Ayer os comenté que iba a empezar el libro de Gonzalo Altozano: "No es bueno que Dios esté solo" y así lo hice. Es un libro que se lee rápido, pero los testimonios que recogen son sobrecogedores. Es la fe en estado puro. Llevo unas decenas de páginas y me sería muy difícil ahora mismo destacar a alguno de los entrevistados porque sería injusto con el resto. Lo que destaco y lo transcribo literalmente es el prólogo de Julio Ariza, Presidente del Grupo Intereconomía, por la ardua defensa de Dios y de la fe que pone de manifiesto.
Si todavía no tenéis este libro os recomiendo que vayáis a comprarlo porque se aprende y mucho de los testimonios de vida y de fe de otras personas.
Os dejo con el, mencionado, prólogo que es un texto para reflexionar
PRÓLOGO
VOLVER A HABLAR DE ÉL
El paso de los años va ejerciciendo un efecto balsámico en mi forma de concebir el mundo y las relaciones con los demás. Toda mi vida he creído en Dios, ahora sólo creo en Él. Es la única manera que concibo de seguir creyendo en el hombre, la razón de mi esperanza...
En el capítulo quinto de Los hermanos Karamazov, Dostoyevski reflexiona: Si Dios ha muerto, todo está permitido. Niezstche le responde: Dios ha muerto. Ese Superhombre nacido de la locura y la soberbia no ha dejado de arrastrarse por el barro del odio, el crimen, la miseria, inhábil para levantar su mirada. Presos de esta anti-teologia, los europeos bloquean conductos por los que discurría la savia de sus orígenes, convirtiendo al ser humano, sin remedio, en una pasión inútil, en un ser para la nada, en ese árbol estéril que el mismo Cristo maldijo.
El mundo necesita, más que nunca, volver su mirada a Dios. España y los españoles deben volver a hablar de Él. Es preciso repetir, una y mil veces, que el hombre no está solo, que es criatura divina, que tiene sed de Dios, según dice el Salmo, y que sólo Dios puede saciarla.
Hablar de Dios, ése es el objetivo de este libro. Algo tan sencillo com voltear ese principio en virtud del cual la cantidad de nuestra conversación es inversamente proporcional a su calidad.
Gonzalo Altozano es un personaje extraordinario. Pegado a la tierra, es capaz de interpretar y narrar con perspectiva de satélite. Gonzalo abraza a sus entrevistados, les embelesa para desnudar sus más íntimos pensamientos. Nadie mejor que Gonzalo Altozano podría escribir este libro.
Unos cientos de vibrantes páginas que consiguen engancharnos a una reflexión sobre la vida y la muerte, sobre los más profundos porqués. Páginas que extraen lo mejor, lo más sublime de sus personajes. Palabras y consideraciones que nos elevan por encima de lo efímero, de lo vano, que nos obligan a pensar.
El honor de poder aportar este modestísimo prólogo a este magnífico No es bueno que Dios esté solo me obliga a dar las gracias a su autor. El bien que puede hacer a quien lo lea, al comprobar cómo otros hombres buscan y adoran a quien los creó, justifica los años dedicados a “hacer” Intereconomía. El placer de deleitarse con la calidad literaria de este trabajo es apenas comparable co nel lujo de poder disfrutar de la amistad de Gonzalo.
Julio Ariza
Presidente del Grupo Intereconomía
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