quedó sexta en el europeo y al año obtuvo el bronce en el campeonato del mundo de piragüismo.
La maternidad, el embarazo y los hijos no son nunca un estorbo o un obstáculo. Al contrario, son un estímulo para hacer mejor a la sociedad en la que vivimos. Esa es una prueba palpable en la que se evidencia que esos ideólogos de género, valedores universales del derecho al aborto − violencia estructural de género contra la mujer−, se contradicen en sus objetivos, en sus métodos y propuestas, en su terminología y, ahora, en sus “seudo-investigaciones”.
Extraigo algunas frases del vídeo de Teresa Portela que El País ha ofrecido a sus lectores digitales:
  • “En el momento que di a luz me puse a entrenar”.
  • “Cuando estás embarazada, me decían quédate, no hagas nada”.
  • “Justo después de dar a luz, quedé sexta en el Europeo y, un año y medio después, tercera en el campeonato del mundo”
  • “El Consejo Superior de Deportes, en el apartado Deporte y Mujer, concede una a una ayuda por nacimiento y servicio de guardería. A veces compaginar las dos cosas es difícil y tener ayuda para contar con una niñera, siempre viene bien”.
Queridos amigos, cuando veáis a una mujer embarazada no dudéis en felicitarla. La maternidad hoy en día es un gran servicio a la sociedad, la mejor política social y un valor en alza. Ahora bien, junto a la madre que triunfa y es feliz, siempre está su marido apoyándola. Un hijo necesita no sólo del concurso biológico del padre, sino también de su presencia y de la asunción de su responsabilidad educativa, porque, como ya lo indiqué en otro post, “el padre también importa“.
De hecho, según recoge La Voz de Galicia [3], Teresa Portela, ofreció su triunfo a su marido y a su hija:
“Después del podio, Teresa Portela bajó a celebrarlo con su marido y con su hija. Naira, con 17 meses, la había acompañado para que se pudiese concentrar al cien por cien en la competición. «Quería tenerla a mi lado para no estar preocupada y pensando en cómo estaría ella. Eso sí, cuando vaya a competir, se quedará David [Mascato] cuidándola», declaraba poco antes de salir de Galicia. «Se lo dedico a mi marido, a mi hija, a mi entrenador y a mi familia», decía ayer emocionada.”
Mientras unos piensan en el género, en el individualismo, en la confrontación [4] entre hombres y mujeres, en la igualdad sin atender a diferencias… Otros apostamos por el amor, el sacrificio, el esfuerzo constante, la entrega total y en la integración de la diversidad en un proyecto común: la familia.
Enhorabuena Teresa, tienes una gran familia.

Notas:
[1] http://economia.elpais.com/economia/2015/11/09/actualidad/1447062347_374448.html
[2] http://deportes.elpais.com/deportes/2015/10/11/actualidad/1444577060_935915.html
[3] http://www.lavozdegalicia.es/noticia/deportes/2015/08/24/teresa-portela-aviva-leyenda/0003_201508G24P40991.htm
[4] la violencia machista, del varon hacia la mujer, las agresiones y muertes en el entorno familia es algo detestable y hace mella en toda la sociedad y todos hemos de luchar por erradicarla. Llamemos a las cosas por su nombre, no hagamos que la mentira propagada por Simone de Beauvoir triunfe “la mujer no nace, se hace”. Falso de solemnidad.
[5] Imagen de Teresa Portela tomada de la noticia digital de La Voz de Galicia.

VIGILIA DE LA MISERICORDIA EN JEREZ DE LA FRONTERA


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Como bien sabéis, el Papa Francisco ha convocado el AÑO JUBILAR DE LA MISERICORDIA a nivel mundial. Con este motivo, nuestra Diócesis iniciará este jubileo con la apertura de la Puerta Santa en nuestra Catedral el próximo 13 de Diciembre. Con este motivo, nuestra acostumbrada cita para laVigilia de la Inmaculada se traslada al Sábado siguiente, víspera de dicha apertura.
Por ello convocamos a todos los jóvenes de nuestra Diócesis a celebrar el SÁBADO 12 DE DICIEMBRE, A PARTIR DE LAS 21:00, la VIGILIA DE LA MISERICORDIA, en la Catedral de Jerez, junto con nuestro Obispo D. José.
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Será un momento de Oración, de celebración de la Misericordia de Dios hacia nosotros, de Eucaristía en la que nos uniremos al gozo de la Iglesia Universal celebrando el Amor misericordioso de Dios hacia los hombres manifestado en Jesucristo nuestro Salvador.

