domingo, 15 de enero de 2012

RICK SANTORUM: POLÍTICO, ABOGADO Y CATÓLICO CERCANO AL OPUS DEI.


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    Internacional | La Gaceta
    Rick Santorum, católico, político y abogado./ Getty Images
    CAMINO A LA CASA BLANCA

    15 ENE 2012

    José Carlos Rodríguez.- Ha educado a sus hijos en casa porque no quiere que el Gobierno ni el Estado federal se inmiscuyan.

  • Es el mediano de tres hermanos. Su madre, medio irlandesa, y su padre, de origen italiano, le inculcaron el catolicismo. Él ha declarado más tarde que la fe de sus padres era más cumplidora que intensa. Rick es estadounidense por los cuatro costados, y allí la austeridad católica no colma la viveza de la manifestación de la fe de otras denominaciones cristianas. Su abuelo paterno salió de Italia huyendo de Mussolini. Trabajó en una mina de Pensilvania hasta los 74 años, cuando Rick era un adolescente. Para entonces a Rick sus compañeros de clase le llamaban “el gallito” por su carácter.
    Venía de unos orígenes modestos (su padre era un psicólogo clínico y su madre una enfermera), pero estaba dispuesto a llegar a lo más alto. Ahora está más cerca que nunca de conseguirlo. Se licenció en Ciencia Política en su estado de adopción. Luego hizo un MBA y se doctoró en Derecho. Mientras colaboraba con candidatos republicanos, Rick hacía carrera como abogado y lobbyista de las empresas que organizaban combates de lucha libre.
    Cercano al Opus Dei
    Su destino iba a cambiar en 1990. Se le presentó una ocasión única, y la supo aprovechar. Ganó los apoyos suficientes para presentarse como candidato republicano al distrito 18 de Pensilvaniade la Cámara de Representantes. Se enfrentaba a un demócrata que había ganado las siete elecciones anteriores. Pero tenía un punto débil: se pasaba más de media vida en Washington. A Santorum le bastó hacer ver que había perdido el contacto con la gente para ganarse el favor de unos votantes abrumadoramente demócratas.
    Aprovechar las oportunidades es, por encima de cualquier otra cualidad, la que más destaca de Rick Santorum. No había llegado para pasar desapercibido. Formó parte de la “banda de los siete”, unos representantes republicanos que combatieron denodadamente la corrupción que había llevado a muchos colegas demócratas a beneficiarse indebidamente del dinero de los contribuyentes. En 1994 se sentía preparado para optar al “club más selecto del mundo”, como se le ha llamado al Senado, y ganó su puesto de la mano del éxito republicano debido al Contrato con América que lideró Newt Gingrich. Hoy Santorum y Gingrich luchan por la candidatura republicana a la presidencia.
    Ya en el Senado, Santorum mostró una veta distinta de su empeño político. Se ha destacado desde entonces como un conservador en lo moral, firmemente asido a su confesión católica. La revista Time le ha considerado uno de los 25 “evangelistas” más importantes de Estados Unidos. Una palabra extraña para un católico. Pero él ve su vocación política como un apostolado seglar. No es de extrañar, por tanto, que se haya sentido cercano al Opus Dei, aunque él se ha cansado de decir que no pertenece a la Obra. En el año 2004 la Soberana Orden Militar y Hospitalaria de San Juan de Jerusalén le concedió la Orden de Malta a él y a su mujer.
    Un exclusivo préstamo
    Este “misionero católico”, como se ha descrito alguna vez ante sus allegados, se ha destacado por su defensa, firme y sin concesiones, de la vida. Eso le ha llevado a enfrentarse a potenciales votantes. No solo al ala más progresista de los republicanos, sino también a los más liberales, dicho sea eso en el sentido europeo. Quiso que el Gobierno federal impidiese al marido de Terri Schiavo desconectarla de la máquina que la unía a la vida, pese a que, en todo caso, sería un poder del estado de Florida. Ha educado a sus hijos en casa. Lo hace porque no quiere que el estado o el Gobierno federal se inmiscuyan en la formación que quiere transmitirles a sus siete hijos. Pero él apoyó la leyNo Child Left Behind, que imponía un currículum común al país desde el Gobierno central.
    Santorum ha cambiado con los años. Él, azote de los corruptos demócratas, tiene una parte de su pasado que no habría pasado su propio filtro a comienzos de los noventa. Compró una casa en Virginia con una hipoteca concedida por un banco que solo presta en condiciones muy exclusivas. Lo hizo a pesar de haberse comprometido, como senador, a financiarse solo en las mismas condiciones que cualquier otro ciudadano. Y en 2006 no renovó su puesto de senador por el mismo motivo por el que ganó su primera elección: se pasaba más tiempo en Washington que ante sus votantes.
    Desde entonces, su estrella se apagó. No es que haya perdido el tiempo. Ha ganado mucho dinero como abogado y es colaborador habitual de Fox News. Pero nadie contaba con él para la política nacional. Rick Santorum, sin embargo, siempre supo que volvería. Es aún joven. Dejó pasar las elecciones de 2008 y las de 2010, pero este mismo año anunció que quería la candidatura republicana a la presidencia. Su vida ha estado marcada por la convicción, heredada de su padre, de que si trabajas con ahínco, puedes llegar a donde quieras en Estados Unidos. La cuestión, para él, es si para ser presidente necesitará algo más de lo que puede carecer.  

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