Diálogo
Buscando un respiro, huyendo del bochorno de la noche, salgo al jardín a las 6:30 a tomarme el café. Qué fresquito. Y cómo cantan los pajarillos, a pleno plumón. Qué pena no reconocer uno a uno a los maestros cantores, y sólo echar de menos a los menos madrugadores: con nostalgia, al jilguero; con alivio, a la tórtola turca; y con sentimientos encontrados, cono siempre, al mirlo. Aun faltando el jilguero, el aire es una fiesta. Recuerdo entonces un comentario lejano de CB en el blog de un reverendo ornitólogo: a propósito del "Romance del prisionero", llamaba nuestra amiga la atención sobre la aliteración, tan maravillosamente musical como sugerentemente sexuada, de "cuando canta la calandria / y responde el ruiseñor". A raíz de esos dos versos, se preguntaba ella si los pájaros en verdad dialogan. El globero respondía que no, y, si él lo niega, habrá que decir: "Amén". Pero aquí, esta mañana, parecía desde luego, en medio de la algarabía, que unos y otros se turnaban y respondían, a veces rivalizando, sí, mas otras por puro gusto. Claro que el ser humano es tan carne de diálogo (imagen del Dios trino) que lo ve, al diálogo, por todas partes, ¿o no parecen que conversen también los árboles con sus ramas que se menean hermana, humanamente en la brisa? Una cosa está clara: qué fresquito. Y otra se aclara: el día. Hay que ponerse a correr ya. Esta noche, me animo, saldré a escuchar la charleta de las estrellas.
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