Es hora de hacer una lectura justa de la Historia
Este 12 de diciembre será un día especial para los católicos que hablan español. En la fiesta de la Virgen de Guadalupe, Benedicto XVI recordará, en la Basílica de San Pedro, del Vaticano, la independencia de los países hispanoamericanos. Buena parte de estas naciones conmemoran en 2012 el bicentenario de la emancipación de la Corona española, que tuvo lugar entre los años 1808 y 1824. Se espera, además, el anuncio de un próximo Viaje del Papa a dos países que viven momentos decisivos de su historia: Cuba y México

Fieles mejicanos durantre la Audiencia
de Benedicto XVI, en el Aula Pablo VI del Vaticano,
el pasado 30 de noviembre
La celebración, propuesta al Pontífice por la Comisión Pontificia para América Latina, cuyo nuevo Secretario es el laico uruguayo don Guzmán Carriquiry, ha sido apoyada con cariño por el Papa por dos motivos: para mostrar -ante todo- la cercanía del obispo de Roma a los católicos del continente americano; y para favorecer una visión histórica más objetiva sobre el papel de la Corona Española, la Iglesia y los diferentes procesos de emancipación que llevaron a la composición actual del Nuevo Mundo. La celebración culminará con la Eucaristía que congregará al Cuerpo Diplomático acreditado en Roma, así como a la comunidad de católicos de lengua española y portuguesa que viven en la Ciudad Eterna.
Esta lectura ponderada de la Historia se ha hecho particularmente necesaria después de que ciertos mandatarios, como el Presidente venezolano, Hugo Chávez, hayan intentado servirse de los bicentenarios para formular un juicio categóricamente negativo sobre el papel histórico de la Iglesia en el continente. Esa pretensión fracasó en varios encuentros de mandatarios, ante la oposición de varios Gobiernos cercanos a Chávez a unirse a una condena movida por motivos meramente ideológicos, sin fundamento histórico.
Esta lectura ponderada de la Historia se ha hecho particularmente necesaria después de que ciertos mandatarios, como el Presidente venezolano, Hugo Chávez, hayan intentado servirse de los bicentenarios para formular un juicio categóricamente negativo sobre el papel histórico de la Iglesia en el continente. Esa pretensión fracasó en varios encuentros de mandatarios, ante la oposición de varios Gobiernos cercanos a Chávez a unirse a una condena movida por motivos meramente ideológicos, sin fundamento histórico.
Hijos y hermanos

Testamento de San Martín,
que comienza: «En el nombre
de Dios todopoderoso, a quien reconozco
como Hacedor del universo...»
Los bicentenarios que han celebrado, en estos dos años pasados, países como Venezuela, Argentina, Chile o México, han servido para que la Iglesia pudiera ofrecer una visión razonada y cristiana sobre su propia historia en el continente. Si bien las historias de esos países han sido muy diferentes, se ha llegado a constataciones comunes que ahora pueden presentarse como compartidas.
Ante todo, los Episcopados del continente, y con ellos algunos destacados historiadores, han coincidido en subrayar la enorme herencia humana y espiritual recibida gracias a la evangelización, que si bien forma parte de un proceso profundamente espiritual de apertura a la religión cristiana, hubiera sido imposible sin el convencido apoyo de la Corona española. La evangelización de América, sin negar los límites y pecados de hijos de la Iglesia, constituye una de las páginas más impresionantes de la historia del cristianismo, como lo demuestra el hecho de que más de la mitad de los católicos del planeta hoy habla español o portugués.
Al mismo tiempo, como lo testimonian las universidades, la literatura, la arquitecturaÉ, desde el Finisterre chileno, hasta la California de los misioneros españoles, la conquista se convirtió en una auténtica epopeya humanística y cultural. A pesar de los atropellos e injusticias que, en ocasiones, sufrieron poblaciones indias o africanas, en estos años se sitúa el origen de la moderna doctrina de los derechos humanos, heredera del Derechode gentes, de Francisco de Vitoria y la Escuela de Salamanca.
Las Cartas pastorales que han publicado las Conferencias Episcopales de América han servido para reconocer el legado recibido de la Iglesia y la Corona, sin las cuales hoy no podría entenderse el patrimonio espiritual de los pueblos americanos. Ahora bien, como ya hiciera el episcopado iberoamericano en 1992, durante la gran conferencia que celebró en Santo Domingo los 500 años del descubrimiento de América, esta visión cristiana evita hablar de pueblos o culturas contrapuestos. En sus diferentes documentos, los obispos americanos no hablan de españoles, por un lado, y poblaciones americanas rebeldes, por otro. Sería un atentado contra la Historia. A diferencia de otras conquistas, en las sociedades iberoamericanas, se unieron europeos y poblaciones nativas, dando origen a los famosos criollos, que se convertirían con frecuencia en los líderes de la emancipación. Esta emancipación no fue fruto de la lucha de los pueblos americanos contra la Corona, sino más bien la evolución lógica de una nueva realidad social.