No perdáis esta oportunidad de uniros  junto con los demás jóvenes de nuestra Diócesis a este deseo del Santo Padre,

Seguiremos en contacto


Carlos Redondo Redondo
Delegado Pastoral Juvenil

JEREZ: COMIENZA LA ANDADURA EN LA HERMANDAD DE LA DEFENSIÓN



COFRADEMANÍA Hermandad de la Defensión

Escrito por: Andrés Cañadas 01/12/2015 | 09:02h
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El pasado sábado tuvo lugar el acto de Toma de Posesión de la nueva Junta de Gobierno de la Hermandad de la Defensión, al frente de la cual estará durante cuatro años más, nuestro buen amigo Antonio García-Figueras Romero.
Al término de la Eucaristía, la nueva Junta de Gobierno, conjuntamente con el director espiritual, se reunió ante la Santa Cruz, titular de la cofradía, en ausencia del Santísimo Cristo de la Defensión.
¡Suerte!

CALENDARIO ADVIENTO 2015

Obispado de Cádiz y Ceuta


Puedes conseguir tu calendario de Adviento también en el número de Noviembre de tu revista diocesana Piedras Vivas ¡no te quedes sin él!

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¿QUÉ DIFERENCIA HAY ENTRE VALORES Y VIRTUDES?



Qué es la virtud. Tipos de virtudes

Las virtudes como camino para vivir cerca de Dios y cumplir con nuestra misión aquí en la Tierra.


Por: Catholic.net | Fuente: Catholic.net 



El hombre fue creado por Dios para vivir eternamente en amistad con Él. Por lo tanto, el hombre está destinado a la vida eterna y debe vivir de cara a ella.

Para alcanzarla se necesita la gracia que Dios nos otorga. En otras palabras, Dios es quien da la santidad. Pero como Dios, siempre, va a respetar la libertad, alcanzar la santidad implica una respuesta de parte del hombre.

La santidad es la identificación con Cristo en el cumplimiento amoroso de la voluntad de Dios, mediante el ejercicio de las virtudes.

Las virtudes son hábitos buenos que nos llevan a hacer el bien. Podemos tenerlas desde que nacimos o podemos adquirirlas después. Son un medio muy eficaz para colaborar con Dios, pues implican que hemos decidido, libre y voluntariamente, hacer el bien, es decir, cumplir con el plan de Dios.

La virtudes la disposición habitual y firme de hacer el bien y se adquiere por repetición de actos o por un don de Dios.

La virtud permite a la persona no sólo hacer el bien, sino dar lo mejor de sí misma. La persona debe de superarse siempre como hombre y como cristiano.

El objetivo de una vida virtuosa es llegar a ser semejantes a Cristo, no es un perfeccionismo, donde la persona elimina defectos porque considera que no debe de tener tal o cual falla, esto sería un vanidoso mejoramiento de sí mismo. Tampoco es un narcisismo de verse bien, que todos piensen que es lo máximo. La virtud no es una higiene moral por la cual limpio mi persona.

Las virtudes son hábitos operativos, es decir, hay que actuarlos. No se trata de tener buenas intenciones, "pensar tengo que ser más ordenado", hay que ser más ordenado.

Por ello es que el hombre debe encauzar las pasiones para ser un hombre íntegro. Porque las virtudes de adquieren por medio de actos virtuosos.

La perfección de la que hablamos es un crecimiento armónico de toda la personalidad, por eso al crecer en una virtud crecen las demás porque el ejercicio de una virtud implica la práctica de otras. La laboriosidad exige ser ordenado, responsable, etc. La paciencia implica la tolerancia, la aceptación, la flexibilidad, etc.


Diferencias entre virtud y valor.

Hoy en día se admira a las personas que ganan mucho dinero, a las grandes estrellas de la televisión o de la música, a los grandes deportistas.

Todas estas personas realizan actos buenos. Estos actos son buenos en sí mismos y tienen un fin bueno, pero no nos hacen crecer como hombres. No podemos asegurar que un jugador de basquetbol de fama mundial sea mejor persona que nosotros, únicamente porque él sabe meter canastas de tres puntos y nosotros no.

