Sección - Marinero en tierra
Evitar
el desaliento
Aunque la realidad no nos proporciona razones para el
optimismo, es importante evitar el desaliento. Cuando se generaliza el desánimo
porque la situación empeora y condenamos a los jóvenes al paro, es muy difícil
que se produzca el crecimiento. Cuando
vemos cómo se pierden ahorros, las pequeñas empresas que se ven obligadas a
cerrar por absurdas presiones fiscales, financieras y sindicales; y sobre todo,
cuando vemos la falta de ejemplaridad en la gestión, es muy difícil promover
una cultura de la austeridad.
Hasta ahora, nos han hecho ver que las posibilidades del
crecimiento estaban relacionadas con la austeridad. Decían que la austeridad era condición
necesaria para el crecimiento; que sin recortes, planes de ajuste y cierres era
imposible que fluyera el crédito, se incrementaran los contratos y se abrieran
empresas. Es una verdad a medias porque los recortes se han hecho sin narrativa
ni proyecto moral. La clave del crecimiento no está sólo en la austeridad
entendida como sobriedad moral, sino en la confianza de los ciudadanos en sí
mismos, en sus semejantes y en sus instituciones. Para mantener esta confiaza que
nutre el aliento, hay tres factores que los poderes públicos deberían gestionar
mejor.
a.- No penalizar el ahorro. Aunque algunos piensan que no es
el ahorro sino el consumo lo que genera el crecimiento, el aliento de familias,
autónomos y empresas familiares depende de la cultura del ahorro. Si mantener
al gobernador del Banco de España y la negligente CNMV es mal signo para la
cultura del ahorro, también lo es penalizar la declaración conjunta de la renta
o ignorar la familia como unidad fiscal.
b.- No penalizar el trabajo. Hay campos profesionales en los
que, llegado un punto, sólo se trabaja para pagar impuestos. Con ello no sólo
se promueve la economía sumergida sino que se desalienta a profesionales y
pequeños empresarios que no sólo gestionan mano
de obra sino ingenio, creatividad y ambición.
c.- No perder la memoria. Hay departamentos gubernamentales
donde la fiebre de los ajustes no sólo ha generado malestar y desconcierto sino
amnesia social. El desaliento de la comunidad educativa tiene tales dimensiones
que algunos se preguntan si los responsables educativos del PP saben algo de
sus materias, han dado clase, han visto una pizarra o han hecho los deberes con
sus hijos. Otros, cuando llaman a Madrid, preguntan: ¿hay alguien del PP?
Agustín DOMINGO MORATALLA
Para el viernes 18 de Mayo de 2012, en LAS PROVINCIAS. GRUPO
VOCENTO
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