Diez años de sorpresa en
sorpresa, diez años llenos de un Amor que no se puede explicar con simples
palabras, diez años sintiendo esa clase de apoyo, de fidelidad absoluta, de
incuestionable sensación de bienestar. Diez años ya que nos casamos y echando la
vista atrás parece que fue ayer.
No se a tí, Hetepheres, pero a
mí se me han pasado volando pero no con ese tipo de aceleración que parece que
te estás perdiendo parte de la vida sino con la rapidez que suelen pasar las
cosas buenas. Hace diez años éramos los que éramos y diez años después somos quienes somos.
Diez años justos del día de
nuestra boda que si en vez viernes hubiera caído en sábado sería calcado. Diez
años de una Celebración religiosa que se hizo a medida sin contar con el
tiempo, que lo estropea todo, y poniendo mimo en cada instante de lo
verdaderamente esencial como es el recibir el Sacramento del Matrimonio. Tres
Sacerdotes en el presbiterio de la jerezana Iglesia de San Juan Bautista de los
Descalzos: Celebró la Eucaristía el recordado Padre Salvador Rivera, que Dios
lo tenga en su gloria, y concelebró el Padre Federico Mantaras, hoy vicario
general de Asidonia-Jerez, y el entonces párroco D. Francisco García Villegas y
Alcázar ejerciendo de maestro de ceremonias mi hermano en la Fe y Hermandad
Juan Carlos Muñoz Rivero.
“Veintitantos” testigos
rubricaron a los pies de la Virgen de la Amargura que esta boda se había
celebrado y que a partir de entonces éramos, lo que somos, marido y mujer.
Diez años de esa visita a la
residencia de las Hermanitas de los Pobres en Jerez de la Frontera donde las
ancianitas que tantos cuidados le dabais tu madre y tu nos recibían con inmensa
alegría en la puerta. Diez años de ese ofrecimiento que le hicimos con la
entrega del ramo de novia a los pies de la Virgen en la coqueta y sencilla
capilla.
Diez años de celebrarlo en el
Hotel Monasterio, lugar donde un año antes nos reencontramos en un curso de
verano y empezamos a salir, con nuestra gente, faltaron muchas, pero los que
estaban estuvieron todos a una en celebrar por todo lo alto la felicidad de
esta pareja que éramos tú y yo.
Diez años de cuando al día
siguiente tomamos el primer desayuno como marido y mujer, que cogimos el viejo
volvo para irnos hacia Portugal, hacia el Algarve, hacia el siempre recordado
hotel Montechoro donde teníamos una suite reservada y donde queríamos descansar
y empezar a conocernos que todo hay que decirlo.
¿Te acuerdas de ese viaje? ¿Te
acuerdas cuando paramos en Vila Real de San Antonio? No he visto en un pueblo más
sábanas y más toallas concentradas por metro cuadrado. Almorzamos en la plaza
principal un bacalao dorado que quitaba el sentío.
¿Te acuerdas cuando llegamos a Albufeira y dimos más vueltas que vueltas para intentar situarnos para
llegar a Montechoro? Y todo porque, somos casi iguales, cuando ese guardia que
estaba en la rotonda ordenando el tráfico nos informaba con lujo de detalles y
de forma muy atenta en vez de escucharle estuvimos fijándonos, creyendo que el
otro se estaba enterando de la explicación, en la majestuosa gorra de plato que
portaba y que estaba forrada perfectamente en una funda de plástico porque
estaba en ese momento lloviendo.
¿Te has enterado de donde es?
Preguntamos los dos al unísono. No, yo creí que tú... No, yo estaba mirando la
gorra y la funda. ¡Anda, igual que yo! Nos miramos y empezamos a reírnos a
carcajada limpia mientras pensábamos que estábamos hechos el uno para el otro.
Recorrimos toda Albufeira y casi llegamos al pueblo de al lado. Preguntamos en
mil sitios y al final cuando eran más de las siete de la tarde por fin dimos
con el hotel en medio de risas y más risas.
Siempre recordaré Albufeira,
siempre recordaré Montechoro, siempre recordaré la moqueta, siempre recordaré
ese primer viaje de los que conformaban nuestra particular “Luna de Miel”.
Diez años de sorpresa en
sorpresa porque eres una mujer que te sorprendes de todo, que te ilusionas con
todo, que a todo le pones ese corazón tan vivo, tan puro y tan lleno de verdad.
Diez años en los que ha habido
enfermedad, alegrías, tristezas y mucho Amor.
Hoy es nuestro décimo
aniversario y aunque nosotros a nivel particular no haremos nada si lo
pasaremos con buenos amigos justamente en otra boda, en la de Jesús y María
José, que se casan esta tarde en La Isla y después lo celebran en un lugar que
es muy nuestro pues desde siempre cada 1 de septiembre celebramos nuestro
aniversario como es “El Timón de Roche”.
La verdad es que no creo en
las casualidades y seguro que Dios había escrito que estaríamos celebrando un
nuevo matrimonio cuando nosotros celebramos nuestro décimo aniversario.
Esta foto que preside esta
carta tan especial es la del día de nuestra boda hace diez años y si esta tarde
nos hacemos alguna pues también irán a nuestro particular álbum.
Diez años donde el tiempo ha
pasado para mí pues ahora no es que sienta la madurez sino que soy maduro, con
más canas, alguna que otra arruga, más de un dolor, pero con el mismo corazón.
Gracias a ti soy menos hierático y más espontáneo e incluso en ocasiones
resolutivamente pragmático cuando de siempre he sido un soñador aunque ese matiz no creo que nunca lo pierda.
En cambio tú tienes los mismos
ojos enamorados, luminosos, alegres, confiados..., tienes esa sonrisa
transparente, ese corazón que late con Amor cuando el Amor te rodea, y late con
indignación cuando te indignas con situaciones que no ves justas. En el tema de
la justicia somos tan iguales...
Bueno cariño, que me enrollo,
y no quiero te canses más de la cuenta. Hoy es un día para disfrutarlo, gozarlo
a cada instante, como lo es siempre en nuestra vida en común, y también para
echar la vista atrás a esos recuerdos de un día tan bonito, tan especial, tan
lleno de todo como fue aquél 1 de septiembre de 2007 cuando con la bendición de
Dios nos convertimos para toda la eternidad en marido y mujer.
¡Te quiero y te amo tanto
Hetepheres!
¡Feliz décimo aniversario mi
vida!
No hay comentarios:
Publicar un comentario