Las habilidades físicas, deportivas o intelectuales, ciertamente son dones que hay que desarrollar con esfuerzo, pero que por sí mismas, no nos convierten en personas mejores, sino únicamente en mejores pianistas, deportistas o matemáticos.

También, hay que distinguir las virtudes de los valores humanos. Los valores están orientados al crecimiento personal por un convencimiento intelectual: sabemos que si estamos limpios, seremos mejor aceptados por los demás; sabemos que si mantenemos ordenadas nuestras cosas, podremos encontrarlas cuando las busquemos.

Los valores son bienes que la inteligencia del hombre conoce, acepta y vive como algo bueno para él como persona.

Las virtudes son acciones que nacen del corazón y están orientadas directamente a un bien espiritual. Estas nos hacen crecer como personas, a imagen de Dios.

Las virtudes nos llevan a la perfección, pues disponen todas nuestras potencias, todas nuestras cualidades, nuestra personalidad entera, para estar en armonía con el plan de Dios; orientan toda nuestra persona, no sólo nuestros actos, hacia el bien.

Para entender mejor la diferencia entre valor y virtud, analicemos cómo cambia un valor de acuerdo con las circunstancias que lo rodean. Son diferentes:
- una persona que cuida a su tía enferma porque quiere su herencia.
- una persona que cuida a su tía enferma porque ésta le cae muy bien.
- una persona que siempre está dispuesta a cuidar a cualquier enfermo, aún sin conocerlo, por amor a Dios y a los hombres.

Aunque la acción es la misma en los tres casos, solamente la tercera es una virtud, por ser habitual y permanente. En los otros dos casos, la persona vive el valor del servicio. En el tercero, la persona tiene la virtud del servicio.

Las habilidades están orientadas a “hacer bien” algo específico. Nos hacen ser mejores en algo, pero no mejores como personas.

Los valores humanos son un bien que la inteligencia humana toma como tal. En sí mismos son neutros, y dependen del uso que les demos. Puestos en práctica, los valores nos hacen crecer como personas.

Las virtudes están orientadas a cumplir el plan de Dios. Su fin es hacer siempre el bien, independientemente de las circunstancias. Nos hacen crecer como personas, nos perfeccionan, nos santifican y edifican la sociedad por ser algo habitual y permanente.


Tipos de virtudes"

Virtudes humanas: son rectos comportamientos según la ley natural. Perfecciones habituales del entendimiento y de la voluntad que regulan nuestros actos, ordenan nuestras pasiones y guían nuestra conducta según la razón y la fe. Se adquieren mediante el esfuerzo humano. Ej. Lealtad, orden, diligencia, solidaridad, respeto, gratitud, etc.

Pero para alcanzar la salvación no bastan las virtudes humanas naturales, alcanzar la vida eterna no es posible sin la ayuda de Dios y la acción del Espíritu Santo.

Virtudes cardinales: son las virtudes humanas más importantes. Se llaman “cardinales” porque son los ejes en torno a los cuales giran las demás. Cardine en latín, significa el eje de la puerta. Son: la prudencia, la fortaleza, la justicia y la templanza.

Virtudes cristianas: Son rectos comportamientos según el ejemplo de Cristo en el Evangelio. Podríamos mencionar la mansedumbre.

Virtudes teologales: son las que se reciben de Dios por su acción sobrenatural en el alma. Fe, esperanza y caridad.

Virtudes evangélicas: son especiales acentos del Evangelio entre muchas virtudes que practicó nuestro Señor Jesucristo. Por ejemplo la humildad, la castidad, la pobreza.

Todo lo que sea contrario a la virtud son malos hábitos, que llamamos vicios.


Virtudes cardinales

Prudencia: es la capacidad de conocer, en cada circunstancia, lo que se debe hacer o evitar para conseguir un fin bueno, y elegir medios apropiados para realizarlo. Para guiar el juicio de la conciencia, aplica los principios morales al caso particular.

El hombre prudente decide y ordena según este juicio. Esta es la virtud por excelencia.

