sábado, 21 de enero de 2012

LA VIDA SEGÚN PITUFINO.

Hay días y días. Hoy no me he levantado "guerrero" más bien lo he hecho dentro de una placidez física y espiritual que me está acompañando durante todo el día. De ahí que haya incluido en el blog unos vídeos sobre los Monasterios de España, el Canto Gregoriano, el Camino de Santiago, senderos de la Sierra de Cádiz todos ellos llenos de recuerdos imborrables y perdurables en el tiempo.

Hoy quiero escribir sobre mi "gatito" pitufino.

Ya hace tiempo les hablé de él. Entonces era pequeño y no conocía nada del mundo. Ahora ha crecido, pero en estos meses han pasado muchas cosas; fue creciendo, se relacionó con muchos gatos, entraba en las casas de los vecinos y éstos le daban de comer. Era el rey del barrio. Cuando aparecía por casa, lo hacía casi todos los días, venía arañado, sucio y con una cara desencajada. No se parecía para nada a nuestro pitufino.

Una vez, de esas de correrías con gatas y gatos, llegó con una gran herida en la oreja y Hetepheres me dijo: ¡Jesús, tenemos que llevarlo al veterinario! Ese día empezó el final de una época y el principio de otra para pitufino.

Fuimos a una clínica veterinaria cercana a casa. Desde entonces María y  Rafael son los encargados de la salud de este ser esponjoso, mullido y especial gatito que vive en casa y que es uno más de la familia. María se encargó de curarle y nos aconsejó que lo castráramos. Sí, ya sé que suena horrible, pero nos argumentó motivos de peso para ello  y una semana después, el 20 de diciembre, pitufino era intervenido.

Nosotros creíamos que ese día y los posteriores estaría dolorido y tranquilo. ¡Qué ilusos! Nos dio dos nochecitas que quedan para nosotros. Se levantaba cada dos por tres y con el plástico que le ponen en la cabeza, la campana le llaman, daba contra la puerta del balcón. Dos noches sin dormir porque tenía el celo y quería salir, aunque ya no pudiera hacer nada con las gatas del lugar. Dos noches sin pegar ojo porque no podía salir por los puntos que tenía de la operación.

Poco a poco pitufino ha ido convirtiéndose en un gatito casero, adorable, dormilón, comilón, juguetón. Le gusta salir al jardín o casa de las vecinas para jugar con los pajaritos, con los otros gatos, subirse a los árboles y observar con su mirada perdida todo cuanto le rodea.

Pitufino, no sé por qué, siempre está a mi lado. Cuando estoy en el sofá leyendo está pegadito a mi, cuando estoy en el blog, está durmiendo en la silla de al lado, cuando nos vamos a dormir lo hace a mis pies. Sí, la verdad es esa, siempre está a mi lado. Hetepheres dice que me quiere con locura y yo le respondo que a ella también la quiere porque está atento con sus orejas en pie a todo cuanto hace o dice.

Mientras escribo esto pitufino está, plácida y tranquilamente, durmiendo a mi lado.


Cuando, por circunstancias de la vida, la gente que le incomoda lo que se dice y se expresas en este blog, parece que se pone nervioso, que nota mis sentimientos y mis ideas cuando recibo alguna que otra censura, persecución o desmedida crítica y entonces parece que él quiere ponerse al frente del mismo para defenderme de esas pequeñas injusticias.


Pero yo le digo que no, que no hace falta que él me defienda ni utilice sus garras, recortadas para que no arañe a nadie, porque yo tengo un arma que utilizo que es la más eficiente ante la mentira, las injurias, las descalificaciones, las agresiones, censuras y persecuciones: La palabra. Escribir con plena libertad y con máximo respeto dando sobrados argumentos es la mejor defensa ante ataques llenos de mediocridad.

Dios ha puesto en nuestras vidas a este ser redondito, de pelaje blanco con pinceladas color miel, mullido, simpático, entrañable, cariñoso, expresivo, silencioso, independiente, juguetón, soñador, dormilón, comilón... 

Y ahí sigue pasando los días tras su mirada azul y viendo la vida según pitufino.

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