Si alguna vez has estado con niños por un tiempo, sabrás que ellos dicen exactamente lo que tienen en mente. Aunque nosotros, como adultos, sabemos que a veces es necesario un poco de tacto, decir lo que pretendemos y pretender lo que decimos es una buena regla a adoptar. Cuando somos directos en nuestros discursos, es más difícil que seamos malinterpretados. Por supuesto, nunca tenemos licencia para ser rudos, pero podemos ser sinceros. Cuando se nos pide nuestra opinión, podemos darla. Cuando vemos un error, podemos señalarlo. Y a la inversa, cuando encontramos algo positivo, tenemos la obligación de extender nuestra alabanza y gratitud.
No hay comentarios:
Publicar un comentario