La Carta pastoral emitida por el Episcopado argentino para la celebración del bicentenario de la nación, del 14 de noviembre de 2008, explicaba esta conclusión con estas palabras: «Desde los inicios de nuestra comunidad nacional, aun antes de la emancipación, los valores cristianos impregnaron la vida pública. Esos valores se unieron a la sabiduría de los pueblos originarios y se enriquecieron con las sucesivas inmigraciones. Así se formó la compleja cultura que nos caracteriza. Es necesario respetar y honrar esos orígenes... para valorar el presente y construir el futuro».
Ante todo, los Episcopados del continente, y con ellos algunos destacados historiadores, han coincidido en subrayar la enorme herencia humana y espiritual recibida gracias a la evangelización, que si bien forma parte de un proceso profundamente espiritual de apertura a la religión cristiana, hubiera sido imposible sin el convencido apoyo de la Corona española. La evangelización de América, sin negar los límites y pecados de hijos de la Iglesia, constituye una de las páginas más impresionantes de la historia del cristianismo, como lo demuestra el hecho de que más de la mitad de los católicos del planeta hoy habla español o portugués.
Al mismo tiempo, como lo testimonian las universidades, la literatura, la arquitecturaÉ, desde el Finisterre chileno, hasta la California de los misioneros españoles, la conquista se convirtió en una auténtica epopeya humanística y cultural. A pesar de los atropellos e injusticias que, en ocasiones, sufrieron poblaciones indias o africanas, en estos años se sitúa el origen de la moderna doctrina de los derechos humanos, heredera del Derechode gentes, de Francisco de Vitoria y la Escuela de Salamanca.
Las Cartas pastorales que han publicado las Conferencias Episcopales de América han servido para reconocer el legado recibido de la Iglesia y la Corona, sin las cuales hoy no podría entenderse el patrimonio espiritual de los pueblos americanos. Ahora bien, como ya hiciera el episcopado iberoamericano en 1992, durante la gran conferencia que celebró en Santo Domingo los 500 años del descubrimiento de América, esta visión cristiana evita hablar de pueblos o culturas contrapuestos. En sus diferentes documentos, los obispos americanos no hablan de españoles, por un lado, y poblaciones americanas rebeldes, por otro. Sería un atentado contra la Historia. A diferencia de otras conquistas, en las sociedades iberoamericanas, se unieron europeos y poblaciones nativas, dando origen a los famosos criollos, que se convertirían con frecuencia en los líderes de la emancipación. Esta emancipación no fue fruto de la lucha de los pueblos americanos contra la Corona, sino más bien la evolución lógica de una nueva realidad social.
La Carta pastoral emitida por el Episcopado argentino para la celebración del bicentenario de la nación, del 14 de noviembre de 2008, explicaba esta conclusión con estas palabras: «Desde los inicios de nuestra comunidad nacional, aun antes de la emancipación, los valores cristianos impregnaron la vida pública. Esos valores se unieron a la sabiduría de los pueblos originarios y se enriquecieron con las sucesivas inmigraciones. Así se formó la compleja cultura que nos caracteriza. Es necesario respetar y honrar esos orígenes... para valorar el presente y construir el futuro».
Virgen de rostro mestizo

El abrazo de Maipú (entre San Martín y O'Higgins),
cuadro de Pedro Subercaseaux
Parte del clero y de la jerarquía siguieron fieles a la Corona, pero también los libertadores eran, con frecuencia, personas de profunda fe católica. Cuando el Presidente Chávez propuso condenar el papel histórico de la Iglesia en el proceso de emancipación de los pueblos americanos, los historiadores le recordaron, entre otros, el texto del Acta Solemne de Independencia, en el que se afirma que la «Providencia nos restituye el deseo de vivir y morir libres: creyendo y defendiendo la santa y católica y apostólica religión de Jesucristo, como el primero de nuestros deberes; nosotros, pues, a nombre y con la voluntad y autoridad, que tenemos del virtuoso pueblo de Venezuela, declaramos solemnemente al mundo que las Provincias Unidas son, y deben ser desde hoy de hecho y de derecho, Estados libres, soberanos e independientes».
Como han escrito los obispos de Venezuela en su Carta pastoral con motivo del bicenenario, «los padres fundadores de la patria, herederos de una tradición cristiana que ya contaba tres siglos en este suelo, reafirmaron esa fe con pública proclamación; deseaban que la República de Venezuela naciera, por tanto, bajo la inspiración de la fe en Jesucristo e imploraron la ayuda divina para la realización de ese sueño de libertad, de unidad, de paz. La decisión se tornó oración, la cual lleva siempre más allá de las propias debilidades, y fortalece continuamente una esperanza y un compromiso mayor por alcanzarla. Así empezó la República».