Para ejercer la prudencia hay 8 partes integrales que son muy importantes. Cinco pertenecen a lo intelectual y tres a la práctica:
Memoria: recordar los éxitos y fracasos del pasado ayuda a orientar sobre lo que hay que hacer. La experiencia es madre de la ciencia.
Inteligencia: conocer el presente nos ayuda a discernir sobre lo bueno o malo, conveniente e inconveniente.
Docilidad: saber pedir y aceptar consejo de personas que saben más. Nadie puede saber todas las respuestas.
Sagacidad: disposición para resolver los casos urgentes cuando no hay tiempo de pedir consejo.
Razón: cuando después de una meditación madura se resuelven casos por sí mismos.
Providencia: parte principal de la prudencia, igual a providencia, es fijarse en el fin que se pretende. Para actuar con prudencia hay que ordenar los medios al fin.
Circunspección: es tomar en consideración las circunstancias para juzgar según ellas, si es conveniente o no hacer o decir algo. Hay ocasiones en que lo que se pretende es bueno y conveniente, pero debido a las circunstancias, puede resultar negativo. Ej. Corregir a alguien cuando hay personas ajenas presentes.
Cautela o Precaución: ante los impedimentos externos que pueden ser obstáculos para conseguir lo que se pretende. Ej. Evitar la influencia de las malas compañías.

Habrá momentos en que se podría prescindir de alguna de estas cosas, pero si lo que se pretende es importante se deben tomar en cuenta todas ellas. ¡Cuántas imprudencias se cometen por no tomarse el trabajo de hacerlo!.

La prudencia se ejerce no solamente en lo personal, sino que también tiene una parte social que se dirige al bien común y abarca el gobierno, la política, la familia y lo militar.

Pecados contra la prudencia:
No buscar a Dios como valor supremo.
La imprudencia que se divide en tres:
La precipitación que es actuar inconsiderada y precipitadamente, guiados por la pasión o capricho.
La inconsideración por la cual se desprecia o se descuida el atender las cosas necesarias.
La inconstancia que es abandonar los propósitos por motivos sin importancia.

La imprudencia nos puede llevar a aceptar una circunstancia que nos aleja de Dios. O a buscar a Dios en un medio que no conduce a Él.

La negligencia que supone la falta de interés por actuar eficazmente en lo que debe hacerse. Es diferente de la inconstancia porque en ella no hay ni siquiera el interés por actuar. Cuando se refiere a algo pertinente a la salvación, el pecado de negligencia es grave. No toda negligencia es pecado contra la prudencia.

El don del Espíritu Santo que corresponde a esta virtud es el don de consejo.

La justicia consiste en la constante y firme voluntad de dar a Dios y al prójimo lo que le es debido.

Es la virtud que equilibra nuestro trato con las demás personas. Es una virtud muy compleja, una madeja con muchos hilos.

Para que se diga que alguien es justo hay que apartarse de cualquier mal que dañe al prójimo o a la sociedad y hacer el bien debido al otro. No basta con no hacer un mal, sino que hay que darle lo que se merece.

Tipos de justicia:
Conmutativa: dar a cada uno lo que merece. Y lo puede merecer por contrato o por derecho adquirido.
General o legal: dar a la sociedad lo necesario para obtener el bien común. Ej. Pagar impuestos para que haya hospitales.
Distributiva: dar lo necesario a cada miembro de la sociedad, según sus derechos naturales o adquiridos.
Social: proteger los derechos naturales de la sociedad y de sus miembros. Es decir, ni defender tanto a la sociedad que se perjudique a los ciudadanos, ni defender tanto los derechos de los individuos que perjudiquemos a otros y a la sociedad.
Vindicativa: restablecer la justicia lesionada. Porque quien perjudica los derechos de otros tiene el deber de repararlos.
El don del Espíritu Santo correspondiente a esta virtud es el don de piedad.

La fortaleza: es la virtud que asegura la firmeza y la constancia en la búsqueda del bien, superando los obstáculos que se presentan en el cumplimiento de las propias responsabilidades.

Cualquier hombre de bien puede tener esta virtud, pero en el caso del cristiano esta virtud tiene que estar cimentada en el amor a Dios.

Pecados contra la fortaleza:
La pereza, que es madre de todos los vicios.
La comodidad excesiva, la ley de menor esfuerzo.
La impaciencia, la inconstancia, la terquedad, la insensibilidad o dureza de juicio, la ambición, la vanagloria, la presunción, la pusilanimidad.
El don del Espíritu Santo que corresponde a esta virtud es el don de la fortaleza.

