La mayoría de nosotros llevamos vidas ordinarias. Cuidamos de nuestras familias, hacemos nuestros trabajos y seremos ciudadanos ordinarios cumplidores con la ley. No parece mucho, pero en el esquema celestial de las cosas es más que suficiente.
Dios no dice que hemos de realizar actos poderosos para ir al cielo. Simplemente hemos de hacer aquello que somos llamados a hacer, por insignificante que pudiera parecer. ¡Eso sí! Tenemos hacerlo todo con mucho amor, mucho don de servicio, mucha entrega y mimo, con un corazón abierto a Dios para que haga los designios que nos tiene preparado y así hacer su Divina Voluntad. ¡No es tan difícil el camino hacia la santidad, solo hay que hacerlo! En tus manos está. ¡Vale la pena intentarlo! ¿No?
No hay comentarios:
Publicar un comentario