Dios dijo al gran Rey Salomón, pide lo que quieras que te dé. En vez de riquezas u honor, Salomón pidió sabiduría. Dios quedó encantado y concedió a Salomón su petición. Dios está igualmente encantado cuando nosotros pedimos sabiduría, pues al hacerlo así estamos pidiendo la capacidad de ver nuestras vidas a través de los ojos de Dios. Estamos pidiendo ser capaces de tomar decisiones que se hallan en armonía con la voluntad de Dios. Estamos, en esencia, pidiendo volvernos santos. Puesto que Dios desea nuestra santidad más que ninguna otra cosa, Él nunca dejará de lado nuestra petición de sabiduría.
No hay comentarios:
Publicar un comentario