El día habrá amanecido frío, parece que lo estoy
viendo, y mucho antes de que todo empezara a clarear ya muchos están trabajando
con sus ganados, sus labores, sus obligaciones.
El el mesón “Los Caños” mi amigo Juan Carlos habrá
abierto con su sonoro saludo de: ¡Bueno, bueno, bueno...! Al poco llegará
Mateos para abrir su negocio y lo hará elegantemente abrigado mientras la
fábrica de quesos va tomando vida poco a poco. Antonio irá a recoger su ganado
y Pepe a darle de comer a sus gallinas o regar las bellas plantas que ha
plantado en plena roca o en los parterres que circunda a la carretera.
En el pueblo se empieza a notar que fluye la vida
mientras las cantarinas voces de los niños se dirigen alborotadamente hacia el
colegio y Juani empieza con su labor de repartir las cartas, que me imagino que
ahora son más por eso de la Navidad, o esperando al camión que traiga las
misivas, las noticias que vienen de esos lugares que están más allá del Caíllo.
En “La Posada” María Jesús, Berna, Isa, Isabel,
Amalia, Julio o Ana se esmeran para que todo alcance la máxima perfección que
es lo que podemos aspirar los humanos porque no olvidemos que la suprema no
está en nuestras manos, no es cosa nuestra...
Rogelio, Mateos, Cristobal y otros ancianos del
lugar, verdadera historia viva del pueblo, se sentarán al sol mientras hablan
de recuerdos entrelazados con esta realidad que no nos gusta a nadie.
¡Cualquier tiempo pasado puede haber sido mejor y no porque lo haya sido sino
porque vivíamos con más integridad, más honor y sobre todo éramos más jóvenes!
Charo, una vez que Rogelio ha salido de casa, va
en un salto a la panadería de Pepi o a “La Covacha” que tan bien llevan Diego e
Inma para comprar en un “salto”.
El pueblo más bonito del mundo, más coqueto, más
lleno de sabor, de saber, enclavado en la montaña, donde nunca se pierde la
tranquilidad y el sosiego va adquiriendo color y vida aunque nadie ni nada
trastoque su quietud.
Las puertas abiertas de Automóviles “HM” nos
indican que podemos ver unos buenos coches por si nos hace falta cambiar el
nuestro que tiene más kilómetros que el baúl de la Piquer y hasta los asientos
están desfondados.
En “Quesos Oliva” no se para ni un solo instante,
en “El Saltillo” tampoco así como en “La Velada” porque al ser quesos cien por
cien ecológicos, hechos artesanamentes con la leche de rebaños propios su
producción es muy limitada y su demanda demasiada.
Según a qué hora en Ana Mari se empieza a oler a
comida con sabor a siempre mientras Diego Franco, el patriarca, lee el periódico
sentado en la mesa cercana a la ventana para aprovechar los tímidos rayos del
sol que entran para calentar la estancia.
Puedes ver el coche de la Policía Municipal
conducido por Antonio Benítez ocupado en las obligaciones que les son
inherentes, a Salvador o a cualquier empleado del Ayuntamiento de arriba para
abajo para que no falte ni sobre nada, el Bar Alameda centro de encuentro de
muchos para tomar una copa al calor de una buena conversación o jugar una de
esas interminables partidas de dominó. ¡Ojalá pronto habrá las puertas del
antiguo Casino de Villaluenga para ser lo que fue aunque en estos sitios de
tanta historia es mejor no mirar tanto para detrás sino coger el impulso
necesario para avivar de una vez por todas a esta querida y centenaria institución
y ponerla a caminar en esta etapa del siglo XXI que estamos viviendo! Seguro
que sus gestores y socios hacen, entre todos, que así sea.
En este paseo con los ojos cerrados veo a la
Caseta Municipal la cual acondicionan en estas fechas para las distintas
actividades propias de las fiestas navideñas, el centro de día que tiene vida
propia, el albergue de espeleología que puede tener visitantes o no según el
calendario, el rincón scouts “Cura Carlos”, antigua Casa del Cura, que
entresemana está vacío a la espera de que algún grupo pueda venir a pasar los
días relativos al fin de semana.
Mientras el Bar Gómez está abierto o no porque
tanto el local como su dueño son “genio y figura”.
Puedo también ver a María que sale para algo de la
Iglesia, a Cándida en la puerta de su casa, a Pedro que se dirige a sus
colmenas con un millón de ideas que pululan en la cabeza de como mejorar el
producto. Me imagino a Ana paseando con su bastón por la glorieta mientras
Catina lo hace con su madre y en la Iglesia de San Miguel por la tarde-noche se
abrirá a los niños para recibir catequesis por medio de los buenos catequistas
que inculcan su amor por Cristo y Su Madre que en nuestro pueblo tiene nombre
de Rosario.
Cristóbal Moscoso haciendo cualquier gestión,
Alfonso, el alcalde, teléfono en mano solucionando cualquier asunto relativo al
pueblo, Diego Franco con su rebaño o ayudando al restaurante y así el cielo va
cambiando de color según va caminando el sol por medio del mismo mientras
Mateos Venegas da sus paseos a ritmo fuerte mientras con su potente voz nos
saludo: ¡Buenas tardes, vecinos! Mientras un coche conducido por Leti, que es
una mujer admirable se mire por donde se mire, nos saluda con una transparente
sonrisa que ilumina su cara que como Almudena son mujeres de bandera.
El día va pasando y con la anochecida el frío que
parece más severo también se hace más íntimo, más de uno, más personal. Pasear
por sus iluminadas y vivas calles en medio del solitario silencio cobijado por
un firmamento de estrellas, encontrarte con un pensador como Juande que es
genio y figura para todo, tomarte una copa en “La Posada” mientras charla de lo
“que sea”, volver hacia tu casa despacito, como queriendo que se detenga un
tiempo que cuando estás en Villaluenga parece detenido, y llegar al hogar que
está cálido por la chimenea encendida mientras en la puerta nuestro sempiterno
gatito Canijo nos reclama su parte de atención y su rancho de comida.
Sentarte frente a la lumbre al calor del amor de
mi mujer, Hetepheres, con una buena charla, unas risas, una plácida lectura,
perder la mirada en el crepitar de las llamas quemando la leña o escribiendo...
Aunque escribir, lo que se dice escribir, tengo
que dejar ese paradisíaco encuadre y subirme a la habitación que está arriba,
sentarme en mi sillón que está justo al lado del balcón y que en la negrura de
la noche vislumbro como el horizonte está partido por la montaña también negra,
también oscura, siempre inmensa e imponente.
Sentado en el cómodo sillón con el ordenador en
mis piernas y una buena copa de brandy, que nos quiten lo “bailao”, las ideas
empiezan a fluir por esta cabeza en la que siempre fluyen palabras y más
palabras hasta componer la sinfonía armónica que es un escrito salido del alma
con destino al mundo que nos rodea.
Las horas pasan demasiado deprisa al igual que los
hacen los días, las semanas, los años y así hoy he llegado a un nuevo
cumpleaños como cada 11 de diciembre y esta vez, rompiendo una tradición no
escrita, lo hago trabajando y haciendo
mi normal día a día porque mi deseo, mi anhelo, mi añoranza
Bueno, los años pasan, los días pasan, la vida
pasa y sueño que más pronto que tarde ese bendito pueblo enclavado entre
montañas, a los pies del Caíllo, será para siempre mi lugar de residencia
porque mi casa, mi hogar ya lo es.
Recibe, mi querido amigo y convecino, un fuerte
abrazo y que Dios y la Madre del Rosario os bendigan.
Jesús Rodríguez Arias

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