La templanza es la virtud que modera la atracción de los placeres y procura el equilibrio en el uso de los bienes creados. Asegura el dominio de la voluntad sobre los instintos y mantiene los deseos en los límites de la honestidad.

Cuando decimos moderar nos referimos a controlar, no a reducir la cantidad. No hay templanza en emborracharse sólo una vez cada tres meses, sino en saborear el alcohol sin perder el dominio sobre sí mismo.

Hablamos de equilibrio, porque hay sistemas espartanos que llevan a la excesiva rigidez y provocan verdaderos trastornos en la personalidad.

Los medios que ayudan a vivir la virtud de la templanza son:
Vigilar: porque los instintos no mueren.
Orar: porque el pecado original nos ha desequilibrado y la concupiscencia actúa.
Sacrificio, porque los instintos hay que disciplinarnos con esfuerzo y continuidad. Hay que caminar por la “senda derecha”.
El don del Espíritu Santo que corresponde a esta virtud es el don del temor. 

¿Cómo adquirir las virtudes?

Las virtudes no se adquieren de un día para otro, sino mediante el esfuerzo diario, la repetición de actos buenos que nacen del corazón, pero no sólo eso: forzosamente necesitamos de la ayuda de Dios, pues es muy fácil que, debido al ambiente o la distracción, las utilicemos sólo para nuestra propia conveniencia y nos quedemos sólo en los valores humanos.

Es cuestión de proponérnoslo y trabajar en ello. No nos dejemos vencer por la cobardía, por los fracasos, por el respeto humano. Necesitamos ser tenaces y perseverantes, esforzándonos continuamente por superarnos. Confiando y aprovechando las gracias que Dios nos puede dar.

Si hacemos esto todos los días, nos daremos cuenta, de pronto, de que ya hemos alcanzado las virtudes que tanto deseábamos y muchas otras que ni siquiera habíamos imaginado.

Algunas personas te podrán decir que las virtudes son propias de los santos pero no de las personas como nosotros. Que Dios ayuda a los santos y como magia se convierten en personas virtuosas. Recuerda que las virtudes morales se adquieren mediante las fuerzas humanas. Requieren de nuestro esfuerzo y constancia. El hombre virtuoso es el que practica libremente el bien. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 1803-1845

Lectura complementaria:
Lumen Gentium nn 42 y 65


PREGÚNTALE A CRISTO QUÉ TE SUGIERE PARA VIVIR EL ADVIENTO




Reflexiones Adviento y Navidad

Para que el Señor venga lo más plenamente posible sobre cada uno y sobre el mundo.vivir el Adviento.


Por: Padre Luis María Etcheverry Boneo | Fuente: Catholic.net 



Si todo fin y todo comienzo de año debe ser siempre, para las personas serias, responsables, un momento de balance: de mirar al pasado y a la vez al futuro, de sacar experiencia de lo ocurrido para asegurar un mejor rendimiento del porvenir, esto debe ocurrir de un modo mucho más particular y más exigente cuando se trata del fin y del comienzo del año eclesiástico y, por lo tanto, en relación con lo que más importa que es nuestra vida espiritual.

El año eclesiástico comienza con el Adviento, es decir, con la preparación para el nuevo nacimiento de Jesucristo en la Iglesia y en nuestras almas.

El Adviento, en la liturgia de la Iglesia, no sólo es una preparación para la conmemoración y para el nacimiento místico de Jesucristo en Navidad; no sólo mira a ese fin práctico, sino que -en esa actitud de la Iglesia de renovar cada año los misterios relativos al ciclo humano de la vida de Jesús- quiere comenzar con un signo de la larga expectación de la humanidad con respecto a la venida del Mesías anunciado.

Durante un mes vamos a renovar místicamente ese período de la historia de la humanidad que transcurre desde el pecado del primer hombre hasta la llegada visible del Redentor a este mundo.

