lunes, 21 de enero de 2013

"DESDE VILLALUENGA".


Se preveía lluvia en distintos días de la semana pasada, pero cuando llegó el temido y anunciado temporal de lluvia y viento fue durante la jornada del viernes, por la tarde-noche, así como la madrugada del sábado.

Con este panorama todo hacía prever que este fin de semana lo pasaríamos en Jerez, justamente cuando más necesitaba quitarme del medio pues la semana había sido algo dura y, a la vez, se había hecho eterna.

Un temporal de viento hizo que nos despertáramos y desveláramos desde las cuatro de la madrugada, llovía torrencialmente y cuando nos fuimos a dormir pasaban de las seis y media de la mañana. Nos despertamos a eso de las nueve y cuando abrimos la ventana del dormitorio nos encontramos con un cielo encapotado aunque no hacía viento y la lluvia caía de forma muy atenuada.

Bajé para hacerme un café, esta vez de Kenia, y desayunar algo para empezar a actualizar el blog. Hetepheres y yo decidimos que decidiríamos a última hora, es decir, sobre las doce del mediodía que según los pronósticos el tiempo aclararía.

Mientras mi mujer llevó a su madre a Misa y hacer varios recados, yo estuve actualizando el blog. No había decidido nada aunque el tiempo se estaba poniendo cada vez mejor y tímidos rayos de sol ya asomaban entre lo nublado del cielo.

Cuando llegó Hetepheres y viendo la clara mejoría, parece que Dios escuchó mis plegarias, cogimos el coche y nos fuimos hacia Villaluenga del Rosario, lugar que añoro, quiero y me tiene prendido el corazón.

Fue un viaje muy cómodo pues apenas había coches en la carretera y cuando llegamos al pueblo el cielo estaba nublado y hacía un frió intenso. Comprobamos que no teníamos cobertura de móvil y cuando descargamos en casa las cuatro cosas que nos habíamos llevado nos fuimos al Casino, en el justo momento de que venía la luz, y después nos dirigimos al hotel “La Posada” donde Hetepheres se pudo comunicar con su madre. Allí estaban María Jesús y Berna, nos estuvieron explicando que la noche anterior había llovido mucho y esto había producido una avería eléctrica que ha afectado a varios pueblos: Grazalema, Benaocaz, Ubrique, Villaluenga y que la cobertura móvil también había desaparecido. Los efectos de un temporal en un pueblo de la sierra son estos. Cuando nos hemos acostumbrados a todas la comodidades y vamos a un pequeño pueblo donde lo más normal es que se vaya la luz y el teléfono, nos sirve de recordatorio que no podemos estar en manos de la tecnología sino que se puede vivir, y bastante más plácidamente, sin tantas comodidades como nos rodean y a pesar de estas no somos felices.

Al poco volvieron los móviles a la vida y nos dirigimos al Casino para almorzar: El primer plato se repite cada semana porque hace falta entrar rápidamente en calor. Dos buenas sopas de Villaluenga y de segundo Hetepheres comió unas albóndigas y yo un revuelto de patatas con chorizo, que hace personalmente Fernando, que estaban extraodinariamente buenas. Mientras almorzábamos llovía algo según pudimos percibir por los cristales.

Después nos fuimos para casa, ya que dar una vuelta con este tiempo era correr un riesgo innecesario. Llegar a casa y encender la chimenea fue todo uno. Nos dispusimos a cambiarnos de ropa para ponernos otra de más abrigo y nos sentamos frente al fuego, que cada vez se hacía más acogedor, y nos dispusimos a leer todo cuánto teníamos entre manos. ¡Qué gozada es leer y perderte en mil pensamientos escuchando el crepitar del fuego, el sonido de pasar las páginas, y nublar la mirada entre las nubes que rodeaban a la montaña! Así se nos pasaron, tranquilamente, tres horas. A las siete, por el reloj de la Iglesia, descansamos de nuestras lecturas toda vez que ya nuestros ojos estaban algo cansados de fijar la vista y la mente entre las interesantes páginas de nuestros libros.

Hecho esto empezamos, Hetepheres y yo, con una interesante conversación, que llegó a ser debate y profunda tertulia sobre nuestra forma de ver y entender a las personas que dedican su vida a la vida contemplativa. Para mí supuso una enorme experiencia porque, aunque los dos somos católicos que intentamos llevar nuestra vida de fe en coherencia, también somos muy distintos: Hetepheres es más pragmática y realista y yo soy muy espiritual y meditativo. La unión de ambos conceptos hizo que estuviéramos hablando sobre este interesante tema durante una hora y cuarto. ¡Esto tiene Villaluenga, que se puede hablar de todo lo que no se habla cuando estamos en nuestra vida diaria y que no tenemos tiempo para casi nada! Por esta conversación ya mereció la pena el habernos ido a pasar el fin de semana al pueblo.

Serían las ocho y cuarto pasadas cuando le dije a mi mujer que me iba acercar al Casino para comprar un poco de ensaladilla para nuestra cena y así lo hice.

Cuando salí de casa no llovía, pero hacía un frío muy considerable porque las temperaturas habían sufrido un duro descenso. Llegué al Casino y allí estaba Fernando, Rubi y Juan de Dios. Le pregunté por el objeto de mi visita y me dijo que estaban terminándola. Inmediantamente Fernando me puso una copa de brandy, de su mejor brandy,  Cardenal Mendoza y yo invité a tomar otra, la que quisieran, a los allí presentes, mis queridos y buenos amigos Rubi, Juan de Dios y Fernando, y así empezamos una sana e interesante tertulia en torno a mil temas, a experiencias personales, de ideas, de forma de pensar y vivir en la que afloraron muchos sentimientos y opiniones, muy dispares, pero muy convergentes en la gran mayoría de los temas que habíamos tratado. Una copa trajo otra y, entre todos, nos tomamos una ración del buen queso payoyo que tiene mi amigo Fernando. Entre una cosa y otra nos dieron las once y media de la noche. Ya tenía junto a mi una fiambrera con la ansiada ensaladilla y me marché para casa gozando de una noche fría y llena de experiencias pesonales en torno a todo lo que es vivir y convivir con las buenas gentes  de Villaluenga del Rosario.

