Se preveía lluvia en distintos días de la semana
pasada, pero cuando llegó el temido y anunciado temporal de lluvia y viento fue
durante la jornada del viernes, por la tarde-noche, así como la madrugada del
sábado.
Con este panorama todo hacía prever que este fin
de semana lo pasaríamos en Jerez, justamente cuando más necesitaba quitarme del
medio pues la semana había sido algo dura y, a la vez, se había hecho eterna.
Un temporal de viento hizo que nos despertáramos y
desveláramos desde las cuatro de la madrugada, llovía torrencialmente y cuando
nos fuimos a dormir pasaban de las seis y media de la mañana. Nos despertamos a
eso de las nueve y cuando abrimos la ventana del dormitorio nos encontramos con
un cielo encapotado aunque no hacía viento y la lluvia caía de forma muy
atenuada.
Bajé para hacerme un café, esta vez de Kenia, y
desayunar algo para empezar a actualizar el blog. Hetepheres y yo decidimos que
decidiríamos a última hora, es decir, sobre las doce del mediodía que según los
pronósticos el tiempo aclararía.
Mientras mi mujer llevó a su madre a Misa y hacer
varios recados, yo estuve actualizando el blog. No había decidido nada aunque
el tiempo se estaba poniendo cada vez mejor y tímidos rayos de sol ya asomaban
entre lo nublado del cielo.
Cuando llegó Hetepheres y viendo la clara mejoría,
parece que Dios escuchó mis plegarias, cogimos el coche y nos fuimos hacia
Villaluenga del Rosario, lugar que añoro, quiero y me tiene prendido el
corazón.
Fue un viaje muy cómodo pues apenas había coches en
la carretera y cuando llegamos al pueblo el cielo estaba nublado y hacía un
frió intenso. Comprobamos que no teníamos cobertura de móvil y cuando
descargamos en casa las cuatro cosas que nos habíamos llevado nos fuimos al
Casino, en el justo momento de que venía la luz, y después nos dirigimos al
hotel “La Posada” donde Hetepheres se pudo comunicar con su madre. Allí estaban
María Jesús y Berna, nos estuvieron explicando que la noche anterior había
llovido mucho y esto había producido una avería eléctrica que ha afectado a
varios pueblos: Grazalema, Benaocaz, Ubrique, Villaluenga y que la cobertura
móvil también había desaparecido. Los efectos de un temporal en un pueblo de la
sierra son estos. Cuando nos hemos acostumbrados a todas la comodidades y vamos
a un pequeño pueblo donde lo más normal es que se vaya la luz y el teléfono,
nos sirve de recordatorio que no podemos estar en manos de la tecnología sino
que se puede vivir, y bastante más plácidamente, sin tantas comodidades como
nos rodean y a pesar de estas no somos felices.
Al poco volvieron los móviles a la vida y nos
dirigimos al Casino para almorzar: El primer plato se repite cada semana porque
hace falta entrar rápidamente en calor. Dos buenas sopas de Villaluenga y de
segundo Hetepheres comió unas albóndigas y yo un revuelto de patatas con
chorizo, que hace personalmente Fernando, que estaban extraodinariamente
buenas. Mientras almorzábamos llovía algo según pudimos percibir por los
cristales.
Después nos fuimos para casa, ya que dar una
vuelta con este tiempo era correr un riesgo innecesario. Llegar a casa y
encender la chimenea fue todo uno. Nos dispusimos a cambiarnos de ropa para
ponernos otra de más abrigo y nos sentamos frente al fuego, que cada vez se
hacía más acogedor, y nos dispusimos a leer todo cuánto teníamos entre manos.
¡Qué gozada es leer y perderte en mil pensamientos escuchando el crepitar del
fuego, el sonido de pasar las páginas, y nublar la mirada entre las nubes que
rodeaban a la montaña! Así se nos pasaron, tranquilamente, tres horas. A las
siete, por el reloj de la Iglesia, descansamos de nuestras lecturas toda vez
que ya nuestros ojos estaban algo cansados de fijar la vista y la mente entre
las interesantes páginas de nuestros libros.
