Recientemente un estudio reveló que, contrariamente a la creencia común, muchos ricos son en verdad felices. "El dinero puede comprar la felicidad", decían los provocadores titulares.
Bueno, sí y no. El estudio afirmaba que la riqueza fuera la clave de la felicidad. Meramente decía que ser rico no era una barrera para la felicidad.
Uno de los peligros de las posesiones es lo rápida y fácilmente que pueden poseernos. Todo hemos oído hablar de personas que guardan todo regalo de Navidad y cumpleaños porque "es demasiado bonito para usarlo". Los regalos languidecen en cajones y armarios hasta que un día acaban en una subasta o entregados a la caridad.
Las cosas de esta vida están para que la apreciemos, no para que las agarremos tan fuertemente que nuestros dedos se entumezcan. Es sólo cuando usamos nuestras posesiones para nuestro bien y para el de los demás cuando contribuirán a nuestra felicidad más que perjudicarla.
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