Sección - Marinero en tierra
Miedo
a la insignificancia
Estos días se habla mucho de los jóvenes universitarios, no
sólo por el macrobotellón organizado en las instalaciones del puerto de
Valencia sino por el incremento de las tasas, la reforma de los estudios o sus
dificultades para conseguir un empleo cualificado en su propio país. Casi todos
los analistas olvidan que se trata de la primera generación global que se
enfrenta a desafíos psicológicos nuevos para los que sus padres no están preparados.
No nos prepararon para afrontar la nueva patología de esta generación: el miedo
a la insignificancia.
Si alguno de los lectores comparte facebook con sus hijos, es aceptado como amigo sin restricciones en
el Tuenti, o tuitea habitualmente con sus hijos, habrá comprobado que su número
de seguidores o amigos es mucho mayor que el nuestro. Tienen los pulgares
adaptados para enviar mensajes a una velocidad muy superior a la nuestra y se
mueven por las redes o pantallas como peces en el agua. Si durante una comida
no les han llamado, no les han actualizado el perfil o no han respondido a
varios correos, parece como si su vida no tuviera sentido. Aguantar en clase
sin utilizar el móvil se ha convertido en un desafío que muy pocos héroes
juveniles son capaces de afrontar.
Este acceso instantáneo al mundo global genera problemas de
madurez relacionados con la imagen que tienen de sí mismos. El psicólogo Carlo
Strenger presentó una investigación donde ha demostrado cómo el miedo a la
insignificancia se ha extendido entre las nuevas generaciones. Miedo que tiene
su origen en el acceso inmediato a un mundo global por el que nos comparamos
con las personas más importantes del mundo.
Cuando nuestros hijos se comparan con historias de éxito que
les ofrecen las industrias de info-ocio, se genera en ellos una ansiedad
creciente, aspiran a ser Steve Jobs, Angelina Jolie u otra celebridad global.
Si a ello añadimos que la cultura mediática actual sobrevalora la juventud y
desprecia actividades tradicionales que no conducen a la fama o el éxito
financiero, entonces nos explicamos por qué están seducidos por el éxito precoz
y no por una cultura del esfuerzo y el trabajo. Para superar este miedo hace
falta un cambio de mentalidad con la que recuperar los sonidos del silencio y
atreverse a reivindicar cierta autoestima que emerge con el revolucionario
ejercicio de la desconexión.
Agustín DOMINGO MORATALLA
Para el viernes 27 de Abril de 2012, en LAS PROVINCIAS.
GRUPO VOCENTO
No hay comentarios:
Publicar un comentario