Hecho esto empezamos, Hetepheres y yo, con una
interesante conversación, que llegó a ser debate y profunda tertulia sobre
nuestra forma de ver y entender a las personas que dedican su vida a la vida
contemplativa. Para mí supuso una enorme experiencia porque, aunque los dos
somos católicos que intentamos llevar nuestra vida de fe en coherencia, también
somos muy distintos: Hetepheres es más pragmática y realista y yo soy muy
espiritual y meditativo. La unión de ambos conceptos hizo que estuviéramos
hablando sobre este interesante tema durante una hora y cuarto. ¡Esto tiene
Villaluenga, que se puede hablar de todo lo que no se habla cuando estamos en
nuestra vida diaria y que no tenemos tiempo para casi nada! Por esta
conversación ya mereció la pena el habernos ido a pasar el fin de semana al pueblo.
Serían las ocho y cuarto pasadas cuando le dije a
mi mujer que me iba acercar al Casino para comprar un poco de ensaladilla para
nuestra cena y así lo hice.
Cuando salí de casa no llovía, pero hacía un frío
muy considerable porque las temperaturas habían sufrido un duro descenso.
Llegué al Casino y allí estaba Fernando, Rubi y Juan de Dios. Le pregunté por
el objeto de mi visita y me dijo que estaban terminándola. Inmediantamente
Fernando me puso una copa de brandy, de su mejor brandy, Cardenal Mendoza y yo invité a tomar otra, la
que quisieran, a los allí presentes, mis queridos y buenos amigos Rubi, Juan de
Dios y Fernando, y así empezamos una sana e interesante tertulia en torno a mil
temas, a experiencias personales, de ideas, de forma de pensar y vivir en la
que afloraron muchos sentimientos y opiniones, muy dispares, pero muy
convergentes en la gran mayoría de los temas que habíamos tratado. Una copa
trajo otra y, entre todos, nos tomamos una ración del buen queso payoyo que
tiene mi amigo Fernando. Entre una cosa y otra nos dieron las once y media de
la noche. Ya tenía junto a mi una fiambrera con la ansiada ensaladilla y me
marché para casa gozando de una noche fría y llena de experiencias pesonales en
torno a todo lo que es vivir y convivir con las buenas gentes de Villaluenga del Rosario.
Cuando llegue a casa, mi mujer estaba frente a la
chimenea viendo un poco la televisión y me dijo que estaba muy contenta de que
me lo pasara tan bien en el pueblo y que, poco a poco, estuviera tan integrado
en la vida diaria del mismo.
Cenamos ligeramente, vimos algo de televisión y
nos acostamos a dormir. La noche paso demasiado deprisa y a eso de las ocho de
la mañana me despertaba plenamente descansado después de dormir toda la noche
del tirón.
A eso de las nueve nos levantamos. Una ducha
reparadora de agua muy, muy caliente que hizo que nuestros cuerpos volvieran a
la luz. El día había amanecido distinto, nublado y con más frío que el día
anterior. Salimos de casa y bajamos al Casino para tomar dos buenas rebanadas
de pan de campo y un buen café doble en vaso de tubo, mientras nos tomábamos el
desayuno veíamos en la televisión una divertida película.
Al salir nos quedaban tres cuartos de hora para
que empezara la Misa y aprovechamos para darnos una pequeña vuelta por el
pueblo y ver a unos perritos encantadores que se alegran mucho cuando vamos a
visitarlos.
Terminada la “visita” escuchamos los avisos desde
el campanario que nos llamaba a Misa. En el camino nos encontramos con Juan de
Dios que nos acompañó hasta la Iglesia charlando sobre temas literarios, sobre
los libros que habíamos leído así como de los autores siendo mencionados dos
grandes del panorama literario nacional en Novelas Históricas: Jesús Maeso de
la Torre y Jesús Sánchez Adalid.
