En España, cuando gana la izquierda, gobierna la izquierda, y cuando gana la derecha, gobierna el centro con abundantes concesiones a la izquierda. A la izquierda, sí: esa especie de Iglesia invertida que incluso en la oposición se atribuye la potestad de perdonar la vida a los infieles. La derecha propiamente dicha no existe. Mejor dicho: la derecha existe en la sociedad, en la calle, en el mundo de la cultura, en el mundo de la empresa, en el mundo de la Iglesia, pero no tiene un reflejo político directo. Es una derecha huérfana.
El sueño del PP no es convertir a España en "un país de derechas" (mientras que el del PSOE sí es hacerlo desde la izquierda). De hecho, el PP no es un partido de derecha. El modelo de la mayor parte de los dirigentes del PP es el Partido Demócrata norteamericano, no el Partido Republicano. Más precisamente: el modelo del PP está en algún punto entre Clinton y Tony Blair, economía de libre mercado y política de estatismo blando, con un modelo social que para nada se reconoce en principios como la familia natural, la libertad de la persona singular, el derecho a la vida o la continuidad de la tradición cultural. Tampoco, por supuesto, se reconoce en un proyecto histórico de soberanía nacional. Para la mayor parte de la cúpula del PP, todo eso son antiguallas. Ellos están en otra cosa. Ellos son progresistas. O sea, hijos de los tópicos ventilados por la vetusta izquierda de hace medio siglo.
¿De dónde viene todo esto? Valdrá la pena hablar de ello en los días sucesivos, porque esa inanidad doctrinal del PP nos va a permitir entender la política de Rajoy. Para quien quiera debatir, aconsejo mi libro "En busca de la derecha (perdida)" (ed. Áltera). Y a partir de ahí, será más fácil explicar por qué el vigente Gobierno hace lo que hace, que, como nos han repetido mil veces, es lo que hay que hacer porque es lo que hay que hacer. La horrísona tautología da la medida de la profundidad de sus convicciones.
No hay comentarios:
Publicar un comentario