- SACERDOTE Y NOVELISTA

10 ENE 2012
Gonzalo Altozano. José Luis Martín Vigil, sacerdote y novelista, falleció hace un año, pero hasta hoy no se ha conocido su muerte. Esta fue un entrevista suya concedida al semanario Alba en 2007.
- Dice que la fama -ha vendido millones de novelas- no sirve para nada, que perdona a los que le hicieron su enemigo sin que él los tuviera como tales, y que va “cuesta abajo en la rodada”, o sea, que la que de un momento a otro le va a salir al encuentro no es la vida, sino la muerte. (“El desatre de Annual comparado con el mío es una broma”). Esto te lo dice con la serenidad del que se ha pasado los últimos años retirado en un cómodo apartamento, rodeado de libros y recuerdos, en diálogo casi ininterrumpido con Dios.-Ser sacerdote imprime carácter. ¿Ser jesuita todavía más?-En un plano teológico, no. Aunque humanamente... Puedo decir que veinte años de ascética jesuítica dejan un sello que no se borra por más que uno se haga ateo.
-¿Fue su caso? ¿Dejó de creer?-No, pero abandonar la Compañía significó dejar de estar sometido a una disciplina.
-Y se fue disipando.-Claro. Rezaba menos, trabajaba tanto que ni me acordaba de que era domingo, casi no visitaba al Santísimo, dedicaba poco tiempo al apostolado y a la dirección espiritual...
-¿Cómo acabó la cosa?-Poco a poco fui recuperando la vida espiritual y los bienes perdidos, notando la felicidad y bienestar que te da guiñarle un ojo a Dios.
-Una pregunta muy de cuestionario Proust: ¿estado actual de su alma?-Muy bien, en regla. Como no puedo ir a la iglesia, viene a verme un sacerdote que me confiesa y me trae la comunión.
-¿Jesuita?-No, franciscano.
-¿No tiene trato con la Compañía?-¡Pero si tengo un montón de amigos allí!Yo mismo sigo siendo jesuita de cabeza y de corazón. Por la Compañía siento mucho amor y agradecimiento.
-¿Por qué?-Porque en veinte años no recuerdo una palabra obscena, una discusión, un mal gesto: fui muy feliz.
-¿Por algo más?-Sí. Porque atribuyo a la formación que recibí la facilidad que tengo para tratar con Dios.
-¿Lo hace a menudo?-A cualquier hora del día y de la noche, como si fuera mi compañero de piso. A veces, cuando no puedo dormir, me levanto y le digo: “¡Oye, tú!”. ¿Y sabe qué?
-¿Qué?-Que con Él me río de verdad.
-¿Y eso?-Cuando le ofrezco mis dolores y contratiempos, los comparo con su sufrimiento en la cruz y me da la risa. La desproporción es tan grande...
-¿Cree que ofrecer los sufrimientos no vale para nada?-¡Claro que sirve! Pero no porque tengan valor en sí, sino porque Él quiere que lo tengan.
-¿Y a laVirgen? ¿Tiene presente a la Virgen?-María es mi madre.Y no es una metáfora, es algo que dice la Iglesia. Eso me da una confianza inmensa.
-¿Por qué?-Porque sé que se portará conmigo como lo haría mi madre.O sea, bien.
-A san Ignacio también le reza, supongo.-Es que es mi patrón. También le rezo a Escrivá de Balaguer.
-Yo pensaba que a usted la Obra...-A mí, la verdad, Escrivá de Balaguer no me caía simpático. Pero me prometí que me iba a caer bien por narices y ya ve...
-A su edad, los dolores de los que antes hablaba...-Significan que la muerte está cercana, que el fin se aproxima.
-¿Tiene miedo?-Siento una enorme curiosidad porque dentro de poco veré a Dios y entenderé lo que ahora no entiendo.
-Está convencido de que se salvará.-Pero no es soberbia, sino la confianza -enorme- que tengo en Dios. Sé que aunque sea yo el diablo en persona, ya encontrará Él la manera de salvarme.
-¿De verdad no teme el Juicio Final?-Dios es el juez más duro, pues puede condenarte eternamente. Pero también el más misericordioso: basta que te arrepientas para salir absuelto. Es maravilloso.
-¿Usted de qué se arrepiente?-De no haber aprovechado los dones que Dios me dio, de haber sido soberbio, de un montón de cosas.
-Y si al final se condena, ¿qué?-A Dios no le odiaría ni en el infierno, le querría aunque no existiera.
-Eso es entusiasmo.-Es que siempre he sido -ahora más que nunca- un entusiasta de Él, un forofo. Por Dios me batiría como lo hacen otros por el Madrid o por el Atleti.
-O sea, que es un hooligan deDios.-Me quedo en fan. Eso sí, aguerrido, tenaz, dispuesto -intelectualmente- a lo que sea. Soy partidario de Él aunque no me salve, repito.
-Está usted como el autor del anónimo aquél:“No me mueve, mi Dios, para quererte...”.-“... el cielo que me tienes prometido”. Ese poema lo suscribo entero. Si quiero a Dios, no es para que me salve, que claro que quiero que lo haga. Le quiero porque le quiero, porque le quiero querer.Y ya está.
martes, 10 de enero de 2012
MARTÍN VIGIL: "SOY UN FAN DE DIOS"
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