Por eso es comprensible que la Iglesia asuma, en su liturgia de este tiempo, abundantes textos del Antiguo Testamento y sobre todo un espíritu tomado de la imagen de la tierra, por una parte seca, árida, sedienta de lluvia, y por otra, bien preparada para recibir en su seno la buena semilla en el momento de la siembra que espera le ha de llegar. Así como todo el tiempo del trabajo de la tierra previo a la siembra, está destinado a asegurar que cuando venga la semilla no encuentre ningún obstáculo a su supervivencia y a su desarrollo: a su germinación, al producir la planta, las flores, los frutos (es decir, una expansión total de esa vida latente que traía la semilla), así también todo el Antiguo Testamento, y el Adviento para nosotros, debe ser un trabajo de arada, de rastreo, de preparación de la tierra.

¿Para qué se ara? Primero para matar todos los yuyos, es decir, todas las plantas, todas las vidas que puedan entrar en competencia con la vida de la semilla y llevarse para ellas los frutos, las sales, las riquezas de la tierra; se requiere que cuando venga la semilla, nada en el seno de la tierra pueda disputarle la posesión de los alimentos.

Y se rastrea, en segundo lugar, para romper todos los cascotes y sacar todas las piedras y consecuentemente todos los huecos que haya entre cascote y cascote, lo cual, de no hacerse, haría que la semilla quede sin entrar en la tierra o al lanzar una raíz no pueda ella expandirla y se vea impedida de germinar o, en todo caso, limitada en su crecimiento.

¿Y para qué se riega, cuando se puede, la tierra? O ¿por qué clama la tierra que venga el agua del cielo, si el hombre no puede proporcionársela? Para que esa agua, además de incorporarse a la semilla y enriquecerla por sí misma, se convierta en el vehículo por el cual las sales y los elementos vitales que la tierra contiene se pongan al alcance y puedan entrar en contacto con la planta e introducirse dentro de ella y así enriquecerla, fortificarla, hacerla desarrollar y alcanzar todo lo apetecido.

La literatura del Antiguo Testamento está embebida en esta semejanza de la tierra que se trabaja y de la tierra que clama por la lluvia para que venga esa semilla a traer su vida. Y la liturgia de este Tiempo nos trae, con esta misma comparación, toda la fuerza de su sugerencia y de su sacramentalidad para que trabajemos nuestra alma, de tal manera que, en el Adviento quitemos todo lo que en nosotros pueda oponerse al nacimiento o a la futura expansión de Jesús con su vida, cuando llegue una vez más, en Navidad.

Que no quede ningún sector de nuestra persona: ni la inteligencia, ni la voluntad, ni el corazón, ni la sensibilidad, invadido por cualquier semilla que impida la entrada de Jesucristo con su vida, en ese sector.

Y que no haya en nosotros ningún cascote, ninguna costra, nada que, aunque no sea usufructuado por alguna otra vida, u otra semilla, o por algún otro organismo, sin embargo esté cerrado como un caparazón, a la penetración de Jesucristo cuando venga a nuestra alma místicamente el día de Navidad.

Y que, por otra parte, no falte el agua de la gracia que consigamos a fuerza de pedirla, a fuerza de clamar como clama la tierra -simbólicamente- cuando está seca; la gracia que merezcamos con nuestras oraciones y nuestras buenas obras, y que dentro de nosotros disponga todo lo necesario para que la vida de Jesús, el mundo de sus sugerencias mentales, de sus ilustraciones a la inteligencia, de sus mociones a la voluntad, de sus sentimientos para nuestro corazón, todo eso encuentre el vehículo apropiado, la tierra blanda, permeable, para que la haga llegar hasta todos los límites y dimensiones de nuestra persona.

Tengámoslo, entonces, muy en cuenta: se trata de quitar lo que pueda disputarle al Señor la posesión de nuestra persona; se trata de romper cualquier caparazón que nos cierre, que impida, que encallezca nuestra alma a la acción del Señor; se trata de ablandarla y de vehiculizarla toda, con la lluvia de la gracia que merezcamos y obtengamos por medio de la oración, y de las buenas obras ofrecidas con ese objeto.

La perspectiva de un nuevo nacimiento del Señor, en nosotros y en el mundo tan necesitado de Él, tiene que ser objeto de una preocupación, de todo un conjunto de sentimientos y de actos de voluntad que estén polarizados por el deseo de poner de nuestra parte todo lo que podamos, para que el Señor venga lo más plenamente posible sobre cada uno y sobre el mundo.