Juan de Dios se quedó con Fernando y nosotros
entramos en el Templo. Dentro hacía bastante frío, no tanto como fuera pero
casi, en ese momento eran contandos los feligreses que habíamos acudido a
celebrar al Eucaristía. Yo me fui, directamente, a rezar ante el Sagrario y
arriba de Él estaba la Virgen del Rosario, nuestra Patrona. Recé largo rato
pidiendo Su Divina Ayuda para los frentes que tengo que asumir en las próximas
fechas y dando gracias por todo lo que hace por mí, por nosotros a diario.
Poco a poco la Iglesia estuvo más concurrida, daba
la sensación de que hacía menos frío aunque la baja temperatura se notaba y
mucho. Fue una Eucaristía llena de recogimiento con una muy buena homilía, tal
y como nos tiene acostumbrado, del Párroco D. Francisco Párraga, que es un buen
Sacerdote entregado al cien por cien a su Ministerio.
Al finalizar charlamos con varios vecinos. Al
salir nos reencontramos con nuestro compañero inseparable: El frío. Nos
dirigimos a la panadería para comprar los famosos “gañotes” que tan buenos
están, de paso saludamos a Pepi y a su padre, nuestro querido amigo, Lázaro que
estaba allí sentado. Elena estaba en su casa.
Hacía un buen día y en primera impresión nos dio
la idea de dar una pequeña vuelta por la glorieta aunque desistimos porque
teníamos congelados los pies y el frío nos atenazaba e incluso se me hacía
difícil el respirar.
Llegamos a casa, pusimos leña a la chimenea, nos
tomamos un aperitivo y seguimos leyendo. Yo recuperé mi libro sobre el tema de
investigación al cual llevo dedicado más de diez años y los que te rondaré
morena porque a pesar de ser muy antiguo es tan actual que todavía sigue
manejando los resortes necesarios de nuestro mundo.
El frío de fuera y en contraposición el cálido
ambiente de dentro hacía que se empañaran los cristales de la ventana. En
muchas ocasiones perdía la mirada allende la montaña y ahí se iban tantos
pensamientos y meditaciones que tranquilizaban el alma y llenaban de un gozo
inusitado el ánimo.
Le decía a Juan de Dios, la noche anterior, que
cada uno tiene un lugar en el mundo, un sitio donde se es verdaderamente feliz.
Muchos caminan para encontrarlo toda la vida sin conseguirlo y que yo, gracias
a Dios, lo había encontrado en Villaluenga del Rosario, que en el pueblo era
verdaderamente feliz, me encontraba pleno y lleno de todo, compartir la vida
con la buena gente de este pueblo es vivir.
Por eso, aun comprendiendo y respetando la opinión
de los que decían que estábamos locos por habernos ido a Villaluenga y no
habernos quedado en casa tranquilos, nosotros con viento, lluvia, frío o sol
somos felices en nuestro pueblo porque hemos pasado el fin de semana donde un
enorme temporal ha azotado a la provincia en NUESTRA CASA. Así la consideramos,
así nos sentimos y nos hacen sentir en este pequeño pueblo en lo más alto de la
Sierra.
Almorzamos y nos preparamos para irnos, volver a
Jerez, empezar nuestro día a día donde pondremos la cabeza, lo mejor de
nosotros mismos para sacar cuantas obligaciones y compromisos tengamos asumidos
y nuestro corazón, que late a mayor velocidad porque nos falta algo se ha
quedado en medio de la montaña, de la sierra, en las recoletas y bellas calles
de Villaluenga del Rosario a la cual volveremos, D.m., el próximo sábado.
Este sábado y domingo no ha sido el típico de
rutas, de disfrutar de la naturaleza caminando entre sus maravillas sino más
intimista, más sencillo, más nuestro.
Hoy lunes ya se va terminando. ¡Ya queda menos
para el fin de semana, para volver a nuestro querido pueblo!
Jesús Rodríguez Arias
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