Esta reflexión ha permitido a los obispos del continente confirmar algo que algunos sectores laicistas americanos olvidan: el compromiso de la Iglesia en la edificación de una sociedad más justa y pacífica. «No queremos ser excluidos, ni mucho menos pretendemos autoexcluirnos; al contrario, nos sabemos identificados con este pueblo y esta cultura tan nítidamente expresada en el rostro mestizo de Santa María de Guadalupe», han afirmado los obispos mexicanos. La Iglesia «quiere ofrecer, con humildad y convicción, su servicio y su aporte en el camino de la reconciliación y el desarrollo».
Como han escrito los obispos de Venezuela en su Carta pastoral con motivo del bicenenario, «los padres fundadores de la patria, herederos de una tradición cristiana que ya contaba tres siglos en este suelo, reafirmaron esa fe con pública proclamación; deseaban que la República de Venezuela naciera, por tanto, bajo la inspiración de la fe en Jesucristo e imploraron la ayuda divina para la realización de ese sueño de libertad, de unidad, de paz. La decisión se tornó oración, la cual lleva siempre más allá de las propias debilidades, y fortalece continuamente una esperanza y un compromiso mayor por alcanzarla. Así empezó la República».
Esta reflexión ha permitido a los obispos del continente confirmar algo que algunos sectores laicistas americanos olvidan: el compromiso de la Iglesia en la edificación de una sociedad más justa y pacífica. «No queremos ser excluidos, ni mucho menos pretendemos autoexcluirnos; al contrario, nos sabemos identificados con este pueblo y esta cultura tan nítidamente expresada en el rostro mestizo de Santa María de Guadalupe», han afirmado los obispos mexicanos. La Iglesia «quiere ofrecer, con humildad y convicción, su servicio y su aporte en el camino de la reconciliación y el desarrollo».
Jesús Colina. Roma
Cuba, un momento decisivo

Cuando era un joven estudiante de Secundaria, descubrí que no ser militante de la Juventud Comunista me ponía en desventaja. Mis compañeros militantes podían hablar de mis debilidades ideológicas, pero cuando llegaba mi turno de hablar, al igual que otros no militantes, sólo podíamos criticarnos entre nosotros. Ningún militante podía ser criticado en público, sólo por otros militantes.
Hace varias semanas, se puso a disposición del público un texto llamado Documento Base para la Primera Conferencia Nacional del Partido Comunista de Cuba, que se celebrará a fines de enero, en lo que podría ser el escenario más decisivo de la historia nacional. Claro que hubo otros momentos críticos. A fines del siglo XIX, los cubanos lucharon por la independencia, y la conquistaron a medias. Más de cincuenta años después hubo una guerra civil y revolucionaria. Pero el momento actual indica una lucha distinta, un reacomodo de intereses que debe resultar en un estadio nuevo al que deberíamos llegar por el camino de la paz, la ley justa, el consenso y la solidaridad nacional. Con perdón de los redactores del citado Documento, y con independencia de unos cuantos puntos con los que puedo estar en desacuerdo, entiendo que el Documento parece más bien un intento de poner parches a los problemas del día a día, no una respuesta al reclamo de toda una sociedad cambiada y cambiante que busca asideros para un mañana que se percibe incierto. Quizás tenía razón Alexis de Torqueville cuando afirmaba que el momento más peligroso de un Gobierno en dificultades es cuando trata de mejorarse a sí mismo...
Hace varias semanas, se puso a disposición del público un texto llamado Documento Base para la Primera Conferencia Nacional del Partido Comunista de Cuba, que se celebrará a fines de enero, en lo que podría ser el escenario más decisivo de la historia nacional. Claro que hubo otros momentos críticos. A fines del siglo XIX, los cubanos lucharon por la independencia, y la conquistaron a medias. Más de cincuenta años después hubo una guerra civil y revolucionaria. Pero el momento actual indica una lucha distinta, un reacomodo de intereses que debe resultar en un estadio nuevo al que deberíamos llegar por el camino de la paz, la ley justa, el consenso y la solidaridad nacional. Con perdón de los redactores del citado Documento, y con independencia de unos cuantos puntos con los que puedo estar en desacuerdo, entiendo que el Documento parece más bien un intento de poner parches a los problemas del día a día, no una respuesta al reclamo de toda una sociedad cambiada y cambiante que busca asideros para un mañana que se percibe incierto. Quizás tenía razón Alexis de Torqueville cuando afirmaba que el momento más peligroso de un Gobierno en dificultades es cuando trata de mejorarse a sí mismo...
Orlando Márquez
Director de Palabra Nueva, portavoz de la Conferencia de los Obispos Católicos de Cubabispado de Madrid
Director de Palabra Nueva, portavoz de la Conferencia de los Obispos Católicos de Cubabispado de Madrid
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