Y si esto vale siempre, se hace más exigente en las circunstancias del mundo presente que desvirtúa precisamente lo que Jesucristo trajo con su nacimiento. ¡Qué necesario es que pongamos todo de nuestra parte para que Jesús venga a nosotros con renovada fuerza el día de Navidad y, a través nuestro, sobre las personas que están cerca, sobre la Iglesia y sobre el mundo!

Quedémonos en espíritu de oración, fomentando en nuestro interior el deseo de que las cosas ocurran según las intenciones y los deseos del mismo Señor.

El Adviento es una época muy linda del año. Después de las fiestas de Navidad y de Pascua, quizá es la más linda, porque es una época de total esperanza, de seguridad alegre y confiada. En ese sentido nuestro Adviento es más lindo que el del Antiguo Testamento: se esperaba lo que todavía no había venido, en cambio nosotros sabemos que el Señor ya ha venido sobre el mundo, sobre la Iglesia, sobre cada uno y entonces tenemos mucho más apoyo para nuestra seguridad de que ha de venir nuevamente, a perfeccionar lo ya iniciado.

Por otra parte, esa presencia del Señor en la Iglesia y en nosotros nos ha hecho ir conociendo a Jesús, amándolo y tratándolo con confianza; por tanto, este esperar su nuevo nacimiento tiene que ser mucho más dulce, mucho más suave, mucho más seguro, mucho más esperanzado (con el doble elemento de seguridad y alegría de la esperanza) que lo que fue la espera de los hombres y mujeres del Antiguo Testamento.

Quedémonos, pues, unidos con Jesús, conversemos sobre estos temas, preguntémosle qué nos sugiere a cada uno en particular para que podamos, desde el comienzo, vivir el Adviento del modo más conducente para obtener la plenitud de Navidad que Él sin duda quiere darnos.

EVANGELIO DEL DÍA Y MEDITACIÓN

dominicos.org

Lectura del libro de Isaías 11, 1-10

Aquel día, brotará un renuevo del tronco de Jesé, y de su raíz florecerá un vástago. Sobre él se posará el espíritu del Señor: espíritu de prudencia y sabiduría, espíritu de consejo y valentía, espíritu de ciencia y temor del Señor. Le inspirará el temor del Señor.
No juzgará por apariencias ni sentenciará sólo de oídas; juzgará a los pobres con justicia, con rectitud a los desamparados. Herirá al violento con la vara de su boca, y al malvado con el aliento de sus labios. La justicia será cinturón de sus lomos, y la lealtad, cinturón de sus caderas.
Habitará el lobo con el cordero, la pantera se tumbará con el cabrito, el novillo y el león pacerán juntos: un muchacho pequeño los pastorea. La vaca pastará con el oso, sus crías se tumbarán juntas; el león comerá paja con el buey. El niño jugará en la hura del áspid, la criatura meterá la mano en el escondrijo de la serpiente. No harán daño ni estrago por todo mi monte santo: porque está lleno el país de ciencia del Señor, como las aguas colman el mar. Aquel día, la raíz de Jesé se erguirá como enseña de los pueblos: la buscarán los gentiles, y será gloriosa su morada.

Sal 71,1-2.7-8.12-13.17 R/. Que en sus días florezca la justicia, y la paz abunde eternamente

Dios mío, confía tu juicio al rey,
tu justicia al hijo de reyes,
para que rija a tu pueblo con justicia,
a tus humildes con rectitud. R/.

Que en sus días florezca la justicia
y la paz hasta que falte la luna;
que domine de mar a mar,
del Gran Río al confín de la tierra. R/.

Él librará al pobre que clamaba,
al afligido que no tenía protector;
él se apiadará del robre y del indigente,
y salvará la vida de los pobres. R/.

Que su nombre sea eterno,
y su fama dure como el sol:
que él sea la bendición de todos los pueblos,
y lo proclamen dichoso todas las razas de la tierra. R/.