Cuando llegue a casa, mi mujer estaba frente a la chimenea viendo un poco la televisión y me dijo que estaba muy contenta de que me lo pasara tan bien en el pueblo y que, poco a poco, estuviera tan integrado en la vida diaria del mismo.

Cenamos ligeramente, vimos algo de televisión y nos acostamos a dormir. La noche paso demasiado deprisa y a eso de las ocho de la mañana me despertaba plenamente descansado después de dormir toda la noche del tirón.

A eso de las nueve nos levantamos. Una ducha reparadora de agua muy, muy caliente que hizo que nuestros cuerpos volvieran a la luz. El día había amanecido distinto, nublado y con más frío que el día anterior. Salimos de casa y bajamos al Casino para tomar dos buenas rebanadas de pan de campo y un buen café doble en vaso de tubo, mientras nos tomábamos el desayuno veíamos en la televisión una divertida película.

Al salir nos quedaban tres cuartos de hora para que empezara la Misa y aprovechamos para darnos una pequeña vuelta por el pueblo y ver a unos perritos encantadores que se alegran mucho cuando vamos a visitarlos.

Terminada la “visita” escuchamos los avisos desde el campanario que nos llamaba a Misa. En el camino nos encontramos con Juan de Dios que nos acompañó hasta la Iglesia charlando sobre temas literarios, sobre los libros que habíamos leído así como de los autores siendo mencionados dos grandes del panorama literario nacional en Novelas Históricas: Jesús Maeso de la Torre y Jesús Sánchez Adalid.

Juan de Dios se quedó con Fernando y nosotros entramos en el Templo. Dentro hacía bastante frío, no tanto como fuera pero casi, en ese momento eran contandos los feligreses que habíamos acudido a celebrar al Eucaristía. Yo me fui, directamente, a rezar ante el Sagrario y arriba de Él estaba la Virgen del Rosario, nuestra Patrona. Recé largo rato pidiendo Su Divina Ayuda para los frentes que tengo que asumir en las próximas fechas y dando gracias por todo lo que hace por mí, por nosotros a diario.

Poco a poco la Iglesia estuvo más concurrida, daba la sensación de que hacía menos frío aunque la baja temperatura se notaba y mucho. Fue una Eucaristía llena de recogimiento con una muy buena homilía, tal y como nos tiene acostumbrado, del Párroco D. Francisco Párraga, que es un buen Sacerdote entregado al cien por cien a su Ministerio.

Al finalizar charlamos con varios vecinos. Al salir nos reencontramos con nuestro compañero inseparable: El frío. Nos dirigimos a la panadería para comprar los famosos “gañotes” que tan buenos están, de paso saludamos a Pepi y a su padre, nuestro querido amigo, Lázaro que estaba allí sentado. Elena estaba en su casa.

Hacía un buen día y en primera impresión nos dio la idea de dar una pequeña vuelta por la glorieta aunque desistimos porque teníamos congelados los pies y el frío nos atenazaba e incluso se me hacía difícil el respirar.

Llegamos a casa, pusimos leña a la chimenea, nos tomamos un aperitivo y seguimos leyendo. Yo recuperé mi libro sobre el tema de investigación al cual llevo dedicado más de diez años y los que te rondaré morena porque a pesar de ser muy antiguo es tan actual que todavía sigue manejando los resortes necesarios de nuestro mundo.

El frío de fuera y en contraposición el cálido ambiente de dentro hacía que se empañaran los cristales de la ventana. En muchas ocasiones perdía la mirada allende la montaña y ahí se iban tantos pensamientos y meditaciones que tranquilizaban el alma y llenaban de un gozo inusitado el ánimo.

Le decía a Juan de Dios, la noche anterior, que cada uno tiene un lugar en el mundo, un sitio donde se es verdaderamente feliz. Muchos caminan para encontrarlo toda la vida sin conseguirlo y que yo, gracias a Dios, lo había encontrado en Villaluenga del Rosario, que en el pueblo era verdaderamente feliz, me encontraba pleno y lleno de todo, compartir la vida con la buena gente de este pueblo es vivir.

Por eso, aun comprendiendo y respetando la opinión de los que decían que estábamos locos por habernos ido a Villaluenga y no habernos quedado en casa tranquilos, nosotros con viento, lluvia, frío o sol somos felices en nuestro pueblo porque hemos pasado el fin de semana donde un enorme temporal ha azotado a la provincia en NUESTRA CASA. Así la consideramos, así nos sentimos y nos hacen sentir en este pequeño pueblo en lo más alto de la Sierra.

Almorzamos y nos preparamos para irnos, volver a Jerez, empezar nuestro día a día donde pondremos la cabeza, lo mejor de nosotros mismos para sacar cuantas obligaciones y compromisos tengamos asumidos y nuestro corazón, que late a mayor velocidad porque nos falta algo se ha quedado en medio de la montaña, de la sierra, en las recoletas y bellas calles de Villaluenga del Rosario a la cual volveremos, D.m., el próximo sábado.

Este sábado y domingo no ha sido el típico de rutas, de disfrutar de la naturaleza caminando entre sus maravillas sino más intimista, más sencillo, más nuestro.

Hoy lunes ya se va terminando. ¡Ya queda menos para el fin de semana, para volver a nuestro querido pueblo!

Jesús Rodríguez Arias










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