jueves, 12 de enero de 2012

PENSAR ANTES DE HABLAR.

"Que el sol no se ponga en tu ira", escribe San Pablo en su Carta a los Efesios. Es un buen consejo, pero difícil de seguir. 
Cuando nos sentimos airados, solemos ponernos también muy fanáticos. Estamos convencidos de que nuestra postura es absolutamente correcta, y la última cosa que deseamos hacer es plegar velas. 
Cuánto más fáciles serían nuestras vidas si controlásemos nuestro mal genio. Cuando hablamos airados, a menudo decimos cosas que posteriormente lamentamos. Una vez que una palabra abandona nuestros labios, sin embargo, no podemos engullirla de nuevo, por mucho que lo intentemos. 
La próxima vez que te sientas airado, en vez de contar hasta diez y luego explotar, trata de pedir disculpas diez veces mentalmente. Puedes descubrir que es mucho más fácil no estallar que tener que decir más tarde que lo sientes. 

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