Lectura del santo evangelio según san Lucas 10, 21-24

En aquel tiempo, lleno de la alegría del Espíritu Santo, exclamó Jesús:
- "Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y a los entendidos, y las has revelado a la gente sencilla.
Sí, Padre, porque así te ha parecido bien.
Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce quién es el Hijo, sino el Padre; ni quién es el Padre, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiere revelar." Y volviéndose a sus discípulos, les dijo aparte: "¡Dichosos los ojos que ven lo que vosotros veis! Porque os digo que muchos profetas y reyes desearon ver lo que veis vosotros, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron"

II. Compartimos la Palabra

  • Comienza una nueva era

Este texto de Isaías, emblemático en el tiempo de Adviento, pertenece a la trilogía de los llamados textos mesiánicos junto a Is 7,10-17; 9,1-6. El pasaje está compuesto por dos partes a modo de díptico.
La primera parte (1-5) se inicia hablando de un renuevo que brota del tocón de Jesé. En los versículos anteriores (Is 10,33-34), se había presentado a través del simbolismo de los árboles caídos, la destrucción de Judá y de sus instituciones. Pero la muerte no tiene la última palabra. La vida renacerá de la mano de un personaje, un rey futuro. Estará lleno del Espíritu de Dios, que se manifestará en él a través de seis cualidades: prudencia y sabiduría, consejo y valentía, conocimiento y respeto del Señor.
El poema en su segunda parte (6-9) afirma que la venida del rey traerá una nueva era, que el profeta expresa como una situación paradisiaca en que una serie de animales enemigos, conviven paradójicamente de forma pacífica. Un nuevo tiempo en que la violencia, el miedo o la injusticia ya no tendrán cabida « porque está lleno el país de ciencia del Señor, como las aguas colman el mar».
Aquellos primeros seguidores de Jesús intuyeron que Isaías al hablar de este rey futuro, se refería a Jesús. Con su venida se instaura el nuevo Reino de Dios, un Reino de paz y justicia. Jesús mismo se auto-presenta como el ungido por el Espíritu del Señor que viene a proclamar la liberación a los cautivos, a dar la libertad a los oprimidos, y proclamar un año de gracia del Señor (cf. Lc 4,18-19).
  • Y volviéndose a sus discípulos les dijo…

En este pasaje del evangelio, Jesús aparece lleno del Espíritu Santo, como se decía de aquel personaje misterioso de Isaías, pronunciando tres “dichos”: una alabanza al Padre, un dicho de revelación y una felicitación.
En primer lugar, Jesús da gracias al Padre por cómo se está llevando a cabo la revelación. Está siendo recibida por los sencillos, los pequeños, mientras que la gente culta e importante no parece enterarse. Lo lógico para el mundo griego, al que pertenecían los destinatarios del evangelio de Lucas, era que los sabios entendieran el mensaje de Jesús, pues en teoría eran los que estaban preparados para recibirlo, sin embargo no es así. Los que lo reciben, son los que a priori no estaban cualificados para ello. Aquí se manifiesta una vez más la inversión de valores del Reino en relación a los valores del mundo.
En segundo lugar, explica de donde viene la Revelación, y el lugar que ocupa Jesús como mediador de ella. Entre el Padre y Él existe una relación íntima, de comunión y conocimiento mutuo sin parangón. Sólo se puede conocer al Padre acercándose a Jesús.
En tercer lugar, llama la atención que Jesús se dirija únicamente a los discípulos. A ellos los felicita porque se han abierto a recibir las palabras de Jesús y las han hecho centro de su vida, por ello le siguen. Ellos han tenido más suerte que los antiguos mediadores entre Dios y su pueblo, profetas y reyes, puesto que se han encontrado con Jesús, verdadero rostro misericordioso de Dios. Desde el encuentro con Él, la vida cobra un nuevo sentido. ¡Un nuevo horizonte se abre!
En este tiempo de Adviento, Jesús viene: ¿Podría felicitarme porque me abro a su Palabra y dejo que interpele mi vida? ¿En qué medida como seguidor/a de Jesús, colaboro para que los valores del Reino de Dios de justicia y paz se vayan haciendo presentes en nuestro mundo?
Hna. Mariela Martínez Higueras O.P. 
Congregación de Santo Domingo 
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III. Lectio Divina #OP800

Lectio Divina #OP800La Orden de Predicadores ofrece, a lo largo del 2016, una propuesta de Lectio Divinapara el Evangelio de cada día, preparada por distintos miembros de la Familia Dominicana de todo el mundo. Te invitamos a este encuentro con la Palabra de Dios, disponible gratuitamente en la página internacional del Jubileo:
Lectio Divina para este día